luego de mirar por el hueco que dejan libres las cortinas. Á Andrés._)
¡Es ella! (_Con ansiedad._) ¿Quién está con ella? (_Vuelve á mirar.
Con rabia._) ¡Paco!... ¡Lo ves, Andrés!... ¡Está cantando _pa_ que él
la escuche!... ¡Y él la obsequia!... ¡Y ella le mira!... ¡Te juro que
va á durarles poco la diversión! (_Abre la puerta de la derecha con
violencia. Estas frases las dirá Juan José al mismo tiempo que canta
Rosa; de suerte, que cuando él abra la puerta del cuarto, quede cortada
la copla donde sea y llegue el canto._)
TABERNERO.
¡Qué es esto!
JUAN JOSÉ.
(_Desde la puerta y hablando con los de dentro._) ¡Rosa! (_Con dureza._)
PACO.
(_Dentro._) Entra, Juan José.
JUAN JOSÉ.
(_Con sequedad._) No, señor. (_Como si hablara á Rosa._) ¡Has oído, que
vengas aquí!... ¡Date prisa!... (_Con impaciencia y cólera._)
TOÑUELA.
(_Bajo á Andrés. Por Rosa._) ¡Qué loca! (_Sale Rosa por la puerta de la
derecha._)
ROSA.
(_Á Juan José._) Aquí estoy. (_Reparando en la actitud descompuesta de
Juan José._) ¿Qué tienes?
JUAN JOSÉ.
(_Cogiendo á Rosa por la muñeca con dureza y llevándola al primer
término._) ¡Qué tengo!... Y tú, ¿qué hacías en esa habitación?... ¡No
te he dicho que no quiero verte con nadie, y menos con él!... (_Sale
Paco por la puerta de la derecha y detrás de él las dos Mujeres y los
dos Hombres._)
ESCENA XV
ROSA, TOÑUELA, JUAN JOSÉ, PACO, ANDRÉS, EL TABERNERO, LOS DOS HOMBRES y
LAS DOS MUJERES
PACO.
(_Dirigiéndose á Juan José._) ¿Qué es esto, Juan José?
JUAN JOSÉ.
(_Con dureza._) Ya lo ve usté. Saco de ahí á Rosa, porque tal es mi
gusto; y no creo que haya quien me lo estorbe.
PACO.
¿Te enfadas porque la he _convidáo_ á una copa? Mía es la culpa; la ví
al entrar, y la invité de buena manera.
ROSA.
(_Á Juan José._) Yo no quería. Fué él quien se empeñó.
PACO.
Me parece á mí que un amigo no ofende convidando á la mujer de otro.
JUAN JOSÉ.
Un amigo, no.
PACO.
Entonces...
JUAN JOSÉ.
Pero, ¿usté es un amigo mío?
PACO.
(_Sorprendido._) ¿Qué dices?
JUAN JOSÉ.
Que no es amigo de uno, el que enamora á la mujer que vive con uno y
quiere quitársela.
ANDRÉS.
¡Juan José!...
JUAN JOSÉ.
Estoy harto de disimulos.
PACO.
¿Tú dices?
JUAN JOSÉ.
Lo que usté sabe tanto como yo; que Rosa le parece buena para sus
entretenimientos, y que yo he debido parecerle á usté muy poca cosa,
cuando se atreve á poner en ella los ojos.
TABERNERO.
(_Á Paco._) No le haga usté caso.
ROSA.
(_Como asustada._) ¡Dios mío!
TOÑUELA.
Tú tienes la culpa.
PACO.
Está loco.
JUAN JOSÉ.
No estoy loco. Hace tiempo que le vengo observando á usté y sabiendo
que, con capa de amigo, quiere usté robarme lo que más aprecio en el
mundo, lo sé; y como alguna vez teníamos que jugar limpio, hice antes
lo que hice, y le hablo á usté como le estoy hablando en este momento.
ANDRÉS.
(_Á Juan José._) ¡Ten prudencia!
PACO.
(_Á Juan José._) Pues hablas mal y apuras mi paciencia, y te olvidas de
quién soy yo.
JUAN JOSÉ.
No me olvido. Usté es mi maestro, el que me da el jornal con que como,
y dispone de mí y de estos brazos desde que sale el sol hasta que
anochece. ¡Ya ve usté cómo no me olvido! Sin duda por eso, porque me
paga usté, ha _llegáo_ á creerse que todo lo mío le pertenece, y no
contento con lucirse á costa de mi sangre, quiere usté mandar también
aquí dentro y coger lo que aquí dentro vive y llevárselo. ¡Pues eso no,
señor Paco, eso no!...
PACO.
(_Con cólera._) ¡Mira lo que dices!
JUAN JOSÉ.
Digo, que pobre, pero no tanto. Mi sudor, bueno; mi trabajo, bueno
también; de usté son, porque usté los paga. (_Cogiendo á Rosa por un
brazo y atrayéndola hacia sí._) Pero esto no se paga con dinero; no hay
dinero que lo pague en el mundo. Esto es mi vida, mi alma, me pertenece
y no lo suelto.
TABERNERO.
(_Á Juan José._) No armes escándalo en mi casa.
PACO.
(_Á Juan José._) Acaba de faltarme, porque se me acaba el aguante.
(_Avanzando hacia Juan José; los Hombres que acompañan á Paco, hacen
ademán de seguirle._)
ANDRÉS.
(_Interponiéndose entre los que avanzan._) Quietos, que son dos hombres
solos.
PACO.
(_Á Juan José._) ¡Conque buscas pelea!
JUAN JOSÉ.
Yo no busco nada. Digo lo que debo decir y me atengo á los _resultáos_.
(_Con energía._)
PACO.
(_Con ira._) _Tentáo_ estoy de responderte que tienes razón; que la
quiero, y que he de poder poco si no te la quito aunque sea delante de
tus ojos. (_Trata de avanzar hacia Juan José; los que van con él lo
detienen._)
JUAN JOSÉ.
(_Avanza al mismo tiempo que Paco._) ¡Quitármela!... (_Se detiene
como reprimiendo su cólera. Á los hombres que detienen á Paco._) No
sujetarle. (_Á Paco._) Pruebe usté. Á la calle vamos. (_Dirigiéndose á
Rosa._) Sal delante, y sal tranquila, y ve despacio. Anda.
TOÑUELA.
Yo iré. (_Haciendo ademán de acompañar á Rosa que se dirige al fondo._)
JUAN JOSÉ.
(_Á Toñuela._) He dicho que sola. (_Á Paco._) Esa mujer es la mía,
la que yo quiero; y la quiero _pa_ mí sólo, ¡sólo!... (_Rosa abre
la puerta del fondo y sale por ella._) ¿Hay quien dice que desea
quitármela? ¡Que pruebe!... Sola va. El que la quiera, que salga por
ella. ¡Pero no olvide que tiene que salir por esta puerta; (_La del
fondo._) y que en esta puerta estoy yo!... (_La actitud de los actores
será la siguiente. Juan José en el fondo. Paco, en primer término,
sujeto por los Hombres y las Mujeres que le acompañan. El Tabernero al
lado de Paco. Andrés cerca de Juan José. Toñuela junto á Andrés._)
FIN DEL ACTO PRIMERO
ACTO SEGUNDO
El teatro representa el interior de la casa donde habitan Rosa y Juan
José. Puerta al fondo, que supone ser la de la calle; una en el lateral
derecho y otra en el izquierdo.
En primer término, á la derecha, una cómoda de pino, pintada,
desvencijada y resquebrajada por varios sitios; encima de la cómoda dos
floreros de loza con flores de papel, una imagen de barro y un quinqué
de hoja de lata con pantalla de cartón verde; pegado á la pared, encima
de la cómoda, un periódico taurino con el retrato de un torero; una
mesilla baja de pino; tres ó cuatro sillas de Vitoria en mal uso y un
banquillo de madera, completan el mueblaje de la habitación. En los dos
costados del fondo y pegados á la pared, dos números ilustrados de _La
Lidia_. En la pared de la izquierda, un espejo de mano pendiente de
un clavo. Á la derecha, un brasero de hierro con tarima y sin lumbre,
mediado de ceniza.
Al levantarse el telón, aparecen en escena Rosa, Isidra y Toñuela.
Toñuela y Rosa, sentadas en primer término junto á la mesa. Isidra, en
pie, cerca de la puerta del fondo, como si acabara de entrar.
ESCENA PRIMERA
ROSA, TOÑUELA é ISIDRA
ISIDRA.
(_Restregándose las manos._) ¡Vaya un frío!... ¡Se quedan los pájaros
tiesos en la calle! ¡Hay más de una cuarta de nieve; y dura como un
mármol!... (_Acercándose al brasero y removiendo la ceniza con la
badila. Á Rosa._) ¿No tienes lumbre?...
ROSA.
(_Con ironía amarga._) ¡Lumbre!... ¡Dios la dé!... ¡Por supuesto, _pa_
la falta que hace!... El fogón no la necesita, porque está huérfano
de alimento, y yo... Acostumbrándose á no comer, bien puede una
acostumbrarse á tiritar.
TOÑUELA.
Y que las desgracias siempre vienen juntas. ¡Parece que nos ha caído
una maldición! Primero nosotras; al día siguiente, Juan José sin
trabajo, y el viernes Andrés. (_Á Isidra._) ¡Le digo á usté, que es
_pa_ tirarse de los pelos!...
ISIDRA.
¡Ya! ¡ya!...
TOÑUELA.
¡Y gracias á que Andrés tiene la casa de su madre!
ISIDRA.
(_Á Rosa._) ¡Qué quincena lleváis!
ROSA.
¡Y cada vez peor! (_Con desesperación._)
ISIDRA.
(_Con fingido cariño._) ¡No te apures!... Como á hija te quiero, y no
consentiré que lo pases mal _en tan y mientras_ yo pueda evitarlo. Una
cazuela de sopas he puesto á la lumbre, y media espuerta de cisco en el
brasero. Las sopas vienes á comerlas cuando estén _aviáas_, y el cisco,
tu brasero me llevo, le echo la _mitá_ del mío y te traigo un poco de
calor. (_Haciendo ademán de coger el brasero._)
ROSA.
¡Déjelo usté!...
ISIDRA.
¡_Miá_ que dejarlo!... (_Cogiendo el brasero._) ¡Vuelvo en seguida!...
(_Sale por el fondo. Comienza á obscurecer._)
ESCENA II
ROSA y TOÑUELA
ROSA.
(_Por Isidra._) ¡Qué buena es!...
TOÑUELA.
¡Bondades hay que meten miedo! ¡La de la _señá_ Isidra es una de ellas!
ROSA.
(_Con tono de reproche._) ¿Vas _á tomarla_ con la pobre?
TOÑUELA.
Sí la tomo; porque esa vieja es lo mismo que la polilla, donde entra,
daña.
ROSA.
¡Qué cosas dices!
TOÑUELA.
Y hace mal en venir á tu casa. El mejor día, la saca _arrastras_ Juan
José.
ROSA.
No tiene motivos.
TOÑUELA.
¿Me quieres hacer comulgar con ruedas de molino?
ROSA.
No te quiero hacer comulgar con _náa_. Tú eres la que miras bultos
donde no los hay. (_Entra Isidra por el fondo con el brasero apoyado en
una cadera y sujeto con la mano derecha y una alcuza de aceite en la
mano izquierda. Al entrar, deja la alcuza encima de la cómoda._)
ESCENA III
ISIDRA, ROSA y TOÑUELA; al final IGNACIO y ANDRÉS
ISIDRA.
(_Dejando el brasero en el suelo._) ¡Ya está aquí el brasero! ¡Y
calienta que es una bendición! ¡_Acercarse_, hijas, _acercarse_!...
(_Rosa y Toñuela se acercan al brasero._)
ROSA.
(_Poniendo las manos cerca de la lumbre._) ¡Estoy _arrecía_!...
ISIDRA.
También traigo un poquillo de mineral; las noches son largas, y se pone
una muy triste cuando está á obscuras.
ROSA.
(_Con tono de gratitud._) ¡Por Dios!... ¿Cómo pagar á usté?...
ISIDRA.
Ya me pagarás, hija; ya me pagarás. Este mundo da muchas vueltas.
(_Al ver que Rosa hace ademán de levantarse á arreglar el quinqué, la
detiene._) Yo misma lo avío. Caliéntate tú, que buena falta te hace.
(_Isidra se dirige hacia la cómoda, y sigue la conversación mientras
arregla el quinqué y lo enciende. Rosa vuelve á sentarse._)
ROSA.
(_Con desesperación._) ¡Qué vida, Santísima Virgen, qué vida!...
ISIDRA.
¡Pensar que todo esto lo ha traído el pícaro genio de tu hombre!...
TOÑUELA.
Eso no es verdad.
ROSA.
¿Le defiendes?
TOÑUELA.
Pues claro. Si te vió con quien le da celos, ¿qué iba hacer? Si yo me
hubiese atrevido á lo que tú, y Andrés se hubiera _portáo_ como se
portó Juan José, más le querría yo desde entonces, y todo lo llevaría
á gusto sabiendo que él se jugaba la vida y el pan porque otros ojos
que los suyos no me mirasen como él me mira.
ISIDRA.
(_Con ironía._) ¿Sí?
TOÑUELA.
No era mi hombre, y se me erizó la carne de orgullo cuando le ví
ponerse delante de la puerta y decir: «¡El que la desee, que salga á
buscarla!» El otro no salió; por supuesto, hizo bien. Si sale, de la
puerta no pasa. Había en la cara de Juan José algo que hablaba y que
decía: «Al que se la atreva, lo mato.»
ISIDRA.
Calla, mujer, calla. ¡_Paéce_ que te has _pasáo_ los años leyendo esas
historias que tiran por debajo de las puertas á cinco céntimos el
_cuaerno_!
TOÑUELA.
No sé leer.
ISIDRA.
Nadie lo diría; que eres _pintiparáa_ á un _presonaje_ de los que salen
en esos libros. Bueno que una persona se acalore cuando hay fundamento.
Aquella noche no lo había.
ROSA.
Eso digo yo. Paco me invitó _á buen hacer_. Si á Juan José no se
le hubiera subido la sangre á la cabeza, nos habríamos _evitáo_ el
disgusto y las _resultas_, que no son flojas.
ISIDRA.
Juan José lo echó todo á barato...
ROSA.
¿Y qué ha sucedido? Que á la mañana siguiente le dieron la cuenta y le
despidieron de la obra; que durante ocho días hemos ido tirando con lo
que había en casa, y que, á la presente, se consumió todo. La lana del
colchón á _puñáos_ hemos ido vendiéndola; mis dos pares de enaguas, las
sábanas, la colcha y media docena de camisas que teníamos entre los
dos, están en la casa de préstamos; su capa no la he _lleváo_, porque
no la toman; de manta nos sirve. _Anteayer_ empeñé mi mantón en diez
reales; con ellos hemos _pasáo_ hasta hoy, y hoy _náa_, un cacho de pan
_rociáo_ con aguardiente, y á esperar el maná, porque lo que traiga
Juan José, en la frente dejo que me lo claven.
ISIDRA.
¡Jesús, qué desdicha!
ROSA.
¡Á ver si hay quien la aguante!... ¡Yo no!...
TOÑUELA.
¡Mujer!
ROSA.
¡Y que esto ocurra por no venirse él á razones!...
TOÑUELA.
Ocurre, por ser tú ligera de cascos, y meterte á cantar donde estaba
Paco, y no haberle _paráo_ á tiempo los pies.
ROSA.
¡Yo!...
TOÑUELA.
De más hizo Juan José, que se creyó lo que le dijiste, y no te rompió
un hueso. (_Aparecen en la puerta del fondo Andrés é Ignacio._)
ROSA.
¡Hubiera _estáo_ bien que me pegase!
TOÑUELA.
Por menos he _lleváo_ yo muchos cachetes.
ANDRÉS.
(_Desde la puerta._) ¡Y los que llevarás!... ¡Más efecto os hace á
las mujeres un cachete á tiempo, que un sermón de Cuaresma! Entra,
_Inacio_. (_Entran Andrés é Ignacio._)
ESCENA IV
ROSA, TOÑUELA, ISIDRA, ANDRÉS é IGNACIO
IGNACIO.
(_Á Rosa._) ¿No ha vuelto ese?
ROSA.
No.
ANDRÉS.
Como si lo viera, vuelve con las manos vacías. Así como así, es fácil
encontrar trabajo. ¿Sales de una parte?... Pues aguarda _sentáo_ á que
te llamen de otra.
IGNACIO.
Y Juan José, menos. Ya has oído al maestro con quien hemos _estáo_
hablando _por_ él.
ROSA.
¿Qué os ha dicho?
ANDRÉS.
Pues nos ha dicho: Juan José es un buen oficial, pero no puedo darle
ocupación. ¿Sabéis lo que hizo con Paco la otra noche? Gasta muy mal
genio, y no respeta á nadie.
IGNACIO.
¿Que no respeta? ¿Por qué no respeta?... ¿Porque no ha querido sufrir
que su maestro se burle de él y requiebre á la mujer que vive con él?
¡_Peazos_ le hubiera hecho yo!
ANDRÉS.
No faltó mucho. ¡Negro me ví _pa_ sujetarle! (_Á Rosa._) ¡En menudo
_fregáo_ nos metiste!
ROSA.
¿Yo?... ¿Dirás que tuve yo la culpa?
ANDRÉS.
¿Pues quién la tuvo? ¿La Cibeles?
ROSA.
¿En qué he _faltáo_ yo? ¿Porque un hombre le diga á una mujer buenos
ojos tienes, ya han _faltáo_ la mujer y el hombre? ¿Se ha _propasáo_
Paco conmigo? ¿Le he _dejáo_ yo que se propase? ¡Entonces!... Sólo que
Juan José y Toñuela, y tú, os empeñáis en echarme los cargos encima; y
yo aquí _pa_ sufrirlo todo: privaciones, desconfianzas... Y si un día
me harto y tiro por la calle de enmedio, me pondréis como un trapo.
(_Llorando más de rabia, que de sentimiento._) ¡Vaya que tiene esto
mucho que ver!...
ISIDRA.
No te apures.
TOÑUELA.
¡Chica, no es _pa_ tanto!
ANDRÉS.
Ahora unas lagrimitas... Todas las mujeres sois lo mismo. Á creeros,
nunca tenéis la culpa de nada. Os dejáis requebrar sin mala intención;
dais en cara á un hombre con otro, como quien da una broma; os reís con
el que os piropea; le hacéis arrumacos delante del que os quiere, y un
día, esos dos hombres, que se han _tomáo_ entre ojos, se disparan, se
dicen cuatro desvergüenzas, la emprenden á navajazo limpio; van, el
muerto al hoyo y el vivo á la cárcel, y vosotras rompéis á llorar y á
decir, con cara de inocentes: ¡Yo no tengo la culpa!... ¡Quién iba á
pensarlo!... _¿Verdá?_
ROSA.
(_Con despecho._) ¡Andrés!...
ANDRÉS.
Si os damos celos, os ponéis _moños_; si os advertimos, os reís; si
os reprendemos, os enfadáis, y si os pegamos, nos llamáis brutos...
¡Brutos!... ¡Más vale ser bruto que...! ¡Como los hombres siguieran mi
consejo, no haríais tantas piernas vosotras!
ISIDRA.
(_Bajo á Rosa._) ¡Qué borrico!
TOÑUELA.
(_Á Andrés._) ¡Déjala en paz!
ROSA.
(_Á Andrés._) ¡Si Juan José te oyera!
TOÑUELA.
Si lo oyera, ¿qué?
ANDRÉS.
Quizás que se pusiese de su parte, porque el que media entre un hombre
y una mujer, ese pierde. Lo sé de buena tinta.
IGNACIO.
¿Tú?
ANDRÉS.
En persona; y no hace veinte días que pasó.
TOÑUELA.
¿Qué pasó?
ANDRÉS.
Verás. Bajaba yo por la calle de Embajadores, y al desembocar en el
Barranco, me veo á uno que le estaba _atizando_ á su mujer, ó lo que
fuera, un palizón de _órdago_. No es que yo me asuste por que se les
tiente el traje á las mujeres, pero aquel ciudadano pegaba tan fuerte,
y ella soltaba tales _quejíos_, que me dió lástima y me metí por medio,
y sujeté la mano del hombre y le dije: «¡_Camará_, basta; ni que fuese
la señora una caballería!» El sujeto era razonable y se contuvo; ¡pero
ella!... ¡Á ella había que verla!... Se puso en _jarras_, se vino _pa_
mí, arrimó su cara á la mía, como si quisiera tragérseme, y me soltó
esta _rociáa_: «¿Á usté qué, si me pega, _tío morral_?... ¡_Pa_ eso es
mi marido!...» Vamos, que si me descuido, me pega ella á mí.
IGNACIO.
Y, ¿qué hiciste?
ANDRÉS.
¡Calcula!... Gritarle al otro: «¡Siga usté hasta que se canse, buen
amigo!» y echar por el Barranco abajo, jurando no meterme _en jamás_ en
líos de mujeres y de hombres.
ISIDRA.
Pronto has _olvidáo_ el juramento.
ANDRÉS.
Porque se trata de Juan José. Juan José es un amigo, y no quiero que
ni él, ni ésta (_Por Rosa._) tengan que sentir. (_Se acerca á Rosa._)
¡Déjate ya de lloriqueos!
ISIDRA.
(_Á Rosa._) Claro; no te aflijas ni hagas caso de éste.
ANDRÉS.
Hazlo de ella, que te irá mejor.
IGNACIO.
Haya paz; basta de tontunas. (_Á Andrés._) Puesto que Juan José se
tarda, bajaremos tú y yo á la taberna. Enrique debe estar allí con el
_recáo_ de si hay ó no obra, en ese pueblo.
ANDRÉS.
Dios lo haga, porque estamos todos en las últimas. (_Á Rosa._) Cuando
venga, dile que abajo le aguardamos.
IGNACIO.
(_Á Andrés._) Anda.
ANDRÉS.
(_Á Toñuela._) Tú, vete á aviar y que estés lista pa cuando yo suba.
ROSA.
(_Á Andrés._) ¿Cenáis en casa de tu madre?
ANDRÉS.
Y si no cenamos allí, no cenamos. Hay donde escoger. Hasta luego.
(_Salen por el fondo Toñuela, Andrés é Ignacio. La primera, por el lado
derecho de la puerta, y los otros por el izquierdo._)
ESCENA V
ROSA é ISIDRA
ISIDRA.
¡Lo ves!...
ROSA.
Sí, señora, lo veo; estoy conforme con usté; ¡es ya _demasiáo_!
ISIDRA.
Naturalmente.
ROSA.
¡Y no aguanto más!... ¡Ea, que no!... Si Juan José no cambia de genio,
si no halla trabajo, si él y todos siguen mortificándome con el otro,
yo sé lo que tengo que hacer.
ISIDRA.
¡Cambiar de genio!... ¡Sí, sí! ¡Otro gallo te cantaría! ¿Te crees que
si le hubiese _habláo_ á Paco y se hubiera _rebajáo_ unas miajas con
él, Paco le hubiese _echáo_ de la obra? De ningún modo. Paco no es
malo; ¡que va á serlo! tiene un corazón de oro, y _respetive_ á tí,
descolgaría la luna del cielo por complacerte.
ROSA.
¿Él?...
ISIDRA.
Más que tú padece viéndote padecer. Sólo que, lo que dice: «¡Gotas
de mi sangre diera yo _pa_ que á Rosa no le faltara nada; pero si
me desprecia, y prefiere las fatigas y los malos tratos con él, al
bienestar y al descanso conmigo, allá se las componga, mientras yo me
como los puños de rabia! Ya que rabie yo, rabiaremos todos.»
ROSA.
¡No será tanto!
ISIDRA.
¿Que no?... De sobra conoces lo _enamoráo_ que está de tí. ¡Pena da
ver lo que sufre por causa tuya!... ¡Lástima de hombre! ¡tan fino, tan
simpático y con muchos billetes en la cartera!... ¡Lástima de tí que
podrías estar á la _hora de ahora_ en una buena casa y con un mantón
_alfombráo_ en los hombros y dos orlas de brillantes en las orejas,
y cuatro ó cinco sortijas en esos _déos_ tan bonitos que Dios te ha
_dáo_!...
ROSA.
(_Suspirando._) ¡Ay!
ISIDRA.
¡Qué pareja haríais!... De tí no hay que hablar; y él... ¡No me negarás
que Paco es un buen mozo!
ROSA.
¡Si no lo niego!...
ISIDRA.
Como que te gusta más que el otro; y te pondría á flote... No sé qué
esperas.
ROSA.
¡Yo! (_Como vacilando. Con tono de duda._) No me determino _señá_
Isidra, no me determino.
ISIDRA.
Haces mal. ¿Sabes lo que me ha dicho esta mañana Paco?
ROSA.
¿Qué?
ISIDRA.
Pues me ha dicho: «Vea usté á Rosa; pregúntele si pueda hablar con
ella, y asegúrela que como ella me quiera, haré lo que me pida y no
habrá quien la toque el pelo de la ropa, porque yo estoy _pa_ salir por
todo y á mí no se me come nadie.»
ROSA.
¿Le ha dicho á usté eso?
ISIDRA.
Como lo oyes. Conque tú verás.
ROSA.
¡Hablar con él!... (_Como si dudara._)
ISIDRA.
Y ello ha de ser hoy. Á Paco se le ha _rematáo_ la paciencia; vendrá á
verme luego _pa_ saber tu resolución. Además, yo también necesito que
decidas una cosa ú otra, porque me estoy exponiendo á que Paco me dé un
disgusto. Anda muy _escamáo_ conmigo y más va á escamarse, si me ve que
hablo con el otro, y que entro y salgo mucho en tu casa.
ROSA.
Pero...
ISIDRA.
¡No seas tonta!... Con hablar á Paco, no adquieres compromiso formal.
Hablas con él, le oyes...
ROSA.
(_Mirando hacia la puerta del fondo._) ¡Chist!... Juan José. (_Entra
Juan José por el fondo, donde se detiene._)
ESCENA VI
ROSA, ISIDRA y JUAN JOSÉ
JUAN JOSÉ.
(_Desde la puerta. Con desaliento._) ¡Nada!... ¡Nada!... Parece que
el hielo de la calle se les ha metido en el corazón á los hombres,
según lo tienen de duro y de frío _pa_ mí. (_Avanza hacia Rosa, que le
mira como interrogándole._) ¿Qué me miras?... Ya puedes suponértelo;
no hay trabajo; no lo encuentro en ninguna parte, ¡en ninguna!... ¿De
qué sirve tener buena _voluntá_ y buenos brazos y saber su oficio?...
¿De qué?... ¡Ni que el trabajo fuese una limosna _pa_ que á uno se lo
nieguen!... ¡Pues qué, no hay más que condenar á un hombre á morirse de
hambre ó á pedir por Dios!... ¿Hay en esto justicia?... Y si no la hay,
¿por qué sucede?... ¡Luego dicen que si los hombres matan y roban!...
¡Qué van á hacer!... (_Se deja caer junto á la mesa en actitud
desesperada y oculta la cabeza entre los puños._)
ISIDRA.
Ten calma y ven á calentarte un poco, que hace mucho frío en la calle.
JUAN JOSÉ.
(_Levanta la cabeza. Con amargura y sorpresa._) ¡Calentarme!...
¿Dónde?... (_Reparando en el brasero encendido._) (_Á Rosa._) ¿Cómo?
¿Tienes fuego?
ROSA.
Gracias á la _señá_ Isidra que me ha traído un poco de lumbre.
JUAN JOSÉ.
(_Á Isidra. Con ironía amarga._) ¡Ah! ¿conque es usté la buena alma
que se ha _compadecío_ de nosotros?... ¿Y quién le ha _dáo_ á usté los
dineros _pa_ hacer la obra de _caridá_?
ISIDRA.
¿Qué dices?
JUAN JOSÉ.
¡Que en jamás se ha _compadecío_ usté de nadie, sin su cuenta y razón!
ISIDRA.
¡Juan José!... (_Como ofendida._)
JUAN JOSÉ.
¡Le tiene usté mucha ley á esta casa! Sobre todo, cuando no estoy yo en
ella.
ROSA.
(_Con tono de reproche._) ¿Te enfadas con la pobre, después de lo que
hace por mí?...
JUAN JOSÉ.
¡Por tí!... (_Con sarcasmo._) ¡Es muy buena la _señá_ Isidra, muy
buena!... _Miá_ si lo es, que sólo procura por tu _felicidá_, y viendo
que no la has _encontráo_ conmigo, viene á proporcionártela con otro.
¡Con Paco!
ROSA.
No hables así.
JUAN JOSÉ.
(_Á Isidra._) ¿Imagina usté que ando ignorante de sus manejos? Pues
estoy al cabo de la calle. Tan _enteráo_ vivo de lo que Paco trata con
usté, como de lo que usté viene á hacer á mi casa.
ISIDRA.
Te equivocas; te juro que...
JUAN JOSÉ.
No jure usté en falso. Usté se ha _conchaváo_ con el otro _pa_
engañarme á mí, _pa_ convencer á ésta. Y la ocasión no es mala. ¡Saben
_ustées_ que _estamos en las últimas_, que la desgracia nos tiene
_apretáos_ por el cuello, y se piensan que ella cederá, que yo bajaré
la cabeza, porque el hambre es mal consejero del querer, y la miseria
mala compañera de la honra; se figuran _ustées_ eso, y él se _achanta_
y espera, mientras usté le ayuda y viene á robarnos lo único que nos ha
_quedáo_, un poco de cariño!... Pues se equivoca él y se equivoca usté.
No sé cuál es ó cuál será el _sentir_ de Rosa; el mío... Hay algo que
me hará vender el hambre, la vergüenza.
ISIDRA.
(_Á Rosa._) ¿Ves que mal _pensáo_, hija?... (_Á Juan José._) ¿Me tienes
por capaz de favorecer á ésta con mala intención?... (_Como indignada y
sorprendida._) ¡Jesús, María y José!... No estás _en tus cabales_.
ROSA.
(_Á Juan José._) ¡Parece mentira que la insultes, cuando viene á darnos
su miaja de pobreza!
JUAN JOSÉ.
No la defiendas. ¡Mira que me resisto á dudar de tí, y si la defiendes,
voy á hacerlo! (_Con tono de amenaza. Á Isidra._) ¡Á usté!... Ya se lo
he dicho; no quiero nada que de usté venga. Sólo un favor la pido; que
salga de esta casa, y que no se le ocurra más poner los pies en ella.
ISIDRA.
¡Me echas de tu casa!
JUAN JOSÉ.
Sí, la echo á usté.
ROSA.
Pero...
JUAN JOSÉ.
¡No has oído que calles!... (_Á Isidra._) Nada quiero de usté, lo
repito; ni el pan que me ofrece, y se me atravesaría en la garganta
antes de tragarlo; ni esta lumbre maldita, (_Empuja con el pie el
brasero que medio se vuelca, en forma que gran parte de la lumbre se
desparrama por el suelo._) que me enciende la cara y me da más frío en
el corazón, que la nieve de la calle en el cuerpo. (_Avanzando hacia
Isidra._) ¡No quiero nada, nada más que no verla á usté; conque andando
y de prisa, si no prefiere usté que la coja por el cogote y la eche yo
mismo!...
ISIDRA.
(_Con temor._) ¡Basta, hombre, basta!... Ya me voy. (_Retrocediendo
hacia la puerta; cuando llega á ella, se detiene, se encoge de hombros
y le dice á Juan José._) ¡Tú te arrepentirás! (_Sale Isidra por el
fondo._)
ESCENA VII
ROSA y JUAN JOSÉ
JUAN JOSÉ.
(_Con desprecio._) ¡Arrepentirme!...
ROSA.
(_Con enfado._) No te arrepentirás, no hay _cuidáo_. Sería la primera
vez que te arrepintieses de tus prontos.
JUAN JOSÉ.