XIV.

Entró Ebn-Ismail en Granada, que le recibió en triunfo.

Despues de su solemne proclamacion, tanto en Granada como en las demas

ciudades, villas y lugares del reino, envió embajadores al rey de

Castilla, declarándose su vasallo, y demostrándole su agradecimiento con

un magnífico presente de telas de oro y seda, caballos y jaeces

preciosos: pero cuando poco despues murió el rey don Juan el II de

Castilla, no renovó la tregua y el vasallaje con su hijo don Enrique IV

por no disgustar á sus vasallos, que estaban descontentos y humillados

con la amistad y vasallaje que rendia á los reyes de Castilla.

Dió, pues, licencia á sus fronteros de talar las tierras castellanas, y

fué grande la presa de cautivos y ganados que se hicieron en las

primeras correrías, porque los castellanos, confiados en la buena

inteligencia que existia entre su rey y el de Granada, tenian desarmada

la frontera.

No habiendo dado motivo los castellanos para este rompimiento, el rey

don Enrique mandó levantar un ejército y fué sobre Granada con catorce

mil caballos y un formidable número de peones, llevándolo todo á sangre

y fuego, quemando las mieses, arruinando los árboles y destruyendo

cuanto encontraba de muros á fuera de las poblaciones.

Ebn-Ismail temió esponerse al éxito de una batalla de poder á poder, y

solo permitió que taifas ó compañías sueltas de campeadores saliesen á

escaramuzar contra los cristianos, á los que llevaban mucha ventaja en

estos ataques parciales, mientras en la ciudad todos estaban apercibidos

para rechazar un ataque del ejército cristiano.

Al fin don Enrique, viendo que los moros no le presentaban batalla, que

en sus escaramuzas mataban á sus mejores caballeros que salian del campo

á medirse con ellos, y no atreviéndose tampoco á acometer la ciudad, que

estaba muy bien defendida, taló la vega, y se retiró volviendo á

aparecer de nuevo al año siguiente con un ejército tan poderoso como el

pasado; y como salieran á su encuentro los campeadores de Granada á

estorbar á los cristianos el daño que hacian, se fué trabando tan recia

escaramuza, que, sin que lo pudiese impedir el rey de Castilla, toda su

caballería peleaba en trozos acá y allá con la caballería de Granada,

muriendo en una de ellas Garcilaso de la Vega, que era muy querido del

rey de Castilla, que en venganza de su muerte hizo una cruelísima tala

en la vega, cercó á Gimena, la tomó con su fortaleza y pasó á cuchillo á

sus habitantes.

Al fin, deseoso el rey Ismail de poner término á tantos desastres, y no

lográndolo por medio de las armas, envió embajadores al rey de Castilla,

y con gran dificultad se pactó una tregua de cierto tiempo por entrambas

partes, quedando esceptuada de la tregua la frontera de Jaen, que quedó

abierta á la guerra.

Aprovechando esta circunstancia los campeadores de Granada, entraron por

la parte de Jaen, causaron gran daño á los cristianos, prendieron al

adelantado Castañeda, y le llevaron en triunfo á Granada.

Ismail, entretanto, aprovechando la tregua, gobernaba en justicia á sus

vasallos, plantaba arbolados, mejoraba los edificios y casas de campo

que la guerra habia maltratado, y entretenia á sus caballeros con justas

y torneos, entrando algunas veces en sus parejas, y luciendo su maestria

en manejar el caballo.

Tenia dos hijos. El mayor era ya mancebo y se llamaba Cid Abul-Hhacem,

muy buen caballero, valiente y animoso. El menor Cid Abd-Allah. El

príncipe Abul-Hhacem, deseoso de manifestar su valor en alguna jornada

contra los cristianos, sin respetar la tregua que su padre tenia con

ellos, cayó con un escuadron de caballería, escogida sobre la frontera

de Andalucía, robó ganados en la comarca de Estepa, y cautivó y mató los

habitantes de las aldeas.

Salieron contra él los fronteros de Osuna, y despues de una reñida

pelea, le fué preciso al príncipe Abul-Hhacem, abandonar la presa para

volverse á Granada.

El año de ochocientos sesenta y cinco[112], hizo el príncipe otra

correría que le fué mas útil y menos peligrosa. Pero entretanto, los

cristianos acaudillados por el duque de Medinasidonia tomaron á

Gibraltar, y por otra parte don Pedro Giron tomó la fortaleza de

Archidona.

Estas pérdidas obligaron de nuevo al rey Ismail, á pedir treguas al de

Castilla, y al fin los dos reyes se vieron en la vega, y trataron

amistosamente y comieron juntos en una magnífica tienda el año

ochocientos sesenta y ocho[113], y despues de haber cambiado algunos

ricos presentes, pactaron unas paces sólidas de tal modo, que los

caballeros de Granada entraban y salian libremente en la corte de

Castilla, y de igual modo los cristianos en la de Granada.

Ismail, en fin, acabó pacíficamente su reinado, muriendo en el alcázar

de Almería el año ochocientos sesenta[114].

Al rey Ismail, sucedió su hijo Muley Abul-Hhacem.

La alhambra; leyendas árabes · 第 202 / 311 题