A
BREVE Y SUMARIA RELACIÓN DE LOS SEÑORES, Y MANERAS Y DIFERENCIAS
QUE HABÍA DE ELLOS EN LA NUEVA ESPAÑA, Y DE LA FORMA QUE HAN TENIDO
Y TIENEN EN LOS TRIBUTOS: por el doctor Alonso de Zorita (sin
fecha)[866].
[866] _Colec. de doc. inéditos relativos á América y Oceanía_,
tomo II, págs. 1 á 126.
Entre estos naturales--dice--había y hay, donde no los han deshecho,
tres señores supremos en cada provincia, y en algunas cuatro, como en
Tlaxcala y en Tepeaca; y cada uno de estos señores tenía su señorío
y jurisdicción conocida y apartada de los otros. Había otros señores
inferiores ó _caciques_. En México y en su provincia había tres señores
principales: el de México, el de Tezcuco y el de Tlacopan ó Tacuba.
En asuntos de guerra los señores de Tezcuco y Tacuba obedecían al de
México; pero en lo demás eran iguales. Aunque en la sucesión de dichos
señoríos supremos eran diferentes los usos y costumbres, la más común
era por sangre y línea recta, de padres á hijos. No sucedían las hijas,
sino el hijo mayor, habido en la mujer más principal de todas las que
tuviera el señor, debiéndose notar que se consideraba principal si era
una de las señoras de México. Si el hijo mayor, por enfermedad o por
otra causa, no podía gobernar, el padre señalaba otro. Si sólo tenía
hijas y alguna de ellas tenía hijos, el señor nombraba á un nieto.
Los nietos de los hijos eran preferidos á los de las nietas, debiendo
siempre entenderse que la madre del heredero fuera mujer principal.
Si el señor no tenía hijos ó nietos, era elegido por elección uno de
sus hermanos; y si tampoco tenía hermanos, recaía la elección en un
señor principal. Cuando faltaba sucesor al señor de México, el elegido
por los señores principales era confirmado por los señores supremos
de Tezcuco y Tacuba; cuando faltaba sucesor á los señores supremos de
Tezcuco ó Tacuba, los señores principales elegían su correspondiente
sucesor, que era confirmado por el de México. En algunas partes, en
México, por ejemplo, sucedían los hermanos aunque hubiese hijos; mas,
acabados los hermanos, tornaba la sucesión por el orden dicho á los
hijos del señor. Moctezuma sucedió á dos hermanos suyos que reinaron
antes que él. Para la sucesión y para la elección se tenía en cuenta el
valor y, en general, las buenas cualidades del elegido.
El elegido era llevado al templo, lo subían por las gradas cogido del
brazo dos indios principales y lo cubrían con dos mantas de algodón,
una azul y otra negra, en las cuales estaban pintados muchas cabezas y
huesos de muertos, para que se acordase que se había de morir como los
demás. Últimamente, el ministro le dirigía la siguiente plática: «Señor
mío; mirad cómo os han honrado vuestros vasallos, y pues ya sois señor
confirmado, habéis de tener mucho cuidado de ellos, y mirarlos como
á hijos; y mirad que no sean agraviados, ni los menores maltratados
de los mayores. Ya veis cómo los señores de vuestra tierra, vuestros
vasallos todos, están aquí con sus gentes, cuyo padre y madre sois vos,
y como tal los habéis de amparar y defender y tener en justicia, porque
los ojos de todos están puestos en vos, y vos sois el que los habéis
de regir y dar orden. Habéis de tener gran cuidado de las cosas de la
guerra, y habéis de velar y procurar de castigar los delincuentes, así
señores como los demás, y corregir y enmendar los inobedientes. Habéis
de tener muy especial cuidado del servicio de Dios y de su templo, el
que no haya falta de todo lo necesario para los sacrificios, porque
de esta manera todas vuestras cosas tendrán buen suceso y Dios tendrá
cuidado de vos.»
Acabada la plática, el señor otorgaba todo aquello y daba las gracias.
Todavía se celebraban otras fiestas antes que el señor supremo
comenzaba á desempeñar su cargo.
La segunda clase de señores se denominaban _tec-tecutcin_ y eran
nombrados por los señores supremos, sólo de por vida, en premio de sus
hazañas en la guerra ó en servicio de la república. Dábales el señor
supremo sueldo y ración.
La tercera clase de señores tenían el nombre de _calpulles_ (tribu
entre los israelitas), y la cuarta de _pipiltzin_, principales (los que
en Castilla llamamos _caballeros_).
Acerca de la administración de justicia en México, en Tezcuco y en
Tacuba había jueces a manera de Audiencia que aplicaban rectamente
las leyes. Percibían el salario que les asignaba el señor. «Dicen los
religiosos, antiguos en aquella tierra, que después que los naturales
están en la sujeción de los españoles, y se perdió la buena manera de
gobierno que entre ellos había, comenzó a no haber orden ni concierto
y se perdió la justicia y policía y execución de ella, que entre ellos
había, y se han frecuentado mucho los pleitos y los divorcios, y anda
todo confuso.»[867] Riñendo un español con un indio, como el primero
le llamase ladrón, embustero y otras palabras injuriosas, contestó el
segundo: «de vosotros he aprendido todas esas cosas.»
[867] Página 45.
Dichos jueces se colocaban al amanecer en sus estrados de esteras,
donde permanecían hasta dos horas antes de ponerse el sol; oían los
pleitos y daban las sentencias. Las apelaciones iban ante otros doce
jueces, los cuales sentenciaban con parecer del señor. Lo más que
duraba el pleito era ochenta días. No hacían distinción los jueces
entre ricos y pobres, grandes y pequeños: «y porque un juez favoreció
en un pleito a un principal contra un plebeyo, y la relación que hizo
al señor de Tezcuco no fué verdadera, lo mandó ahorcar y que se tornase
a ver el pleito, y así se hizo, y se sentenció por el plebeyo.»[868]
[868] Página 47.
En las provincias y pueblos había jueces ordinarios, que tenían
jurisdicción limitada para sentenciar pleitos de poca calidad y para
prender a los delincuentes. Cada cuatro meses (el mes era de veinte
días) acudían a una junta ante el señor--junta que duraba de diez a
doce días--donde se terminaban los pleitos importantes y los asuntos
criminales, como también se trataban y resolvían otros asuntos de la
república, adquiriendo dichas juntas el carácter de cortes.
Existían cárceles públicas para los delincuentes.
Celebrábanse los matrimonios conforme disponían sus leyes. Los solteros
podían tener mancebas: un soltero se dirigía al padre de una joven y la
pedía sólo para haber hijos. Cuando tenían el primer hijo, los padres
de la joven requerían al mancebo para que la tomase por mujer o la
dejara libre.
Las casas de los señores eran grandes y tenían jardines y huertas.
Ricos y pobres, grandes y pequeños criaban, educaban y enseñaban con
todo esmero a sus hijos. Dignos son de encomio los consejos que daban
los padres a sus hijos.
En carta que Hernán Cortés escribió al Emperador le decía que Tlaxcala
era más grande, fuerte y de tan buenos edificios como Granada; que
se hallaba abastecida de pan, aves, caza, pescado y legumbres; que
había joyerías de oro y de plata, de piedras preciosas, de loza, etc.;
que abundaban las tiendas de vestidos y calzado. Por lo que respeta
a México también son de Cortés las siguientes palabras: «Tiene esta
ciudad muchas plazas, donde hay continuo mercado, y trato de comprar
y vender. Tiene otra plaza, dos veces más grande que la de la ciudad
de Salamanca, toda cercada de portales, donde hay continuamente más
de sesenta almas comprando y vendiendo, donde hay todo género de
mercadurías que en toda la tierra se hallan, así de mantenimiento como
de vitualla, joyas de oro y de plata, de plomo, de latón, de cobre, de
estaño, de piedras, de huesos, de conchas, de caracoles y de plumas.
Véndese sal y piedras labradas y por labrar, adobes, ladrillos, madera
labrada y sin labrar, de diversas maneras. Hay calle de caza, donde
venden todos los linajes de aves que hay en la tierra: gallinas,
perdices, codornices y abantos, garcetes, tórtolas, palomas, pajaritos
en cañuelas, papagayos, buharros, águilas, alcones, gavilanes,
cernícalos y de algunas aves de rapiña; venden los cueros con su pluma
y cabeza y pico y uñas; venden conejos, liebres, venados y perros
pequeños, que crían para comer, castrados. Hay calle de herbolarios,
donde hay todas las raíces y hierbas medicinales que en la tierra se
hallan, y casas como de boticarios, donde se venden las medicinas
hechas, así potables como ungüentos y emplastos. Hay casas donde dan
de comer. Hay hombres, como los que se llaman en Castilla ganapanes,
para traer cargas. Hay mucha leña, carbón, braseros de barro, y esteras
de muchas maneras para camas y otras más delgadas para asiento, para
esterar salas y recámaras. Y todas las maneras de verduras que se
hallan, especialmente cebollas, ajos, puerros, mastuerzo, berros,
borrajas, acederas, tagarninas, cardos. Hay frutas de muchas maneras,
como ciruelas, cerezas, que son semejantes a las de España. Venden miel
de abejas y cera, y miel de cañas de maiz, que son tan melosas y dulces
como las de azúcar, y miel de unas plantas que en las islas llaman
magüey, que es muy mejor que arrope; y de estas plantas hacen azúcar
y vino y lo venden. Muchas maneras de hilado de algodón, de todos
colores, en sus madejitas, que parecen propiamente a las del Alcaicería
de Granada en las sedas, aunque este otro con mucha más cantidad.
Venden colores para pintores cuantos se pueden hallar en España, y de
tan excelentes matices, cuanto pueden ser. Venden cueros de venado, y
son con pelos y sin ellos, muy blancos y teñidos de diversos colores.
Venden mucha loza, en gran manera buena: tinajas grandes y pequeñas,
jarros, ollas y otras infinitas maneras de vasijas, todas de singular
barro y las más vidriadas y pintadas. Venden mucho maíz en grano y en
pan, que hace mucha ventaja, así en grandor como en sabor a lo de las
islas y Tierra Firme. Venden pasteles de aves y empanadas de pescado.
Venden mucho pescado, fresco y salado, crudo y guisado. Venden huevos
de gallina y de ánsares, y de todas las otras aves que he dicho en gran
cantidad; venden tortillas de huevos hechas. Finalmente, que en estos
mercados se venden todas cuantas cosas se hallan en la tierra, que son
tantas y de tantas calidades, que, por la prolixidad y por me ocurrir a
la memoria y por no saber los nombres, no las digo»[869].
[869] Págs. 68-70.
Añade que en dicha plaza se halla una buena casa, especie de Audiencia,
donde diez o doce jueces _libran todos los casos y cosas que en el
mercado acaecen_.
Levántanse muchos templos en la ciudad, donde adoran a sus ídolos;
residen continuamente en ellos los religiosos, todos vestidos de negro;
nunca cortan ni peinan el cabello. Los templos tienen sus torres; en el
principal se halla una que es más alta que la de la iglesia mayor de
Sevilla.
Pagaban tributos en México los _tec-calli_, que eran gentes
dependientes de los señores llamados _tec-tecutcin_; los _calpulles_ o
_chinancalli_, que eran labradores de tierras propias; los mercaderes,
y los _tlalmaites_ o _mayegües_, labradores que cultivaban tierras
ajenas. No pagaban tributos los _teutles_ ni los _pilles_, servidores
del señor supremo, ni las viudas, ni los hijos solteros, ni los
mendicantes, ni los impedidos para trabajar, ni los que se ocupaban en
el culto de los ídolos. Pagaban los labradores los tributos en maíz,
frígoles, algodón, etc.; los mercaderes en lo que trataban (joyas,
ropas, plumas, etc.). Se ignora lo que valdrían los tributos, pero
puede asegurarse que era poco.
B
COSTA RICA DESDE MEDIADOS DEL SIGLO XVI HASTA COMIENZOS DEL
XIX[870].
[870] _Col. de doc. inéditos_, etc., tomo XI.
Acerca de Costa Rica diremos que después que Felipe Gutiérrez murió en
una expedición contra los indios, el licenciado Juan Cavallón afirmó
en Costa Rica la dominación española. Nombrado Cavallón gobernador en
el año 1561, se asoció para la conquista con Juan de Estrada Rávago,
clérigo de Guatemala. En tanto que Estrada atravesaba el lago de
Nicaragua con dos bergantines y cerca de 300 hombres, bajaba por el
desaguadero, y siguiendo la costa del Atlántico, fundaba la villa
del _Castillo de Austria_, el licenciado Cavallón salía de Granada
con dirección á Nicoya, con 90 españoles, echaba los cimientos de la
villa de los Reyes en el valle de Landecho y apresaba á los caciques
Coyoche y Quizarco. Sucedióle, en el año 1562, Juan Vázquez Coronado,
que sostuvo no pocas luchas con los indios, y atravesó la sierra,
llegando á la provincia de Ara, que se le sometió. Luego descubrió
minas de oro junto á los ríos Changuinola y Tilorio, sujetando las
provincias de Muño, Tariaca, Buca, Auyaque y Pococi. Llegaron á la
sazón á Costa Rica Fray Lorenzo de Bienvenida y algunos religiosos más
destinados á la conversión de los indios. No carece de importancia la
_Provanza hecha en virtud de Real Cédula, sobre si es cierto que Juan
Vázquez de Coronado entró y pobló la provincia de Costa Rica y Nueva
Cartago.--Fechada en Santiago de Guatemala á 18 de agosto, año de 1564._
Tanto renombre alcanzó el citado Vázquez de Coronado, que algunos
cronistas llegan á llamarle descubridor de Costa Rica. Lo cierto es que
el Rey le nombró gobernador de la tierra por los días de su vida, según
Real Carta dada en Aranjuez el 8 de abril de 1565[871]. Como Vázquez
de Coronado había dicho en sus informaciones que, según sus cálculos,
había 4.000 indios desde Quepo hasta Turucaca, con 1.600 hombres de
guerra sólo en Coto, 20.000 indios en el interior de Costa Rica, y
unos 40.000 en las costas del Atlántico, Juan Dávila, compañero de
Vázquez en sus viajes, censuró tales exageraciones en carta dirigida
al Rey el año 1566. Afirmaba Dávila que «había en Garabito hasta 500
indios, y los indios de Garabito, con los tices y botos, eran 500 á
600.» «En toda la provincia que llaman de Costa Rica habrá en toda ella
5.000 indios, y aguas vertientes á la mar del Norte, en todo lo que
Juan Vázquez anduvo, no hay pasados de 2.000.» En aquel tiempo cada
casa ó palenque tenía su cacique. «Una parentela de padres é hijos y
nietos llamaban un pueblo y también provincia, según son los parientes
pocos ó muchos»[872]. Continuó la colonización y fundó la ciudad del
_Nombre de Jesús_ el gobernador Perafán de Rivera, retirándose pronto
del país porque no encontró las riquezas que buscaba. El repartimiento
que hizo Perafán en enero de 1569 se hallaba fundado en los anteriores
cálculos, bastante exagerados, acerca del número de indios. Dice que la
población de Costa Rica era de 17.479. En el año 1573 una peste general
hizo grandes estragos en el país. Por entonces (1575) comenzaron los
frailes franciscanos á reunir los indios en los pueblos de Barba,
Pacaca, Aserrí, Curridabat, Cot, Quircot, Tobosi, Ujarrás, Tucurrique y
Turrialba.
[871] Págs. 124-128.
[872] _Revista de Costa Rica en el siglo XIX._ Tipografía
Nacional, San José de Costa Rica, MCMII páginas 14 y 15.
El gobernador Diego de Artieda, sucesor de Perafán, echó los cimientos
de una población, á la que dió su nombre; con fecha 1.º de abril de
1581 hubo de informar que los franciscanos habían bautizado desde 1577
á 1581 cerca de 7.000 indios, número que creemos bastante exagerado.
Dos años después, esto es, en 1583, Artieda formó el siguiente cuadro
estadístico de los siguientes pueblos del interior:
En Garabito 500 indios.
" Aserrí 250 "
" Cot 80 "
" Ujarrás 200 "
" Pacaca 80 "
" Chomes 16 "
El gobernador Juan de Ocón y Trillo, mandó fundar (1605), la ciudad
de _Santiago de Talamanca_ y castigó a los indios _quequexques_ y
_moyaguas_. Juan de Mendoza y Medrano ordenó hacer una información
(1615) acerca de Costa Rica y de su antigua capital Cartago, resultando
que había bastante pobreza, y a ella debió contribuir la peste que
ocasionó muchas víctimas en el valle de Reventazón, en Tuis, Atirro,
Tucurrique, Cachí, Orosí, Turrialba y Ujarrás.
Entre otros gobernadores citaremos los siguientes: Alonso del Castillo
y Guzmán (1618-1622), quien sacó 400 indios de Talamanca, muriendo una
tercera parte a la llegada a Cartago y los demás fueron repartidos
entre las familias españolas. En el año 1620 manifestó Diego de Mercado
que los indios _votos_ eran unos 1.000. El gobernador Juan de Echaúz
(1624-1628), fué muy querido de los naturales de Costa Rica. En su
tiempo una Real cédula (1626) fijó el número de españoles en 200, y se
contaron (1627) indios tributarios los siguientes:
En Parragua (siquirres) 22
" Orosí 7
" Atirro 10
" Pacaca 70 á 80
" Quepo 100
" Tucurrique 16 á 18
" Chomes 3
García Ramiro Coraje sacó (1628) algunos indios votos; Hernando de
Sibaja trajo de los votos (1638) 56 indios _güetares_ huidos de las
encomiendas de Aserrí, Barba y Garabito; el capitán Gerónimo de Retes
encontró (1640) unos 190 indios votos cerca de la confluencia del río
San Carlos con el San Juan, hallándose entre ellos 60 varones; Diego de
Zúñiga sacó después 90 indios votos que se establecieren en Atirro.
Celidón de Morales calculó, en el año 1644, la población española
de Costa Rica en 200 hombres y los indios tributarios del interior
en menos de 1.000; Juan Fernández de Salinas (1650-1655) calculó en
1651 unos 800 indios tributarios en el interior y no pudo remediar
la pobreza cada vez mayor del país; Andrés de Arbieta, gobernador
de Nicaragua, informó (1655) al Rey que había únicamente 620 indios
tributarios en Costa Rica, y de ellos 100 de la Real Corona, añadiendo
que existían pueblos de 30, de 6 y hasta 3 indios. Andrés Arias
Maldonado y Velasco en Talamanca sacó (1659) algunos indios _ateos_
del río Caen, afluente del Estrella, y el hijo del citado gobernador
llamado Rodrigo Arias de Maldonado, entró en Talamanca el 1662 y 1663,
sometiendo al cacique Cabsi con 1.200 indios. Desde entonces huyeron
muchos indios de Talamanca al otro lado de la cordillera, los cuales
fijaron su residencia en las llanuras que a la sazón llamamos del
General. López de la Flor (1663-1673) no pudo contener las invasiones
de los corsarios de Jamaica, y Juan Francisco Sáenz Vázquez declaró
(1676) en una carta al Rey que en Caratgo había 600 indivíduos entre
españoles, mestizos y mulatos, y en Esparza 100; también hacía notar
que existían 22 pueblos de indios con sólo 500 personas.
Entre otros sucesos, haremos notar que los piratas ingleses en 1685
saquearon Esparza, repitieron el mismo hecho en 1686 e invadieron
Nicoya en 1687, cometiendo todo género de desmanes. Por lo que respecta
al número de habitantes, se contaron (1689) unos 297 y ocho familias
de españoles en Bagaces, y en 1697 existían en el interior de Costa
Rica 224 familias de indios. Según los libros parroquiales y otros
documentos, la población de Costa Rica el 1.º de enero de 1700, llegó
a tener entre españoles, indios, mestizos, negros, mulatos y zambos,
19.293 habitantes. Diezmaron la población las guerras civiles entre
las tribus, la venta de indios como esclavos, las enfermedades y las
pestes. Entre las enfermedades eran las principales las del pecho y las
viruelas, causando muchas muertes la peste de 1614, la de 1654 y otras.
El Ilmo. Sr. José Antonio de la Huerta Caso, en virtud de Real
orden del 10 de noviembre de 1776, mandó hacer un censo, basado en
los padrones parroquiales. El bachiller D. Domingo Juarros, en su
_Compendio de la Historia de Guatemala_, publicado en el año 1809,
dice lo siguiente: «La ciudad de Cartago, su anexo Pueblo Nuevo, uno
y otro 8.825 feligreses. Villa Nueva de San José, 8.316. Su anexo
Escazú... Villa de Ujarrás, 714. Villa Vieja, 6.657. Su anexo Atajuela
o Villa Hermosa, 3.890. La ciudad de Esparza... Sus anexos Bagaces y
las Cañas... Barba, 988. La doctrina de Cot, 215. Quircot, 130. Tobosi,
122. Curridabat, 260, y Aserrí, 390. Orosí, Atirro y Tucurrique...
Boruca... San Francisco de Térraba y Guadalupe... Nicoya... Su anexo
Guanacoste, 886»[873].
[873] Ob. cit., págs. 15 y siguientes.
El gobernador D. Tomás Acosta comunicó a las Cortes el 19 de abril
de 1809 que Costa Rica tenía 50 a 60.000 habitantes. D. Juan de Dios
Ayala, sucesor de Acosta, manifestó a la Audiencia de Guatemala con
fecha 5 de marzo de 1813, que no siendo posible elegir un Diputado á
Cortes porque la provincia no llegaba a 60.000 habitantes, propuso que
se uniese a parte de la de _Nicaragua_. El mismo Ayala, en su informe
del 13 de noviembre de 1818, afirmó que la población era de 50 a 60.000
almas. Después (29 enero 1875) se dispuso que los pueblos de Nicoya y
Santa Cruz debían considerarse agregados interinamente a Costa Rica.
«La Madre Patria, la hidalga y heróica España»[874], aunque tarde, tomó
acertadas medidas para el bien y progreso de los países americanos.
«Costa Rica, la olvidada y _paupérrima_ Provincia, como gráficamente
la llamaban los distinguidos y beneméritos gobernadores españoles D.
Tomás de Acosta y D. Juan de Dios de Ayala, recabaron auxilios, apoyo y
mejoras para ésta que tuvieron como su verdadera patria, gobernándola
seria y morigeradamente, debió a estos dos hombres benéficos, a
principios de este siglo, gran suma de tranquilidad y bienestar.
Ambos murieron en Cartago, colmados de bendiciones y llorados por el
buen pueblo costarricense, que tuvo en ellos, más que gobernantes,
padres y protectores. El primero, ciego y retirado del servicio con
el honorífico grado de brigadier de los Reales Ejércitos, vivió hasta
cerca de los días de nuestra Independencia; y el segundo falleció poco
tiempo antes, o sea a principios del año 1819. Mentores y moderadores
de estos pueblos, no hay que extrañar que tanto contribuyesen a
mantenerlos tranquilos en medio de las borrascas de época tan
agitada»[875].
[874] Ibidem, pág. 55.
[875] Ibidem, pág. 56.
C
DESCRIPCIÓN DE LA ISLA DE PUERTO RICO HECHA EL 1.º DE ENERO DE
1582, CONFORME A UNA INSTRUCCIÓN Y MEMORIA DE S. M.[876].
[876] _Colec. de documentos inéditos relativos al
descubrimiento_, etc., tomo XXI, págs. 240 y 285.
1.º Puerto Rico es la mejor población de la isla. Los indios llamaban a
la isla Bosiguen y los españoles la denominaron Puerto Rico, a causa de
la riqueza del país según unos, y según otros porque el puerto era muy
bueno.
2.º El descubridor y conquistador de la isla fué Juan Ponce de León,
natural de San Terbás del Campo.
3.º El clima es muy bueno.
4.º La superficie de la isla es muy áspera y montuosa, habiendo muchos
ríos y arroyos. Carece de pastos para los ganados, abundando en cambio
los árboles llamados Guayabo, que dan una fruta como manzanas, alimento
de las vacas, puercos y aves.
5.º Cuando se ganó la isla había unos 1.000 indios y 500 indias; pero a
la sazón eran muy pocos.
6.º La altura y elevación del pueblo de Puerto Rico se conoce por el
eclipse que estudió Juan Ponce de León por mandado de Juan de Céspedes,
gobernador de la isla.
7.º La villa denominada Nueva Salamanca o San Germán el Nuevo, fué
fundada por el gobernador Francisco de Solís con los restos de la
población Guadanylla, que estaba al Sur de la isla, quemada por indios
caribes y robada por los franceses. También Salamanca ha sido robada
por los franceses.
8.º Nada.
9.º La ciudad de Puerto Rico, cabeza de la isla, la fundó Juan Ponce
de León en el año 21 y de su nombre la llamó San Juan. Despoblada la
población llamada Parra, a causa de las malas aguas, se trasladó a
tierra más saludable y distante legua y media; la nueva población fué
San Juan.
10. El sitio de la ciudad de Puerto Rico es llano, levantándose en el
sitio más elevado un convento de frailes dominicos.
11., 12. y 13. Nada.
14. Los indios de Puerto Rico, gente mansa, peleaban, los de la costa
de la mar con flechas y arcos, y los de tierra adentro con palos a
modo de bastones; temían a los indios de la parte de Levante que eran
caribes o antropófagos.
15. En cada valle había un cacique, y bajo sus órdenes estaban otros
capitanes (dibaynos); los españoles sacaron a los indios de sus
respectivos pueblos para llevarlos a las minas, siendo ello la causa
del acabamiento de la raza.
16. En la isla no hay pueblo alguno de indios; los españoles tienen la
ciudad de San Juan de Puerto Rico y la villa de la Nueva Salamanca;
esta población está en una sierra y el agua se halla lejos.
17. Las enfermedades más peligrosas en la isla son los pasmos, y se
curan bebiendo el zumo de la yerba que llaman tabaco o aplicando fuego
a la nuca o abajo de los riñones.
18. A la parte Sueste de la ciudad de San Juan hay una sierra que
llaman de Loquillo, distante 10 leguas, cuyo nombre dieron los
españoles porque en ella se cobijó un cacique que por espacio de algún
tiempo tuvo en jaque a los cristianos; otra parte de la sierra se
denominaba de Furudi, que quiere decir cosa llena de nublados, y hay
una tercera que tenía el nombre de Espíritu Santo.
19. A una media legua de San Juan se encuentra el río Bayamón, por
el cual suben barcos para el servicio de la ciudad, y en sus riberas
hay haciendas de conucos, donde se hace el cazabe, que es el pan de
esta tierra, y maíz, y donde se crían muchos plátanos. Otro río que se
llama Toa está legua y media distante de la ciudad de San Juan y nace
a 14 leguas en la sierra de Guabate; en la ribera del río se halla un
árbol llamado leyba en lengua de indios, que en su tronco quiso un
carpintero, de nombre Pantaleón, hacer una capilla y en ella un altar
donde se dijera misa. Otro río que dicen Cebuco, al Oeste de la isla,
es pequeño; en sus riberas se cría mucho ganado vacuno y porcuno.
Considérase el río Guayanes casi tan grande como el Toa, y en sus
riberas hubo muchas haciendas; también mencionaremos los ríos Arrecibo,
Camuy, Guataca, Culibrina, Guaurabo, Guaynabo, Guadianylla, Triaboa,
Xacagua, Cuamo, Albeyno, Guayama, Unabo, Guayamy, Jumacao, Pedagua,
Fajardo, Río Grande y otros.