--"La grandeza, la ferocidad y la hermosura del caballo que os he
descrito tenían tan enamorado a Cratilo, y tan deseoso de verle manso,
como a mí de mostrar que deseaba servirle, pareciéndome que el cielo
me presentaba ocasión para hacerme agradable a los ojos de quien por
señor tenía, y a poder acreditar con algo las alabanzas que la hermosa
Sulpicia de mí al rey había dicho. Y así, no tan maduro como
presuroso, fuí donde estaba el caballo, y subí en él sin poner el pie
en el estribo, pues no le tenía, y arremetí con él, sin que el freno
fuese parte para detenerle, y llegué a la punta de una peña que sobre
la mar pendía, y, apretándole de nuevo las piernas, con tan mal grado
suyo como gusto mío, le hice volar por el aire y dar con entrambos en
la profundidad del mar; y en la mitad del vuelo me acordé que, pues el
mar estaba helado, me había de hacer pedazos con el golpe, y tuve mi
muerte y la suya por cierta. Pero no fué así, porque el cielo, que
para otras cosas que él sabe me debe de tener guardado, hizo que las
piernas y brazos del poderoso caballo resistiesen el golpe, sin
recebir yo otro daño que haberme sacudido de sí el caballo y echado a
rodar, resbalando por gran espacio. Ninguno hubo en la ribera que no
pensase y creyese que yo quedaba muerto; pero cuando me vieron
levantar en pie, aunque tuvieron el suceso a milagro, juzgaron a
locura mi atrevimiento.
[Ilustración: Le hice volar por el aire y dar con entrambos en la
profundidad del mar.]
"Volví a la ribera con el caballo, volví asimismo a subir en él, y,
por los mismos pasos que primero, le incité a saltar segunda vez; pero
no fué posible, porque, puesto en la punta de la levantada peña, hizo
tanta fuerza por no arrojarse, que puso las ancas en el suelo y rompió
las riendas, quedándose clavado en la tierra. Cubrióse luego de un
sudor de pies a cabeza, tan lleno de miedo, que le volvió de león en
cordero y de animal indomable en generoso caballo, de manera que los
muchachos se atrevieron a manosearle, y los caballerizos del rey,
enjaezándole, subieron en él y le corrieron con seguridad, y él mostró
su ligereza y su bondad, hasta entonces jamás vista; de lo que el rey
quedó contentísimo y Sulpicia alegre, por ver que mis obras habían
respondido a sus palabras.
"Tres meses estuvo en su rigor el yelo, y éstos se tardaron en acabar
un navío que el rey tenía comenzado para correr en convenible tiempo
aquellos mares, limpiándolos de cosarios, enriqueciéndose con sus
robos. En este entretanto, le hice algunos servicios en la caza, donde
me mostré sagaz y experimentado, y gran sufridor de trabajos; porque
en ningún ejercicio corresponde así al de la guerra como el de la
caza, a quien es anejo el cansancio, la sed y la hambre, y aun a veces
la muerte. La liberalidad de la hermosa Sulpicia se mostró conmigo y
con los míos extremada, y la cortesía de Cratilo le corrió parejas.
Los doce pescadores que trujo consigo Sulpicia estaban ya ricos, y los
que conmigo se perdieron, estaban ganados. Acabóse el navío; mandó el
rey aderezarle y pertrecharle de todas las cosas necesarias
largamente, y luego me hizo capitán dél, a toda mi voluntad, sin
obligarme a que hiciese cosa más de aquella que fuese de mi gusto. Y
después de haberle besado las manos por tan gran beneficio, le dije
que me diese licencia de ir a buscar a mi hermana Auristela, de quien
tenía noticia que estaba en poder del rey de Dinamarca. Cratilo me la
dió para todo aquello que quisiese hacer, diciéndome que a más le
tenía obligado mi buen término, hablando como rey, a quien es anejo
tanto el hacer mercedes como la afabilidad y, si se puede decir, la
buena crianza. Esta tuvo Sulpicia en todo extremo, acompañándola con
la liberalidad, con la cual, ricos y contentos, yo y los míos nos
embarcamos, sin que quedase ninguno.
"La primer derrota que tomamos fué a Dinamarca, donde creí hallar a mi
hermana, y lo que hallé fueron nuevas de que, de la ribera del mar, a
ella y a otras doncellas las habían robado cosarios. Renováronse mis
trabajos, y comenzaron de nuevo mis lástimas, a quien acompañaron las
de Carino y Solercio, los cuales creyeron que en la desgracia de mi
hermana y en su prisión se debía de comprehender la de sus esposas.
"Barrimos todos los mares, rodeamos todas o las más islas destos
contornos, preguntando siempre por nuevas de mi hermana, pareciéndome
a mí, con paz sea dicho de todas las hermosas del mundo, que la luz de
su rostro no podía estar encubierta por ser escuro el lugar donde
estuviese, y que la suma discreción suya había de ser el hilo que la
sacase de cualquier laberinto. Prendimos cosarios, soltamos
prisioneros; restituímos haciendas a sus dueños, alzámonos con las mal
ganadas de otros, y con esto, colmando nuestro navío de mil diferentes
bienes de fortuna, quisieron los míos volver a sus redes y a sus casas
y a los brazos de sus hijos, imaginando Carino y Solercio ser posible
hallar a sus esposas en su tierra, ya que en las ajenas no las
hallaban. Antes desto llegamos a aquella isla, que, a lo que creo, se
llama Scinta, donde supimos las fiestas de Policarpo, y a todos nos
vino voluntad de hallarnos en ellas. No pudo llegar nuestra nave, por
ser el viento contrario, y así, en traje de marineros bogadores, nos
entramos en aquel barco luengo, como ya queda dicho. Allí gané los
premios, allí fuí coronado por vencedor de todas las contiendas, y de
allí tomó ocasión Sinforosa de desear saber quién yo era, como se vió
por las diligencias que para ello hizo. Vuelto al navío, y resueltos
los míos de dejarme, les rogué que me dejasen el barco, como en premio
de los trabajos que con ellos había pasado. Dejáronmele, y aun me
dejaran el navío, si yo le quisiera, diciéndome que, si me dejaban
solo, no era otra la ocasión, sino porque les parecía ser sólo mi
deseo, y tan imposible de alcanzarle, como lo había mostrado la
experiencia en las diligencias que habíamos hecho para conseguirle.
"En resolución: con seis pescadores que quisieron seguirme, llevados
del premio que les di y del que les ofrecí, abrazando a mis amigos, me
embarqué, y puse la proa en _#una#_ isla bárbara, de cuyos moradores
sabía ya la costumbre y la falsa profecía que los tenía engañados, la
cual no os refiero porque sé que la sabéis. Di al través en aquella
isla; fuí preso y llevado donde estaban los vivos enterrados:
sacáronme otro día para ser sacrificado; sucedió la tormenta del mar;
desbaratáronse los leños que servían de barcas; salí al mar ancho en
un pedazo dellas, con cadenas que me rodeaban el cuello y esposas que
me ataban las manos; caí en las misericordiosas del príncipe Arnaldo,
que está presente, por cuya orden entré en la isla para ser espía que
investigase si estaba en ella mi hermana, no sabiendo que yo fuese
hermano de Auristela, la cual otro día vino en traje de varón a ser
sacrificada. Conocíla, dolióme su dolor, previne su muerte con decir
que era hembra, como ya lo había dicho Cloelia, su ama, que la
acompañaba; y el modo cómo allí las dos vinieron, ella lo dirá cuando
quisiere. Lo que en la isla nos sucedió, ya lo sabéis, y con esto y
con lo que a mi hermana le queda por decir, quedaréis satisfechos de
casi todo aquello que acertare a pediros el deseo en la certeza de
nuestros sucesos."