PADRE VARELA.]

Habremos de recordar, por lo que a la cultura de Cuba respecta, que la

instrucción pública realizó grandes progresos desde los últimos años

de la centuria XVI. Francisco Paradas dejó un legado (1571) para el

sostenimiento de clases de latinidad en Bayamo; Juan F. Carballo fundó

la Escuela de Belén, la cual durante muchos años fué la única enseñanza

primaria en la Habana; el obispo Juan de las Cabezas creó el Seminario

en Santiago de Cuba (1607); el obispo Evelino de Compostela estableció

el colegio eclesiástico en la Habana (1689), y además el colegio de

niños y el asilo de niñas de San Francisco de Sales; el filántropo

Conyedo se consagró a la enseñanza en Villaclara (1712) y fundó

una escuela en San Juan de los Remedios. A petición del ayuntamiento

de la Habana (1688) se creó la Universidad (1728), encargándose de la

enseñanza los frailes dominicos. Siete años antes el mismo Felipe V,

había concedido la fundación de un colegio a la Compañía de Jesús[838].

[838] _Arch. hist. nac.--Cedulario índico_, tomo XXXIV. n.º

109. págs. 124 y 124 v.ª

En los últimos años del siglo XVIII y en la primera mitad del XIX,

las letras y las ciencias dieron un paso de gigante en la isla de

Cuba. Nació entonces la _Academia Cubana de Literatura_ y adquirió

fama universal el periódico intitulado _Revista Bimestre Cubana_; en

él escribieron Félix Varela, José de la Luz y Caballero, José Antonio

Saco, Domingo del Monte y otros. El eminente filósofo D. Félix Varela

enviaba sus escritos desde el destierro. De él dijo D. José de la Luz y

Caballero lo que copiamos á continuación: «Mientras se piense en Cuba,

se pensará con respeto y veneración en el primero que nos enseñó á

pensar.» Saco, ilustre catedrático de Filosofía en el colegio seminario

de San Carlos, sucesor de su sabio maestro Padre Varela, recibió la

orden del Capitán general Tacón de salir de la Habana (1834), «porque

la juventud seguía con mucho calor sus ideas.» D. José de la Luz y

Caballero, sucesor de Varela y de Saco en la cátedra de Filosofía de

San Carlos, merece también señalado lugar entre los pensadores cubanos.

Murió el 22 de junio de 1862, rodeado de sus discípulos y admiradores,

en su colegio de El Salvador. El capitán general Serrano, deseando

halagar á los cubanos, presidió el entierro.

No careció de importancia el progreso moral y material de la isla de

Puerto Rico en la centuria XVIII, progreso moral y material que aumentó

considerablemente en el siglo XIX. Buena prueba de ello es el aumento

de población: en 1775 se contaban 79.000 habitantes, y en 1887, 806.708.

No poca fama tuvieron algunos poetas en Guatemala. El primero de ellos

es Juan de Mestanza. Miguel de Cervantes dice de él en su _Viaje al

Parnaso_:

Llegó Juan de Mestanza cifra y suma

de tanta condición doctrina y gala,

que no hay muerte ni edad que la consuma.

Apolo lo arrancó de Guatemala

y le trajo en su ayuda para ofensa

de la canalla en todo extremo mala.

De Baltasar de Orena, que vivió en Guatemala por el año de 1591, dijo

Cervantes en su _Galatea_ lo siguiente:

Toda la suavidad que en dulce

vena se puede ver, veréis en uno sólo,

que al son sabroso de su musa enfrena

la furia al mar, el curso al dios Eolo:

El nombre de éste es Baltasar de Orena,

cuya fama al uno y otro polo

corre ligera, y del oriente á ocaso,

por honra verdadera del Parnaso.

Letrado en la Audiencia de Guatemala fué D. Antonio Paz y Salgado, y de

él es el soneto que copiamos:

Mas quisiera que un toro me embistiera,

que una mula cerril me derribara,

que un trueno me aturdiera y me espantara

y que una calentura me venciera.

De cornadas ningún caso hiciera,

ni caída, ni patada me matara,

relámpago ni rayo me asombrara,

ni aun con la fiebre ardiente me muriera;

Nada fuera capaz de que á mi brío

se opusiera; ni aun el mal postrero

de la muerte temiera en desafío;

Impávido estuviera, y siempre entero

el valor se portara como el mío,

y sólo me asustara un majadero.

Del inspirado vate D. Simón Bergaño y Villegas es la fábula intitulada

_El poeta y el loro_.

Así comienza:

«Un indio obsequioso

que me visitaba,

me trajo un lorito

por cosa muy rara.»

Termina de este modo:

«¡Y cuántos doctores

también con sus fajas,

lo son de memoria

como el camarada!»

Con motivo de haber apresado los ingleses cuatro navíos españoles, pues

estaban en guerra ambas naciones, publicó el 23 de septiembre de 1805

una oda, de la cual copiamos la siguiente estrofa:

Y tú, español valiente,

hijo de Palas y de Marte fiero,

lleva, lleva el terror, lleva el espanto

al solio del inglés. El refulgente

y el cortador acero

vibre al momento sobre su cabeza.

Tiemble al mirarte; tiemble: oprima en tanto

su orgullosa cerviz tu ilustre planta;

y pase con fiereza

tu acero vengador por su garganta.

En el año 1678 se fundó en la ciudad de Guatemala una Universidad y por

Real Cédula de 6 de junio de 1680 se dispuso que se escribiesen los

estatutos: en la Universidad se enseñaban especialmente las ciencias

teológicas y la literatura. Un hecho que no pasó inadvertido se señaló

en noviembre de 1729, y fué el comienzo de la publicación de la _Gazeta

de Goatemala_, órgano oficial del gobierno. Veía mensualmente la luz

pública.

En honor de Cortés y Larraz debemos registrar la siguiente noticia:

desde su obispado de Tortosa, al cual fué promovido después de

renunciar la silla arzobispal de Guatemala, no olvidaba su antigua

diócesis, pues a ella destinó más de sesenta mil pesos, con el objeto

de que se fundase un colegio para la instrucción de la juventud.

Dedicóse el arzobispo D. Cayetano Francos y Monroy (n. en Villavicencio

de los Caballeros del Reino de León) a la fábrica de la nueva ciudad.

El 7 de octubre de 1779 hizo su entrada pública en Guatemala,

mereciendo por sus virtudes, por su generosidad y por su amor a los

pobres agradecimiento eterno de Guatemala. Entre sus fundaciones

citaremos las dos escuelas para niños pobres de San José de Calasanz y

de San Casiano, que dotó con 40.000 pesos.

En el año 1793 se fundó un Coliseo; en el de 1794 tuvo comienzo un

Consulado y en 1795 una Sociedad Económica que abrió el 1797 una

Escuela de Dibujo, y en el año siguiente de 1798 otra de Matemáticas.

Del mismo modo se estableció una imprenta; en ella hubo de publicarse

un periódico para propagar los conocimientos útiles, siendo tiempo

adelante prohibidas las reuniones en dicha sociedad y la publicación

del periódico.

De Costa Rica no debemos pasar en silencio el nombre de D. José María

Zamora y Coronado (n. en Cartago el año 1785), famoso jurisconsulto

y hombre de conocimientos generales. En todos los ramos del saber se

distinguieron ilustres literatos y hombres de ciencia, lo mismo en

Costa Rica que en los demás Estados de la América Central.

La vida en el Ecuador desde los primeros días del gobierno de los

españoles hasta su independencia, fué casi siempre pacífica y

progresiva. En 1589 se abrió el primer curso de filosofía. La enseñanza

para los hijos de españoles se introdujo en el Ecuador por la Compañía

de Jesús. En el siglo XVI se fundaron el colegio de Quito, el Seminario

de San Luis y la Universidad de San Fulgencio. Ya entrado el siglo

XVII, los hijos de Loyola establecieron la Universidad definitiva de

San Gregorio Magno con los títulos de Real y Pontificia. Figura como el

primer poeta del Ecuador el español Lorenzo de Cepeda, hermano de Santa

Teresa de Jesús. En 1550 era regidor del cabildo de Quito y vivió en

la colonia más de treinta y cuatro años. Escribió _Vida y virtudes de

Doña Juana de Fuentes, natural de Trujillo en el Perú_ (su mujer), y

algunas devotas poesías. Por el año 1630 floreció en Quito la poetisa

Jerónima de Velasco, mujer de Luis Ladrón de Guevara, y de ella dice

Lope de Vega:

¡Dichoso quien hurtó tan linda joya

sin el peligro de perderse Troya!

Pero diósela el cielo, aunque recelo

que puede la virtud robar el cielo.

En el _Ramillete de varias flores poéticas recogidas y cultivadas en

los primeros abriles de sus años_, publicado en Madrid el 1675, por el

ecuatoriano Jacinto de Evia, se hallan las poesías de dicho Evia, de la

poetisa Jerónima y del jesuíta Antonio Bastidas, maestro de Retórica

en Guayaquil. Completan el _Ramillete_, entre otros trabajos en prosa,

la novela _El sueño de Celio_. Poetas, gramáticos cultivadores de la

lengua quichua, filósofos escolásticos, historiadores, naturalistas,

etcétera, adquirieron fama en los siglos XVI, XVII y XVIII. A la cabeza

de todos los escritores se halla el obispo Gaspar de Villarroel, autor

del _Gobierno Eclesiástico_, que publicó en 1656, no inferior a la

_Política Indiana_ de Solórzano. El Padre jesuíta Ramón Viesca fué

inspirado poeta y el Padre Juan de Velasco mostró en su _Historia del

reino de Quito_ sobresalientes cualidades, entre otras, laboriosidad

y veracidad. Expulsada la Compañía del Ecuador, decayó la cultura

literaria. Decaida se hallaba cuando visitaron el país los sabios

franceses Godin, Bouguer, La Condamine y Jussieu, como también los

españoles Jorge Juan, Antonio de Ulloa y Mutis. Más adelantada estaba

en los comienzos del siglo XIX, cuando llegaron a Quito los insignes

Humboldt y Boupland. Mostró vastos conocimientos y no poca afición a

las nuevas y revolucionarias ideas, allá por el año 1779, el doctor

Francisco Eugenio de Santa Cruz y Espejo, autor del famoso libro _Nuevo

Luciano ó Despertador de ingenios_. Fundó el periódico _Primicias de la

cultura de Quito_. Estuvo en la cárcel y tomó parte en el movimiento

revolucionario de 1809. José Mejía, representante de Quito y José

Joaquín de Olmedo, representante de Guayaquil, en las Cortes de Cádiz,

deben figurar entre los primeros; Mejía fué orador muy elocuente, y

Olmedo, del cual nos ocuparemos en el último tomo de esta obra, no es

inferior al gran Quintana. Justo y merecido renombre adquirieron Pedro

Vicente Maldonado (n. en Riobamba el 1709), el presbítero Juan de

Velasco (n. en Riobamba el 1727) y el conde de Casa Gijón. El primero

es autor del famoso _Mapa del reino de Quito_ y ayudó en sus trabajos

a los académicos franceses y españoles encargados de medir el arco

del meridiano. El segundo escribió una obra en tres tomos, _Historia

Natural_, _Historia Antigua_ e _Historia Moderna_. El tercero se dedicó

a estudios de agricultura y con este objeto vino a Europa, recorriendo

España, Francia y Suiza y volviendo al Ecuador para implantar allí

radicales reformas. Escribió unas _Memorias_, en las que se hallan

conocimientos agrícolas muy útiles. Veamos lo que dice Luis Cordero,

literato y ex-presidente de la República: «Aunque el sol de la libertad

brillase sobre la cumbre del Pichincha, reflejando en la limpia espada

del que luego había de ser gran mariscal de Ayacucho, ha tenido ya

la antigua presidencia de Quito (hoy República del Ecuador) no pocos

hombres ilustres, formados en los célebres Colegios y Universidades de

la afamada capital. Teólogos y canonistas, como Villarroel y Peñafiel;

historiadores, como Velasco; geógrafos, como Maldonado y Alcedo;

oradores parlamentarios, como Mejía; publicistas, como Espejo; poetas,

en fin, como Viescas y Orosco; suficiente lustre le daban para no ser

relegada al último lugar entre las colonias españolas de América, y

tener, por el contrario, cierto derecho de primacía para lanzar el

grito de emancipación en agosto de 1809»[839].

[839] _Enciclopedia Universal Ilustrada_, tomo XVIII, pág.

2.969.

Escasa--y en ello convienen todos los cronistas--era la instrucción

pública, lo mismo la elemental que la superior, en Venezuela. No

negaremos, sin embargo, que en algunas poblaciones se notaban

verdaderos deseos de saber. Ya en los últimos años de la centuria

décimosexta hubo de crearse una escuela primaria, un preceptorado de

Gramática Castellana y un Seminario. La Universidad se creó el 22 de

diciembre de 1721, y se instaló el 12 de agosto de 1725. La _Real

y Pontificia_ Universidad de Caracas fué el foco de las ideas más

absolutas y reaccionarias, aun entrado ya el siglo XIX. No huelga

decir que poco antes de comenzar la revolución por la independencia,

la _Gaceta_ de Caracas publicó un trabajo del catedrático D. Juan

Nepomuceno Quintana, aprobado por unanimidad en claustro pleno, en

el que se lee, entre otras cosas peregrinas, lo que a continuación

copiamos: «La autoridad de los Reyes es derivada del cielo: las

personas de los Reyes, aun siendo tiranos, son inviolables, y aunque

su voluntad no ha de confundirse siempre con la del mismo Dios, debe

siempre respetárseles y obedecérseles: la Inquisición es un tribunal

legítimo y necesario: no queda otro recurso contra la corrupción

general, que la intolerancia político-religiosa.» El vejamen ó

discurso festivo y satírico pronunciado por el doctor más moderno de

la Facultad en el acto de conceder el grado a un doctorando, animaba

un poco aquellas aulas, más propias de viejo convento que de moderna

Universidad. Trasladaremos aquí el comienzo y el fin del vejamen

que el 8 de diciembre de 1801 pronunció el Doctor D. José Antonio

Montenegro en el acto de recibir el grado de Doctor D. Salvador Delgado:

No sé si es caballo ó mulo

si es una yegua ó potranca,

á quien á echar va la zanca

hoy mi numen cachirulo;

pero yo no me atribulo,

ni me da ningún cuidado

el corcovo, que ensebado

traigo un ramoso ramal

y haré ver a este animal

que aquí se _jila Delgado_.

Pero, musa, para el trote

en que Pegaso te trae,

mira que si nó, se cae

de la silla el monigote.

Conque adiós, señor padrote,

quien lo dijo ya se fué,

y pues bajar no podré

sin la venia de esta audiencia,

alma parens, tu licencia

pido para echarme á pie[840].

[840] Véanse _Bosquejos histórico-literarios_, del Dr. Angel

María Alamo.

La poesía halló culto en casa de los hermanos Luis y Francisco

Javier de Ustáriz, distinguiéndose, entre otros, Andrés Bello, poeta

virgiliano y autor de _Silvas Americanas_[841], y Vicente Salias, que

escribió el poema _La Medicomaquia_. No pasaremos en silencio el nombre

de la poetisa María Josefa Paz del Castillo (en el claustro, Sor María

Josefa de los Angeles), que solía imitar en sus poesías a Santa Teresa

de Jesús, como lo indica el siguiente ejemplo:

[841] De este inspiradísimo poeta trataremos con más extensión

en el cap. XXXIV del tomo III.

Es mi gloria mi esperanza,

es mi vida mi tormento,

pues muero de lo que vivo

y vivo de lo que espero.

Desde que en el año de 1623 se fundó la Universidad de San Francisco

Javier en Chuquisaca, gozó fama la citada ciudad de centro de cultura,

hasta el punto que mereció el título de _Atenas americana_. El Padre

Antonio de Calancha fué uno de los cronistas más notables de su siglo

(1584-1654), mereciendo también especial mención el padre Jerónimo de

Acebedo y D. Gaspar Escalona y Agüero.

Dignos de renombre son en la historia de Bolivia Fray Bernardino de

Cárdenas, obispo de Santa Cruz y La Paz; el canónigo Alonso Cervera y

Zárate, y Fray Miguel de Aguirre, muy estimado en la corte de Felipe IV

y en Roma. Si de bolivianos ilustres se trata, no debemos omitir el

nombre de Rodrigo de Orozco, marqués de Mortara, que mandó el ejército

español en el Rosellón combatiendo con los franceses y fué virrey en

las guerras de Cataluña. Otros hombres notables han tenido por cuna a

Bolivia[842].

[842] _Enciclopedia Universal Ilustrada_, tomo VIII, pág.

1.451.

En Buenos Aires--según la excelente obra de D. Félix de Azara,

terminada en el año 1806--las únicas poblaciones que podían llamarse

propiamente españolas eran Buenos Aires, Montevideo, Maldonado, Santa

Fe, Corrientes y Asunción del Paraguay[843]. Las demás podían llamarse

caseríos, a los cuales servía de lazo de unión la iglesia parroquial.

La enseñanza en Buenos Aires y en la Asunción se reducía, en los

comienzos del siglo XIX, a la Gramática Latina, a la Teología y a

los Cánones; también a las escuelas de Náutica y Dibujo establecidas

por el Consulado. En Córdoba se estudiaba la Teología, y el colegio

de Montserrat era centro importante de enseñanza. La Universidad

de Charcas (1623) era la principal del virreinato, pues en ella

estaba establecida la enseñanza jurídica y literaria, y de ella

salieron muchos hombres que se distinguieron durante la guerra de la

Independencia[844].

[843] A la sazón Montevideo y Maldonado pertenecen al Uruguay;

Santa Fe y Corrientes a la República Argentina.

[844] No se olvide que en el siglo XVIII se formó un

virreinato llamado del Río de la Plata.

Pasamos a tratar de la cultura en Chile. Datan de los últimos años del

siglo XVI los primeros establecimientos de instrucción primaria. Fueron

fundados por los frailes y las monjas en sus respectivos conventos.

Comenzaron en la misma época los _Seminarios conciliares_, creados por

los obispos respectivos, uno en Imperial y otro en Santiago. El primero

de los poetas nacidos en Chile (nació en Angol y se educó en Lima) se

llamaba Pedro de Oña, autor del poema épico _Arauco domado_. Como antes

D. Alonso de Ercilla había escrito _La Araucana_, en cuyo poema no

figura con el relieve que debiera el gobernador D. García Hurtado de

Mendoza, cuando tiempo adelante ocupó el virreinato del Perú personaje

tan ilustre, estimuló a algunos escritores, entre ellos a Oña, para

que escribiesen los sucesos realizados en Chile, de cuya conquista

él se creía valeroso capitán. El autor de _Arauco domado_ sólo se

propuso ensalzar las hazañas de D. García, a quien consideró como un

semidios. Los dos colegios que adquirieron títulos de _Universidades

Pontificias_ porque, según especial concesión del Pontífice, podían

conferir grado de doctores en teología, tuvieron relativa fama durante

el siglo XVII. Uno de los colegios estaba dirigido por los dominicos,

y el otro, el más notable, por los jesuítas. En el siglo XVIII Felipe

V creó (1738) la Universidad que en honor del monarca se llamó de _San

Felipe_. Inauguróse solemnemente en 1756, siendo su primer Rector don

Tomás de Azúa Iturgoyen. Las clases no comenzaron hasta 1758, dos

años después de su inauguración y veinte de su fundación. Más que los

Seminarios conciliares, más que las Universidades pontificias y más

que la Universidad de San Felipe, lo que hacía falta eran escuelas

de primera enseñanza, donde las clases pobres pudieran educarse. La

enseñanza elemental era tan rutinaria y deficiente, que Carlos III,

en 11 de julio de 1771, dictó un reglamento en el cual decía: «Y

para que se consiga el fin propuesto, á lo que contribuye mucho la

elección de los libros en que los niños empiezan á leer, que habiendo

sido hasta aquí de fábulas frías, historias mal formadas ó devociones

indiscretas, sin lenguaje puro ni máximas sólidas, con las que se

deprava el gusto de los niños y se acostumbran á locuciones impropias,

á credulidades nocivas y á muchos vicios transcendentales á toda la

vida...» Se enseñaba el latín de una manera rutinaria y los autores

clásicos estaban proscritos de las aulas, adoptándose en ellas como

modelos, libros religiosos, que, si en el fondo eran verdaderos, el

latín de ellos más tenía de bárbaro que de otra cosa. Mejor se hallaba

la enseñanza en los conventos de monjas. Allí se instruía a las niñas

y se les daba lecciones de labores domésticas. Las bibliotecas tenían

libros de teología, moral y jurisprudencia; muy pocos o ninguno de

historia, de matemáticas y de ciencias físicas, químicas y naturales.

Libros extranjeros no podían importarse, pues así se hallaba dispuesto

por el suspicaz gobierno. Chile, por su situación, se encontraba en

condiciones más desfavorables que otras colonias de América. Merced al

ilustre chileno D. Manuel de Salas (nació en Santiago el año 1757) se

creó la _Academia de San Luis_, equivalente a las Escuelas de Comercio

de hoy, que empezó a funcionar en los últimos años del siglo XVIII. En

la Academia se enseñaban la Aritmética, la Geometría y el Dibujo. El

historiador chileno Barros Arana, que se ha dedicado a reunir datos

acerca de la cultura científica, literaria y artística del país en el

siglo XVIII, cita algunos nombres dignos de todo encomio. Entre otros,

menciona el del maestre de campo D. Pedro Córdoba de Figueroa, autor de

una _Historia de Chile_, en la que se hallan documentos de algún valor,

encontrados en el archivo municipal de Santiago.

Bien será citar al P. Miguel de Olivares, autor de una _Breve noticia

de la provincia de la Compañía de Jesús de Chile_. Brilló en la misma

época el jesuíta D. Juan Ignacio Molina, quien expulsado del país en

1767, se refugió en Italia, muriendo en la ciudad de Bolonia a los

89 años. La ciudad de Santiago de Chile le erigió por suscripción

popular una estatua[845]. D. Vicente Carvallo, ilustrado militar,

escribió _Descripción histórico-geográfica del reino de Chile_, y el

P. jesuíta Andrés Febrés, hijo de Manresa (Cataluña), dió a luz el

año 1765 en Lima, un _Arte de la lengua general del reino de Chile_.

Apenas registramos obras de amena literatura y esto es natural, si nos

fijamos en el nivel intelectual de los moradores de la colonia. No sólo

la supersticiosa ignorancia caracterizaba a los criollos, sino algo

también a los españoles. Terminaremos la lista de los escritores de

Chile con el nombre de Fray Sebastián Díaz, hijo del país y reputado

como sabio por sus contemporáneos. Pertenecía a la orden dominicana

y fué profesor en la Universidad de San Felipe. Intituló su obra

principal _Noticia general de las cosas del mundo_ y se imprimió en

Lima. En ella trata, principalmente, de los ángeles y de su naturaleza,

afirmando que el número de aquéllos es el de 6.666. Ocúpase en seguida

de los duendes, de las distintas clases de milagros, de las estrellas,

del aire y de los tres cielos que los supone poblados de espíritus

invisibles.

[845] Véase apéndice II.

Atrasada estuvo por algún tiempo la cultura en el Paraguay. Los

progresos que se hicieron, no muchos por cierto, se debieron

principalmente á la Compañía de Jesús. A los hijos de Loyola deben los

paraguayos no poco reconocimiento.

Todavía más atrasado que el Paraguay ha estado por mucho tiempo el

Uruguay, no comenzando su progreso hasta bien entrado el siglo XIX. Por

lo demás, sólo en Montevideo hubo de notarse cierta cultura.

Como resumen de todo lo expuesto diremos que algunos virreyes hicieron

abrir escuelas y pusieron gran cuidado de que en ellas recibiesen

enseñanza los indígenas. También los religiosos establecieron muchas

escuelas en los conventos. Del mismo modo no pocos municipios fundaron

escuelas. Conviene advertir que los americanos se contentaban con

aprender a leer y a escribir; muy pocos estudiaban la carrera del

sacerdocio o la abogacía; sólo en los últimos años del dominio español

se enseñó la medicina en algunas capitales de las colonias. Los

Seminarios que establecieron los prelados y los colegios fundados por

los gobiernos o por las Sociedades Económicas de Amigos del País,

tenían escasa importancia. De la enseñanza de las Universidades dicen

los cronistas que eran estudios rutinarios de lengua latina, noticias

de filosofía aristotélica, sin plan ni método, nociones desordenadas

é incompletas de Derecho Romano y Canónico, pedantes disquisiciones

de Teología moral y dogmática: a esto y nada más que a esto estaba

reducida la ciencia. Tampoco tuvieron positivo valor las enseñanzas

de Física, Química, Mecánica, Matemáticas, etc., que en los últimos

tiempos del dominio español se establecieron en algunas poblaciones

americanas. De algo sirvió el _Observatorio Astronómico_ fundado en

Santa Fe de Bogotá y el _Jardín Botánico_ establecido en México. En

general, bien puede afirmarse que en México, Lima y Santa Fe, las

ciencias se cultivaron por algunos laboriosos maestros.

La literatura colonial estaba reducida a los sermones que se predicaban

en el púlpito, a los romances destinados a celebrar los milagros de

algún santo y a las composiciones poéticas que los doctores de las

Universidades dedicaban a los virreyes o capitanes generales. Algunas

veces también se ocupaban en describir un auto de fe o una corrida de

toros. «Entre otras obras--escribe Barros Arana--escritas en América

son notables tres, más que por su mérito literario, por el trabajo

de paciencia que su composición había impuesto a sus autores. Un

religioso mejicano llamado fray Juan Valencia, compuso en el siglo

XVII, trescientos cincuenta dísticos en honor de Santa Teresa, que

pueden leerse del mismo modo de izquierda a derecha que de derecha a

izquierda. Un jesuíta peruano, el Padre Rodrigo de Valdés, compuso

un poema en el siglo XVII, que contiene dos mil doscientos ochenta y

ocho octosílabos que pueden leerse en latín o en castellano, según se

quiera, porque en ambos idiomas el sentido es uno mismo. Un escritor

mejicano, Francisco Javier Alegre, tradujo en exámetros latinos la

_Iliada_ de Homero»[846].

[846] _Compendio elemental de Hist. de América_, págs. 277 y

278.

Los conquistadores españoles importaron a las Indias, con su lengua,

con sus ciencias, con sus leyes y con sus hábitos y costumbres, las

bellas artes de la metrópoli. Allá fueron arquitectos, escultores,

pintores y músicos; allá se hicieron algunas obras artísticas. La

_arquitectura_ de las colonias hispano-americanas señala verdadera

decadencia del arte, aunque no faltan algunos buenos monumentos, en

su mayor parte correspondientes al estilo neoclásico, como puede

servir de ejemplo la catedral de México, cuya primera piedra puso, en

el año 1573, el arzobispo Moya y Contreras. La catedral anterior era

pequeña para las necesidades del culto, y por ello el citado prelado

tuvo empeño en la fábrica de templo más suntuoso. En el siglo XVII se

extendió la escuela de Churriguera, a la que pertenecen muchas iglesias

de las ciudades americanas.

Acerca de la _escultura_, si las primeras estatuas de vírgenes y santos

fueron llevadas de España, luego florecieron artistas en las mismas

Indias. Diego de Robles, natural de Quito, mostró su inspiración

artística en un _San Juan Bautista_ que hizo para la iglesia de San

Francisco de aquella ciudad, y el Padre Carlos, religioso de la

Compañía, hizo, imitando el estilo de Miguel Angel, la _Negación de

San Pedro_ y la _Oración del Huerto_. Hasta los mestizos e indios se

distinguieron en el arte escultórico: las obras de Manuel Chill[847]

se admiran todavía en la catedral de Quito, y el limeño Baltasar

Gavilán adquirió fama con la estatua ecuestre de Felipe V. Juan Tomás,

indio del Cuzco, hizo varias imágenes, y entre ellas fué muy estimada

una _Virgen de la Almudena_. Dos escultores del pueblo de Juli, cerca

del lago Titicaca, indígenas, y llamados Juan Huaicán y Marcos Rengifo,

construyeron hermoso altar en la iglesia de Moquegua.

[847] Se le llamó _Caspicara_ porque tenía la cara muy delgada.

La _pintura_ tuvo como primer maestro a Rodrigo de Cifuentes, que

acompañó a Hernán Cortés y llegó a México el año 1523, dejando, como

muestra de su inspiración, los retratos del conquistador mejicano y

de D.ª Marina, algunos cuadros para los franciscanos de Tehuantepec,

y se dice que es obra suya uno muy estimado por los inteligentes y

que representa el _Bautismo de Maxiscatzin_. Son discípulos notables

de Cifuentes: Andrés de Concha, citado por Bernardo de Balbuena en

la _Grandeza Mejicana_, y Baltasar de Echave, el _Viejo_; también

sobresalieron en el arte pictórico los indios Marcos de Aquino, el

_Crespillo_ y otros.

Al Perú, después de la conquista, acudieron muchos artistas italianos

y españoles, atraídos por la esplendidez que desplegaban obispos

y religiosos en la construcción de sus iglesias, contándose entre

aquéllos Angélico Medoro, Mateo Pérez de Alesio, Leonardo Jaramillo y

Andrés Ruiz de Sarabia. Medoro se estableció en Quito, donde contrajo

matrimonio con D.ª Luisa Pimentel y fué el primero que trasladó al

lienzo la imagen de _Santa Rosa de Lima_, y de Alesio, dice Palomino

en su _Museo Pictórico_, que se distinguía como dibujante y tallador,

añadiendo que, después de ejercer su profesión en Sevilla y en otras

poblaciones de Andalucía, se trasladó a Lima, en cuya catedral dejó

varias pinturas. Fray Francisco Bejarano--según escribe el padre

Calancha en su _Corónica moralizada de la provincia del Perú_, del

Orden de San Agustín--hizo para la iglesia de su convento de Lima doce

grandes cuadros sobre la vida de la Virgen; fué el primer grabador que

hubo en aquella ciudad. Del hermano Hernando de la Cruz, notable pintor

y maestro de muchos jóvenes, se cuenta que en el siglo se llamaba D.

Fernando de Ribera, ingresando en la Compañía, arrepentido por haber

dado muerte en desafío a un amigo suyo; falleció en el año 1647.

Haremos expresa mención de la _Academia de Nobles Artes_ de México. No

puede negarse que contribuyó a perfeccionar el gusto estético en todo

el país. Muestra de ello son los muchos edificios que se han erigido en

la capital, en Guanajato, en Querétaro y en otras partes, revelándose

en todos perfección y belleza. Citaremos la hermosa estatua ecuestre

de Carlos IV, que llegó a fundir el escultor mejicano Tolsa; y no

escatimaremos alabanzas a los muchos jóvenes que estudiaban en dicha

Academia el dibujo de paisaje y de figura. Centenares de jóvenes se

reunían allí; unos dibujaban modelos de yeso o del natural; otros

copiaban diseños de muebles. Llama la atención el barón de Humboldt en

su _Ensayo Político_, libro II, acerca del siguiente hecho: «En esta

reunión--cosa muy notable por cierto en un país donde tan arraigadas

están las preocupaciones de la nobleza contra las castas--se hallan

confundidas las clases y las razas; allí se ve al indio y al mestizo

sentados junto al blanco, y al hijo del pobre alternando con los

vástagos de la más encopetada aristocracia. Consuela en verdad el

observar que, en todas las zonas, el cultivo de las ciencias y las

artes establece una cierta igualdad entre los hombres, haciéndoles

olvidar, siquiera por algún tiempo, esas miserables pasiones que tantas

trabas ponen a la felicidad social.»

Consideremos las bellas artes en la América Central. Lo mismo en

Guatemala que en los demás pueblos de la América Central, hallamos

construcciones notables. A D. Francisco Marroquín, primer obispo de

Guatemala[848], se debe la construcción de la catedral de Guatemala

la antigua, el Palacio episcopal, la casa de los oidores, el Hospital

de Caballeros y otros establecimientos. Murió varón tan bueno el 18

de abril de 1563. Fué protector incansable de la instrucción pública.

Procede recordar que el general Vázquez Prego se dirigió a Omoa

(1753), y dió comienzo a la fábrica del fuerte de San Fernando. Aunque

apenas comenzada la obra murió el general, su nombre vivirá siempre

unido al del castillo que se eleva arrogante en el litoral del Norte

de Honduras. Del mismo modo algunas iglesias no dejaron de llamar la

atención. Cultivóse también la escultura, pintura y música, si bien con

poco gusto y casi sin arte. A últimos del siglo XVIII, y por lo que a

Guatemala se refiere, en 1797 se verificó la apertura de la Escuela de

Dibujo, y desde entonces adelantaron las bellas artes, aunque no tanto

como era de esperar.

[848] Dependiente del Arzobispado de México.

En los demás Estados de las Indias se manifestaron también las bellas

artes, en particular en obras religiosas. Hubo, si no pocos, regulares

artistas; buenos, en número escaso, y sobresalientes ó geniales,

ninguno. La música fué cultivada en algunos Estados, pudiéndose citar

algunos artistas de bastante inspiración.

En el Ecuador florecieron artistas de no escaso mérito. Samaniego,

natural de Quito, fué admirado por la entonación de su colorido y por

la frescura de sus toques. También se distinguió como miniaturista.

Tal vez a la cabeza de todos los pintores que hubo en la América

española, se halle Miguel de Santiago. Las obras del reputado artista

fueron admiradas en Roma, quedando algunas muy notables en los

claustros bajos del convento de San Agustín de Quito. La fama de su

escuela, «ha sido sostenida, escribe el historiador Ceballos, por

los Gorivar (sobrino del maestro), Morales, Velas y Oviedos. Sucedió

tras éstos una época de gongorismo artístico, introducido por los

muy hábiles, pero de extraviado gusto, Albán y Astudillo; mas en

breve volvió á imperar aquella a esfuerzos del célebre Rodríguez,

que la restauró, y de cuyos trabajos, unidos a los de Samaniego,

puede formarse concepto por los lienzos que decoran las paredes de

la catedral. Los llamados el Pincelillo, el Apeles y el Morlaco la

sostuvieron con la misma nombradía que Rodríguez.» El pintor Santiago

no deja de tener algunos rasgos de semejanza con Murillo, por lo

correcto de su dibujo, buen colorido y expresión admirable. Isabel

de Santiago, hija del inspirado artista, manejó el pincel con suma

habilidad.

Entre los estatuarios, se encuentran en primera línea, Bernardo Lagarda

y Jacinto López, en particular el primero, tal vez no inferior a los

mejores de Europa.

Hábil maquinista de relojes fué Custodio Padilla, según puede verse

por algunos de aquéllos que se admiran en Ibarra, su ciudad natal.

Zangurima[849], hijo de Cuenca, figura entre los mejores artistas, y

dejó ilustre prole que honró a su patria.

[849] Conocido por su apodo _Iluqui_ (Zurdo).

Apenas se cultivaba el arte de la música en Venezuela y menos el de la

pintura.

En Nueva Granada se distinguieron, entre otros, Antonio Acero de la

Cruz (mediados del siglo XVII) y Gregorio Vázquez Ceballos, que nació

en Santa Fe el 9 de mayo de 1638 y falleció en 1711. Fué discípulo

del artista sevillano Baltasar Figueroa, en cuyo taller estuvo mucho

tiempo. Cuéntase que encargado Figueroa de pintar un cuadro de San

Roque para la iglesia de Santa Bárbara, halló no pocas dificultades al

hacer los ojos del santo. Disgustado por su torpeza en aquella ocasión,

dejó los pinceles y se marchó a dar un paseo. Vázquez entonces se

atrevió a poner mano a la obra, que hizo pronto y con toda perfección.

Cuando Figueroa regresó a su taller, lejos de aplaudir al aventajado

discípulo le dijo lo siguiente: «Puesto que tanto sabéis, no os hacen

falta mis lecciones. Idos a otra parte a poner tienda.» Encontró apoyo

en un comerciante español, quien le facilitó todos los elementos

necesarios para la continuación de sus trabajos. Pintor de una

fecundidad admirable, hasta el punto que dicen de él que había pintado

más cuadros que días había vivido, con la particularidad que muchos de

ellos eran de grandes dimensiones. No hay iglesia en el país, rica o

pobre, que no tenga algún cuadro del famoso artista. Logró reputación

general en el desnudo y en la pintura de ángeles. Encantan sus grupos

de ángeles y todas sus obras religiosas respiran puro misticismo. El

barón de Humboldt y otros críticos reconocen el mérito extraordinario

de aquel artista que no salió de las Indias. Medoro y Carmargo trataron

de imitar al insigne maestro.

La _industria_ en los diferentes Estados de la América española,

no constituía verdadera fuente de riqueza. La poca afición de los

colonizadores al trabajo manual, la facilidad de encomendar las

citadas labores a los indios y a los negros, y la importancia que

tuvieron en aquellos paises la minería, la ganadería y la agricultura,

contribuyeron al atraso de las industrias manufactureras.

Prejuicios grandes ocasionó el sistema general de monopolio que

caracterizó la política comercial de España con sus posesiones

coloniales. Sólo los españoles podían ejercer el comercio con las

colonias del Nuevo Mundo, y aun aquéllos tenían que sujetarse a ciertas

trabas. Tan absurdo llegó a ser el sistema monopolizador, que se

prohibió el comercio directo entre España y Filipinas, entre Filipinas

y las regiones americanas, con excepción de México, entre América y

Canarias, entre México y Perú, entre Buenos Aires y la metrópoli,

(pues la región del Plata se hallaba supeditada al Perú y el comercio

de la primera lo hacía la flota del segundo), y en general, entre las

diferentes colonias del Nuevo Mundo. En el año 1505, se permitió a los

extranjeros residentes en España, comerciar con las Indias, aunque con

ciertas condiciones, como se dijo en el capítulo XXXII de este tomo. De

igual manera que Sevilla y Cádiz fueron los únicos puertos habilitados

en la metrópoli (aparte los de Canarias, a los que se autorizó en 1508,

para comerciar con el Nuevo Mundo), en las Indias fueron: Veracruz, en

la costa mejicana, y después Jalapa; Acapulco en la costa del Pacífico,

y Panamá, a donde se llevaban los tesoros del Perú para reembarcarlos

luego en Porto Bello y conducirlos a España.

En la primera mitad del siglo XVI, el virrey Mendoza tuvo cuidado de

fomentar la cría del ganado caballar y la cría del gusano de seda.

El ilustre cronista Bernal Díaz del Castillo, en su _Conquista de

Nueva España_, se expresa de este modo: «Y pasemos adelante y digamos

cómo todos los más indios naturales de estas tierras, han deprendido

muy bien todos los oficios que hay en Castilla entre nosotros, y

tienen sus tiendas de los oficios y obreros, y ganan de comer a ello,

y los plateros de oro y plata así de martillo como de vaciadero,

son muy extremados oficiales y así mismo lapidarios y pintores, y

los entalladores hacen tan primas obras con sus sutiles alegres,

especialmente entallan esmeriles y dentro de ellos pigmados todos los

Pasos de la Santa Pasión de nuestro Redentor Jesucristo, que si no

los hubiere visto no pudiere creer que los indios lo hacían. Y muchos

hijos de principales saben leer y escribir y componen libros de canto

llano, y hay oficiales de tejer seda, raso y tafetán, aunque sean

veinticuatrenos, hasta fresas y sañal y mantas y fraesadas; y son

cardadores y perailes y tejedores, según y de la manera que se hace

en Sevilla y en Cuenca, y otros sombrereros y jaboneros... Algunos

de ellos son cirujanos y herbolarios... y han plantado sus tierras y

heredades de todos los árboles y frutos que hemos traido de España.»

Algunas poblaciones de México se distinguieron por sus industrias. Los

tejidos de la Puebla se exportaban a varias partes, hasta el punto que

disminuyó la importación de los fabricados en España. En la citada

población se fabricaba perfectamente, entre otras cosas, el vidrio.

Por lo que a la agricultura respecta, trasladaremos aquí lo que dice

el P. Acosta en su _Historia natural y moral de las Indias_: «Mejor

han sido pagadas las Indias en lo que toca a plantas que en otras

mercaderías, porque las que han venido a España son pocas y danse mal;

las que han pasado de España son muchas y danse bien... En conclusión,

cuasi cuanto bueno hay que se produce en España, hay allá y en partes

aventajado y en otra no tal: trigo, cebada, hortaliza, verdura y

legumbres de todas suertes, como son lechugas, berzas, rábanos,

cebollas, perejil, nabos, zanahorias, berenjenas, escarolas, acelgas,

espinacas, garbanzos, habas, lentejas... porque han sido cuidadosos los

que han ido, en llevar semillas de todo y a todo ha respondido bien

la tierra... La granjería del vino no es pequeña; pero no sale de su

provincia.» Añade luego que la industria de la seda, que no existía

en tiempo de los indios, a la sazón tiene importancia. De España se

llevaron moreras a México, donde se cultivaron perfectamente. También

en México, en el Perú y en otras partes fué una riqueza la caña de

azúcar. De igual modo el olivo se cultivó con esmero en los citados

virreinatos.

El fraile Tomás Gage, viajero del siglo XVII, habla del estado

floreciente de las poblaciones que vió en México, y de hacendados

que vivían exclusivamente de sus haciendas y cuya riqueza llegaba a

20.000, 30.000 y aun 40.000 ducados. En los comienzos del siglo XVIII

la agricultura, la minería y el comercio sufrieron verdadero retroceso;

la primera por los malos años, las dos últimas por los ataques de los

piratas. Tanto las citadas industrias como la ganadería se resintieron

cada vez más a causa de las muchas contribuciones y gabelas. No se

olvide, por último, para explicar la decadencia de la agricultura, que

las mejores haciendas estaban en manos de las comunidades religiosas.

Sin embargo, no carecía de alguna importancia el algodón, el maíz, el

maguey y otros artículos.

La cochinilla, insecto que se cría en México y en toda la América

central, en las hojas de algunas plantas, se cultivó para el tinte de

las telas.

Por lo que toca a la minería, desde que en 1546 se comenzaron a

explotar las ricas minas de Zacatecas, no se ha interrumpido dicha

industria.

El comercio en México mejoró poco. Algunas industrias estaban muy

adelantadas. Cultivaban el maguey, el maíz, los plátanos, el algodón,

varias plantas medicinales y el cacao, tejían admirablemente el

algodón y le teñían con vistosos colores. Regaban por medio de canales

y tenían hermosos jardines. «Sus trabajos de joyería--dice Barros

Arana--aventajaban en mucho las obras de los joyeros españoles del

tiempo de la conquista»[850]. Recogían el oro de los ríos; la plata,

el cobre y el plomo lo extraían de las entrañas de la tierra. Se hacía

el comercio, ya mediante cambios, ya considerando como moneda tubos de

plumas de ave llenos de polvo de oro, saquillos de cacao que contenían

cierto número de granos y pedazos de estaño en forma de T. En los

mercados había hileras de plateros y de pintores, tiendas de telas y

de toda clase de vasijas de barro. Un tribunal de comercio decidía las

diferencias de los comerciantes.

[850] _Hist. de América_, pág. 12.

En suma, la industria tuvo sus períodos de adelanto y de decadencia. La

agrícola fué en algunas partes bastante estimada, la comercial estaba

reducida a estrechos límites y la fabril se desconocía completamente.

Haremos notar, por último, que todo el dinero era poco para satisfacer

las exigencias del poder real, y de aquí provenían impuestos y gabelas

que arruinaban las industrias y el comercio. El ilustre Humboldt en su

_Ensayo político sobre la Nueva España_, dice lo siguiente: «Estudiando

la historia de la conquista, admírase la extraordinaria actividad con

que extendieron los españoles del siglo XVI el cultivo de los vegetales

europeos en la loma de las cordilleras de uno a otro extremo del

continente. Los eclesiásticos, y en particular los frailes misioneros,

han contribuído a estos rápidos progresos de la industria. Las huertas

de los conventos y de los curas han sido otros tantos criaderos de

donde han salido los vegetales útiles modernamente connaturalizados.

Los mismos conquistadores, a los cuales no debemos considerar sin

excepción como guerreros bárbaros, en su vejez se dedicaban a la vida

campestre. Aquellos hombres sencillos, rodeados de indios cuya lengua

no poseían, cultivaban con preferencia, como para consolarse de su

soledad, las plantas que les recordaban el suelo de Extremadura y de

ambas Castillas. La época en que por primera vez maduraba una fruta de

Europa, señalábase como una fiesta de familia. No hay medio de leer sin

conmoverse lo que dice el inca Garcilaso a propósito del modo de vivir

de aquellos primeros colonos. Con una sencillez enternecedora refiere

que su padre, el valeroso Andrés de la Vega, reunió un día a todos sus

antiguos camaradas para partir con ellos tres espárragos. Eran los

primeros que se habían criado en la meseta de Cuzco»[851].

[851] Libro IV, capitulo IX.

Sabemos por lo que a la industria del Perú se refiere, que tenían fama

los tejidos y ciertos objetos de alfarería y determinados cultivos

(maguey, etc.). No ignoramos que los indios del Perú eran diestros

cazadores y pescadores. Aunque la industria en el Perú, como en

todas las colonias españolas, estaba gravada con onerosos impuestos,

careciendo de toda protección de parte de la metrópoli, no dejó de

tener importancia en algunas poblaciones. Citaremos entre otras a

Quito, donde se establecieron varios telares y cuyos tejidos eran muy

estimados, no sólo en las Indias sino también en la metrópoli. Cobos,

historiador del siglo XVII, dice que en el territorio peruano «hay

grandes pagos de viñas, y algunas tan cuantiosas que dan de 15.000 a

20.000 arrobas de mosto, y del vino que se coge en el corregimiento

de Ica, que es en la diócesis de Lima, salen cada año cargados dello

más de cien navíos para otras provincias, así del reino como fuera de

él.» En el Perú se extendió especialmente el cultivo del olivo y fué

la región donde primero se comenzó a extraer el aceite. Cogíanse en

algunos olivares del valle de Lima, ya entrado el siglo XVII, de 2.000

a 3.000 arrobas.

En Bolivia, cuya agricultura marchaba por el mismo camino que la del

Perú, se descubrió casualmente, año 1545, el rico mineral de plata del

Potosí. La industria agrícola, ganadera y minera, fué desarrollándose

poco a poco.

La industria se hallaba adelantada en la Isla Española o Santo Domingo.

Era natural que así fuese, dadas las relaciones con que la mencionada

isla estuvo siempre con la metrópoli. En ella comenzaron los ingenios

de azúcar, extendiéndose en seguida por Cuba y también por todo el

continente. «De la isla de Santo Domingo--dice el P. Acosta--se

trajeron en la flota que vino, 898 cajas y cajones de azúcar, que

siendo de las que yo vi cargar en Puerto Rico, serán a mi parecer de

ocho arrobas.» Para aumentar esta producción, publicóse Real provisión

(13 enero 1529), concediendo a los ingenios el privilegio de no ser

embargados por deudas.

La industria agrícola se hallaba más atrasada en Cuba que en Santo

Domingo. Si el cultivo del tabaco proporcionaba cada vez más utilidades

a los labradores, dando origen a poblaciones como Santiago de las Vegas

y Santa María del Rosario (1733); si comenzaba a cultivarse la caña de

azúcar y si la ganadería era muy importante, no puede negarse que el

progreso agrícola no estaba en relación con la bondad del terruño ni

con el clima de Cuba. Tampoco tenía importancia el comercio cubano,

pues consistía en exportar cueros, tabaco y los demás productos del

país. Contribuía a ello seguramente la poca población que había en

la isla. Recordaremos que Felipe V, desde Madrid (16 julio 1712) se

dirigía al concejo de la Villa de Sancti Spíritus diciéndole que el

obispo Fr. Jerónimo de Valdés, le había representado la falta de

población de la dicha isla y la conveniencia de poblar más el centro de

ella, como también las ventajas de trasladar la iglesia de la ciudad de

Cuba a Sancti Spíritus, centro de la isla, etc.[852].

[852] _Arch. Hist. Nacional.--Cedulario índico_, tomo XX, núm.

311, págs. 356 v.ª y siguientes.

La industria en la América Central antes de la conquista estaba

adelantada. En Guatemala se hallaba casi en el mismo estado que en

México y en Perú. Del mismo modo los indios de San Salvador mostraron

su inteligencia en diferentes ramos de la industria. En Honduras,

Nicaragua y Costa Rica los agricultores no desconocieron el cultivo de

algunas y determinadas plantas. Mediante canales, como en los citados

imperios, daban a sus tierras gran fertilidad. De la misma manera no

desconocieron las riquezas del reino mineral. Recogían el oro en las

arenas de los ríos y buscaban otros metales en las entrañas de la

tierra. Ejercieron el comercio y en las principales ciudades había

ferias con bastante frecuencia. Alfareros y tejedores diestros los hubo

en Guatemala y en los demás pueblos.

En Guatemala, país lleno de montañas que se ensanchan hacia la cumbre

con muchos ríos y lagos, con volcanes (Cerro _Quemado_, volcán de

_Fuego_ y montaña de _Agua_) se encontraban los cultivos de los

países templados y cálidos. Allí se producía el maíz, los plátanos,

los cereales, el algodón y las legumbres. La cochinilla fué uno de

los principales productos; pero tiempo adelante se reemplazará,

cuando se descubrieron los colores de la hulla, con el café, cacao

y añil. Las maderas finas fueron siempre artículo muy productivo.

Durante la dominación española, el cacao del occidente de Guatemala

se reservaba para la corte de Madrid. Es de advertir que cuando se

proclamó Guatemala independiente, eran casi nulos sus productos para la

exportación.

Honduras es comarca muy montañosa, con ríos caudalosos, clima variado

y abundantes aguas. El terreno es sumamente fértil y produce en los

llanos tabaco, cacao, café, caña, añil, etc., y en los montes, donde

abunda el pino, la vainilla, copaiba, ipecacuana, etc. Sin embargo, no

es país agrícola: sus producciones se consumen allí mismo. El tabaco de

Copán y de Santa Rosa es muy estimado desde hace tiempo. La madera de

caoba tuvo siempre fama. En el subsuelo se encuentran minas de hierro,

oro, plata, cobre, etc.

Nicaragua está atravesada por una doble cordillera, cuyas cimas tienen

gran altura. Desde dicha altura se escalonan mesetas cada vez mayores

hasta llegar a una llanura baja. Entre las dos cadenas existe larga

depresión, donde se hallan los lagos de Managua y Nicaragua. Abundan

los volcanes y entre los ríos el principal es el de San Juan. El clima

es cálido y el suelo muy productivo. Dase en el terreno el plátano,

caña de azúcar, café, cacao y añil; algodón, vainilla y caucho; trigo y

maíz, maderas preciosas.

Salvador es sólo una zona estrecha, de forma cuadrilátera, que sigue

la costa del Pacífico. «Pocas regiones--dice Reclus--hay en el mundo

que puedan compararse al Salvador por la riqueza de la vegetación

espontánea y lo productivo de los cultivos»[853]. Cerca de la capital

se encuentra el volcán de su nombre. Sus productos son los mismos que

los de la flora guatemalteca. El famoso bálsamo del Salvador se llamó

en otro tiempo del Perú, porque en la época del régimen colonial se

transportaba primeramente al Callao para mandarlo desde allí a España.

Es rico el Salvador en plantas medicinales y en gomas.

[853] _América Central_, pág. 393. Tr.

Costa Rica, la comarca más meridional de la América Central, es país

montuoso, atravesado por central cordillera, en la que estriban por

cada lado altos montes. Se hallan muchos volcanes y en las serranías

nacen varios ríos. El subsuelo es rico en oro, plata, cobre, plomo,

mercurio, azufre y antracita; el suelo produce alguna cantidad de

excelente café y plátanos. También produce caña de azúcar, tabaco,

anís y zarzaparrilla, maíz, trigo, cebada, arroz y patatas. En

madera se encuentran la caoba, haya, granadillo, roble negro y

otras. Sin embargo, el país es pobre, y no sabemos porqué recibió

la denominación de Costa Rica. En los comienzos del siglo XIX, la

industria agrícola tuvo mucha importancia merced a las medidas que tomó

el gobernador de la provincia D. Tomás de Acosta, sumamente popular y

extraordinariamente querido por sus sentimientos y bondades, por el

interés que mostró en el fomento de la agricultura, por la fábrica de

obras públicas y por la construcción de caminos, puentes y acequias.

Falleció en abril de 1821, y todavía recuerdan con cariño su nombre

los costarriqueños, y los historiadores del país piden que se levante

un monumento que recuerde sus preclaras virtudes. Si antes adelantaron

poco las industrias se debió a la codicia de los extranjeros, pues

no debe olvidarse que los ingleses de Jamaica hacían frecuentes

incursiones por las costas del Norte, en las cuales desembarcaban, ora

con la máscara de amigos, ora como piratas, ayudados a veces por los

indios mosquitos, para saquear las granjas de los españoles y para

devastar las aldeas de los indígenas.

Si en Chile, a la llegada de los españoles, cosechaban los aborígenes

las papas, el maíz y el poroto, luego cultivaron el trigo y la vid.

La ganadería, desde los comienzos de la colonia, adquirió bastante

desarrollo: los cerdos, los ganados cabrío y lanar, los caballos y

las gallinas, abundaban mucho. La minería se redujo a los lavaderos

de Marga-Marga y de Quailacoya. La única industria fabril que se

derivó de los productos agrícolas fué la _harina_, para cuyo objeto se

establecieron poco a poco molinos. Las industrias manuales aumentaron

pronto, especialmente los hornos de cocer pan, las fábricas de tejas e

hilanderías. Del mismo modo se extendieron por todo el país los oficios

manuales de carpinteros, herreros, zapateros, sastres y plateros. El

comercio, sujeto--como ya se dijo en este mismo capítulo--a muchas

trabas, adelantó muy poco. Tiempo adelante, esto es, en los últimos

años del siglo XVI, se estimó más la industria, en particular la

agrícola y minera. El cáñamo se cultivó con esmero, e igualmente los

árboles frutales y las hortalizas. Las aves de corral merecieron

especial cuidado. Las industrias de tejidos y curtidos existían en las

ciudades y pueblos. Nada adelantó el movimiento mercantil, pues apenas

merece citarse el comercio de importación y exportación. La vida social

estaba reducida a estrechos límites, no había teatros ni circos, las

corridas de toros se verificaban de tarde en tarde, y las riñas de

gallos eran casi siempre privadas. Sólo cuando un Rey subía al trono o

nacía un príncipe o contraía matrimonio un miembro de la familia real,

entonces se celebraban corridas de toros, juegos de caña y sortija,

funciones de iglesia y otras. La destrucción de la ciudad de Santiago

por el terremoto de 1647, la larga guerra de Arauco y la inmoralidad

administrativa contribuyeron a que el país no saliese antes de su

atonía.

Desde 1700 se manifestó el adelanto en todos los ramos de la industria.

La agricultura y ganadería adquirieron aumentos de consideración. Si

el oro y la plata daban rendimientos escasos, en cambio la extracción

del cobre constituyó excelente negocio. Se multiplicaron las herrerías

e hilanderías, como también las carpinterías, joyerías, etcétera.

Tomó mayor vuelo el comercio y se abrieron muchos caminos. Acerca

del carácter de la vida, lo mismo familiar que pública, desarrolló

extremada afición al lujo. Bien es verdad que contrastaba con la

devoción religiosa de las mujeres y de los hombres, con los ejercicios

espirituales, procesiones y misas. Introdújose la costumbre de colocar

imágenes o bustos de santos encima de las puertas de las casas.

Religiosas y religiosos pasaban casi todo el día en las iglesias.

Abrieron nuevos conventos de monjas y de frailes. No importaba nada

de esto para que la inmoralidad fuera en aumento, para que el vicio

fuera mayor y para que se celebrasen frecuentemente alegres fiestas.

Aumentaron los jugadores y borrachos; fueron frecuentes, lo mismo en

hombres que en mujeres, los asesinatos por medio del puñal o el veneno.

Si en el último tercio del siglo XVIII adquirió la industria en

Chile desarrollo considerable, aumentó en el XIX la producción de la

agricultura, siendo sus principales productos el trigo, cebada, maíz,

frejol, lenteja, papa y arbeja, los árboles frutales, el olivo y la

vid, el cáñamo, etc. La ganadería bastaba para el consumo ordinario

y permitía, además, la exportación. La pesquería, la explotación

de maderas y la minería fueron en aumento. Adquirió desarrollo la

industria fabril y manufacturera.

De la Capitanía general de Chile pasamos al virreinato de Nueva Granada

o Colombia. Estimóse en Colombia la minería. De la agricultura se hará

notar que el arroz introducido en Nueva Granada desde el año 1512, se

propagó bastante, dándose con mucha abundancia en los terrenos bajos y

húmedos. Allí se cosechaban los cereales, fríjoles, habas y uvas; allí

crecían varias clases de frutales.

Del Ecuador recordaremos que en Quito comenzó la industria fabril,

estableciéndose pequeñas fábricas de tejidos. En el mencionado Quito,

el P. José Rixi, natural de Gante, sembró el primer trigo europeo cerca

del convento de San Francisco. Cuéntase que los frailes recordaron por

mucho tiempo el hecho, y aun en los comienzos del siglo XIX enseñaban

con cierto orgullo la maceta, en la cual fueron llevadas desde España

las semillas.

Los valerosos conquistadores de Venezuela y sus descendientes, ya

terminadas las guerras, sólo se cuidaban de que los indios y negros

esclavos trabajasen en las minas, en la agricultura y en la pesquería

de perlas. Las industrias estaban limitadas a los tejidos de lana

del Tocuyo, a los cordobanes de Carora, a las hamacas de Margarita y

a la alfarería indígena. Acerca de las artes e industria se hallan

noticias muy curiosas en la «Breve descripción y relación cierta de

la muy leal ciudad de Nuestra Señora de la Concepción de Tocuyo de la

provincia de Venezuela, etc.» Escribióla D. Juan de Salas, Subinspector

de milicias y juez visitador de dicha ciudad el 30 de julio de 1766,

para entregarla al Sr. D. José Solano, Gobernador y Capitán general de

esta provincial[854]. Los caminos eran muy malos. Las comunicaciones se

reducían a algunos barcos procedentes de la Isla Española y de tarde

en tarde llegaba alguno de la metrópoli. Lo mismo en Venezuela que

en los demás países de las Indias los impuestos eran enormes, siendo

los principales los quintos reales, la alcabala, el almojarifazgo y

la media annata. Consistía el primero en cobrar el quinto para el Rey

del metal que se sacase de las minas y de las perlas que se sacasen de

las pescaderías; el segundo era en un derecho de 2 por 100 en dinero

de todo lo que se compraba y vendía; el tercero estaba reducido a un

impuesto de entrada y salida sobre las mercaderías, así de España como

de las Indias, y el cuarto consistía en la mitad de la renta del primer

año de todos los oficios y cargos no eclesiásticos.

[854] _Archivo general de navegación y pesca

marítima.--Virreinato de Santa Fe_, tomo III, b. 4.ª,

documento 21.

Antes de referir los hechos de la Compañía Guipuzcoana de Caracas,

daremos noticia de los asientos o contratos que celebró España, los

cuales tienen carácter general. Dos asientos se celebraron en aquellos

tiempos para el comercio de esclavos africanos: el primero, con la

_Compañía Real de la Guinea Francesa_, durante la guerra de sucesión

española (1701-1712), y el segundo, con la _Compañía Inglesa del Mar

del Sur_, por treinta años, que comenzaron a contarse en el mismo que

se firmó la paz de Utrech (1713) y terminó el 1743[855]. En virtud de

los mencionados asientos, se concedió a la Compañía Francesa el derecho

de introducir en las colonias españolas americanas 48.000 esclavos en

once años, y a la Compañía Inglesa 144.000 en treinta años, debiendo

pagar al rey de España 33-1/3 pesos por cada esclavo. Con la Compañía

Inglesa se hubo de rescindir el contrato, a causa de la nueva guerra

entre ambas naciones, teniendo España que indemnizar a la citada

Compañía con 100.000 libras esterlinas[856].

[855] _Cedulario índico_, tomo XVII, núm. 200, págs. 165 y

siguientes.

[856] Véase Dr. Vidal Morales, _Hist. de Cuba_, págs. 96 y 97.

No huelga decir en este lugar que durante todo el siglo XVI, la

provincia de Venezuela no produjo ganancia alguna en su comercio.

Ocupados los venezolanos en descubrir minas, apenas hacían caso de la

agricultura. Tiempo adelante, cuando los holandeses se apoderaron de la

isla de Curaçao (1634), donde establecieron considerable depósito de

mercancías, se atrajeron las miradas de sus vecinos los venezolanos,

los cuales pensaron entonces dedicarse muy especialmente al cultivo del

cacao, que, con los cueros, hicieron objeto principal de su comercio.

Los holandeses, pues, entregaban sus mercancías en cambio del cacao y

de los cueros de los venezolanos.

Quiso entonces el comercio español competir con el de Holanda; pero

no fué posible, «pues el sistema de la España para con sus colonias

era tan extraño, que ninguna expedición mercantil podía hacerse a la

América sin licencia del Rey, la que no se franqueaba sin trabajo ni

sin gastos, y sólo con la condición de pagar derechos muy crecidos

y de hacer de Sevilla el puerto de la salida y del retorno. Unas

mercancías, ya caras por la mano de obra española, o por los beneficios

de una segunda mano, si eran extranjeras, recargadas por otra parte

con condiciones tan onerosas, no podían prometer utilidades sino a

la locura y a la ignorancia, en un país donde los mismos efectos

llegaban por medio del comercio holandés sin derechos, sin trabas, y

directamente de las manufacturas europeas»[857]. Desde el citado año de

1634 fué poco activo el comercio de España con su colonia, y mayor, por

el contrario, el de Holanda con aquellas posesiones americanas. En los

primeros años del siglo XVIII las producciones de cacao en la provincia

de Venezuela, eran, por término medio, de 65.000 fanegas cada año,

exportándose únicamente, en el mismo tiempo, unas 31.400 para España y

para otras posesiones de nuestra nación. Entonces, con objeto de cortar

de raíz el comercio con los holandeses, el gobierno español persiguió

el contrabando y arruinó a muchas familias; pero nada pudo conseguir, y

casi puede afirmarse que el mal fué en aumento.

[857] Dr. Francisco de Pons, _Cultivo y comercio de las

provincias de Caracas_, etc.--Manuscrito de la Biblioteca

Nacional de Madrid, núm. 3.334.

Las cosas iban á variar por completo, pues la Corona celebró un

contrato (25 septiembre 1728) con la _Compañía Guipuzcoana de Caracas_,

la cual había formado tiempo atrás una escuadra mercante y de corso,

bajo la advocación de San Ignacio de Loyola. La _Compañía_ se

comprometió a reprimir a su costa el contrabando que los extranjeros

hacían con las provincias de Caracas, con tal de que se les permitiese

abastecerlas y extraer sus frutos a la metrópoli. No puede negarse

que las condiciones fueron beneficiosas a la Compañía, si bien se la

obligó a que abasteciera, no sólo la provincia de Venezuela, sino

también Cumaná, la Margarita y la Trinidad. Por Real decreto dado en

el Palacio del Buen Retiro (20 junio 1738), se ve el gran interés de

Felipe V por la Compañía; y esto no es de extrañar, porque «El y la

Reina tienen en ella 200 acciones», consignando después que desea

facilitar a la Compañía todo el fomento y alivios de que necesite

para continuar la conservación de su comercio y asegurar el aumento de

él, etcétera.[858] Tuvo su residencia en San Sebastián (Guipúzcoa),

hasta que el marqués de la Ensenada comunicó a los Directores de

la Compañía, que desde el 24 de mayo de 1750, la residencia de la

dirección estaría en Madrid[859]. Con fecha 13 de junio de 1750, el

marqués de Matallana dirigió un informe al marqués de la Ensenada

acerca de la rebelión ocurrida en Caracas con motivo o con pretexto

de los abusos de la Compañía de Guipúzcoa, siendo de opinión que se

empleasen medios suaves[860]. No solamente Caracas, sino toda la

provincia de Venezuela se hallaba por entonces en constante inquietud y

recelosa, contribuyendo al malestar la conducta de la Compañía, no sin

que hagamos observar respecto a otro orden de cosas los beneficios que

hizo al país. «Mientras duró la Compañía--escribe el Sr. de Pons--la

provincia de Venezuela vió salir de la nada los pueblos de Parraguire,

Guatire, Calabozo, San Juan Bautista del Pao, Montalbán, Ospero, la

sábana de Ocumare, todos los sitios desde Macarao hasta el río de Tuy,

Volcano, San Pedro, las Lagunetas, las Mostazas y el Frayle»[861].

Añade más adelante que en el año 1763, se embarcaron de cacao.

[858] _Arch. histórico nacional, Cedulario índico_, tomo XXII,

n.º 21, págs. 25-28.

[859] _Cedulario índico_, tomo XXII, núms. 35 y 36, pág. 38.

[860] _Archivo de Indias.--Estado.--Caracas._--Legajo 13. (5).

[861] _Cedulario índico_, tomo XXII, núms. 35 y 36, pág. 128.

Fanegas.

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Para España 50.319

Para Veracruz 16.864

Para Canarias 11.160

Para Santo Domingo, Puerto Rico y Cuba 2.316

El consumo total fué de 30.000

---------

_Total_ 110.659[862]

[862] Ibidem, pág. 149.

La Compañía influyó para que prosperase el cultivo del cacao, algodón

y de otros géneros, como también la industria de los cueros; pero el

comercio que de aquellos géneros hicieron los habitantes de Venezuela

con los contrabandistas holandeses, lo hacían a la sazón con los

factores guipuzcoanos. La Compañía hizo construir en los puertos

soberbios edificios, ya para alojar a sus factores, ya para colocar sus

almacenes. Del mismo modo ella hizo los muelles de la Goayna y Puerto

Cabello.

Contribuyó no poco, en los últimos años del reinado de Carlos III, a

la decadencia de la Compañía Guipuzcoana de Caracas y del comercio

en general, la guerra entre Inglaterra y España, guerra que fué

consecuencia del Pacto de Familia. Al salir del puerto de Goayna

nuestros barcos--como sucedió en el año 1780--eran apresados por los

corsarios ingleses[863]. Por último, la Corona comenzó a cercenar el

monopolio de que gozaba la Compañía, hasta el punto que quedó, en 1781,

equiparada á las compañías particulares, y cuatro años después, esto

es, en 1785, se refundió en la Compañía Real de Filipinas (Apéndice P).

[863] _Archivo Histórico Nacional.--Cedulario índico_, tomo

XXXVIII, núm. 192. págs. 220 y 220 v.ª

Desde últimos del siglo XVIII aumentaron los cultivos en el país.

Todos tienen noticia que en Venezuela, la provincia más poblada era

la de Caracas, y de ella la parte más cultivada los valles de Aragua,

que tienen unas 30 leguas cuadradas de superficie. Sus producciones

principales eran el cacao, café y añil de Caracas, el tabaco de

Barinas, los cueros y tasajos de los Llanos y las perlas de la isla

Margarita. El algodón, planta indígena, se cultivaba en los citados

valles de Aragua, en Maracaibo y en el golfo de Cariaco. La caña de

azúcar, cuyo principal cultivo estaba en el mismo valle de Aragua y en

el de Tuy, no logró mucha importancia. Por último, para el consumo de

sus habitantes había, además, el plátano, el maíz, la yuca, el olivo,

la viña, las hortalizas y los cereales; la miel era sumamente rica y

las plantas medicinales abundaban mucho.

Por lo que al reino animal respecta, gozaba fama de excelente el ganado

lanar y cabrío, siendo también bueno el vacuno, mular y caballar. No

debemos olvidar que si los gobernadores de Venezuela, sucesores de

Urpín, nada hicieron de particular durante dos tercios del siglo XVII y

el primero del XVIII, desde 1732 a 1763 fomentaron la cría de ganados

y la agricultura D. Carlos y D. Vicente de Sucre, D. Gregorio Espinosa

de los Monteros, D. Diego Tabares Ahumada, D. Mateo Gual y Pueyo, D.

Nicolás de Castro y D. José Diguja.

En las regiones del Plata, la principal riqueza del país consistió

en la cría de ganados, y en las llanuras no colonizadas del Centro y

del Oeste, abundaban de un modo extraordinario la ganadería salvaje,

que era cazada por el argentino. Por cierto que entre ganaderos y

labradores las quejas fueron frecuentes. El procurador del Cabildo de

Buenos Aires pidió, en el año 1677, «que pe ponga remedio en el exceso

de que en muchas chácaras... hay muchos ganados que hacen daño a las

sementeras y que por esta causa muchos pobres no quieren sembrar.»

Posteriormente, y a medida que avanzaba la colonización, la abundancia

de tierras cultivables desvaneció el malestar entre labradores y

ganaderos. No había fábricas. Los oficios se encontraban en lamentable

estado, ejerciéndolos los indios, negros y alguno que otro español,

porque no podía dedicarse á más elevadas tareas.

«Nuestra juventud debe ser educada en la vida industrial, y para ello

ser instruida en las artes y ciencias auxiliares de la industria.

* * * * *

La industria es el único medio de encaminar la juventud al orden.

Cuando Inglaterra ha visto arder la Europa en la guerra civil, no ha

entregado su juventud al misticismo para salvarse; ha levantado un

templo á la industria y le ha rendido un culto que ha obligado á los

demagogos á avergonzarse de su locura.

La industria es el calmante por excelencia. Ella conduce por el

bienestar y por la riqueza al orden, por el orden á la libertad;

ejemplos de ello la Inglaterra y los Estados Unidos. La instrucción en

América debe encaminar sus propósitos á la industria.

La industria es el gran medio de moralización.

* * * * *

La Inglaterra y los Estados Unidos han llegado á la moralidad religiosa

por la industria; y la España no ha podido llegar á la industria y á

la libertad por la simple devoción. La España no ha pecado nunca por

impía; pero no le ha bastado eso para escapar de la pobreza, de la

corrupción y del despotismo»[864].

[864] Alberdi, _Organización política y económica de la

Confederación Argentina_, págs. 34 y 35. Besauton, 1856.

Durante el esplendor de las misiones en el Paraguay se desarrolló

grandemente la industria. El historiador Robertson, aunque protestante

y enemigo de los españoles, dice lo siguiente: «Hallaron á los

habitantes de estas tierras casi en el mismo estado en que se hallan

los hombres cuando empiezan á reunirse en sociedad: carecían de

todo oficio; procurábanse una precaria subsistencia con el producto

de su caza ó pesca, y apenas conocían los primeros rudimentos de

subordinación y de política. Los jesuítas tomaron á su cargo la

instrucción y civilización de aquellos salvajes. Les enseñaron

á cultivar la tierra, á criar animales domésticos y á construir

edificios. Les hicieron reunirse en aldeas, instruyéronlos en las

artes y fabricación, hiciéronles probar los atractivos del trato y

las ventajas que proporcionan la seguridad y el buen orden. Estos

pueblos se convirtieron de esta suerte en vasallos de sus bienhechores,

quienes les gobernaron con el amor y cuidado que un padre á sus hijos.

Respetados, amados y casi idolatrados, unos cuantos jesuítas imperaban

sobre millares de indios»[865].

[865] _Historia del Emperador Carlos V_, tomo III, lib. VI,

págs. 178 y 179. Tr.

Consistía la riqueza del Brasil en esmeraldas halladas en el río Doce y

entre los peñascos de la Serra do Mar, en minas de oro y de diamantes,

en el palo brasil, en el cultivo de la caña de azúcar, etc.

En suma: por el estudio que acabamos de hacer respecto á la cultura

literaria, artística é industrial de nuestras colonias, bien puede

afirmarse que la dominación española no era tan egoísta y tiránica

como han dicho y repiten todavía no pocos escritores. Más pudo y debió

hacerse; pero no es exacto que la metrópoli sólo pensaba en el oro y la

plata que, abundantes, sacaba de las minas.

Historia de América desde sus tiempos más remotos hasta nuestros días, tomo II · 第 65 / 141 题