D. ADELARDO LÓPEZ DE AYALA

I

[Illustration: H]E leído en Hegel (cierta vez que tomé la resolución de

leer á Hegel) que la poesía dramática es aquella «que reune á la

objetividad de la epopeya el carácter subjetivo de la poesía lírica». No

estoy bien seguro de haber comprendido todo el alcance de las

reflexiones con que el filósofo germano ilustra este su principio

estético. Mas sí lo estoy plenamente de poderlas repetir al pie de la

letra, como lo ha hecho ya mi esclarecido amigo el Sr. Revilla, ganando,

con justicia, por ésta y otras graves empresas, fama de docto y avisado.

Respetando, como debo respetar, esta fatal delantera, permítaseme, no

obstante, deplorarla amargamente. Nadie puede figurarse hasta qué punto

me conceptuara feliz de que tales flores metafísicas se irguieran

todavía sobre el tallo frescas y olorosas, esperando con resignación la

podadera del sabio. Me cuesta gran trabajo renunciar á ese barniz

filosófico que tanto avalora las producciones de los jóvenes críticos.

Yo había soñado para esta semblanza con un preámbulo sabio y concienzudo

que supiera abrirle mañosamente las puertas de la buena sociedad y de

las doctas corporaciones; un preámbulo que ganase para su autor

inmediatamente una inmensa reputación de hombre serio. ¡Ah! ¡Quedan ya

tan pocos hombres serios! ¡Son tan pocos, por desgracia, los escritores

que saben mantener su pluma limpia de toda farsa ó chanzoneta! Quizás

dentro de poco no quede en el mundo más hombre serio que el Sr. Revilla.

Por mi parte, declaro que hice hasta aquí y seguiré haciendo, Dios

mediante, los mayores esfuerzos para despojarme de esa levadura jocosa

que se desliza como veneno mortal en la mayoría de mis producciones.

Hace algunas noches me hallaba presenciando una de las brillantes

funciones ecuestres y gimnásticas del circo de Price en la misma sazón

que la embajada china asistía también al espectáculo desde un palco.

Respirábase en aquel recinto una atmósfera frívola, que no podía menos

de disgustar á todo hombre grave. Los _clowns_ agotaban el repertorio de

sus muecas y carocas más ridículas y extravagantes, las cuales producían

en aquel público superficial mucha algazara, escuchándose aquí y allá

extemporáneas y fútiles carcajadas, viéndose en todas partes

desordenados movimientos que turbaban el ánimo y lo dejaban sumido en

tristes meditaciones. Halló el mío, sin embargo, motivo para regocijarse

al percibir los semblantes serenos y rígidos del embajador chino y su

cortejo. ¡Qué majestad y qué calma reinaban en aquellos continentes

mongólicos! Todos se mantenían en una perfecta dignidad, sin

manifestarse en poco ni en mucho impresionados por lo risible del

espectáculo. Yo los contemplaba extasiado, y lágrimas de admiración

acudían sin poderlo remediar á mis ojos. ¡Ay!--pensaba al mismo

tiempo.--Con facultades tan excepcionales de gravedad y circunspección,

¡á dónde no habrían llegado estos chinos si se hubiesen dedicado en

España á la crítica literaria! Tratemos de imitarlos hasta donde

alcancen nuestras fuerzas, y si está de Dios que he de renunciar á Hegel

(como es mi deber, una vez que otros con más méritos han sabido

trasladar á nuestro idioma sus profundos razonamientos), procure al

menos decir algo mesurado y digno sobre el Sr. Ayala.

Semblanzas literarias · 第 69 / 93 题