(_Sorprendido._) ¡Mis prontos!... ¿He hecho mal despidiéndola?

ROSA.

(_Con ironía._) ¡Quiá!... ¡Si lo has hecho perfectamente! ¿Á qué ha

venido la señora Isidra? Á ofrecerme una cazuela de sopas, y á traerme

un cogedor de cisco. ¡_Miá_ que ofrecernos eso á nosotros, que tenemos

medio cordero en el fogón y un quintal de cok en la chimenea!...

¡Es mucho faltar!... ¡Bien prudente has _estáo_!... ¡Había _pa_

ahorcarla!...

JUAN JOSÉ.

¿Pero estás ciega, ó te burlas de mí? (_Con enojo._) ¿Aún no has

entendido lo que huronea esa mujer? (_Con tono de recelo._) ¿Es que te

has propuesto no entenderlo?...

ROSA.

Como nada malo me ha dicho, nada malo tengo que pensar de ella. (_Con

displicencia._)

JUAN JOSÉ.

¿Conque no?... ¿Conque te encierras en negar sus propósitos?... ¿Conque

no los conoces?...

ROSA.

No. Sólo sé que por causas de tus cavilaciones y de tus recelos,

estamos como estamos.

JUAN JOSÉ.

(_Con enojo._) ¡Rosa!

ROSA.

(_Con sarcasmo._) No te incomodes... Ya te se ha satisfecho el gusto.

¿Qué más quieres si _te has salido con la tuya_? ¡Aunque yo reviente,

no importa!

JUAN JOSÉ.

¿Pero cómo voy á portarme? ¿Iba yo á sufrir que Paco te cortejase y me

ofendiese, por no perder el jornal que me daba? ¿Voy por una _cucharáa_

de sopas á conformarme con los trapicheos de la Isidra? ¿Voy á hacer

eso?... ¿Te has creído que voy á hacer eso?... ¿Quieres que lo haga?...

¡Habla y acaba de una vez!

ROSA.

Yo me refiero á lo que sucede; á que tu genio nos lleva de mal en peor,

y te pregunto hasta cuándo van á durar estas desdichas.

JUAN JOSÉ.

Tú...

ROSA.

Sin duda tendrás algún medio pa salir del atranco, cuando te atreves á

resollar tan fuerte. Lo tienes, _¿verdá?_

JUAN JOSÉ.

No; no tengo ninguno, ¡ninguno!... (_Con desesperación._)

ROSA.

¿Qué aguardas entonces? ¿Que yo me consuma aquí dentro, como un candil

falto de aceite?... Claro, como los hombres entráis y salís, nunca os

falta un amigo que os convide á una cosa _ú_ á otra. Con eso se va uno

defendiendo, y á la mujer, que la parta un rayo.

JUAN JOSÉ.

Pero, ¡qué hablas!... ¿No sabes que si alguien me diera un pedazo de

pan, ese pedazo de pan llegaría á tus manos sin que yo lo tocase?...

(_Con pasión._) ¿No comprendes lo que tú significas _pa_ mí? ¿Ignoras

que desde el punto de conocerte, sólo en tí he _pensáo_, y de cuanto he

tenido has dispuesto?... _Pa_ mí se acabó el mundo al mirarte. Amigos,

diversiones, ¡hasta el vaso de vino que tomaba en la taberna al volver

de la obra!... Á trabajar _pa_ ella, me dije, y con calor, con frío,

cortándome el viento la carne ó abrasándome el sol la piel, cantaba

yo encima del andamio, más contento que nunca, porque aquel frío, y

aquel calor, y aquel dale que le das sin descanso, eran mi jornal, el

cuarto donde habitas, tu comida diaria, tu paseo de los domingos, el

vestido de percal _pa_ tu cuerpo, el mantón de lana _pa_ tus hombros,

¡tú entera que vivías por mí!... ¡Qué me importaban el cansancio, y la

faena, y el peligro!... ¡Calcúlate lo que iba á importarme padecer de

día, si me esperabas tú por la noche!... Ahí tienes lo que he hecho;

lo que haría hoy mismo si pudiese; lo que deseo hacer... ¡Si hasta

pediría _pa_ tí una limosna, _pa tí, pa_ mí no! ¡si no creyera que ibas

á avergonzarte de que esta juventud y estos brazos sirvieran sólo _pa_

echarse _pa alante_ y pedir por Dios! ¡Y aún dices que no me interesas,

que te abandono y te descuido!... ¡No lo digas, Rosa, no lo digas!...

¡Por tí lo intento yo todo, todo!... ¿Qué quieres que haga?...

ROSA.

Tú lo sabrás. ¿Qué voy yo á decirte?... ¿Qué sé yo?...

JUAN JOSÉ.

(_Con tristeza y asombro._) ¡Nada más que eso me contestas!...

ROSA.

¿Qué voy á contestarte? Como no te conteste que no he comido desde ayer

y que esta noche nos helaremos juntos en aquel camastro.

JUAN JOSÉ.

¿Tú crees que yo puedo evitarlo?

ROSA.

¿Crees tú que se puede vivir de este modo?

JUAN JOSÉ.

¡Rosa!... (_Con desesperación._)

ROSA.

(_Con acritud._) No; así no se vive; así no se puede vivir.

JUAN JOSÉ.

¿Y cómo impedir lo que está ocurriendo? ¿No pido trabajo?... ¿No lo

busco? ¿Tengo la culpa de no encontrarlo?

ROSA.

¿La tengo yo de que no lo encuentres?

JUAN JOSÉ.

(_Con asombro y pena._) ¿Qué te propones al contestarme _de_ esa forma?

¿No es bastante martirio el mío _pa_ que tú lo aumentes?... ¿Te has

propuesto desesperarme?

ROSA.

No me he propuesto nada; te cuento lo que hay; te lo pongo delante de

los ojos. ¡Tú eres el hombre y debes resolver, porque yo no resisto

más!

JUAN JOSÉ.

(_Con enojo._) ¿No?...

ROSA.

(_Con firmeza._) No.

JUAN JOSÉ.

¿Te has _olvidáo_ de que la mujer tiene obligación de sufrir por el

hombre que vive con ella?

ROSA.

¿Te has _olvidáo_ tú de que el hombre tiene obligación de que no se

muera de hambre la mujer que vive con él?

JUAN JOSÉ.

(_Con enojo._) ¡Oh!... ¡Esto es _demasiáo_!...

ROSA.

(_Con sequedad._) _Demasiáo_, sí.

JUAN JOSÉ.

(_Luego de contemplar á Rosa un instante. Con tono desengañado y

duro._) Rosa, ¡tú eres mala!

ROSA.

(_Con brusquedad._) ¡No sé lo que soy; pero carezco de todo, de lo más

preciso, y no puedo pasar sin ello; porque sin nada, no se pasa! ¡Si tú

no me lo das, tendré que buscarlo!

JUAN JOSÉ.

(_Con ira._) ¡Buscarlo!... ¿Has dicho, buscarlo?... (_Acercándose

á Rosa y mirándola cara á cara. Con furor._) ¡Á ver, repite eso,

repítelo!... ¡Vamos, que yo lo oiga!

ROSA.

¿_Pa_ qué he de repetirlo?...

JUAN JOSÉ.

¡No; si no tienes que repetirlo con la lengua, si lo repites con los

ojos, si te sale por ellos la dañina intención! (_Cogiendo brutalmente

á Rosa por el brazo._) ¡Eres una infame!... ¡Una infame!...

ROSA.

¡Suelta, que me haces daño!... (_Con dolor y rabia._)

JUAN JOSÉ.

(_Sin soltar el brazo de Rosa._) ¡Daño!... ¡Mayor me lo has hecho tú á

mí, y más adentro!... (_Fuera de sí._) Eres una infame, te lo repito.

¡No; tú no mereces que se te trate como te he _tratáo_ yo!... Á tí, hay

que tratarte de otro modo; ¡como lo que eres, como lo que eras cuando

te conocí! ¡Como...! ¡Así! (_Levanta la mano y la deja caer sobre Rosa.

Aparece en el fondo Toñuela. Rosa hace un esfuerzo y se desase de Juan

José, retrocediendo hacia el fondo. Juan José avanza hasta ella y

vuelve á levantar la mano. Toñuela se interpone y sujeta el brazo de

Juan José._)

TOÑUELA.

¿Qué es esto, Juan José?...

ESCENA VIII

ROSA, TOÑUELA y JUAN JOSÉ; luego ANDRÉS

JUAN JOSÉ.

No me sujetes; ¡suelta!... (_Á Toñuela._)

TOÑUELA.

¿Te has vuelto loco?... ¿Vas á pegarle después de lo que la pobre está

sufriendo? (_Con tono de reproche._)

ROSA.

(_Llorando._) Deja que me pegue. Se conoce que no le basta con medio

matarme á privaciones y quiere rematarme á golpes. (_Al oir estas

palabras, Juan José retrocede y depone su actitud de violencia._)

TOÑUELA.

(_Á Juan José._) ¡Vamos! (_Con tono contemporizador._) ¡_Cuidáo_, que

sois brutos los hombres! La veis á una ahogándose de pena, y _entoavía_

apretáis la argolla...

JUAN JOSÉ.

¡No sabes cómo me ha _tratáo_!...

TOÑUELA.

¡Si creerás que cuando se tiene éste vacío, (_El estómago._) se está

con humor de templar gaitas! (_Entra Andrés por el fondo._)

ROSA.

¡Pegarme á mí! ¡Á una mujer!... ¡Qué valentía!... (_Se deja caer

llorando en una silla._)

ANDRÉS.

(_Á Rosa._) ¿Ha habido _solfa_? (_Á Juan José, como quien no da

importancia al suceso._) Abajo ha _estáo_ Enrique.

JUAN JOSÉ.

¿Y qué dice?... ¿Hay trabajo? (_Con ansiedad._)

ANDRÉS.

Luego, cuando alarguen los días, que se paga lo mismo y se trabaja más.

JUAN JOSÉ.

Y hasta entonces, ¿qué va á ser de nosotros? (_Con espanto._)

ANDRÉS.

(_Con sarcasmo._) Lo que sea. ¿Qué les importamos á ellos nosotros?...

¿Que nos morimos de necesidad? Tal día hará un año.

JUAN JOSÉ.

¡Dios mío!... ¡Dios mío! (_Se deja caer con desaliento junto á la

mesa._)

ANDRÉS.

¿Estás lista? (_Á Toñuela._)

TOÑUELA.

Sí.

ANDRÉS.

Pues vamos á casa de madre. Gracias á que vive cerquita, si no, íbamos

á quedarnos _acarameláos_ en el camino. ¡Cae una _heláa_, superior!...

De modo, que nos embaulamos la cena y á casa corriendo, á meterse en

la cama, que es donde nos abrigamos en invierno los pobres. La suerte

es muy sabia. ¿No nos da dinero _pa_ carbón? Pues nos da lo justo _pa_

comprarnos camas estrechas, muy estrechas, y váyase lo uno por lo otro.

ROSA.

(_Sollozando._) ¡No; no lo sufro!...

ANDRÉS.

(_Á Rosa._) ¡Bah, chica, nubes de verano!... Lo que habrá _pensáo_ Juan

José: á falta de pan, buenas son tortas.

JUAN JOSÉ.

(_Aparte._) Rosa tiene razón; la tiene. Así no se puede seguir.

ANDRÉS.

(_Á Juan José._) Oye, tú: no sé lo que habrá puesto la vieja; pero de

lo que haya, os traeremos un poco.

JUAN JOSÉ.

¡Gracias, Andrés!

ANDRÉS.

¡Gracias!... ¡Has _estáo_ bueno, hombre!

ROSA.

(_Bajo, á Toñuela._) No te vayas. Es una fiera. (_Por Juan José._)

TOÑUELA.

¡No ves que está llorando! Las fieras no lloran.

ANDRÉS.

(_Á Toñuela._) Anda, tú. (_Marcando con los dedos el movimiento de

salida, y haciendo la pausa que el actor juzgue necesaria._)

TOÑUELA.

(_Á Rosa._) Hasta después. (_Á Juan José._) ¡_Cuidáo_ con volver á las

_andáas_!... (_Salen por el fondo Andrés y Toñuela. Después de una

ligera pausa, durante la cual Rosa permanece sentada dando la espalda

á Juan José, y éste mirándola con expresión de angustia y amor, Juan

José se dirige hacia Rosa, se detiene antes de llegar á ella y vacila

algunos instantes como si no supiera de qué modo romper el silencio._)

ESCENA IX

ROSA y JUAN JOSÉ

JUAN JOSÉ.

(_Bajo._) ¡Rosa!... (_Viendo que ésta continúa con la cabeza oculta

entre las manos sin contestarle._) ¡Rosa! (_En tono de súplica._) ¿No

me contestas?... ¡Mírame!... ¿No quieres mirarme?...

ROSA.

(_Como si no oyera á Juan José._) ¡Verme como me veo por él y pegarme

encima!... ¡Era lo único que faltaba, y ya llegó!...

JUAN JOSÉ.

(_Dando la vuelta por detrás de la silla y poniéndose delante de

Rosa._) ¡Oye; por lo que más aprecies en el mundo, oye!... ¡Quítate

las manos de la cara! (_Viendo que Rosa no lo hace, se las aparta él

con las suyas cariñosamente._) ¡Así!... ¡que yo te vea! ¡Que pueda

mirarte! (_Acercando su cara á la de Rosa._)

ROSA.

(_Echando el cuerpo hacia atrás y sin mirar á Juan José._) ¡Déjame!...

¿No dices que soy mala?... ¡De lo malo se huye! ¡Déjame!

JUAN JOSÉ.

(_Con pasión._) ¡Dejarte!... ¡Pues si todo lo que hago es por miedo á

quedarme sin tí!... ¡Si te quiero más que á las niñas de mis ojos!...

¡Si al ponerte la mano encima he sentido el golpe aquí dentro!... (_El

corazón._) ¡Si me ha dolido más que á tí!... ¿No comprendes que me ha

dolido más que á tí?...

ROSA.

Comprende que me has _maltratáo_ sin motivo. ¿Qué te he hecho _pa_ que

me maltrates? Cuando todo me falta, ¿á quién voy á volverme?...

JUAN JOSÉ.

¡Á mí, Rosa, á mí! Si te digo que tienes razón; que he _procedío_

malamente; que me perdones... Pero tú no sabes lo que es encelarse

de una mujer que vale _pa_ uno lo que la Virgen del altar, y tener

_incáa_ en el corazón esta espina. ¡Ojalá y no lo sepas nunca!... Es

un dolor muy perro; y cuando á uno le viene la basca, no da cuenta de

sí. ¡Se aturrulla la cabeza, se llenan los ojos de sangre, se levantan

los puños sin querer, ocurre lo que ocurre sin que uno mismo pueda

evitarlo, y se acabó!...

ROSA.

Y por que á tí te entren esas bascas y des en recelarte de mí y de

cualquiera, ¿voy yo á sufrir tus prontos y á quedarme luego tranquila

hasta que se te ocurra recelar otra vez?

JUAN JOSÉ.

No, Rosa, ¡te juro que no! ¡te lo juro!... Ya no dudo; te creo... ¡Díme

lo que te dé la gana, y te creo! ¡Me hace tanta falta creer en tí!...

(_Con tristeza y amor._)

ROSA.

Si te hace falta, ¿por qué te empeñas en lo contrario? ¿Por qué en vez

de oirme la emprendes á trastazos conmigo?... ¡Buen modo tienes tú de

arreglar las cosas y de consolar á una!...

JUAN JOSÉ.

¡Es que me has _tratáo_ de una forma, y me has dirigido unas

expresiones tan duras!...

ROSA.

¿No eran verdad?... ¡Qué culpa me tengo de que la verdad no sea

mejor!...

JUAN JOSÉ.

¡Verdad, sí, verdad! Todas tus palabras lo son. Verdad que yo me digo

á cada momento, cuando entro aquí y te veo _desesperáa_, sola, mal

viviendo de la compasión de los vecinos, ¡tú, porque yo he _soñáo_,

lo que no había _soñáo_ nunca, lo que no me ha traído nunca con pena,

ser rico, muy rico, como esos que pasean en coche! ¡Tú, por cuyo

bienestar arrancaría piedras con los dientes!... ¡Tú, que sufres, que

no puedes resistir más; porque no puedes, porque si esto sigue, si no

traigo á casa lo preciso, tú tendrás que abandonarme, y harás bien,

porque no has nacido _pa_ sufrir y _pa_ martirizarte!... Ahí tienes lo

que yo imagino, lo que pienso, mientras el frío me hiela las lágrimas

en los ojos... ¡Pero cuando tú me lo dices, entonces, creo que yo no

soy nadie _pa_ tí, que estás deseando dejarme, que no me quieres, que

quieres á otro, que ese otro va á robarme el cariño tuyo, y se secan

mis lágrimas, y me vuelvo loco, y me dan ganas de matarte!... (_Con

desesperación._)

ROSA.

¡Calla; no pongas ese gesto! ¡Me asustas! (_Con terror._)

JUAN JOSÉ.

¡No te asustes, no; nada cavilo contra tí, esto es hablar!... ¡Pero

debemos hablar de otra cosa; de buscar un recurso que remedie nuestra

desgracia!... ¡Necesito que no padezcas más, lo necesito!

ROSA.

¡Un medio!... ¿Cuál?

JUAN JOSÉ.

(_Con decisión._) ¡Uno; el que sea! (_Deteniéndose un momento como si

meditara. Después de una pausa, con desaliento._) ¡No lo hallo! ¡no

lo hallo!... ¡No tengo dónde hallarlo!... Hay pocas obras en tarea,

las precisas, y sobra gente; las otras descansan, y si te acercas á

los contratistas, á los dueños, te responden: «Más adelante, cuando

entre el buen tiempo, cuando alarguen los días. Espera.» (_Con

desesperación._) ¡Espera!... ¡Como si el estómago pudiese esperar!

¡Como si se le pudiese decir al hambre! «Aguarda, no nos muerdas hasta

dentro de un par de meses;» y al frío: «No nos entumezcas las manos,

no nos agarrotes el cuerpo, ten paciencia hasta que podamos comprar

una manta.» ¡Espera! ¡Espera á que alarguen los días! ¡Espera!...

¡Espera!... (_Con desesperación._)

ROSA.

¿Á qué te acaloras?... ¿Qué consigues con acalorarte y con maldecir de

la gente?

JUAN JOSÉ.

¿Qué consigo?... (_Con acento amenazador._) ¡Enterarme de que no es

justo que un hombre trabajador se quede sin trabajo; enterarme de que

no hacen bien los que me lo niegan; saber que cuando me quejo llevo

razón! ¿Te parece poco?... ¡Pues ya es algo!...

ROSA.

¿Algo? (_Sin comprender._)

JUAN JOSÉ.

Más que algo, mucho.

ROSA.

No te entiendo.

JUAN JOSÉ.

¡Me entiendo yo! (_Con angustia._) ¿Conque todos son á acorralarle á

uno?... (_Con energía desesperada._) ¡Pues el animal, cuando se mira

_acorraláo_, muerde!... ¡Yo también morderé!... Si la bestia tiene ese

derecho, mejor debe tenerlo el hombre, porque vale más.

ROSA.

(_Con temor._) ¿En qué piensas?... ¿Por qué arrugas el entrecejo? ¿Por

qué te retuerces las manos?... ¿Qué te pasa?... ¿Qué quieres decir?

JUAN JOSÉ.

¡Que deben acabarse nuestras fatigas; que no quiero perderte y no te

perderé! (_Con decisión._)

ROSA.

(_Con tono de duda._) ¿Acabarse nuestras fatigas?... ¿Cómo?

JUAN JOSÉ.

Aún no lo sé de cierto. Está aquí, aquí. (_Golpeándose la frente._) Lo

veo como se ve al anochecer, muy _oscuro_. ¡Pero esta noche tendrás

todo lo que necesitas, te aseguro que lo tendrás!

ROSA.

¿Vas á ver á alguien, á pedir?...

JUAN JOSÉ.

(_Con energía salvaje._) ¡Pedir!... ¡Que pidan los viejos, los

inútiles, los que no se pueden valer! El que, como yo, tiene fuerza

en los brazos, y no es perezoso en la faena, y sabe ganarlo, sólo

debe pedir una cosa, trabajo. Si no lo encuentra, si no se lo dan...

Entonces le queda un recurso; ¡uno!... No hay duda... ¡Ni sé cómo he

_dudáo_ tanto tiempo! (_Con tono resuelto y sombrío._)

ROSA.

¿Qué te propones?

JUAN JOSÉ.

Que no pases hambre, y miseria, y frío; que no me abandones; que no

necesites ir á buscarlo; porque tienes razón, cuando todo falta, hay

que buscarlo; y antes que la mujer lo busque, lo busca el hombre. ¡Yo

lo encontraré! (_Con dureza._)

ROSA.

¡Oye!...

JUAN JOSÉ.

Te digo que lo encontraré. (_Se dirige hacia el fondo. Antes de llegar

al fondo vuelve hacia Rosa._) ¡Espérame; tardaré una hora, dos; quizás

menos, pero traeré á mi casa lo que en ella no hay, lo que tú me pides;

lo traeré!... Lo juro por lo más _sagráo_, por... Los que han tenido

madre, juran por ella. ¡Yo lo juro por tí!... ¡Espérame; adiós! (_Sale

Juan José por el fondo en actitud resuelta. Rosa se queda mirando

hacia el fondo como sorprendida y sin acertar á darse cuenta de los

propósitos de Juan José._)

FIN DEL ACTO SEGUNDO

ACTO TERCERO

El intermedio entre los dos cuadros será breve y corriendo el telón de

boca.

CUADRO PRIMERO

Telón corto, representando un ángulo del patio de la Cárcel Modelo

de Madrid, destinado á los presos de tránsito y á los sentenciados á

cumplir condena en otros presidios.

Una rompiente á la derecha y otra á la izquierda. En primer término, á

la derecha, un banco de madera.

ESCENA PRIMERA

EL CANO y UN PRESIDIARIO

PRESIDIARIO.

¿Conque al _escurecer liáis el petate_, y salís con la _condución_?

CANO.

¡Ya era tiempo! ¡Esta cárcel es _mu aburría_! ¡Sé está más agusto en

los presidios; hay más _libertá_ y mejor gente!

PRESIDIARIO.

_¡Verdá!_ ¡Yo que estoy aquí de cabo, lo sé!

CANO.

Aquí todos son _prencipiantes_. ¡Un hato de _panolis_ que no sirven

_pa na_! ¡Con decirte que, fuera parte de la tuya, no he _encontráo_

ninguna cara _conocía_!

PRESIDIARIO.

¡Y _miá_ que _pa_ no conocerlos tú! ¡No hay un _gachó_ que valga tanto

así en los presidios, á quien no te sepas de memoria!

CANO.

¡Como que desde los veintidós años, descontando los que he _andáo huío_

por ahí, me los he _pasáo_ de inquilino perpetuo en _veró_! ¡Voy á

cumplir cincuenta y seis! ¡Calcúlate si se me despintará nadie de _la

cuerda_!

PRESIDIARIO.

¡Y lo que te respetan _tóos_!

CANO.

¡Faltaría!... (_Con arrogancia._) (_Con desprecio._) ¡El respeto de

éstos no es _pa presumir_! ¡Ninguno de ellos _se las trae_, ni _tié

guapeza_!... Digo ninguno, y miento. ¡Hay uno!...

PRESIDIARIO.

¿Juan José?

CANO.

¡El mismo! ¡Te lo _certifico_ yo, que lo entiendo!

PRESIDIARIO.

Conformes; pero como si no lo fuera, porque ni se pone á ello, ni

_quié_ hacerse un sitio y _achicar_ á los otros.

CANO.

_Entoavía_ es temprano. Anda el pobre _mu entristecío_ con su

desgracia, y se figura que, _achantándose_ y cumpliendo con _formaliá_,

podrá salir antes y volver á ser hombre de bien. La de _tóos_, la

primera vez que _nos echan mano_... Ya se le pasará. Sin embargo, en

una ocasión ha _tenío_ que probarlo, y lo ha _probáo_ el mozo.

PRESIDIARIO.

¡Vaya!...

CANO.

Fué el día que lo bajaron del _chiquero_, después del juicio y de la

sentencia, en que le salieron ocho años. ¿Te acuerdas tú?

PRESIDIARIO.

¡Sí me acuerdo!... ¡Vaya un _chavó_!... ¡Cómo _atizaba_!...

CANO.

Hizo bien. Estos sinvergüenzas, en cuanto se presumen que un perro no

muerde, son _tóos_ á tirarle del rabo. Como le vieron tan _calláo_, y

tan vergonzoso, y tan humilde, se dijeron: «¡Ha _llegáo_ la nuestra!» Á

mí me dió lástima, é iba á salir por él. No hizo falta. El perro mordió.

PRESIDIARIO.

Y cogió carne.

CANO.

En cuanto el _Melláo_, ese _charrán_ que aún se cree que anda por

las tabernas asustando á los tontos, la tomó con él, ya le viste. Al

principio procuraba _zafarse_ de la _bronca_, pero al convencerse de

que no tenía más remedio que pegar ó que le pegasen, se fué _pa_ el

_Melláo_, alzó el puño y lo tiró _roando_ contra la tapia con la cara

llena de sangre.

PRESIDIARIO.

¡Buen golpe fué! ¡Lo _espaletilló_!

CANO.

Y luego al otro, al _Churro_, que _se le venía_ dando voces y haciendo

_esplantes_ y _ratimagos_ con la cuchara... De poco le sirvieron. Juan

José le tendió _la zarpa_, le _trincó_, así, por la muñeca, y salieron

por un _láo_ el _Churro_, y la cuchara por el otro... ¡Inútil le ha

_dejáo pa_ unos días!... ¡_Na_, que es un bravo! ¡Desde entonces, _le

miran con un lente_!

PRESIDIARIO.

Y desde entonces no ha vuelto á meterse con nadie. Sigue como cuando

bajó: huraño, _calláo_ y sin que un alma le saque las palabras del

cuerpo. Contigo es con el único con quien se franquea unas _miajas_.

CANO.

Porque es _agradecío_, y no olvida lo que yo quise hacer por él.

PRESIDIARIO.

¿Te ha _contáo_ los motivos de su desgracia? (_El Cano hace con la mano

el movimiento de robar._) Un robo, corriente; pero antes del robo,

ha de haber una historia _mu_ negra. Él está _mu preocupáo_. ¿Tú no

sabes?...

CANO.

Aunque lo supiera, no te lo contaría. Que te lo cuente él si le da la

gana. Lo que sí te digo, es que le aprecio; y he de hacer lo que _puéa_

por él. (_Como respondiendo á sus pensamientos._) Esta noche salimos

juntos en la _condución_, y nos toca ir _apareáos_. ¡Como él quiera...!

PRESIDIARIO.

(_Con curiosidad._) ¿Qué?...

CANO.

(_Con mal gesto._) ¡Á tí qué te importa! ¡Déjame en paz!

PRESIDIARIO.

(_Con tono sumiso._) ¡Bueno, hombre! (_Mirando hacia la derecha._)

_Miá_ por _aonde_ viene. Sin fijarse en _na_, con los ojos _claváos_ en

las baldosas y los brazos _cruzáos_. Se encamina _pa_ aquí.

CANO.

Pues _alivia_, que necesito hablar con él y quiero estar solo. (_Con

imperio. Entra Juan José por la derecha en actitud reconcentrada y

triste, y se dirige hacia donde está el Cano sin reparar en él. El

Presidiario sale por la rompiente de la izquierda._)

ESCENA II

JUAN JOSÉ y EL CANO

CANO.

(_Deteniendo á Juan José por el brazo, cuando éste llega al lado

suyo._) ¿Qué hay, Juan José?

JUAN JOSÉ.

¡Qué quieres que haya! ¡Penas; lo de siempre: lo que tengo desde el día

en que la miseria y el cariño de una mujer me volvieron loco!

CANO.

¡Bah, chico; lo que no _tié_ remedio, no lo _tié_, y _sansacabó_!...

Pecho al agua, que el mundo es ancho, y en el presidio hay muchas

puertas.

JUAN JOSÉ.

¡No es el presidio lo que me trae así! ¡Ocho años son muy largos y

tienen muchos días, muchos, y muy tristes; sin más consuelo que el

que recibe uno de afuera; parece que no van á acabarse nunca... y se

acaban! Entre tantas horas de sufrimiento, hay una en que te gritan:

«¡Ya eres libre; ya pagaste el daño; anda, sal, vuelve con los tuyos,

con los que han sufrido por tí, mientras sufrías tú por ellos; vuelve

donde te esperan, contando minuto á minuto los que faltan _pa_ que

llegues tú!» ¡Aguardando á que suene esa hora, puede uno padecerlo

todo; porque esa hora, con ser una sola, paga las demás, con ser las

demás tantas y tan crueles! ¡Pero cuando con el presidio acaba una pena

y empieza otra; cuando sabes que nadie vendrá á verte á la reja, que

nadie te esperará tampoco al salir, entonces la misma _libertá_ mete

miedo, y por mucho corazón que tengan los hombres, no pueden hacer

más que desgarrárselo con las uñas, y llorar _pa_ dentro y maldecir,

apretando los dientes! ¡Eso es lo que me pasa á mí!

CANO.

¿Y á quién no le ha _pasáo_ algo _parecío_? ¿Te piensas que el mundo

es una viña? Pues al que no lo ahorcan por la cabeza, lo ahorcan por

los pies. _Custión_ de postura. ¿Y no sabes tú lo que hay que hacer?

Lo que yo. Tener cachaza y mala idea, y esperar; el que sabe esperar,

tarde ó temprano, se sale con la suya.

JUAN JOSÉ.

¡Esperar!... (_Con desaliento._) Esperar, ¿á qué?...

CANO.

¿Á qué? Á cobrarte; á desquitarte de la _charraná_ que te ha _jugáo_,

la que te ha _metío_ á ladrón y ya no se acuerda de tí.

JUAN JOSÉ.

¡Que no se acuerda!... (_Con ansiedad._) ¿Estás seguro?

CANO.

¡Es lo más probable! ¡No te hagas ilusiones!

JUAN JOSÉ.

¡Cómo no he de hacérmelas, si mi vida está en esa mujer!...

CANO.

(_Con desprecio._) ¡Bah!...

JUAN JOSÉ.

El día de la audiencia, al entrar en la sala donde iba á jugarse mi

suerte, no tenía más que una idea, esta: Ella vendrá aquí, á declarar

con los testigos; ¡voy á verla, á oirla, á tenerla un momento cerca

de mí!... Lo demás no me importaba nada; ¡y lo demás era mi castigo,

mi honra, mi sentencia!... ¡Ya ves!... Cuando supe que no venía por

impedírselo una _enfermedá_, _justificáa_ por un _certificáo_ de los

médicos, pensé que acababa de sucederme todo lo malo que me podía

suceder en aquella casa, y escuché la sentencia encogiéndome de

hombros; y volví á la cárcel preguntándome, lo que me pregunto á todas

horas: ¿Qué será de ella? ¿Por qué no viene á verme? ¿Qué debo creer?...

CANO.

Cree lo peor, y estarás cerca de no engañarte.

JUAN JOSÉ.

¡Y luego Andrés, mi amigo, sin contestar á la primera carta que le hice

escribir, sin contestar tampoco á la que tú le pusiste hace cuatro

días! ¿Por qué no me contesta?

CANO.

Porque no habrá _podío_, ó porque no le habrá _dáo_ la gana. Vete á

averiguar. Lo seguro es que te encuentras solo y que debes pensar en

algo.

JUAN JOSÉ.

Juan José: Drama en tres actos y en prosa · 第 3 / 5 段