CAPITULO XX

--"La grandeza, la ferocidad y la hermosura del caballo que os he

descrito tenían tan enamorado a Cratilo, y tan deseoso de verle manso,

como a mí de mostrar que deseaba servirle, pareciéndome que el cielo

me presentaba ocasión para hacerme agradable a los ojos de quien por

señor tenía, y a poder acreditar con algo las alabanzas que la hermosa

Sulpicia de mí al rey había dicho. Y así, no tan maduro como

presuroso, fuí donde estaba el caballo, y subí en él sin poner el pie

en el estribo, pues no le tenía, y arremetí con él, sin que el freno

fuese parte para detenerle, y llegué a la punta de una peña que sobre

la mar pendía, y, apretándole de nuevo las piernas, con tan mal grado

suyo como gusto mío, le hice volar por el aire y dar con entrambos en

la profundidad del mar; y en la mitad del vuelo me acordé que, pues el

mar estaba helado, me había de hacer pedazos con el golpe, y tuve mi

muerte y la suya por cierta. Pero no fué así, porque el cielo, que

para otras cosas que él sabe me debe de tener guardado, hizo que las

piernas y brazos del poderoso caballo resistiesen el golpe, sin

recebir yo otro daño que haberme sacudido de sí el caballo y echado a

rodar, resbalando por gran espacio. Ninguno hubo en la ribera que no

pensase y creyese que yo quedaba muerto; pero cuando me vieron

levantar en pie, aunque tuvieron el suceso a milagro, juzgaron a

locura mi atrevimiento.

[Ilustración: Le hice volar por el aire y dar con entrambos en la

profundidad del mar.]

"Volví a la ribera con el caballo, volví asimismo a subir en él, y,

por los mismos pasos que primero, le incité a saltar segunda vez; pero

no fué posible, porque, puesto en la punta de la levantada peña, hizo

tanta fuerza por no arrojarse, que puso las ancas en el suelo y rompió

las riendas, quedándose clavado en la tierra. Cubrióse luego de un

sudor de pies a cabeza, tan lleno de miedo, que le volvió de león en

cordero y de animal indomable en generoso caballo, de manera que los

muchachos se atrevieron a manosearle, y los caballerizos del rey,

enjaezándole, subieron en él y le corrieron con seguridad, y él mostró

su ligereza y su bondad, hasta entonces jamás vista; de lo que el rey

quedó contentísimo y Sulpicia alegre, por ver que mis obras habían

respondido a sus palabras.

"Tres meses estuvo en su rigor el yelo, y éstos se tardaron en acabar

un navío que el rey tenía comenzado para correr en convenible tiempo

aquellos mares, limpiándolos de cosarios, enriqueciéndose con sus

robos. En este entretanto, le hice algunos servicios en la caza, donde

me mostré sagaz y experimentado, y gran sufridor de trabajos; porque

en ningún ejercicio corresponde así al de la guerra como el de la

caza, a quien es anejo el cansancio, la sed y la hambre, y aun a veces

la muerte. La liberalidad de la hermosa Sulpicia se mostró conmigo y

con los míos extremada, y la cortesía de Cratilo le corrió parejas.

Los doce pescadores que trujo consigo Sulpicia estaban ya ricos, y los

que conmigo se perdieron, estaban ganados. Acabóse el navío; mandó el

rey aderezarle y pertrecharle de todas las cosas necesarias

largamente, y luego me hizo capitán dél, a toda mi voluntad, sin

obligarme a que hiciese cosa más de aquella que fuese de mi gusto. Y

después de haberle besado las manos por tan gran beneficio, le dije

que me diese licencia de ir a buscar a mi hermana Auristela, de quien

tenía noticia que estaba en poder del rey de Dinamarca. Cratilo me la

dió para todo aquello que quisiese hacer, diciéndome que a más le

tenía obligado mi buen término, hablando como rey, a quien es anejo

tanto el hacer mercedes como la afabilidad y, si se puede decir, la

buena crianza. Esta tuvo Sulpicia en todo extremo, acompañándola con

la liberalidad, con la cual, ricos y contentos, yo y los míos nos

embarcamos, sin que quedase ninguno.

"La primer derrota que tomamos fué a Dinamarca, donde creí hallar a mi

hermana, y lo que hallé fueron nuevas de que, de la ribera del mar, a

ella y a otras doncellas las habían robado cosarios. Renováronse mis

trabajos, y comenzaron de nuevo mis lástimas, a quien acompañaron las

de Carino y Solercio, los cuales creyeron que en la desgracia de mi

hermana y en su prisión se debía de comprehender la de sus esposas.

"Barrimos todos los mares, rodeamos todas o las más islas destos

contornos, preguntando siempre por nuevas de mi hermana, pareciéndome

a mí, con paz sea dicho de todas las hermosas del mundo, que la luz de

su rostro no podía estar encubierta por ser escuro el lugar donde

estuviese, y que la suma discreción suya había de ser el hilo que la

sacase de cualquier laberinto. Prendimos cosarios, soltamos

prisioneros; restituímos haciendas a sus dueños, alzámonos con las mal

ganadas de otros, y con esto, colmando nuestro navío de mil diferentes

bienes de fortuna, quisieron los míos volver a sus redes y a sus casas

y a los brazos de sus hijos, imaginando Carino y Solercio ser posible

hallar a sus esposas en su tierra, ya que en las ajenas no las

hallaban. Antes desto llegamos a aquella isla, que, a lo que creo, se

llama Scinta, donde supimos las fiestas de Policarpo, y a todos nos

vino voluntad de hallarnos en ellas. No pudo llegar nuestra nave, por

ser el viento contrario, y así, en traje de marineros bogadores, nos

entramos en aquel barco luengo, como ya queda dicho. Allí gané los

premios, allí fuí coronado por vencedor de todas las contiendas, y de

allí tomó ocasión Sinforosa de desear saber quién yo era, como se vió

por las diligencias que para ello hizo. Vuelto al navío, y resueltos

los míos de dejarme, les rogué que me dejasen el barco, como en premio

de los trabajos que con ellos había pasado. Dejáronmele, y aun me

dejaran el navío, si yo le quisiera, diciéndome que, si me dejaban

solo, no era otra la ocasión, sino porque les parecía ser sólo mi

deseo, y tan imposible de alcanzarle, como lo había mostrado la

experiencia en las diligencias que habíamos hecho para conseguirle.

"En resolución: con seis pescadores que quisieron seguirme, llevados

del premio que les di y del que les ofrecí, abrazando a mis amigos, me

embarqué, y puse la proa en _#una#_ isla bárbara, de cuyos moradores

sabía ya la costumbre y la falsa profecía que los tenía engañados, la

cual no os refiero porque sé que la sabéis. Di al través en aquella

isla; fuí preso y llevado donde estaban los vivos enterrados:

sacáronme otro día para ser sacrificado; sucedió la tormenta del mar;

desbaratáronse los leños que servían de barcas; salí al mar ancho en

un pedazo dellas, con cadenas que me rodeaban el cuello y esposas que

me ataban las manos; caí en las misericordiosas del príncipe Arnaldo,

que está presente, por cuya orden entré en la isla para ser espía que

investigase si estaba en ella mi hermana, no sabiendo que yo fuese

hermano de Auristela, la cual otro día vino en traje de varón a ser

sacrificada. Conocíla, dolióme su dolor, previne su muerte con decir

que era hembra, como ya lo había dicho Cloelia, su ama, que la

acompañaba; y el modo cómo allí las dos vinieron, ella lo dirá cuando

quisiere. Lo que en la isla nos sucedió, ya lo sabéis, y con esto y

con lo que a mi hermana le queda por decir, quedaréis satisfechos de

casi todo aquello que acertare a pediros el deseo en la certeza de

nuestros sucesos."

Novelas y teatro · 第 13 / 33 题