CONQUISTA DE LAS PROVINCIAS ARGENTINAS Y DEL BRASIL.--CONQUISTA
DE LA ARGENTINA.--GABOTO EN LAS COSTAS DEL BRASIL Y EN LAS
MÁRGENES DEL PARANÁ.--FUERTE DE SANCTI SPÍRITUS.--MENDOZA EN
EL RÍO DE LA PLATA.--SANTA MARÍA DE BUENOS AIRES.--OPOSICIÓN
DE LOS QUERANDÍS.--AYOLAS Y MARTÍNEZ DE IRALA: FUERTE DE LA
ASUNCIÓN.--MUERTE DE MENDOZA Y DE AYOLAS.--GOBIERNO DE IRALA.--SE
PIENSA EN LA TRASLACIÓN DE LOS HABITANTES DE BUENOS AIRES Á
LAS ORILLAS DEL PARAGUAY.--GOBERNADORES ANTERIORES Á GARAY:
FUNDACIÓN DE BUENOS AIRES; MUERTE DE GARAY.--LA PATAGONIA.--EL
CHACO.--CONQUISTA DEL PARAGUAY Y DEL URUGUAY.--EL GOBERNADOR
ARIAS DE SAAVEDRA.--OTROS GOBERNADORES.--LOS BRASILEÑOS EN EL
URUGUAY.--CONQUISTA DEL BRASIL.--PRIMERAS COLONIAS.--EL BRASIL
DURANTE EL REINADO DE D. MANUEL «EL AFORTUNADO.»
Si en el viaje que en el año 1508 hicieron Juan Díaz de Solís y Vicente
Yáñez Pinzón no llegaron a las costas argentinas, en el realizado por
aquel navegante en 1516 ya conocieron los españoles la desembocadura
del Río de la Plata[221]. Sebastián Gaboto se dirigió desde las
costas del Brasil al mencionado río en el año 1526[222]. Uno de sus
subalternos, según las crónicas de aquellos tiempos, se internó en el
río Uruguay hasta el de San Salvador, en tanto que Gaboto remontaba el
Paraná, en cuyas márgenes fundó una fortaleza con el nombre de _Sancti
Spíritus_, donde dejó una guarnición. A causa de algunas muestras de
metal que había recogido durante su viaje, dió el nombre de _Plata_ al
río que hasta entonces había sido llamado _Mar dulce_. Navegó el río
Paraguay, dirigiéndose luego a España. La guarnición de Sancti Spíritus
fué asesinada por los indios _timbus_ y la fortaleza completamente
destruída. Algunos soldados que se hallaban fuera de dicho fuerte
pudieron trasladarse a la colonia portuguesa de San Vicente.
El continuador de la obra de Sebastián Gaboto fué D. Pedro de Mendoza,
noble caballero español que había logrado no poca fama en la guerra
de Italia. Hallándose en Toledo, a 21 de mayo de 1534, el Rey mandó
tomar el asiento y capitulación siguiente: «1.º Primeramente os doy
licenzia y facultad para que por Nos y en nuestro nombre y de la Corona
Real de Castilla podais entrar en el dicho Río de Solís que llaman de
la Plata, hasta la mar del Sur, donde tengais doscientas leguas de
luengo de costa de gobernazion que comience desde donde se acaba la
gobernazion que tenemos encomendada al mariscal don Diego de Almagro
hasta el Estrecho de Magallanes, y conquistar y poblar las tierras y
provincias que oviese en las dichas tierras. 2.º Item entendiendo ser
cumplidero al servicio de Dios y nuestro, y por honrar nuestra persona
y por vos hazer merced, prometemos de vos hazer nuestro gobernador y
capitan general de las dichas tierras y provincias y Pueblos del Río de
la Plata, y en las dichas dozientas leguas de costa del mar del Sur que
comienzan desde donde acaban los límites que como dicho es tenemos dado
en gobernacion al dicho Mariscal Don Diego de Almagro, por todos los
días de nuestra vida con salario de dos mill ducados de oro en cada un
año y dos mill de ayuda de costas...»[223].
[221] Véase el capítulo XXVIII del primer tomo.
[222] Véase el capitulo XXV de dicho tomo.
[223] Quesada, _La Patagonia y las tierras australes del
Continente americano_, págs. 55 y 56.
El Emperador dió orden al conde D. Fernando de Andrada, asistente
de Sevilla; al conde de Gelves, alcaide de las Atarazanas, y a los
oficiales de la Casa de Contratación para que la armada se dispusiera
a salir a la mayor brevedad. Tan rápido se hizo el apresto que Mendoza
salió de la barra de Sanlúcar el 1.º de septiembre de 1535 al frente
de una expedición compuesta--según Herrera--de 11 navíos con 800
hombres[224]. Algunos cronistas dicen que la expedición se componía de
14 naves que llevaban a bordo 2.500 castellanos y 150 alemanes.
[224] _Década V_, lib. IX, cap. X.
Penetró Mendoza en el Río de la Plata y cuéntase que en el momento de
pisar la tierra, el capitán Sancho García exclamó: _¡Qué buenos aires
se respiran en esta tierra!_ En lucha los castellanos con los indios
(_bilelas_, _lules_, _agoyas_, _tobas_, _abipones_, _calchaquíes_ y
otros), fueron muertos muchos de los primeros, entre ellos D. Diego de
Mendoza y D. Pedro de Benavides, hermano aquél y sobrino éste del jefe
de la expedición. Pasado poco tiempo (2 febrero 1536), Mendoza echó
los cimientos de una población a la que dió el nombre de _Santa María
de Buenos Aires_. Los indios _querandís_, rivales en fiereza a los
charrúas, comenzaron a hostilizar a los nuevos pobladores, negándoles
los víveres y diezmando a la guarnición. Deseando Mendoza encontrar
sitio más hospitalario, dispuso que Juan de Ayolas se dirigiese más
al Norte, siguiendo los pasos de Gaboto. Así lo hizo el intrépido
capitán, quien luego fundó una fortaleza, origen de la ciudad de la
_Asunción_ (1536.)
Mientras Mendoza, desalentado y enfermo, regresaba á España, en cuya
travesía hubo de morir, Ayolas, dejando a Martínez de Irala en el
fuerte de la Asunción, se internó en los bosques del Chaco con 200
soldados, llegando hasta la frontera del Perú; pero a su vuelta fué
sorprendido por los salvajes y muerto con todos los suyos.
Por muerte de Ayolas, se encargó interinamente del gobierno el capitán
Irala; mas habiendo llegado de España Alonso de Cabrera, con el
nombramiento de Gobernador para el caso en que faltase el propietario,
tomó dicho Cabrera las riendas del poder. Dispuso despoblar Buenos
Aires, trasladando sus habitantes a las orillas del Paraguay, en cuyos
sitios los indígenas eran menos belicosos.
Conocedor el Rey de los sucesos ocurridos en la colonia, dió el título
de Adelantado a Alvar Núñez Cabeza de Vaca, y cuyas capitulaciones se
hicieron, al tenor de las de D. Pedro de Mendoza, el 18 de marzo de
1540. Alvar Núñez salió de Sanlúcar el 2 de noviembre de 1540 y llegó
a la Asunción el 11 de marzo de 1542. Nombró maestre de campo a Irala.
Alvar Núñez por un lado e Irala por otro, realizaron expediciones que
no dejaron de ser útiles. Una revolución dirigida por el contador
Felipe Cáceres acabó con su gobierno. Los conjurados penetraron (25
abril 1544) en la casa del Adelantado y lo redujeron a prisión. En
seguida confiaron el mando de la colonia a Martínez de Irala, al mismo
tiempo que mandaban a España al Adelantado.
Martínez de Irala puso orden en la colonia y peleó valerosamente con
los indígenas. Emprendió una expedición al Perú y allí solicitó de
La Gasca la confirmación del cargo que desempeñaba. A su vuelta al
Paraguay tuvo que luchar con los parciales de Alvar Núñez Cabeza de
Vaca, que se habían hecho dueños del poder. La corte confirmó a Irala
en el gobierno del Paraguay, sorprendiéndole la muerte en 1557.
«Tan sabio era y astuto y cauteloso
en su trato y vivienda nuestro Irala,
que no tiene algun hombre del quexoso
que a todos en amor parece yguala:»[225]
[225] Centenera, _Argentina y Conquista del Río de la Plata_,
canto VI, pág. 53.
A Irala sucedió en el gobierno su yerno, el capitán Gonzalo de Mendoza;
y a su muerte (1558) los vecinos de la Asunción, dieron sus votos al
capitán Francisco Ortiz de Vergara, casado con otra hija de Irala[226].
Después de siete años de gobierno, emprendió un viaje al Perú para
solicitar del virrey su nombramiento en propiedad; mas Felipe Cáceres,
ya conocido por la sublevación contra Alvar Núñez, se presentó á
la Audiencia de Lima acusando al Gobernador de haber abandonado la
provincia de su mando. La Audiencia se dejó engañar y destituyendo á
Ortiz de Vergara, nombró a Juan Ortiz de Zárate y éste á su vez dió
el cargo de teniente gobernador a Cáceres. Desde el año 1569 comenzó
su gobierno interino Cáceres, bien que a disgusto de los colonos, los
cuales le depusieron, poniendo en su lugar a Martín Suárez de Toledo.
[226] Ibidem, pág. 460.
En las capitulaciones que hizo el Rey en Madrid a 10 de julio de 1569,
con Juan Ortiz de Zárate se dice: «Primeramente, os hacemos merced de
la gobernación del Río de la Plata, así de lo que al presente está
descubierto y poblado como de todo lo demás que de aquí adelante
descubriéredes y pobláredes, ansí en las provincias del Paraguay y
Paraná como en las demás provincias comarcanas, por vos y por vuestros
capitanes y tenientes que nombráredes y señaláredes, ansí por la costa
del mar del Norte como por la del Sur, con el distrito y demarcacion
que su Magestad el Emperador, mi señor, que haya gloria, la dió y
concedió al gobernador D. Pedro de Mendoza, y después del a Alvar Núñez
Cabeza de Vaca, y a Domingo de Irala...»[227] Hace notar el historiador
Quesada, que desde la capitulación celebrada en 21 de mayo de 1534
hasta la otorgada con Ortiz de Zárate en 10 de julio de 1569, el Rey
fija y deslinda el territorio austral comprendido entre los mares del
Norte y del Sur (Atlántico y Pacífico), y por consiguiente, incluídos
en esos límites, la Patagonia, el Estrecho de Magallanes y Tierra del
Fuego, como parte integrante de la gobernación del Río de la Plata[228].
[227] Quesada, ob. cit. págs. 66 y 67.
[228] Ibidem.
Casi tres años pasaron desde que se firmó el contrato hasta que la
expedición pudo hacerse a la vela. Componíase de unos 600 hombres de
guerra, 21 religiosos de San Francisco, algunos peritos en varios
oficios, muchos matrimonios de colonos, y por capellán el arcediano
Centenera, futuro autor del poema intitulado _Argentina_. Partió la
expedición de Sanlúcar el 17 de octubre de 1572. Experimentó vientos
contrarios hasta llegar a la Línea. Una de las naves, la más pequeña,
se desvió del resto de la flota, tocando en S. Vicente del Brasil.
Mientras tanto, Zárate siguió su camino y vió tierra el 21 de marzo de
1573; pero hasta el 3 de abril no llegó a la playa y puerto llamado
de _D. Rodrigo_. Desde allí, caminando sin rumbo algunos días, pudo
tocar en la isla de _Santa Catalina_. Después, en los comienzos de
octubre del mismo año, tomó rumbo hacia el Río de la Plata. A mediados
de noviembre arribó Zárate (el tercer Adelantado del Río de la
Plata) a la isla de San Gabriel, no sin haber sufrido tempestades y
borrascas[229]. Determinó en aquel mismo sitio echar los cimientos
de una población, con cuyo objeto dispuso que se levantasen chozas o
casas de paja. Cuando los charrúas recibieron la visita de aquellas
gentes, se dieron prisa a obsequiarlas con víveres, naciendo, como era
natural, corrientes de simpatía entre unos y otros. Entre los varios
caudillos de los charrúas había uno, de nombre Sapicán, venerable
anciano, a quien todos respetaban y querían. Los españoles comenzaron
la guerra. Decían--y este fué el pretexto,--que uno de sus marineros,
en la primera canoa que hubo a mano, se había pasado al campo enemigo,
negándose a entregarlo los charrúas. Debe advertirse que los indígenas
ignoraban el castigo que merecían los desertores. Posible es que,
además, tuviesen el convencimiento de que no eran desgraciados
náufragos los que llegaban a sus playas, sino conquistadores. Entonces
renovaron las hostilidades, y los españoles, que contaban con elementos
de represión en la ciudad de la Asunción, se dispusieron a la
resistencia. Instalado Zárate en la naciente población, se le presentó
el isleño Yamandú, ofreciéndose a llevar hasta Santa Fé comunicaciones
para Garay, anunciándole la llegada del Adelantado.
[229] Por entonces Juan de Garay hizo construir la ciudad de
_Santa Fe de la Vera Cruz_ (15 Noviembre 1573.)
De Yamandú dice Centenera:
«Este malvado, perro, como artero
A todos los más indios comarcanos,
Los trae á su opinion al retortero,
Y como son los Indios tan livianos,
Y él pica su poquillo en hechicero,
Donde él pone los pies ponen sus manos,
De suerte que si quiere hacer guerra,
Al punto le veréis juntar la tierra»[230].
[230] _Argentina y Conquista del Río de la Plata_, canto II,
pág. 11 v.ª
El astuto indígena, que se entendía con su cacique Sapicán, se proponía
conocer la posición ocupada por Garay. A su vez Zárate, cada vez más
disgustado por la negativa de los charrúas a entregar el marinero
desertor, dispuso tomar el desquite. Mandó que una partida de su gente
arrebatase a Aba-aihuba, sobrino de Yamandú[231]. Así se hizo[232].
El efecto que en todos los indígenas causó el hecho fué grande. Una
comisión de charrúas pidió al Adelantado que dejara en libertad a
Aba-aihuba. Accedió a ello el jefe español; pero obligó a Yamandú,
mediante ciertas promesas, que permaneciese en el campamento cristiano.
Cuando Yamandú encontró ocasión propicia, se escapó para volver a su
vida aventurera y belicosa[233].
[231] Otros dicen que era sobrino de Sapicán.
[232] Añaden algunos cronistas que el Adelantado ordenó a los
suyos que se apoderasen del primer charrúa que saliera al
paso, tocándole a Aba-aihuba.
[233] Centenera, _Argentina_, canto XVIII--Bauzá, ob. cit.,
tomo I, pág. 322.
En seguida, reunidas las Asambleas de guerreros, acordaron romper las
hostilidades. Es de advertir que ya Yamandú había llegado á los reales
de Garay, y poniéndose al habla con Terú, caudillo de los naturales
de Santa Fe, hubo de invitarle de parte de Sapicán a alzarse en armas
contra los españoles. Entre tanto que Terú ponía en aprieto a Garay,
Sapicán atacó en San Gabriel al Adelantado. Cayó Sapicán sobre los
españoles que se habían internado en busca de víveres, logrando matar
a 37 y coger un prisionero; otros dos debieron su salvación a la fuga.
El capitán Pablo de Santiago y el sargento mayor Martín Pinedo, por
orden de Zárate, acudieron a castigar a los indígenas, sosteniendo con
ellos sangriento combate, en el que perecieron 100 soldados y varios
oficiales. Si entre los españoles reinaba la tristeza, en el campo
contrario todo era alegría y contento. Acordó Zárate retirarse a la
isla, de donde no debió salir con elementos tan pequeños. Sapicán,
sospechando las intenciones del enemigo, le vigilaba constantemente.
Cuando se presentaba tan negro porvenir al Adelantado, cuando los
charrúas con sus insultos, gritos y amenazas, y aun con sus retos y
desafíos se disponían a empresas más grandes, vino ayuda poderosa a
los españoles. Sucedió que el capitán Rui Díaz Melgarejo arribó a San
Vicente (Brasil), y desde allí se dió a correr la tierra, fundando
pueblos donde mejor le parecía. Llegó a su noticia el apuro en que se
encontraba Zárate y voló a San Gabriel en su auxilio, unas veces por
tierra y otras embarcado. La alegría del Adelantado y de los suyos
no pudo ser mayor. Pensaban que la Providencia velaba por ellos, y
con auxilio tan grande se dispusieron, sin temor alguno, a arrostrar
todos los peligros. Ya tenían provisiones de boca y guerra; ya tenían
un talento militar que les guiase. Hubo junta de oficiales y en ella
sostuvo Melgarejo la necesidad de retirarse a la isla de Martín García,
cuya nueva retirada se hizo afortunadamente. Melgarejo llevó a Zárate
provisiones de los bohíos o chozas de las islas cercanas, y convenció
el primero al segundo de la necesidad--pues era conocida la traición
de Yamandú--de ir en busca de Garay, único que les podía salvar en
aquellas críticas circunstancias. Garay, que había conseguido derrotar
al valiente caudillo Terú, después de muchos contratiempos pudo llegar
a las riberas del Salvador, realizando de este modo el pensamiento
de Melgarejo. A su vez este último, habiendo dejado en Martín García
a Zárate y los suyos, condujo a las mujeres y enfermos a las citadas
riberas.
Veamos lo que sucedió a Garay en los comienzos de su campaña contra
Sapicán. Se situó en sitio poco a propósito, si bien no estaba lejos de
un puerto donde había guardia española. Al día siguiente de su llegada,
se presentó Sapicán al frente de unos 1.000 hombres. «¡Amigos!--dijo a
los suyos Garay--no queda otro camino que morir o vencer: esperemos,
pues, con valor al enemigo.» La lucha fué terrible. Tabobá y Aba-aihuba
murieron como héroes, como también Sapicán, Anagualpo, Yandinoca y
Magalona. Retiráronse con orden los indígenas y no fueron perseguidos
por los españoles. Después Garay se puso en marcha para Martín García,
y ambos, Zárate y Garay, se encaminaron para San Salvador, donde
hallaron varias barracas que merecieron de parte del Adelantado el
nombre de ciudad y se nombraron las autoridades que debían regirla.
Dispuso cambiar el nombre de San Salvador por el de _Nueva Vizcaya_,
cambio que disgustó a los que no eran vascos[234]. Garay y Melgarejo,
obedeciendo órdenes de Zárate, marcharon en busca de bastimentos.
[234] La Nueva Vizcaya se hallaba comprendida entre el río
Paraná y el mar.
Tanto fué el valor que mostraron los indios en esta campaña, que don
Francisco de Toledo, virrey del Perú, tuvo que acudir en auxilio de
los nuestros. Había terminado la guerra, aunque no el odio que los
indígenas tenían a los españoles. Recordaremos que a los infelices
cautivos les trataron inhumanamente. Afirma Centenera que llegó la
crueldad hasta enterrar vivos a muchos[235]. Del mismo modo Garay,
Melgarejo y Zárate hicieron sentir pesado yugo a los feroces indios.
Muertos sus jefes, sin esperanzas de auxilio, los charrúas se cruzaron
de brazos, esperando ocasión más propicia.
[235] _Argentina_, canto XV.--Bauzá, ob. cit., tom. I, pág.
317.
Procede ya ocuparnos en otros asuntos. En el interior algunos
descontentos no estaban conformes con el gobierno del Adelantado. El
licenciado Trejo, cura vicario de San Salvador, se puso al frente de
una conjuración, que, descubierta por Zárate, cogió prisionero a dicho
jefe y le condujo a su residencia de a bordo. Convencido Zárate de que
su autoridad se hallaba en peligro, acordó abandonar a San Salvador
(fines de diciembre de 1575), trasladarse a la Asunción y entregar allí
a Trejo a la jurisdicción eclesiástica. A su paso visitó la ciudad
de Santa Fe, la cual encontró dotada de buen gobierno y en estado
próspero, felicitando por ello a su fundador Garay.
Poco después, Zárate, habiendo bebido cierto brebaje que le fué dado
por un curandero para devolverle la salud, le ocasionó la muerte.
Poco querido por su codicia Ortiz de Zárate, ni lloraron su muerte los
indios ni los españoles. Dejó el gobierno a su hija Juana y mientras
ella no tomase posesión, a su sobrino Mendieta[236].
[236] Por concesión real tenía derecho Ortiz de Zárate a
nombrar sucesor.
«Dexo en su testamento declarado
que sea su legítimo heredero
la hija que en las Charcas ha dexado,
y aquel que fuere esposo y compañero
suceda en el gobierno y el estado
segun como lo tuvo él de primero:
y mande y rija en tanto quella viene
su sobrino Mendieta que allí tiene.»[237].
[237] Centenera, Ob. cit., canto XVII, pág. 145.
Gobernó algún tiempo Mendieta. Joven de veinte años, manifestó más
imprudencia que sensatez en todos los asuntos. Juana Ortiz de Zárate
casó con el licenciado Juan de Torres de Vera y Aragón. Lo mismo
Torres de Vera que antes Ortiz de Zárate fundaron ciudades y villas
en la provincia del Río de la Plata. Si Juan de Garay, en virtud de
los poderes conferidos por Torres de Vera, fundó la ciudad de Santa
Fe de la _Vera Cruz_ el 1573, en el mismo año, D. Jerónimo Luis de
Cabrera, de la gobernación de Tucumán, echó los cimientos de la ciudad
de _Córdoba_. Encontráronse ambos pobladores, «y después de las
salutaciones--según el P. Lozano--le requirió Cabrera jurídicamente
para que no fundase pueblo alguno, ni conquistase indios fuera de la
gobernación del Paraguay, ni se entrometiera en la de Tucumán que
llegaba hasta aquella costa y sus islas»[238].
[238] _Hist. de la conquista del Paraguay, Río de la Plata y
Tucumán_, tomo III, pág. 125.
Cuando Juan de Garay, que ya se había cubierto de gloria peleando
con el charrúa, asumió el mando de la colonia en el año 1576, se
dispuso a mayores empresas. El 11 de junio de 1580 (sábado, día de San
Bernabé), ante escribano y presentes justicias e regidores y mucha
gente, estando--dice el citado Garay--en este puerto de Santa María de
Buenos Aires, que es en la provincia del Río de la Plata, intitulada la
_Nueva Vizcaya_, e fundo en el dicho asiento e puerto una ciudad, la
cual pueblo con los soldados y gente que al presente tengo, e e traido
para ello, la yglesia de la cual pongo su advocacion de la Santísima
Trinidad, la cual sea e ha de ser yglesia mayor e parroquial, contenida
y señalada en lata que tengo fecha de la dicha ciudad, y la dicha
ciudad mando se intitule la ciudad de la Trinidad... El capitán Juan
de Garay «en señal de posesion, echó mano a su espadon y cortó yerbas
y tiró cuchilladas...»[239]. Garay levantó la nueva ciudad casi en
el mismo sitio que D. Pedro de Mendoza fundó a Santa María de Buenos
Aires, y que fué despoblada por su sucesor. Se abrieron los primeros
fosos y empalizadas en el promontorio, cubierto de un bosque de espinos
y algarrobos, donde a la sazón se encuentra la Casa Rosada del Gobierno
nacional. Desmontado el bosque y comenzadas las edificaciones, pronto
se pusieron de manifiesto las muchas ventajas comerciales y marítimas
del sitio elegido por Juan de Garay. Capitán tan ilustre repartió
solares a sus compañeros, señaló sitio para la iglesia y nombró
cabildo. Estaba fundada la ciudad intitulada _Santísima Trinidad del
puerto de Buenos Aires_.
[239] Quesada, Ob. cit., págs. 541-550.
Después castigó a los belicosos _querandíes_, como en la opuesta
orilla del Río de la Plata había castigado a los charrúas. Pasados
cuatro años (1584) salió a visitar sus provincias con dirección a la
Asunción, y como Solís en el Uruguay, y como Ayolas en el mismo Paraná,
fué inmolado con 40 de sus compañeros por un grupo de indios mañuaés.
Centenera escribe:
«Garay fué de prudencia siempre falto,»
.................................[240]
[240] Ob. cit., canto XXIV, pág. 200 v.ª
Con el gobierno de Juan de Garay se puede dar fin a la conquista de las
provincias argentinas.
Por lo que atañe a la Patagonia, aquí sólo diremos que se exploraron
primeramente las costas orientales y meridionales, desde el cabo de San
Antonio (al mediodía del grande desagüe de la Plata) hasta el cabo de
la Victoria inclusive (en la extremidad más occidental del Estrecho de
Magallanes.)
Del Chaco no se tuvieron noticias exactas hasta últimos del siglo
XVIII. Sólo se sabía que el país era extenso, seco y arenoso, y que los
indígenas vivían en aquella dilatada tierra en estado de barbarie.
Al estudiar el Paraguay y el Uruguay debemos no olvidar, que, durante
el período de la colonización, la historia de aquellos países es la
misma que la de la tierra conocida hoy con el nombre de República
Argentina. Ambos países formaban parte de las provincias argentinas.
Recordaremos, sin embargo, que así como los _querandís_ poblaban la
Argentina, los _guaranís_ se hallaban en el Paraguay y los _charrúas_
en el Uruguay. Según las crónicas, dichas razas eran salvajes.
Añadiremos a lo expuesto que habiendo fundado Sebastián Gaboto la
fortaleza que llamó _Sancti Spíritus_, su sucesor Pedro de Mendoza
dispuso que Juan de Ayolas continuara en el Paraguay la obra comenzada
por dicho Gaboto. En efecto, Ayolas remontó el río Paraná con tres
bergantines y sufrió grandes trabajos a causa de los vientos y las
lluvias. Perdió un bergantín y quedaron mal parados los otros. Aunque
parte de la expedición saltó a tierra, unos y otros, lo mismo los
de tierra que los del río, padecieron horriblemente «por la falta
extrema de comida, que si Dios Nuestro Señor no los socorriera, veían
claramente su muerte...»[241].
[241] Herrera, _Década V_, lib. X, cap. XV.
Continuó su camino, encontrando frío recibimiento de parte de algunos
indios y ruda oposición de parte de otros. Viendo D. Pedro de Mendoza
que no volvía Ayolas, envió en su seguimiento al capitán Juan de
Salazar de Espinosa. Ayolas, no sin pelear con los caciques Lambare y
Nandúa en el valle de Guarnipitán, pudo gozar de alguna tranquilidad.
Allí mismo echó los cimientos de la capital. «Fundóla--_dice la
Descripción universal de las Indias_--Juan de Salazar, capitán del
gobernador D. Pedro de Mendoza, por el año de 36 o 37[242], con poder
de Juan de Ayolas, que quedó en lugar de Mendoza, en el sitio y comarca
donde ahora está, que antiguamente se llamaba Alambaré, del nombre
de un cacique principal de la comarca que comunmente se llama ahora
Paraguay, por el río que pasa por ella, y llamóla del nombre que ahora
tiene por haberse comenzado a fundar el día de la _Asunción_.» Continuó
Ayolas remontando el Paraguay, fondeó en la Candelaria y al frente de
unos 300 españoles--pues como jefe de las embarcaciones dejó a Domingo
Martínez de Irala--, emprendió (12 febrero 1537) un viaje al Perú por
tierra, atravesando las provincias de Chiquitos y de Santa Cruz de la
Sierra, retrocediendo luego y siendo, por último, asesinado por los
indios guanaes, como antes se dijo.
[242] El 15 de agosto de 1536.
Durante el siglo XVI el Gobierno de la Asunción ejerció jurisdicción en
todo el Río de la Plata.
Alvar Núñez Cabeza de Vaca era el nombre del nuevo Adelantado que
nombró Carlos I. Nuestro andaluz caballero gozaba de justa fama
desde que había hecho una expedición a la Florida. Salió de Sanlúcar
y desembarcó en la costa Sur del Brasil. Emprendió poco después
su viaje por tierra con 300 hombres y 36 caballos, y siguiendo la
corriente del río Iguazú, llegó hasta las orillas del Paraná y en
seguida a la Asunción, no perdiendo un solo hombre, sin embargo de lo
árduo y peligroso del camino. Nombró Alvar Núñez maestre de campo al
capitán Irala, encargándole que buscase la comunicación con el Perú.
El mismo salió poco después (septiembre de 1543) a la cabeza de 400
españoles en busca de ricas minas, que no tuvo la dicha de encontrar.
Reconoció el alto Paraguay. Vióse obligado a dar la vuelta a la
Asunción por la resistencia de los naturales, la escasez de víveres y
las fiebres reinantes en aquellos lugares. Con una nobleza digna de
encomio, Alvar Núñez se puso al lado de los indígenas y en contra de
los conquistadores, que, instigados por el contador Felipe Cáceres,
tramaron una conjuración, viéndose obligado el valeroso Adelantado a
rendir su espada a D. Francisco de Mendoza. Alvar Núñez fué mandado a
España, encargándose del mando de la colonia D. Domingo Martínez de
Irala.
No se olvide que Irala marchó (1548) al Perú, volviendo a la Asunción,
donde reinaba la anarquía. Después de poner paz, de ensanchar sus
conquistas, fundar nuevas poblaciones, dar ordenanzas administrativas
y ver cómo se realizaban sus deseos con la creación del obispado de
la Asunción, pasó de esta vida a la otra. Tras el gobierno de Salazar
Espinosa y de otros menos importantes, vino, por renuncia de Torres de
Vera en 1591, Hernando Arias de Saavedra, nacido en la Asunción. Duró
su administración dos años, siendo reemplazado por Zárate y algunos
más, hasta que volvió (1601) dicho Arias de Saavedra, que, entre otras
cosas llevadas a cabo, realizó una expedición al Chaco y llamó por
primera vez a los hijos de Loyola para catequizar a los infieles.
Después de otros gobernadores, volvió Arias de Saavedra por tercera vez
en 1615. Pasados cinco años, las provincias que formaban la capitanía
general de Buenos Aires se dividieron en dos gobiernos: el del Paraguay
y el citado de Buenos Aires (1620). Ambas provincias formarían parte
del virreinato del Perú.
Habremos de recordar que encargado del gobierno Juan de Garay (1576),
aunque con carácter provisional, si nada hizo de particular en el
Paraguay, luego dejó honda huella en la Banda Argentina, siendo--como
sabemos--la más notable la reedificación de Buenos Aires, año 1580.
De la Banda Oriental o tierra situada en la margen Oriental del río
Uruguay (hoy República del Uruguay)[243], sólo diremos que, después
de descubiertas las costas del Uruguay por Juan Díaz de Solís (1512),
todavía, sin embargo de la fertilidad del territorio, permaneció un
siglo abandonado de los españoles. Los misioneros primero y luego
los españoles de Buenos Aires dedicados al pastoreo, comenzaron a
establecerse en la Banda Oriental. Tiempo adelante los portugueses
(del Brasil) fueron poco a poco penetrando en dicho territorio,
encontrándose con la oposición de los gobernadores españoles de Buenos
Aires.
[243] La tierra del otro lado del río se la denominó Banda
Argentina.
Aunque los españoles fueron los primeros descubridores del Brasil--como
ya hicimos notar en el tomo I de esta obra--, Portugal estableció
factorías en las costas del país y lo consideró como suyo, en virtud,
no de la Bula primera de Alejandro VI, sino de la segunda. Por la
primera, otorgada el 3 de mayo de 1493, confirmaba el Papa a los reyes
de Castilla en el derecho de posesión de las tierras ya descubiertas
y de las que se descubriesen en lo sucesivo; y por la segunda, cuyo
contenido es bastante extraño, el Pontífice, para evitar las cuestiones
que se pudieran suscitar entre españoles y portugueses, trazó una
línea imaginaria de polo a polo, declarando pertenecer a los españoles
todo lo que descubriesen al Occidente, y a los portugueses todo lo que
descubriesen al Mediodía. Añadiremos a lo que acabamos de exponer y
a lo que expusimos en el primer tomo, lo siguiente: la primera línea
de demarcación no llegaba a la posición del Brasil; pero llevada la
segunda a 370 leguas al Oeste de la isla más occidental de Cabo Verde,
entraba ya en tierras americanas, en particular si se contaba en leguas
portuguesas, como también si se atendía a las cartas de los cosmógrafos
portugueses que colocaban el Brasil más al Este de su verdadera
situación. No cabe duda alguna que antes de terminar el primer tercio
del siglo XVI, Portugal tenía establecimientos--colonización dirigida
por Martín Alfonso de Souza--en Santa Cruz de Porto Seguro, en Santa
Catharina y en la isla de San Vicente. «Los primeros colonos del
Brasil--escribe el historiador Oliveira Lima--fueron deportados que
el Gobierno portugués desembarcaba allí por la fuerza, generalmente
en grupos de a dos, para aprender la lengua de la tierra y servir de
intérpretes a las futuras expediciones; aventureros que no retrocedían
ante la soledad moral; marinos sobrevivientes de naufragios, bastante
frecuentes en los escollos de la costa, de las embarcaciones enviadas
para efectuar reconocimientos o cargar; en fin, especuladores
dispuestos a ganar en todo y que se dejaban seducir por los atractivos
de la barbarie. El número de esos colonos aumentaba todos los años, así
como también los que sólo iban allá como aves de paso.»
Ya sabemos que las primitivas tribus encontradas en el Brasil por los
portugueses fueron las de los tupís y tapuyas. «Podemos sentar--escribe
un historiador del Brasil--que la única creencia fuerte y segura que
tenían los indios era la de la obligación de vengarse de los extraños
que ofendían a cualquiera de su tribu. Este espíritu de venganza,
llevado al exceso, era su verdadera fe.»
Además de los mencionados aventureros fueron muchos buscando el palo
del Brasil, a los cuales acompañaron pronto algunos portugueses
perseguidos por los tribunales de justicia, y también no pocos
israelitas de los que D. Manuel _el Afortunado_ (1495-1521),
aconsejado por su mujer D.ª Isabel, perseguía con encono. Del mismo
modo, las armadas de la India solían dejar algún colono en el Brasil.
Ensanchóse algo más el comercio, cuando no sabemos quién--pero tal
vez un madeirense--plantó la caña de azúcar. Fomentóse con lucrativos
productos la cría de ganado lanar. Aunque algunas veces se opusieron
los indígenas (tapuyas, tupís y otros) a los colonos, la dominación
del país por los portugueses se realizó con poco trabajo. Hasta el
reinado de Juan III (1521-1557) no se decidió Portugal a dedicarse
por completo a la colonización del Brasil. Resolvióse a ello en vista
de los numerosos navíos extranjeros, particularmente franceses, que
frecuentaban la costa para proveerse de madera tintórea. El Gobierno
portugués, con poderosa flota, envió a Martín Alfonso de Souza,
quien fundó el puerto de San Vicente y tierra adentro la villa de
Piratininga. Advertido Juan III de nuevas tentativas de parte de los
franceses, dividió el país en 12 capitanías hereditarias que serían
dadas a personas que pudieran colonizarlas.