LA SULTANA ZORAIDA.

Era esta desgraciada una joya de Dios.

Apenas habia cumplido veinte primaveras, y ya sus dias eran tristes y

sus noches sin sueño.

¿Quién podrá encarecer su blancura, mas intensa que la de la plata

vírgen, ni quién sus cabellos dorados como el oro de Arabia?

Sus ojos eran azules como el cielo despejado de una tarde de primavera,

y sus pupilas negras como una noche de tempestad.

Y como de la tempestad salen los relámpagos, de las negras pupilas de

Zoraida salian tambien relámpagos de amor.

¿Por qué aquella hurí mortal, aquel ramillete de perfeccion estaba

triste y silenciosa, sentada en la fresca y embalsamada sala de los

Divanes[128]?

[imagen no disponible: La sultana Zoraida

La alhambra; leyendas árabes · 第 216 / 311 题