III

Cuarenta y tantos días después de la desgracia, la mujer de _Gasparón_

se presentó en la pagaduría de la fábrica.

Era una habitación pequeña dividida por un tabique de madera y tela

metálica con ventanillos, tras los cuales se veía un señor viejo, bien

vestido, de camisa limpia, que estaba leyendo un periódico, sentado

junto a una caja de caudales. Cerca de él, al alcance de su vista, había

dos hombres que de pie y encorvados escribían en grandes libros puestos

sobre pupitres de pino.

--¿Qué traes tú por aquí?--dijo uno de los escribientes al acercarse la

mujer.

--¿Cómo ha quedado _Gasparón_?--preguntó el otro.

--Pues, ¡cómo ha de quedar! Manco.

--¿Y a qué vienes?

--A cobrar.

Uno de aquellos hombres tomó un cuaderno y comenzó a pasar hojas

murmurando:

--Gaspar... Gaspar...

--Está por Santigós. Nave de taladros, sección segunda--dijo la mujer.

--Es verdad; Gaspar Santigós, aquí está.

--Ese es--añadió ella suspirando.

El escribiente se puso a hacer números en una cuartilla de papel, y sin

alzar la vista preguntó:

--¿Había cobrado la semana anterior?

--Sí, señor.

--Pues son... deben de ser...

Entonces el caballero de la camisa limpia soltó el periódico y sin mirar

a la joven preguntó:

--¿Qué día fue eso?

--El veinte pasado: miércoles, a las dos--contestó ella tristemente.

--Pues poca duda cabe--repuso el caballero--lunes, uno; martes, dos;

miércoles... dos días y medio, que a cuatro cincuenta de jornal... son

once pesetas con veinticinco céntimos.--Y se volvió de espaldas.

Sacó el dependiente una esportilla de la caja, contó el dinero, y sin

más conversación hizo la entrega. Marchose llorando la muchacha, y aún

se oía el ruido de sus pasos cuando el caballero de la camisa limpia

dijo severamente:

--No se le olvide a usted apuntar que _Gasparón_ es _baja_.

Cuentos de mi tiempo · 第 8 / 43 题