La fama de este Príncipe[27] de tal modo se habia extendido

NOTA DE TRANSCRIPCIÓN

* Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han

convertido a MAYÚSCULAS.

* Los errores de imprenta han sido corregidos.

* La ortografía del texto original ha sido respetada, con

normalización de las variantes a la grafía más frecuente y tildado

de las mayúsculas.

* Las notas a pie de página han sido renumeradas y colocadas al final

del tomo.

* Se han reubicado muy ligeramente algunas ilustraciones para que no

interrumpan un párrafo. Asimismo se han dividido algunos párrafos

para alojar una ilustración.

* Se ha añadido al final un listado de las estampas numeradas que

ilustran el tomo. Las estampas del libro Nono no aparecen en el

original en el orden de su numeración.

* Las páginas en blanco han sido eliminadas.

METAMORFÓSEOS

ó

TRANSFORMACIONES DE OVIDIO.

METAMORFÓSEOS

ó

TRANSFORMACIONES DE OVIDIO,

TRADUCIDOS AL CASTELLANO

CON ALGUNAS NOTAS PARA SU INTELIGENCIA,

_POR DON FRANCISCO CRIVELL._

NUEVA EDICION.

TOMO III.

MADRID EN LA IMPRENTA REAL

AÑO DE 1819.

ÍNDICE

de las Fábulas contenidas en este tomo.

LIBRO OCTAVO.

Pág.

ARGUMENTO. 1

FÁBULA PRIMERA. _Minos pone sitio á Megara._ 3

FÁB. II. _Teseo mata al Minotauro._ 12

_Dédalo hace alas para sí y su hijo Icaro._ 15

FÁB. III. _Icaro cae al mar._ 17

FÁB. IV. _Perdix convertido en ave._ 20

FÁB. V. _Meleagro mata el jabalí de Calidonia._ 23

FÁB. VI. _Teseo se detiene en casa de Aqueloo._ 41

FÁB. VII. _Filemon y Baucis._ 46

_La hambre se apodera de Eresicton._ 53

FÁB. VIII. _Metra toma diferentes formas._ 59

LIBRO NONO.

ARGUMENTO. 62

FÁBULA PRIMERA. _Combate de Aqueloo._ 64

FÁB. II. _Rapto de Deyanira._ 71

FÁB. III. _Muerte de Hércules._ 75

FÁB. IV. _Apoteosis de Hércules._ 83

FÁB. V. _Lucina retarda el parto de Alcmena._ 85

FÁB. VI. _Driope convertida en lotos._ 89

FÁB. VII. _Biblis transformada en fuente._ 98

FÁB. VIII. _Ifis transformada en varon._ 113

LIBRO DÉCIMO.

ARGUMENTO. 122

FÁBULA PRIMERA. _Eurídice muere de la mordedura de una

serpiente._ 124

FÁB. II. _Bajada de Orfeo á los infiernos._ 126

FÁB. III. _Orfeo toca la lira en el monte Rodope._ 131

FÁB. IV. _Cipariso transformado en ciprés._ 133

FÁB. V. _Rapto de Ganimedes._ 136

FÁB. VI. _Jacinto transformado en flor._ 138

FÁB. VII. _Los Cerastes convertidos en toros._ 142

FÁB. VIII. _Pigmalion._ 144

FÁB. IX. _Mirra convertida en árbol._ 149

FÁB. X. _Nacimiento de Adonis._ 161

FÁB. XI. _Venus y Adonis._ 163

FÁB. XII. _Venus y Adonis sobre el cesped._ 166

FÁB. XIII. _Carrera de Hipomenes y Atalanta._ 167

FÁB. XIV. _Hipomenes convertido en leon y Atalanta en leona._ 176

FÁB. XV. _Muerte de Adonis._ 179

LIBRO ONCENO.

ARGUMENTO. 181

FÁBULA PRIMERA. _Orfeo despedazado por las Bacantes._ 183

FÁB. II. _Baco deja la Tracia._ 188

FÁB. III. _Apolo y Midas._ 192

FÁB. IV. _Proteo predice las bodas de Tetis y Peleo._ 197

FÁB. V. _Naufragio de Ceix._ 208

FÁB. VI. _Hesperia huye de Esaco._ 228

[Ilustración]

LIBRO OCTAVO.

_ARGUMENTO._

Despues que Minos puso sitio y tomó á Megara, Niso fue transformado

en gavilan y Escila en cogujada. Desde aqui aquel volvió á Creta,

donde estaba el Minotauro encerrado en el laberinto. Habiendo muerto

á este Teseo, y volviendo con Ariadna á su patria, la abandonó en

el camino. De aqui la llevó Baco, y colocó su corona en el cielo.

Queriendo Icaro volar en pos de su padre de la isla de Creta, cayó y

se ahogó en el mar; y cuando estaba aquel haciéndole las exequias,

fue visto por Perdix, en que poco antes habia sido transformado Acalo

su sobrino. Llamado Teseo para matar el jabalí de Calidonia, murió

Meleagro, y fueron transformadas sus hermanas en aves, llamadas de su

nombre Meleágrides. Despues, hospedado por Aqueloo, vió á las Náyades

convertidas en las islas Equinades. La posibilidad de estos hechos

la prueba Lelex con el egemplo de Baucis y Filemon transformados en

árboles, su casa en templo, y su aldea en laguna. Finalmente añade

Aqueloo las transformaciones de Proteo y Metra, y las suyas, de que

habia usado en otro tiempo cuando se vió oprimido de Hércules por causa

de Deyanira.

[Ilustración: (82) La enamorada Escila es despreciada de Minos por

traidora.]

FÁBULA PRIMERA.

_MINOS PONE SITIO Á MEGARA._

Luego que el lucero de la mañana, ahuyentadas las tinieblas de la

noche, restituyó el claro dia, dejó de soplar el solano, y las nubes

llovedoras se iban levantando, el suave austro facilita la navegacion

á los soldados de Eaco y á Céfalo, quienes habiéndose hecho á la vela,

arribaron felizmente á Atenas en menos tiempo que lo que creian. Entre

tanto Minos, tomadas y asoladas las playas de Megara, dirigió la fuerza

de su egército contra esta ciudad, en que reinaba Niso,[1] cuya suerte

y seguridad del reino consistia en un cabello encarnado[2] que tenia en

medio de las canas. Ya habia seis veces la luna llenado su redondez,[3]

y aun duraba el sitio, sin que la fortuna, que entre los dos volaba,

se hubiese declarado por ninguno de los dos partidos. Era el Real

palacio de Megara una torre edificada sobre sus muros armoniosos, en

los cuales se cuenta que Apolo dejó depositada su dorada lira, y que

su sonido se comunicó á las piedras. Escila[4] en tiempo de paz solia

subir muchas veces á esta torre, y entretenerse en hacer resonar las

piedras de los muros, tirando á ellos algunas piedrecillas. Durante

el sitio iba tambien por ver desde alli los ataques y encuentros

sangrientos de Marte que se daban al rededor de la ciudad. Como hacia

mucho tiempo que el enemigo estaba acampado, ya conocia por sus nombres

á los principales oficiales, sus armas, caballos, y modo de pelear.

Especialmente habia observado á su capitan[5] con mas atencion de la

que era menester para su tranquilidad. En su opinion Minos si cubria

su cabeza con el morrion soberbio, con su penacho era gallardo; si

tomaba el refulgente escudo, le caia bien; si lanzaba el asta con

sus brazos, alababa sus fuerzas y destreza, y juraba que Apolo no

era mas diestro en disparar del arco las saetas. Cuando se quitaba

el morrion para montar á caballo,[6] y sujetarle haciendo egercicio,

salia fuera de sí, y llamaba dichoso al dardo que él manejaba, y

venturosas á las riendas que tocaba con la mano. La venian ímpetus

(si la fuera decente) de salirse á pasear entre el egército enemigo,

y arrojarse de lo alto de la torre por caer en el campo de su amante;

en fin estaba dispuesta á abrirle las puertas de bronce de la ciudad,

ó á egecutar otra cualquiera cosa que fuese en favor de Minos. Sentada

en lo alto de la torre, y tendiendo la vista al pabellon Real de su

enamorado: „No sé, decia, si debo alegrarme ó entristecerme con esta

deplorable guerra: siento á la verdad que Minos sea enemigo de quien

le ama; pero si no hubiera guerra ¿cómo yo le pudiera conocer? ¡Oh!

¡si quisiera terminarla aceptándome á mí en rehenes, y que siendo yo

prenda de la paz me llevase consigo! Gallardo Minos, Príncipe el mas

hermoso de todos, si la que te dió á luz[7] fue tan hermosa como tú,

con razon se enamoró Júpiter de ella. Seria yo muy feliz si conducida

en alas por los aires pudiese volar á tu campamento, y manifestándome

á tí, y confesándote mi amor, preguntarte qué querrias te diese por

ser mio, que todo seria otorgado, con tal que no pidieses el reino de

mi padre. Porque mejor quisiera perder las esperanzas de mi amor,

que conseguirlas por una traicion. Aunque muchas veces sucede que la

clemencia del vencedor hace mas suave la condicion de los vencidos. La

guerra que Minos hace para vengar la muerte de su hijo[8] es justa; y

puesto que la razon y fortuna estan de su parte, no podremos dejar de

ser vencidos; y si este fuese el fin y la suerte de esta ciudad, ¿para

qué ha de allanar Marte los muros, pudiendo hacerlo mi amor? De este

modo podrá vencer sin muertes, sin dilacion, y sin exponerse á recibir

ninguna herida. ¡Ay de mí! Mucho temo, querido Minos, la suerte que

rezelo, y es que alguno sin conocerte te hiera; digo sin conocerte,

porque ¿quién será tan cruel que sabiendo quién eres, se atreva á

dirigir su lanza contra tí? Elijo y me resuelvo á entregarme, dando mi

patria en dote, y poner asi fin á esta guerra; pero de nada sirve el

estar resuelta á ello: las puertas de la ciudad estan cerradas, y mi

padre tiene las llaves; á él solo temo; solo él retarda mis deseos.

¡Ojalá permitieran los Dioses que me hallara sin padre! Pero cualquiera

se figura que es un Dios; la fortuna se burla de los vanos ruegos.

Cualquiera otra, abrasada en un amor tan grande, ya hubiera vencido

todos los obstáculos que se opusiesen á su pasion; y ¿qué? ¿tendré yo

menos valor para vencerlos, aunque me sea necesario pasar por entre

el fuego y el hierro? Pero no tengo necesidad de exponerme á tantos

riesgos; solo necesito del cabello de mi padre. Él será para mí mas

precioso que el oro; hará mi felicidad, y pondrá colmo á mis deseos.”

Estando Escila revolviendo en su imaginacion estos pensamientos,

sobrevino la noche, y las tinieblas, tan propias para fomentar nuestras

inquietudes, aumentaron su atrevimiento. Apoderábase ya el primer

sueño de los cuerpos fatigados con los trabajos del dia, y he aqui la

ocasion en que entrando esta pérfida sin ser sentida en el aposento de

su padre, le corta (¡oh atrocidad!) el fatal cabello. Ufana la Princesa

con este precioso depósito, á quien el crímen daba nuevo atrevimiento,

sale de la ciudad apresurada; y atravesando el campo enemigo, llega

á la tienda de Minos, á quien, sorprendido de verla, habló de esta

manera: „Príncipe, no te admires de ver á la hija de Niso, que viene

á entregarte su patria y Dioses: el amor ha sido el consejero de esta

maldad. Toma este purpúreo cabello, prenda de mi amor, y no eres dueño

de él solo, sino de la vida de mi padre; solo tu corazon te pido por

premio de un servicio tan importante.” Minos, turbado con la idea de

tal maldad, rehusando recibirle, la dijo: „¡Deshonra de nuestro siglo,

los Dioses te destierren de su reino, y te nieguen el beneficio de

la tierra y el mar![9] Ciertamente yo no consentiré que la isla de

Creta,[10] en que Júpiter tuvo su cuna, y que es mi reino, admita en su

recinto á quien cometió tal atrocidad.”

Despues que hubo dicho estas palabras se hizo dueño de la ciudad,

impuso leyes á los vencidos,[11] y mandó dar la vela á sus naves

forradas de cobre. Viéndose Escila tan cruelmente despreciada, se

entrega á todos los transportes de su ira; y dando rienda á su furia,

con el cabello desgreñado y las manos extendidas, exclama diciendo:

„¿Adónde huyes, ingrato? ¿Por qué no llevas contigo á la que te ha

procurado la victoria? ¿Tú sabes, oh pérfido, que te he preferido á mi

padre y patria, y sin embargo me abandonas con tanta vileza? ¿Qué?

¿no pudieron moverte ni mi amor, ni el fatal presente que te hice, ni

el colocar en tí todas mis esperanzas? ¡Desgraciada de mí! ¿Adónde me

volveré ya desamparada? ¿Á mi patria? Ya no existe para mí; y aunque

existiera, mi perfidia me ha desterrado para siempre de ella. ¿Á la

vista de mi padre, que sacrílega te entregué? Los ciudadanos dignamente

me aborrecen; los comarcanos se horrorizan de un egemplo semejante,

y con razon temerian que egecutase con ellos igual vileza. Me he

desterrado de toda la redondez de la tierra por solo la isla de Creta.

¿Y tienes valor para impedirme la entrada en ella? ¿Asi me desamparas,

ingrato? No, no eres hijo de Europa, sino nacido quizá en alguna de las

Sirtes,[12] ó de una tigre de Armenia, ó de Escila,[13] que ocasiona

mil naufragios. No, no eres hijo de Júpiter, como presumes, convertido

en toro para robar á tu madre, porque esto es solo una vana ficcion

que inventaron para darte un orígen ilustre. El toro á quien debes tu

nacimiento era mucho mas que fiero, y nunca conoció los efectos de

amor. ¡Oh padre mio, dame el castigo que merezco! ¡y vosotros muros que

poco há he vendido, regocijaos al verme sufrir con razon tantos males!

Confieso que los merezco, y que soy digna de morir; pero ya que muera

sea á manos de aquellos á quienes he ofendido. ¿Por qué tú que venciste

con mi delito quieres ahora tomar venganza de él? El crímen que yo he

cometido ha sido en beneficio tuyo, y contra mi padre y patria. ¡Oh!

¡y qué digna es de tenerte por marido aquella que concibió por un toro

un amor detestable, y que dió á luz al monstruo Minotauro![14] ¿Pero

mis tristes lamentos llegan acaso á tus oidos? Los vientos se llevan

mis vanas palabras, del mismo modo que impelen y esparcen tus naves.

Ya, ya no me admiro de que tu muger Pasifae antepusiese un toro á tu

amor. Mas fiero eras tú que él. ¡Ay infelice de mí! ¡Cuán alegre se

aleja el ingrato surcando las olas, que impelen los remos causando tan

grande ruido! Pero en vano procuras alejarte de mí; te seguiré á todas

partes, y asida á la popa de tu nave, atravesaré los anchurosos mares.”

Apenas acabó de decir esto cuando se arroja al mar, é infundiéndola

fuerzas el amor, llega nadando hasta la nave de Minos, en la que se

detiene á pesar suyo. Niso, su padre, que ya se habia transformado en

gavilan, la vió desde el medio de los aires, sostenido en ellos con

sus alas rojas, y arrojándose sobre ella, procura despedazarla con

su encorvado pico; pero ella con el temor deja la popa, y en vez de

caer al mar se sostiene en el aire bajo la forma de aquella especie de

cogujada, que trae su nombre del cabello que cortó á su padre.

FÁBULA II.

_TESEO MATA AL MINOTAURO._

Minos luego que desembarcó en Creta hizo á Júpiter el sacrificio de

cien toros que le tenia ofrecido, y colgó en su palacio los despojos

y trofeos[15] de su victoria. Entre tanto crecia de dia en dia el

Minotauro, monstruo de dos formas, y oprobio de la casa de este

Príncipe. Era fruto del loco amor de Pasifae. Minos determinó tener

oculta esta afrenta de su casa, encerrándole en el laberinto que

edificó Dédalo, famoso arquitecto, con unas calles intrincadas, en que

se perdia el tino con sus vueltas y revueltas.[16]

[Ilustración: (83) Teseo mata al Minotauro y sale del laberinto de

Creta.]

No de otra manera que el precipitado Meandro gira en los campos

de Frigia, y fluye y refluye con retorcida corriente,[17] y

saliéndose á sí mismo al encuentro como si quisiera ver correr sus

aguas caudalosas, unas veces se vuelve hácia su nacimiento, y otras

hácia el mar, sin que se pueda formar idea de su incierto curso; asi

Dédalo habia intrincado el laberinto con tantas calles que se cruzaban

y volvian á encontrar unas en otras, que apenas pudo él mismo hallar

la salida. ¡Tan enmarañada como esto estaba aquella morada! En este

laberinto pues fue donde se encerró el Minotauro; este monstruo se

habia saciado dos veces con la sangre de los jóvenes y doncellas que

los atenienses pagaban en tributo cada nueve años; pero le domó uno de

los que salieron en el tercer sorteo, que fue Teseo, el cual con un

hilo que ató á la entrada del laberinto, y que al efecto le habia dado

Ariadna, hija de Minos, salió de él felizmente despues de haber muerto

al Minotauro, y se llevó robada á la Princesa á la isla de Naxos, en

donde desentendido de cuanto la debia, tuvo la crueldad de dejarla

abandonada. Viéndola en esta triste situacion, y compadecido Baco de

su suerte y de sus quejas, la dió sus brazos, la consoló, y la ayudó.

Con la idea de hacer inmortal la memoria de una Princesa tan amable,

este Dios la quitó de la frente la corona que la adornaba, y la tiró

y colocó en el cielo. Cuando volaba por los aires las piedras de la

corona se convirtieron en estrellas, y en una constelacion que conserva

la especie y figura de una corona, y se halla en medio de la que se

llama Dragon.

_DÉDALO HACE ALAS PARA SÍ Y SU HIJO ICARO._

Dédalo entre tanto, fastidiado de Creta, y del largo destierro que en

ella sufria, se dejó arrebatar del amor de su patria; y como por todas

partes estuviese cercado del mar, dijo: „Aunque la tierra y las olas

me estan cerradas por el tirano,[18] no podrá este cerrarme el camino

de los aires. No se extenderá su imperio hasta esta region, aunque

sea señor del mundo entero, y yo sabré abrirme paso por ella para mi

patria.”

Apenas dijo esto empezó á meditar un proyecto, que nadie hasta entonces

habia imaginado. Tomó algunas plumas, y las puso en órden, empezando

por las pequeñas, y concluyendo por las mayores, imitando las alas

de las aves que se crian en los montes, á la manera que una rústica

zampoña se compone de cañas desiguales. Ató con lino las grandes,

y pegó con cera las pequeñas, y en esta disposicion las encorvó en

aquella proporcion que se observa en las alas naturales. El muchacho

Icaro, que estaba con Dédalo su padre, ignorando que trabajaba para su

ruina, ya con rostro alegre recogia las plumas que el viento habia

arrebatado, ya ablandaba entre sus dedos la cera que debia unirlas;

tambien algunas veces con sus juegos sencillos estorbaba la admirable

obra del padre. Luego que esta se concluyó hizo Dédalo la prueba

tomando vuelo, y se elevó con el movimiento del aire.

[Ilustración: (84) El calor del Sol derrite la cera que pegaba las

alas de Icaro, y cae al mar.]

FÁBULA III.

_ICARO CAE AL MAR._

Acomodó tambien otras alas á su hijo, diciéndole de esta manera:

„Procura, Icaro mio, guardar un buen medio cuando vueles por los aires,

porque si vas muy bajo se entorpecerán las plumas con los vapores

del agua, y si muy alto el calor del sol puede abrasarlas. Camina

entre estos dos extremos, y te mando que no mires á Bootes,[19] ni te

acerques á la Osa helada ni al Orion:[20] sígueme siempre á mí como á

tu guia.” Le instruye en las reglas del vuelo, y acaba de ajustar á

sus hombros las alas: temblábanle las manos al viejo, y le caian las

lágrimas por las mejillas al tiempo de acomodárselas y de darle sus

consejos. Últimamente, despues de haberle besado por la última vez,

emprendió su vuelo delante para mostrarle el camino, cuidadoso siempre

del hijo, y con su egemplo le exhorta á que le siga, enseñándole el

nuevo y dañoso arte: asi como el ave cuando saca á volar desde el alto

nido sus tiernos hijuelos, ni mas ni menos Dédalo movia sus alas,

é iba siempre mirando á las de su hijo. Se pasman viéndolos volar

el pescador que tenia echada á los peces su trémula caña, el pastor

que se apoyaba en su cayado, y el labrador en su esteva, creyendo y

teniendo todos por Dioses á los que volaban por los aires. Ya Dédalo é

Icaro habian dejado á su izquierda la isla de Samos, tan célebre por

el culto de Juno, la de Delos y Paros, y miraban á su derecha las de

Lebinto y Calimne, tan fecunda en miel, cuando el jóven Icaro empezó

á alegrarse temerariamente con el vuelo, y abandonó á su guia por

elevarse mas alto, arrebatado del deseo de volar hasta el cielo: en

esta disposicion el calor del cercano sol ablandó la cera que sujetaba

las plumas, y derritiéndose y deshaciéndose las alas, ya volaba con los

desnudos brazos, careciendo de remos con que sostenerse sobre el aire;

y llamando en vano á su padre, cayó en el mar, que se llamó Icaro de

su nombre. „Icaro, Icaro, exclama su desgraciado padre (aunque habia

dejado de serlo), ¿donde te hallas? ¿En qué pais te buscaré, hijo mio?”

Cuando pronunciaba estas tristes palabras vió en las aguas las plumas.

Despues que maldijo la destreza de su arte, hizo las exequias á Icaro,

dándole sepultura en la isla cerca de la cual habia perdido la vida, y

que se apellidó despues con su nombre.

FÁBULA IV.

_PERDIX CONVERTIDO EN AVE._

Mientras Dédalo daba sepultura[21] á su desgraciado hijo le vió desde

las ramas de una encina la parlera perdiz, única y no vista ave hasta

aquel tiempo, y en la que poco antes habia sido convertido Perdix ó

Acalo, sobrino de Dédalo: empezó á sacudir las alas, y á manifestar con

su canto la alegría de que Dédalo pagase asi su delito, y la injuria

que le habia hecho, porque Acalo, siendo de doce años y de una índole

acomodada para aprender, su madre, hermana de Dédalo, se lo habia

confiado para que le enseñase é instruyese en las artes, no sabiendo

lo que de ello habia de resultar. Observando cierto dia con alguna

atencion la espina que los peces tienen en medio, trabajó sobre este

modelo un pedazo de hierro, y habiendo hecho una sierra, tuvo la gloria

de haber sido el inventor de un instrumento utilísimo.

[Ilustración: (85) Perdix es precipitado por su envidioso tio, pero

Minerva le transforma en Perdiz.]

Él fue tambien el primero que unió dos hierros iguales, de modo que

el uno quedase inmóvil en tanto que el otro daba vuelta á la redonda,

y fue de este modo el inventor del compas. Dédalo, envidioso de los

progresos que hacia el jóven, lo despeñó de lo alto de la torre de

Minerva,[22] é hizo correr la voz que habia caido por acaso; pero

felizmente no pereció,[23] porque Minerva, que siempre ha favorecido á

los ingenios, lo cubrió de plumas, transformándole en ave. La eficacia

antigua de su veloz ingenio se comunicó á sus pies y alas, y conservó

su mismo nombre. No obstante, como se acuerda aun de su caida, no se

atreve á remontar mucho el vuelo,[24] ni á hacer sus nidos en los

árboles; vuela cerca de la tierra, y pone sus huevos en los vallados.

Ya Dédalo habia llegado á Sicilia, donde su benigno Rey Cócalo le

defendió á fuerza de armas del poder y persecucion de Minos: y ya

el reino de Atenas por la hazaña de Teseo[25] se habia libertado

del vergonzoso tributo que hasta entonces habia pagado á Creta, y

en reconocimiento de ello se ofrecian sacrificios á Minerva y á

Júpiter:[26] los templos estaban magníficamente adornados; el incienso

ardia en ellos, y corria la sangre de las víctimas.

[Ilustración: (86) Meleagro presenta á Atalanta la cabeza del Jabalí

de Calidonia.]

FÁBULA V.

_MELEAGRO MATA EL JABALÍ DE CALIDONIA._

La fama de este Príncipe[27] de tal modo se habia extendido por todas

las ciudades de la Grecia y Peloponeso,[28] que de todas partes

acudian en sus grandes necesidades á implorar su auxilio; y aunque la

ciudad de Calidonia tenia la gloria de poseer á Meleagro, imploraba

rendida el favor del jóven con solícitos ruegos. Un monstruoso jabalí,

ministro de la venganza de Diana, irritada contra los de Calidonia,

asolaba sus campos, y esta era la causa de su solicitud. Oeneo, Rey de

esta desgraciada ciudad, queriendo dar gracias á los Dioses por una

abundante cosecha que le habian dado, ofreció las primicias de los

granos á Céres, las del vino á Baco, y las del aceite á Minerva. Todos

los demas Dioses, empezando desde los agrestes, tuvieron parte en estos

donativos y ofrecimientos: solo de Diana no se hizo aprecio; y mientras

el incienso ardia en todos los otros templos, el suyo quedó olvidado.

Tambien los Dioses se dejan llevar de la ira;[29] y Diana poseida

de ella: „No quedará impune esta accion, dijo entonces; y ya que se

publique el no habérseme tributado el debido honor, no se dirá que lo

he sufrido sin tomar venganza;” y por este desprecio que de ella se

hizo envió á los campos de Calidonia un jabalí, que excedia en magnitud

á los mayores toros de la herbosa Epiro, tanto cuanto estos exceden á

los de Sicilia. Centelleaban los ojos de este monstruo con la sangre

y fuego que en ellos se traslucian; su espantosa cerviz estaba áspera

y horrorosa con las espesas cerdas que á manera de puas formaban como

un vallado ú haz de lanzas apiñadas. De su boca caia y corria por los

lados una herviente espuma, que de ella hacia salir un ronco gruñido;

los colmillos eran iguales á los dientes de los elefantes; arrojaba

rayos por la boca, y el centelleante aliento que exhalaba agostaba las

yerbas y flores. Unas veces destruia los sembrados cuando apenas habian

nacido, otras cuando estaban maduros y sazonados, sacando las lágrimas

de los ojos á los míseros labradores. Las eras y trojes quedaban sin

el grano que esperaban. Desgajaba el monstruo los sarmientos con sus

racimos, y los ramos de las siempre verdes olivas cargados de fruto.

Tambien se enfurecia contra los rebaños, sin que bastasen á defenderlos

los pastores ni los perros, ni á las vacadas los fieros toros. Todas

las gentes huian, y nadie se contemplaba seguro sino encerrado dentro

de las murallas. En este conflicto Meleagro, y los jóvenes que para el

efecto escogió, se enardecieron con el deseo de adquirir fama. Eran

estos los gemelos Castor y Polux,[30] sobresalientes el uno en la

pelea de los cestos, y el otro en la ecuestre; Jason,[31] inventor de

la primer nave que se vió sobre el mar; Teseo con su amigo Piritoo;

los dos hijos de Tetis, Toxeo y Plexipo; Linceo, hijo de Afareo; el

ligero Idas, y Ceneo, que habia mudado el sexo; el feroz Leucipo, y

Acasto, certero en las saetas; Drias, y Fenix, hijo de Amintor; los

dos hijos de Actor, Eurito y Cleto, y Fileo, que habia venido de

la Elide; Telamon, y Peleo, padre del grande Aquiles, con Admeto,

hijo de Feretis; Yolas, Beocio de nacion; el diligente Eurition, y

Equion, invencible en la carrera; Lelex, de la ciudad de Locris;

Panopeo, Hileo, el feroz Hipaso, y Nestor,[32] que se hallaba entonces

en la flor de la juventud, con otros que Hipocoonte envió de la

antigua Amicla; Laertes, padre de Ulises, el Parrasio Anceo, el sagaz

Ampicides, y Anfiarao,[33] á quien aun no habia vendido su muger; y

últimamente Atalanta, hija de Speneo, hermosísima doncella, honor del

bosque Liceo, y natural de Texea, en Arcadia. Llevaba recogida con una

hebilla la extremidad de su vestido, y su cabello con un solo nudo.

De su hombro izquierdo pendia una aljaba de marfil, y el arco en la

mano izquierda: en esto consistia todo su adorno; y su rostro reunia

la belleza y donaire gentil de una doncella, y virginal de un jóven.

El verla Meleagro, el desearla, y el encenderse en un oculto amor, fue

todo á un tiempo; pero no tenia á su favor el Dios de esta pasion.

Decia pues entre sí: „Feliz aquel que sea su esposo.” No tuvo tiempo

de decir mas, ni se atrevia á hablarla, porque instaba y urgia el dar

principio á la caza del jabalí.

El bosque donde se juntaron estos jóvenes, como nunca se habia

cortado, estaba muy enmarañado y espeso; la falda empezaba llana,

y elevándose poco á poco, era una atalaya de los campos. Luego que

estuvieron juntos en él todos los de la empresa, unos tienden las

redes, otros quitan las cadenas á los perros, y otros siguen el rastro

y huellas del jabalí, con deseos de ojearlo, sin que les desanime el

peligro. Alli se descubria un valle, y en lo mas profundo de él una

laguna, á la que iban á desaguar algunos arroyos engrosados con las

lluvias, y sus márgenes estaban coronadas de sauces, juncos, cañas

y otras plantas palustres. Excitado el jabalí, que se ocultaba en

esta espesura, se lanzó como un rayo hácia los cazadores. Por donde

pasaba iba destrozando el monte, y causando un espantoso ruido. Los

resueltos jóvenes comenzaron á gritar, y le presentaron el venablo

para detenerlo; pero pasó todas las barreras, y apartó á fuerza de

dentelladas á los perros, que se oponian á su veloz carrera. Erró el

golpe Equion, que fue el primero que le disparó un dardo, que vino á

dar ya flojo en un árbol. Jason hubiera acertado si hubiera tirado el

suyo con menor violencia; pero por la fuerza que llevaba se pasó de

largo sin herirle. Ampicides, invocando entonces á Febo, le hizo esta

súplica: „Astro del dia, si la veneracion que siempre te he rendido,

y te continúo tributando, ha sido de tu aprobacion, concédeme acertar

el tiro al blanco á que nos dirigimos.” Apolo oyó su ruego en cuanto

pudo: el dardo tocó al jabalí; pero sin herirle, porque Diana le habia

despojado del hierro en el camino.[34] Sin embargo el golpe acrecentó

el furor de la fiera, y vibró de sus ojos y boca un fuego semejante al

de un rayo; y cual máquina[35] que bate con impetuosidad los muros de

una ciudad, ó una torre llena de soldados, asi el monstruo se arroja

con furor en medio de los cazadores. Eupalamon y Pelagon, que estaban

á la derecha, fueron derribados, y sus cuerpos retirados por sus

compañeros. No pudo evitar un golpe mortal Enesimo, hijo de Hipocoonte,

pues de una dentellada le desbarató á tiempo que temblando se disponia

á salvarse huyendo. Nestor hubiera perecido antes de ir á la guerra de

Troya; pero se libró apoyando su lanza en el suelo, con la cual saltó á

un árbol que estaba inmediato, y desde él se estuvo mirando seguro al

jabalí de quien habia huido. Este, habiendo afilado sus dientes en el

tronco de una encina, confiado en sus nuevas armas, amenaza de muerte

á los que le perseguian, y dió á Oritia una gran dentellada en un

muslo. Los dos hijos de Tíndaro,[36] que aun no habian sido recibidos

en el número de los Dioses, montados en dos soberbios caballos, mas

blancos que la misma nieve, blandiendo ambos las lanzas, le hubieran

herido si no se hubiese metido en un lugar del bosque tan espeso, que

era impenetrable no solo á los caballos, sino aun á los mismos dardos.

Telamon,[37] que quiso perseguirlo con demasiado ardor, tropezó en la

raiz de un árbol, y cayó inclinado; y mientras Peleo su hermano lo

levantaba, Atalanta de un flechazo hirió al jabalí debajo de la oreja,

aunque levemente. No se alegró menos que ella Meleagro de este suceso.

Se dice que fue el primero que vió correr la sangre de la herida, y la

mostró á sus compañeros; y dirigiéndose á esta Princesa: „Conseguirás,

la dijo, el honor que has merecido por tu valor.” Avergonzáronse con

esto los varones que estaban presentes; se acaloraron unos á otros por

medio de grandes gritos, y arrojaron sobre la bestia una lluvia de

dardos; pero con tal desórden, que la misma multitud impedia acertar el

golpe.

El Arcadio Anceo, que iba armado con una hacha de dos cortes, picado

de este mal suceso y del discurso de Meleagro, habló á los que le

acompañaban de este modo: „Vais á ver, ó jóvenes, cuanta ventaja lleva

el brazo del hombre al de la muger: aunque la misma Diana defendiese

á este monstruo con sus propias armas, á pesar suyo será mi diestra

el instrumento de su muerte.” Despues que pronunció este soberbio y

temerario discurso tomó su hacha con ambas manos, y levantándose sobre

las puntas de los pies para dejarla caer con mas impetuosidad, iba á

herirle; pero el jabalí le ganó la accion, y dirigiéndose adonde era

mas segura y pronta la muerte, le rasgó las ingles de una dentellada.

Cayó con la herida, y sus entrañas desprendidas caian entre la sangre

que regaba la tierra. Teniendo Piritoo su venablo en la mano, iba á

arrojarse sobre el espantable monstruo, cuando Teseo, asustado del

riesgo que corria, le dijo desde lejos: „Detente, mitad de mi vida,[38]

y á quien yo estimo mas que á mí mismo: no conviene á tu valor alejarte

mucho de nosotros; el arrojo imprudente de Anceo ha causado su ruina.”

Dijo esto, y tiró al jabalí su dardo con tanta fuerza y destreza, que

seguramente le hubiera herido, si la rama de un árbol no lo hubiese

estorbado. Jason, que le disparó el suyo, en vez de herir la fiera

atravesó á un perro de parte á parte, y lo cosió con la tierra.

Meleagro le disparó dos, uno despues de otro; pero con suerte muy

diferente, pues el uno se clavó en la arena, y el otro hirió al jabalí

en medio de la espalda; y mientras se enfurece, dando mil vueltas á

la redonda por arrancarse el dardo de la herida, y vomita rios de

espuma mezclada con sangre con un ruido espantable, preséntase el

autor de la herida, y le atraviesa el venablo por medio del cuerpo.

Todos sus compañeros manifiestan su alborozo con una gran gritería,

y se apresuran á tocar con sus manos las del vencedor. Maravillados

á la vista del monstruo, cuyo cuerpo cubria un espacio considerable

de tierra, aun no se juzgan seguros para acercarse; pero no obstante

cada uno ensangrienta en él su dardo. Meleagro, teniendo el pie sobre

la cabeza para cortársela, habló á Atalanta en estos términos: „Toma

este despojo que de derecho me toca, y participa de la gloria de esta

victoria.”[39] Al punto que acabó de decirlo la dió por despojo la

áspera piel con las punzantes cerdas y cabeza del jabalí, de cuya boca

salian los agudos colmillos. Atalanta quedó contenta con el presente,

y prendada del que lo hacia; pero todos los demas cazadores tuvieron

envidia, y se pusieron á murmurar, de los cuales los dos hijos de

Testio, extendiendo los brazos, clamaron altamente: „Ea pues, muger,

deja esos despojos; no nos quites la gloria que nos es debida; no te

dejes alucinar de tu hermosura por este mérito, ni te expongas á perder

y á alejar para siempre de tí al que enamorado de ella te hace este

regalo;” y diciendo esto la arrebatan la piel de las manos, quitándole

á él con esta accion el derecho que á ella tenia. No se acomodó á

consentirlo Meleagro, y montando en cólera les dijo: „Aprended,

ladrones de la honra agena, la diferencia que hay de los hechos á las

amenazas.” Despues de estas pocas palabras atravesó con su espada el

pecho de Plexipo, que no rezelaba tal cosa; y hallándose Toxeo dudoso

en resolverse, pues por una parte deseaba vengar á su hermano, y por

otra temia igual desgracia, se vió sorprendido y atravesado con la

misma espada, caliente todavía con la sangre de Plexipo.

Altea iba á dar gracias á los Dioses por la victoria que su hijo

acababa de alcanzar, cuando encontró los dos cadáveres de sus hermanos,

que los llevaban á Calidonia. Sorprendida al verlos empezó á llorar,

y á llenar de lamentos toda la ciudad, y se vistió de luto, dejando

las galas. Pero luego que supo que su hijo era el homicida de sus dos

tios, dejó de llorar, y sus lágrimas se convirtieron en deseo de la

venganza.[40] Cuando parió á Meleagro, las tres Parcas[41] pusieron

un tizon en el fuego, é hilándole la vida, dijeron: „Tanto tiempo

damos á este recien nacido cuanto tarde en consumirse este tizon.”

Retiráronse las Diosas despues de haber proferido la sentencia, y Altea

quitó del fuego el fatal tizon que ardia, y apagándole con agua, le

tuvo guardado mucho tiempo en lo mas escondido de la casa, y de este

modo conservó y dilató la vida de su hijo. Sacó pues Altea el tal

tizon, y mandando traer teas y otros combustibles, les puso fuego por

su propia mano. Cuatro veces fue á poner el tizon en las llamas, y

otras tantas se detuvo, vacilando entre el amor del hijo y el de los

hermanos: el horror de tan gran delito la ponia pálida; un instante

despues, ardiendo en ira, se le encendian los ojos y rostro;[42]

unas veces le tenia cruel y amenazador, y otras manifestaba piedad y

compasion; y aunque el fiero dolor de su ánimo la enjugaba algun tanto

las lágrimas, con todo le corrian algunas: y á la manera que una nave,

á quien opuestamente impelen hácia una parte el viento y hácia otra

las corrientes, siente dos violencias, y unas veces se deja llevar

de la una y otras de la otra; del mismo modo Altea fluctúa entre dos

contrarios afectos: unas veces depone la ira, y otras se vuelve á

enfurecer, y á empezar á ser mas bien hermana que madre, haciéndose

piadosa con la impiedad para aplacar con la sangre de su hijo los manes

de sus hermanos. Dejóse por último arrastrar de la ira, y volviendo á

tomar el tizon: „Abrase, dijo, este leño fatal que tengo en mis crueles

manos mis mismas entrañas;” y poniéndose inmediata á las tumbas de sus

hermanos, prosiguió diciendo á las tres Furias:

„Diosas, que estais establecidas para castigar los delitos, sed

testigos del sacrificio que voy á ofrecer: por vengarme incurro en una

maldad; pero una muerte se ha de castigar con otra muerte; á un delito

se ha de añadir otro delito, y á un funeral otro funeral: destrúyase

esta impía casa por duplicados lutos. ¿Será razon que mi marido Oeneo

goce con felicidad de su hijo vencedor, y que Testio mi padre quede

sin sus dos hijos? Mejor es que ambos lloren á un tiempo por un mismo

motivo; y vosotras, sombras de mis hermanos, almas queridas, que

acabais de bajar á la mansion tenebrosa, experimentad los efectos[43]

del oficio que os voy á dedicar, y aceptad las exequias que os preparo

con el desgraciado fruto de mi vientre; pero ¡ay de mí! ¿adonde me

arrebata este ciego furor? Hermanos, perdonadme que soy madre, y mis

manos no se atreven á llevar adelante lo comenzado: confieso que

mereció morir. Conozco que el delito de mi hijo es digno de muerte;

pero no me atrevo, y rehuso castigar con ella al que le cometió.

Y ¿qué? ¿ha de quedar impune, para que vencedor y engreido con su

triunfo obtenga el reino de Calidonia? Y vosotros, queridos hermanos,

¿quedareis reducidos á un poco de ceniza y sombras heladas? No, no

lo toleraré por vida mia; muera el delincuente, y lleve al sepulcro

todas las esperanzas de su padre, el reino y la ruina de su patria.

Pero ¡ah! ¿son acaso estos dignos sentimientos de una madre? ¿Qué? ¿me

olvido de los piadosos deseos paternales y de los trabajos que pasé

por su respecto diez meses? ¡Ojalá que se hubiera consumido al primer

incendio del fuego que pusieron las Parcas, y ojalá que yo lo hubiera

consentido! Hijo mio, tú has vivido hasta ahora por un beneficio

mio, y ahora morirás por tu delito:[44] experimenta el castigo de tu

iniquidad, y restitúyeme la vida que te he dado dos veces, la primera

por haberte parido, y la segunda por haber separado del fuego el

tizon fatal, ó mátame, y enviáme al sepulcro con mis hermanos. Deseo

vengarles, y no puedo. ¿Á qué me resolveré en fin? ¿Qué haré? Por una

parte se presentan á mis ojos las heridas de mis hermanos, y la imágen

de sus crueles muertes; por otra el amor y nombre de madre me abaten el

ánimo. ¡Desdichada de mí! Mal será que venzais; pero venced, hermanos,

y despues que os haya hecho estas exequias, os seguiré tambien al

sepulcro.” Luego que Altea acabó este razonamiento, volviendo el rostro

y temblando,[45] echó con sus manos el funesto tizon en medio de las

llamas.

El leño fatal al caer en ellas ó se resistió, ó á lo menos lo pareció,

y comenzó á arder como contra la voluntad de la hoguera. Meleagro,

aunque ausente y sin saberlo, se iba abrasando á proporcion que el

tizon ardia, y sintiendo abrasársele las entrañas con un oculto

fuego,[46] que procuraba sufrir y vencer con su valor. Afligíale el

verse perecer con una muerte lenta y sin derramar sangre, y llamaba

felices las heridas de que poco antes habia muerto Anceo peleando con

el jabalí. Sus últimas palabras fueron clamar con gemidos á su anciano

padre, á sus hermanos y hermanas, á su consorte, y acaso tambien

llamaba á su madre. Crecian á un mismo compas el fuego en que ardia el

tizon y el en que se abrasaba Meleagro: por falta de materia se iban

empezando á apaciguar, y cuando acabó de arder el tizon acabó tambien

la vida de Meleagro,[47] y su espíritu se exhaló como un leve vapor,

quedando poco á poco el fuego reducido á una blanca ceniza. Con la

noticia de un accidente tan funesto toda la ciudad de Calidonia se

consterna en extremo; los jóvenes y viejos, los grandes y el vulgo

se afligen. Por todas partes no se oyen sino llantos y gemidos; las

mugeres vestidas de luto se arrancan los cabellos;[48] el desgraciado

Oeneo, tendido en el suelo y cubierto de ceniza y polvo, se queja

tristemente por haberse prolongado sus dias hasta este fatal momento:

nada digo de Altea, su madre, quien no habiendo podido sobrevivir á la

desesperacion á que le habia reducido un delito tan enorme, se atravesó

el corazon con un puñal.

Pero aunque Dios me hubiera dado cien expeditas lenguas; aunque yo

pudiera hacerlas hablar dignamente, y aunque yo solo poseyera todos

los talentos de las Diosas que habitan el Helicon, no me seria

posible pintar toda la afliccion y tristes ayes de las hermanas de

este Príncipe. Vestidas de luto se golpean sus pechos cárdenos; y

mientras el cadaver de su hermano está en el féretro, le calientan

y vuelven á calentar, besando el cuerpo y el lecho donde yace, y

despues de estar reducido á cenizas aplican tambien estas á su pecho.

Tendidas delante de su sepulcro besan la losa en que su nombre estaba

esculpido, regándola con sus lágrimas, continuando su dolor hasta que

Diana, saciada en fin (si puede decirse asi) de las calamidades de la

deplorable familia de Oeneo, las transformó en aves.[49] Los cuerpos

de estas desgraciadas Princesas, exceptuando á Gorge y Deyanira, se

cubren de plumas; sus brazos se truecan en largas alas, y la boca en

duro pico, y asi transformadas hace que vuelen por los aires.

[Ilustración: (87) El rio Aqueloo detiene á Teseo y le ruega descanse

en su casa.]

FÁBULA VI.

_TESEO SE DETIENE EN CASA DE AQUELOO._

Teseo, despues de concluida la caza comun de Calidonia, á que habia

sido convidado, regresándose á Atenas, le cerró el camino y le hizo

detener el rio Aqueloo, que iba fuera de madre con la abundancia de

lluvias. „Entra en mi casa, ilustre y generoso Teseo, le dijo el Dios

de este rio,[50] y no te expongas á la impetuosidad de las corrientes.

Cuando como ahora se enfurecen, suelen arrastrar en su corriente

troncos macizos, y voltear grandes piedras con un espantable ruido. Yo

le he visto algunas veces derribar las casas mas sólidas, próximas á

la ribera, y arrastrar los rebaños y sus apriscos, sin que la fuerza

de los toros ni la ligereza de los caballos pudiesen salvarlos de la

violencia de sus ondas. Muchas veces las nieves derretidas han formado

torrentes impetuosos, que se han llevado á los jóvenes mas robustos.

Mejor será sin duda que aguardes aqui, y descanses en mi casa hasta que

el rio baje á las márgenes que le enfrenan.” „Yo acepto, dijo Teseo,

tu hospedage y tus consejos, y me aprovecharé con gusto de ellos.”

Despues de este cumplimiento se dirigieron á la habitacion de este

Dios. Era una gruta hecha de rocallas y piedras pómez, cuya bóveda

estaba hermoseada de conchas de varios colores, colocadas con mucho

arte, y el pavimento bordado de musgo y cesped. Luego que llegó la hora

de comer, Teseo y sus compañeros se sentaron en los lechos que les

tenian preparados;[51] Piritoo estaba á un lado, y el Trecieno Lelex

á otro.[52] Este héroe era entonces de bastante edad, y sus cabellos

empezaban ya á emblanquecerse. Aqueloo, alegre con tener en su casa un

huesped como Teseo, hizo sentar tambien á todos sus compañeros, que

habia juzgado dignos de tal honor. Despues que estuvieron colocados,

una porcion de hermosas Ninfas descalzas cubrieron la mesa de manjares;

y concluida la comida y retiradas las viandas, sirvieron el vino en

un vaso guarnecido de piedras preciosas. Entonces Teseo, tendiendo

la vista á los mares que tenia presentes, dijo: „¿Qué lugar es aquel

(señalándole con el dedo) que se divisa desde aqui? Te suplico nos

digas el nombre de aquella isla, ó por mejor decir de todas las que

estan en aquel parage, pues parece no ser una sola.” „Juzgas muy bien,

le respondió Aqueloo, hay cinco islas en aquel sitio; pero estan tan

inmediatas unas de otras, que á la vista parecen una sola; y para que

te cause menos admiracion la venganza tan cruel que Diana tomó contra

los de Calidonia, voy á referirte la historia de estas islas. En esta

comarca habia en otro tiempo cinco Náyades, que habiendo sacrificado

diez toros, convidaron al sacrificio á todas las deidades del

campo,[53] y sin acordarse de mí tuvieron un festivo baile. Ofendido de

este desprecio, engrosé las olas de mi rio, enfureciéndome tanto como

en mi mayor creciente, terrible en el aliento y en las olas, arranqué

selvas y campos enteros, y con ellos llevé hasta el mar las Ninfas que

hasta entonces no se habian acordado de mí. Mis olas y las del mar

dividieron este pequeño continente, y formaron de este modo las cinco

Equinades[54] que ves.”

„Entre todas esas islas, continuó, ¿no observas la que está mas

distante? Llámanla la isla de Perimela. Era una Ninfa á quien yo

amaba, y á quien hice perder el nombre de doncella; lo que su padre

Hipodamante llevó á mal, y en venganza arrojó á su hija á lo profundo

del mar desde un alto escollo para que pereciese. Yo la recibí al caer,

y llevándola sobre mí á nado: „Ó Neptuno, exclamé, Dios del mar, á

quien tocó por suerte el cetro de la segunda porcion del mundo, y á

quien todos los rios rinden homenage mezclando sus aguas con las que

estan bajo tu poder, asiste aqui, y escucha apacible mis plegarias.

Yo he causado la ruina de esta Ninfa, que ahora tengo sobre mis

brazos; y si su padre fuera racional y justo, ó por mejor decir si no

hubiera sido tan impío, sin duda se hubiera compadecido de ella, y á

mí me hubiera perdonado: poderoso Dios, hágante mella mis lágrimas,

y concede un lugar seguro á esta infeliz, precipitada á las olas

por la inhumanidad de su padre; ó haz de modo que ella se convierta

en el lugar de su habitacion, porque aun asi tendré el consuelo de

circundarla con mis aguas.” Condescendió Neptuno inclinando la cabeza,

á cuya insinuacion se retiraron todas las aguas de aquel sitio. Sin

embargo continuaba nadando Perimela; yo mismo tocaba su pecho, que aun

palpitaba con bastante timidez; y cuando me regocijaba con este tacto

advertí que empezaba á endurecerse su cuerpo, y que sus entrañas se

reconcentraban en la tierra, y cubriéndola enteramente quedó convertida

en isla.”

FÁBULA VII.

_FILEMON Y BAUCIS._

Despues de esta narracion calló Aqueloo, y todos se quedaron admirados

de una cosa tan portentosa; pero Piritoo, hijo de Ixion, que no

tenia respeto á los Dioses, y que era de ánimo feroz, se burló de la

credulidad de sus compañeros. „Tú nos cuentas, dijo á Aqueloo, unas

patrañas, y juzgas que los Dioses son todopoderosos, y quitan y ponen á

las cosas sus figuras.” Todos se quedaron espantados, y ninguno aprobó

semejantes blasfemias; y tomando la mano Lelex, grave ya en edad y

prudencia, dijo asi: „Es inmenso y no tiene fin el poder del cielo, y

los Dioses hacen todo lo que quieren; y para que menos lo dudes has de

saber que en los montes de Frigia hay una encina inmediata á un tilo,

cercada con un pequeño muro; yo mismo ví el parage cuando Piteo me

envió á este pais, en que reinaba en otro tiempo su padre. Bien cerca

hay un estanque, que antes fue tierra habitable, y ahora es una laguna

frecuentada de cuervos marinos y cercetas. Júpiter en figura de hombre

mortal vino al tal sitio, acompañado de su hijo Mercurio sin alas ni

caduceo.

[Ilustración: (88) Júpiter y Mercurio hallan hospitalidad en casa de

Filemon y Baucis.]

Metamorfóseos o Transformaciones (3 de 4) · 第 1 / 10 段