“El Diario”. El público de México lo saludó con entusiasmo, como á un
nuevo Mesías, pensando que, como los fundadores y directores de la
empresa eran extranjeros, esto daría al periódico una inviolabilidad
desconocida entre los congéneres nacionales. Pero ese entusiasmo duró
poco, porque el director, un tal Sánchez Ascona, dió pruebas de ser
tan menguado como hombre, como grande como chanchullero. Las tabernas
ínfimas eran su oficina editorial, y sus amigos políticos eran los
descastados y parásitos. Tenía la ambición de ser un Horacio Greely
mexicano, con una cartera de ministro en perspectiva; pero resultó un
borrachín vulgar, un patán y un ratero. En cierta ocasión el periódico
abrió una suscripción en favor de los niños pobres, y reunió $500
en efectivo, que fueron entregados á Sánchez Ascona. Hasta la fecha
“El Diario”, no ha podido averiguar siquiera el color de ese dinero.
Por último, fué echado á empellones, de la manera menos ceremoniosa
que darse puede, y lo reemplazó otra clase de hombre, un Señor Híjar
y Haro, amigo personal del Señor E. T. Simondetti, presidente de la
compañía.
Híjar y Haro, que estuvo empleado en la secretaría particular del
Presidente Díaz, y después fué pagador del ejército, es uno de los
hombres más notables de México. Desprovisto de todas las pasiones
características de la raza latina, parece más bien un anglosajón,
calmudo, desapasionado de gran paciencia y siempre listo á hacer
justicia; imparcial, sin prejuicios ni pequeñeces de ningún género.
Su único defecto es su admiración incondicional hacia Porfirio Díaz.
Sólo me puedo explicar esa adoración por su perfecta ignorancia de la
historia política del Presidente, pues Híjar y Haro ha pasado toda su
vida en Italia, donde su padre desempeñaba un puesto diplomático.
Híjar manejó el periódico casi como lo hubiera hecho Jesu Cristo, con
esta salvedad: el Salvador llegó á incomodarse y lanzó á los mercaderes
del templo; mientras que Híjar nunca ha llegado á incomodarse y no ha
intentado siquiera arrojar á los mercaderes del templo de la Justicia.
A pesar de todo eso, bajo la dirección de tal hombre “El Diario”
adquirió circulación y cierto prestigio; pero perdió su independencia,
convirtiéndose en una hoja neutral é incolora.
El fundador de “El Diario”, un italiano ex-cachorro repórter de
la prensa neoyorkina, es un tipo que no carece de interés. Vivo,
asimilativo, trabajador duro, bien parecido, fascinador tanto
de mujeres como de hombres, éste individuo posee muchas de las
características de los napolitanos y de los mexicanos; es diplomático,
con la frente audaz, pero en el fondo de su corazón es tan resbaladizo
y tímido como una anguila. Superficial como un tenor, con una intuición
femenil parecida al talento, con pobrísimo conocimiento de las gentes
y de la naturaleza humana, y de pequeñez infinitesimal en sus odios y
en sus amores. Comenzó pretendiendo una pitanza y acabó por embaucar é
hipnotizar á un banquero americano para que ministrase los fondos para
capitalizar á “El Diario”. En menos de dos años “El Diario” gastó más
de $650,000; pero ahora cubre sus gastos. En los comienzos el periódico
tuvo que capear todo género de temporales. El más encarnizado y peor
de sus enemigos fué “El Imparcial”. El golpe más recio que recibió “El
Diario” le vino de parte de Reyes Espíndola, quien procuró matarlo tan
luego como apareció. Esto aconteció cuando Sánchez Ascona era todavía
director de “El Diario”. El caso es que Sánchez Ascona cochechó á
uno de los empleados del telégrafo para que proporcionara á nuestro
periódico los telegramas procedentes de Guatemala, los que el Ministro
de Relaciones, Ignacio Mariscal, se negaba á comunicarnos. Cuando
Mariscal vió los telegramas del Ministro mexicano acreditado cerca del
gobierno de Guatemala, publicados en nuestro periódico, aun antes de
que él los hubiera abierto, se quedó maravillado, al principio, pero
en seguida entabló procedimientos contra el director del periódico por
hurto y divulgación de secretos de Estado. El director Sánchez Ascona,
como diputado al Congreso de la Unión, tenía que ser juzgado por sus
pares, es decir, por la Cámara de Diputados. Como de costumbre, el caso
quedó pendiente por varios meses, durante los cuales los anunciadores,
temiendo la próxima muerte del periódico, se negaron á renovar sus
contratos.
Pero en esto se supo que Elihu Root miembro del Gabinete americano,
iba á visitar á México, y el mismo día de su llegada á la capital
arregló Porfirio Díaz un espectáculo, para demostrar al representante
del gobierno de los Estados Unidos con qué justicia, templada por
la clemencia, se trata á los periodistas en México. La farsa fué
excesivamente bien desempeñada; se reunió el Congreso, erigiéndose en
Gran Jurado Nacional, y la comisión respectiva declaró que no habiendo
secretos en una república, no podía haber secretos de Estado, y, por
lo tanto, no había delito que perseguir. El Señor Sánchez Ascona fué
absuelto por unanimidad.
Más tarde, cuando “El Diario” comenzó á publicar datos sobre la
sensacional quiebra de Jacoby, fué llamado violentamente nuestro
director, Híjar y Haro, por el Ministro de Hacienda, José Ives
Limantour, quien de la manera más atenta, pero más firme, le indicó
que desistiese de seguir haciendo “insinuaciones” en el asunto Jacoby,
ofreciéndole que los tribunales arrastrarían al banquillo á todos los
culpables, y los trataría conforme á la ley. Pero todo el mundo, hasta
el último rata reporteril de “El Diario”, sabía que Jacoby, que había
robado y cuya quiebra ascendía á millones de pesos, estaba oculto en
una hacienda de Íñigo Noriega, el socio de Porfirio Díaz. Todo el mundo
sabía que la publicación de la verdad en el negocio Jacoby envolvería
á la camarilla del Presidente Díaz y á Limantour en un gran escándalo
de otro pequeño Panamá; que Jacoby no sería jamás juzgado, y que los
tribunales jamás pondrían la mano en asunto tan delicado, á pesar de
las promesas de Limantour.
Una carta, corta, pero muy política, de parte del secretario particular
del Presidente, tenía siempre la mayor eficacia para cortar el hilo de
nuestros mejores relatos. Bien sabíamos, por supuesto, que la exquisita
y amable petición del secretario del Presidente era casi una orden y
equivalía al lápiz rojo de la censura.
Cuando Telesforo García, un español modelo de inmoralidad, un tipo del
bandido financiero, fué aprehendido, acusado de abuso de confianza,
recibimos la visita del administrador de la fábrica de San Rafael, la
monopolizadora del papel, quien solicitó que no se publicara la noticia
de la prisión, á lo que accedió el periódico, comprendiendo que esa
súplica equivalía á una amenaza.
Para que mis lectores se formen una idea aproximativa, no completa, del
carácter de este Don Telesforo García, voy á relatarles un episodio
de su vida financiera. Allá por el año de 1867, cuando se trasladaba
el cadáver del Emperador Maximiliano, de Querétaro, donde el Príncipe
fué fusilado, á México, Telesforo García era uno de los capataces de
una empresa de carros, propiedad de Don Juan Martínez Zorrilla, un
español de buena ley. García concibió el proyecto de robarse el cadáver
del infortunado Príncipe austriaco, para venderlo después por una
fuerte suma de dinero al Emperador de Austria, hermano de Maximiliano.
Pero cometió la torpeza de comunicar su proyecto al íntegro Martínez
Zorrilla, quien no sólo lo desaprobó, sino que, conociendo el carácter
de Telesforo y desconfiando de él, fué á participar al Presidente
Juárez de lo que se trataba, para que lo impidiera á toda costa. Juárez
hizo que se duplicara la escolta que conducía el cadáver, frustrando el
acto de bandidaje concebido por Telesforo García, hombre capaz de todo
con tal que le produzca dos pesetas. La empresa de carros de Martínez
Zorrilla era la encargada de la traslación del cadáver, y García el
jefe de la expedición. Telesforo García ha hecho su fortuna por medio
de varias quiebras fraudulentas.
Cuando “El Diario” intentó publicar, á simple título de información,
los nombres de la juventud dorada, descendiente de los hombres de mayor
influencia en México, con los pormenores de una corrida de toros dada
por ellos en honor de algunas rameras de bajo coturno, con la ayuda
oficial de soldados y bomberos, esos jóvenes, capitaneados por Enrique
Fernández Castelló, hijo del Ministro de Justicia, y por Alberto
Braniff, millonario y torero de afición, ejercieron presión en la
empresa monopolizadora del papel para que dejase de ministrarnos el que
necesitábamos, en caso de que publicásemos la noticia.
Otra vez, cuando “El Diario” publicó la noticia de una arbitrariedad
ultrajante, consistente en la prisión de todos los concurrentes á un
baile, sin exceptuar á los músicos, el jefe de la policía llamó al
director de nuestro periódico á su oficina y le preguntó si tenía
rencor ó mala voluntad en su contra.
Todo ataque en contra de cualquier departamento del gobierno, ó de
cualquier empleado, se considera como un insulto personal, y con
frecuencia da motivo para un duelo.
Una vez publicó “El Diario” una crítica sobre las labores de Justo
Sierra, Ministro de Instrucción pública, y se presentó en nuestras
oficinas uno de sus secretarios para reprocharnos nuestro atrevimiento
de criticar al honorable Señor Ministro.
Desde el momento en que el Presidente coloca á cualquier individuo al
frente del gobierno de un Estado, ó en cualquiera otro puesto público,
tal individuo cree que está allí por la gracia de Dios, y no tolera la
menor crítica, por más justa que sea.
Personas honradas han asentado que los funcionarios públicos viven en
casa de cristal. Así lo creen también los funcionarios y empleados
mexicanos, y por eso prohiben que les tiren piedras. Lo más que toleran
es que se les arroje ramilletes de flores, pues aceptan todo cumplido,
toda clase de adulaciones, por más burdas y repugnantes que sean, y
al recibirlas hacen demostraciones extravagantes de afecto, como las
viejas solteronas cuando se les dice una galantería sobre sus marchitos
encantos.
En 1906, merced á los esfuerzos del Sr. Simondetti, se indujo á
la Prensa Asociada á ir á México. Ese sindicato de noticias no ha
contribuído al progreso de los conocimientos del mundo, dando cuenta
de los asuntos de México, porque sus representantes apenas hablan
el español, nunca se reunen con mexicanos y, por consecuencia, se
encuentran imposibilitados para informar al cuartel general de New York
sobre la exactitud de las noticias que envían. En el asunto de Orizaba
remitieron las noticias que el gobierno quiso que circularan, y nada
más. El gobierno mexicano tiene un censor en la oficina de la Prensa
Asociada, quien lee todos los telegramas que remite fuera del país.
Bastará una pequeña anécdota para demostrar como el New York Herald
consiguió uno de las mejores correspondencias de la Prensa Asociada.
Mr. Nicholas Biddle, corresponsal que el Herald tiene para la guerra,
pasó una semana en México. Una noche fué con Mr. Carson, el encargado
de la Prensa Asociada, á las oficinas del “Mexican Herald”, para
enterarse de las pruebas en español remitidas por “El Imparcial” y
el gobierno. Mr. Biddle es un caballero americano muy erudito en
español; leyó con detenimiento las pruebas, lo que no hizo Mr. Carson,
y mientras éste andaba bobeando por la oficina, Mr. Biddle se embolsó
las pruebas que contenían una larga disertación sobre la consolidación
de los ferrocarriles mexicanos, escrita por J. I. Limantour. Carson
se fué á acostar á dormir, pero Biddle se retiró á su hotel y estuvo
trabajando toda la noche, traduciendo la noticia, la que telegrafió en
la misma noche al New York Herald. Este periódico alcanzó un gran éxito
con su noticia, mientras que la Prensa Asociada se devanaba los sesos
á la mañana siguiente, pensando qué habría pasado con su corresponsal.
Mr. Carson fué llamado á cuentas para que explicase su conducta, y
mientras tanto Mr. Biddle sigue riéndose para su capote con motivo del
asunto de la consolidación de los ferrocarriles.
Cuando hace unos cuantos meses ocurrió la rebelión de “Las Vacas”, el
gobierno mexicano estaba tan atolondrado y desorientado, que no podía
ni quería dar informes de ninguna especie. Fué incapaz de comprender
que una declaración abierta y franca le hubiera hecho menos daño que
su consuetudinaria conducta de misterio tonto. “El Diario” publicó
las noticias tres días después que todo el mundo las conocía, pues
Mr. Simondetti se encontraba muy azorado con motivo de una acusación
hecha contra el periódico por el jefe de la policía. Esta última
dificultad fué zanjada en un cuarto de hora; pero “El Diario” perdió
la oportunidad de publicar la mejor noticia del año, por no tener á su
frente á un verdadero periodista.
El único verdadero periodista de cuantos han trabajado en México, es
Mr. Thomas J. O’Brien, quien habla cuatro lenguas, y tiene el olfato de
las noticias. En la actualidad se encuentra al servicio del “New York
Herald”; pero en la época á que me refiero trabajaba en “El Diario”.
Una noche recibimos el soplo de que el Ministro de Guatemala había
recibido un telegrama de importancia, relacionado con la tentativa de
asesinato del Presidente Estrada Cabrera. Como no se podía confiar en
los reporteros mexicanos para conseguir informes del caso, se comisionó
á O’Brien para que, metiéndose por la puerta ó por la gatera, recogiese
los pormenores. Corrió inmediatamente á casa del Ministro, y á pesar
de que era la una y media de la madrugada, solicitó verle sin pérdida
de tiempo. Cuando el Ministro apareció en su balcón, en paños menores,
le informó O’Brien de que “El Diario” había recibido un telegrama
de Guatemala con detalles del asesinato de Estrada Cabrera.--“Es
falso” exclamó el Ministro.--“Está bien”, repuso O’Brien, “pero si
no nos dice Vd. la verdad, publicaremos la noticia tal como la hemos
recibido”. “Espérese Vd. un momento”, dijo el Ministro, “y le enseñaré
el telegrama que acabo de recibir”. Y, en efecto, le leyó á O’Brien el
telegrama oficial de su gobierno, con todos los detalles del atentado.
Al día siguiente apareció la noticia en la primera página de “El
Diario” como una primicia, y todavía el inocente Ministro se está
haciendo cruces sobre cómo consiguió el periódico el referido telegrama.
Si “El Diario” hubiese aceptado todo el dinero que se le ha ofrecido
para que abandone la campaña contra las corporaciones avaras y poco
escrupulosas, no necesitaría ya de la ayuda del gobierno mexicano.
La campaña más agresiva y violenta que ha llevado á cabo fué contra la
compañía de los Tranvías de México, compañía americana, manejada por un
Mr. Brown, de Boston. El número de los matados y estropeados por los
carros en un año ascendió á la terrífica cantidad de 765, negándose
la compañía á gastar en salvavidas. Yo sugerí la idea de atacar á
los ministros del gabinete para forzarlos á obligar á la compañía á
mejorar las condiciones existentes; pero ante esta idea el presidente
y el director de “El Diario” sufrieron un ataque de gota del que no se
restablecen aún.
La compañía de referencia ofreció á “El Diario”, por medio de Pablo
Macedo, abogado de la dicha compañía, diez mil pesos con tal de que
diese término á la campaña.--La Waters Pierce Oil Co. ofreció á Mr.
O’Brien veinte mil pesos por desistir de la campaña emprendida contra
ella y la Standard Oil Co.
Los señores Pearson and Son estaban dispuestos á tomar acciones de
“El Diario” por valor de cincuenta mil pesos, con tal de obtener la
ayuda del periódico en una campaña que tenía por objeto desterrar del
país á la Waters Pierce Oil Co. Esos señores son los que han construído
el ferrocarril de Tehuantepec y los puertos de Salina Cruz y de
Coatzacoalcos, por cuenta del gobierno mexicano, y han gastado millones
de pesos en la extracción y refinamiento de petróleo mexicano.
Por más que han hecho Porfirio Díaz y su camarilla, así como los
gobernadores de los Estados, para matar la prensa independiente, ésta
surge tan irrepresible é incorregible como de costumbre. Han apaleado,
sometido á puntapiés, desterrado y asesinado á cientos de periodistas,
los mártires de una causa desesperada, y, sin embargo, no logran
exterminar la tribu, para desesperación del gobierno.
Antes de cada farsa de reelección, lo que antes acontecía cada cuatro
años, y ahora cada seis, á guisa de maniobras militares, se hace una
expedición general en el país con el objeto de capturar, aprehender y
destruir todos los periódicos independientes, como lo hace la policía
de New York con los rateros que se encuentran en la ciudad, la víspera
de los días de fiesta. Sólo que en México las cosas se hacen á la
viceversa.
En 1902, con el objeto de matar toda oposición á las elecciones
próximas, fueron perseguidos ó sometidos á juicio por asuntos
triviales, los siguientes periódicos:
EN LA CIUDAD DE MÉXICO.
1. El Hijo del Ahuizote.
2. El Paladín.
3. Onofrof.
4. El Alacrán.
5. La Nación Española.
6. El Diario del Hogar.
7. El Universal.
EN GUADALAJARA.
8. Juan Panadero.
9. La Tarántula.
10. Diógenes.
11. Jalisco Libre.
12. La Libertad.
13. El Correo de Jalisco.
14. La Gaceta.
EN MORELIA.
15. El Corsario.
EN HERMOSILLO.
16. El Sol.
17. La Luna.
18. La Libertad.
19. El Demócrata.
20. El Combate.
EN DURANGO.
21. La Evolución.
EN IRAPUATO.
22. El Avance.
EN ZACATECAS.
23. El Sentinela.
EN PACHUCA.
24. El Desfanatizador.
EN GUANAJUATO.
25. El Barretero.
26. El Sable.
EN SAN LUIS POTOSÍ.
27. La Opinión Pública.
28. El Demófilo.
EN MATEHUALA.
29. La Avispa.
30. El Demócrata.
31. El Progreso.
EN MONTERREY.
32. La Democracia Latina.
33. La Redención.
34. Justicia y Constitución.
EN LINARES, N. L.
35. El Trueno.
EN CHIHUAHUA.
36. La Voz de Altamirano.
EN TEZIUTLAN.
37. El Cuarto Poder.
EN TAMPICO.
38. Bala Rasa.
39. Hoja Blanca.
Esta es sólo una parte de la lista negra de la morgue periodística. Con
este período coincide la persecución á los clubs liberales, los que en
dicho año fueron suprimidos por el general Bernardo Reyes, Ministro de
la Guerra, por orden de Porfirio Díaz.
El 24 de Enero de ese año el Diputado Heriberto Barrón,--quien por lo
que toca á la raza es una mezcla de indio y de negro, y, por lo que
respecta á la política, es una mezcla de esbirro y de descamisado;
Scarpia que se disfraza de Marat, según la conveniencia del momento,
y brazo derecho de Bernardo Reyes;--Heriberto Barrón, repito, hacía
un viaje hacia el norte del país; dejó en San Luis Potosí al General
Reyes, y acompañado con algunos soldados disfrazados de campesinos,
se metió en el club “Ponciano Arriaga”, club político, y promovió un
escándalo con el objeto de que los directores de dicho club fuesen
aprehendidos y mandados á la cárcel. Dicho club estaba reconocido
por todos los demás clubs liberales (existían en todas las ciudades
principales del país y aun en la ciudad de México) como cabeza y
centro de la confederación de todos los liberales. De esta manera
mató Porfirio Díaz la organización liberal en su propia cuna, en la
fuente de su poder. ¡¡¡Este es el modo que tiene el viejo hipócrita de
preparar _una elección general y unánime por la voluntad del pueblo_!!!
Napoleón Bonaparte, que era un genio, declaró en cierta ocasión que si
dejaba en libertad á la prensa de Francia, su poder no duraría tres
semanas. Porfirio Díaz, que no es un genio, á no ser para la chicana y
la inquisición, no duraría más de tres días si dejase en libertad á la
prensa mexicana.
Bolivia es el ideal para Porfirio Díaz, sobre este punto. En esa
república publicó el General Arce un decreto, en “El Diario Oficial”,
declarando que: “La prensa está en libertad de escribir sobre todo,
menos sobre asuntos religiosos y del gobierno.”
El ensueño de Porfirio Díaz sería una prensa sin comentarios, sin más
que noticias de todas partes del mundo y lo que el gobierno permitiese
bondadosamente que se publicase, con el aditamento de himnos y de
hosannas en loor suyo.
Con buen tiempo todos podemos ser pilotos.
BACON.
Los Partidos Políticos.
Al decir “partidos políticos” uso de una palabra convencional, puesto
que en México, como fácilmente se comprende, no existen ni pueden
existir partidos políticos, desde el momento en que por más de treinta
años ha estado gobernado por un mismo individuo como señor absoluto.
Para que existan partidos políticos es indispensable la concurrencia
de la opinión pública, y, como lo he probado ya, ésta fué ahogada por
Porfirio Díaz desde los comienzos de su carrera política.
Durante muchos años la sociedad mexicana estuvo dividida en dos
partidos opuestos, á saber: el reaccionario, encabezado por el clero y
sostenido por el ejército, así como por los españoles y los que tenían
pretensiones á la nobleza; y el liberal, republicano y con tendencias
revolucionarias, representado por los hombres más talentosos del país,
en el que estaba afiliada la clase media, la que allí, como en todas
partes, era la de mayores energías y más altos ideales.
El partido reaccionario, después de haber sido derrotado por Benito
Juárez en la sangrienta guerra llamada de “los tres años” (1857-60) fué
el que llevó á México la Intervención francesa y el funesto ensayo del
Imperio, el que concluyó con el fusilamiento de Maximiliano de Austria.
Con la muerte del Emperador y de sus dos capitanes más prominentes, el
partido reaccionario quedó vencido y desorganizado; pero el clero quedó
en pie y tuvo buen cuidado de mantener el fuego bajo las cenizas, y en
el silencio del misterio se dedicó á adquirir de nuevo sus cuantiosos
bienes y á reconstituirse, sin tomar parte activa en la política, pero
preparándose cautelosamente á fin de ser un factor poderoso cuando
llegue la ocasión, esto es, cuando muera Porfirio Díaz.
El partido liberal se desorganizó después del triunfo del General
Díaz, quien tuvo el cuidado de irlo debilitando, sin matarlo por
completo, porque podría necesitarlo para contrarrestar los ímpetus del
reaccionario en caso de que éste se atreviese á entrar en acción.
Los hombres prominentes del antiguo partido liberal fueron
desapareciendo, bien por muerte natural, bien por medio del asesinato,
como lo he demostrado; y los que sobreviven se encuentran en lamentable
estado de decrepitud física y moral. Los generales Corona, García de
la Cadena, Mejía, Régules, Escobedo, Juan N. Méndez, y todos aquellos
que figuraron en las campañas contra la reacción y el Imperio,
murieron ya. Los apóstoles de la libertad, Ignacio Ramírez, Ignacio M.
Altamirano, Guillermo Prieto, Riva Palacio, Zamacona, José M. Iglesias,
Ignacio Vallarta, etc., han fallecido durante el largo reinado de
Porfirio Díaz. Quedan sólo dos individuos: Ignacio Mariscal y Félix
Romero, momificado el uno en el Ministerio de Relaciones y el otro
en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Ambos son honorables y
no tienen más defecto que el de haberse dejado engañar por el Gran
Mistificador.
El partido clerical conserva y aumenta su influencia por medio de la
prensa, pues sostiene buenos periódicos en la capital y en los Estados,
mientras que el partido liberal ha perdido su representación en la
prensa, pues unos se han vendido á Porfirio Díaz y otros se han visto
obligados á suspender la publicación de sus periódicos con motivo de
las persecuciones del gobierno. El único periódico que sobrevive es “El
Diario del Hogar”, arrastrando una existencia llena de tribulaciones
y de ansiedades, habiendo sufrido su director y propietario, Filomeno
Mata, varios ingresos en la cárcel.
El incidente que paso á relatar dará un ejemplo de los medios
insidiosos y traidores de que se valen los clericales para suprimir
la oposición liberal.--En 1901 un sacerdote llamado Joaquín Pérez,
que contaba 50 años de edad, escribió á Monseñor Averardi, Delegado
Apostólico, una carta solicitando la reducción de la tarifa para la
administración de los sacramentos. Esa petición estaba subscrita
por millares de católicos. Averardi le contestó diplomáticamente que
consultaría el caso con el Papa. Pero en lugar de hacerlo así, dió una
comida privada á Mucio Martínez, gobernador de Puebla, y convenció
á éste de que Pérez estaba fraguando una conspiración política. El
gobernador dió la orden de que el infortunado sacerdote fuese asaltado
de noche en su parroquia de Atlixco, golpeado y metido en la cárcel. Le
confiscaron todas sus propiedades y sus muebles y lo tuvieron encerrado
durante catorce meses, padeciendo de reumatismo. Casualmente, y gracias
á los esfuerzos de su hermana, quien solicitó y obtuvo la intervención
de su tío Ignacio Mariscal, logró verse en libertad.
Mucho se ha dicho respecto del “partido científico”; pero la verdad es
que éste no ha existido jamás, al menos como verdadero partido, y lo
más propio sería considerar á este grupo de especuladores políticos
constituido para explotar á la nación como “Chanchuyero científico”.