Seis meses nada más bastaron para que el genio que dormía en el fondo
del espíritu de D. Pantaleón Sánchez se levantase y echase a andar por
la tierra. En este corto espacio de tiempo su mirada penetrante abarcó
de una vez la existencia toda y sondó sus inefables arcanos. En el mundo
no había más que hechos, hechos _constatados_, como decía un libro
traducido del francés que Moreno le había dado.
Todas las supersticiones se borraron de pronto de su privilegiada
inteligencia: no sólo la superstición de Dios, la del alma y la moral,
inventadas por la debilidad de los hombres secundada por la ambición de
los sacerdotes, sino ciertas nociones ridículas en que el género humano
se había entretenido puerilmente hasta ahora; las ideas de lo verdadero,
lo bueno y lo bello. Risa inextinguible le causaban los que sostienen
que se ignora el origen de estas ideas. Lo ignorarían ellos. Moreno y él
sabían perfectamente a qué atenerse. Eran sensaciones, nada más que
sensaciones, agradables o desagradables, como las que produce la
humedad, el calor o la fetidez de las alcantarillas.
Las profundas observaciones que había llevado a cabo en los últimos
tiempos sobre las cebollas, las patatas y otros ejemplares del reino
vegetal, lo mismo que el estudio atento de algunos animales domésticos,
le habían empujado tan fuertemente al análisis que no comprendía otro
método. Lo que por medio del análisis no se hallara, inútil era buscarlo
por otro procedimiento. Es así que ni el escalpelo ni el microscopio
habían tropezado jamás con el alma ni con un Ser Supremo; luego, etc.
Esta inclinación al análisis despertó en su inteligencia poderosa una
tendencia razonadora de tal precisión que ni el más pequeño argumento
podía escaparse entre sus apretadas mallas. Caía sobre las ideas como un
águila, las sujetaba entre sus garras, las examinaba por todas partes y
sólo después que mostraba a sus oyentes todos los aspectos las dejaba
escapar.
--Papá, ¿te parece que vayamos hoy al Retiro?
--No; está muy húmedo. La humedad es mala para el organismo. ¿Y por qué
es mala para el organismo? Porque ataca los tejidos. ¿Y por qué ataca
los tejidos? Porque les roba calórico. ¿Y de dónde procede este
calórico? De la introducción del oxígeno en la sangre.
--¿Sabes una cosa, Carlota?--decía Presentación otra vez a su
hermana.--Margarita está enamorada del chico de Roda. Ella misma me lo
confesó ayer.