ella había vuelto a su miserable habitación de Adam street, era
precisamente para desorientar a sus perseguidores que no podían suponer,
ni aun remotamente, que se hubiera vuelto tranquilamente a su casa.
Durante tres meses la buscaron por todas partes, excepto en Adam street
donde se ocultaba.
Betzy no salía más que de noche.
A una hora avanzada recorría los diferentes barrios de Londres, y se
hacía prender bajo un nombre supuesto, por delito de embriaguez.
Así lograba pasar las noches en los diversos puestos de policía, y al
obrar de este modo, tenía un objeto que perseguía con singular
constancia.
Esperaba encontrar en alguna de estas ocasiones a un criminal
cualquiera, destinado a ser conducido a Newgate al día siguiente, y al
que pudiera encargar la delicada comisión de hacer saber a su
marido,--cuya causa seguía lentamente su curso,--que ella tenía en su
poder los papeles.
Así fue como encontró al Hombre gris.
Desde el momento en que ese hombre extraordinario se encargó de
comunicar con Tom, Betzy se quedó más tranquila.
Tom quedaba advertido y ¿quién sabe si no lograría escaparse?
--¡Ay! interrumpió Vanda, el infeliz ha sido ahorcado.
--Sí, dijo el abate Samuel, pero vosotros continuaréis su empresa.
--Esa empresa es difícil, observó Vanda.
--No por cierto, repuso Marmouset, ¿no tenemos la declaración del
teniente Percy y las de sus cómplices?
--Sí, dijo Vanda, pero.....
--¿No tenemos también todo el dinero necesario para seguir el pleito?
--¡Ya lo creo! dijo Shoking, y en la libre Inglaterra se hace con dinero
todo lo que se quiere.
--Pero ante todo, repuso el abate Samuel, sería necesario poner a lord
William en libertad.
--Y es bien difícil, dijo Vanda.
--Difícil, lo concedo, pero no imposible, replicó Marmouset. Mañana iré
a ver al sucesor de Mr. Simouns, y, como dice Shoking, con el dinero se
pueden hacer muchas cosas.
--Aun cuando haya que luchar con la Sociedad de Misiones evangélicas,
añadió el abate Samuel.
Aquí llegaban de su conversación, cuando una claridad blanquecina
penetró en la miserable buharda, y el primer rayo de la luz del día vino
a iluminar el pálido rostro de la muerta.....
Vanda y el abate Samuel se pusieron de rodillas, y recitaron el oficio
de difuntos.
FIN DEL DIARIO DE UN LOCO DE BEDLAM.
París.--Tip. de GARNIER Hermanos (Cl.) 41.4.89.