Entró Ebn-Ismail en Granada, que le recibió en triunfo.
Despues de su solemne proclamacion, tanto en Granada como en las demas
ciudades, villas y lugares del reino, envió embajadores al rey de
Castilla, declarándose su vasallo, y demostrándole su agradecimiento con
un magnífico presente de telas de oro y seda, caballos y jaeces
preciosos: pero cuando poco despues murió el rey don Juan el II de
Castilla, no renovó la tregua y el vasallaje con su hijo don Enrique IV
por no disgustar á sus vasallos, que estaban descontentos y humillados
con la amistad y vasallaje que rendia á los reyes de Castilla.
Dió, pues, licencia á sus fronteros de talar las tierras castellanas, y
fué grande la presa de cautivos y ganados que se hicieron en las
primeras correrías, porque los castellanos, confiados en la buena
inteligencia que existia entre su rey y el de Granada, tenian desarmada
la frontera.
No habiendo dado motivo los castellanos para este rompimiento, el rey
don Enrique mandó levantar un ejército y fué sobre Granada con catorce
mil caballos y un formidable número de peones, llevándolo todo á sangre
y fuego, quemando las mieses, arruinando los árboles y destruyendo
cuanto encontraba de muros á fuera de las poblaciones.
Ebn-Ismail temió esponerse al éxito de una batalla de poder á poder, y
solo permitió que taifas ó compañías sueltas de campeadores saliesen á
escaramuzar contra los cristianos, á los que llevaban mucha ventaja en
estos ataques parciales, mientras en la ciudad todos estaban apercibidos
para rechazar un ataque del ejército cristiano.
Al fin don Enrique, viendo que los moros no le presentaban batalla, que
en sus escaramuzas mataban á sus mejores caballeros que salian del campo
á medirse con ellos, y no atreviéndose tampoco á acometer la ciudad, que
estaba muy bien defendida, taló la vega, y se retiró volviendo á
aparecer de nuevo al año siguiente con un ejército tan poderoso como el
pasado; y como salieran á su encuentro los campeadores de Granada á
estorbar á los cristianos el daño que hacian, se fué trabando tan recia
escaramuza, que, sin que lo pudiese impedir el rey de Castilla, toda su
caballería peleaba en trozos acá y allá con la caballería de Granada,
muriendo en una de ellas Garcilaso de la Vega, que era muy querido del
rey de Castilla, que en venganza de su muerte hizo una cruelísima tala
en la vega, cercó á Gimena, la tomó con su fortaleza y pasó á cuchillo á
sus habitantes.
Al fin, deseoso el rey Ismail de poner término á tantos desastres, y no
lográndolo por medio de las armas, envió embajadores al rey de Castilla,
y con gran dificultad se pactó una tregua de cierto tiempo por entrambas
partes, quedando esceptuada de la tregua la frontera de Jaen, que quedó
abierta á la guerra.
Aprovechando esta circunstancia los campeadores de Granada, entraron por
la parte de Jaen, causaron gran daño á los cristianos, prendieron al
adelantado Castañeda, y le llevaron en triunfo á Granada.
Ismail, entretanto, aprovechando la tregua, gobernaba en justicia á sus
vasallos, plantaba arbolados, mejoraba los edificios y casas de campo
que la guerra habia maltratado, y entretenia á sus caballeros con justas
y torneos, entrando algunas veces en sus parejas, y luciendo su maestria
en manejar el caballo.
Tenia dos hijos. El mayor era ya mancebo y se llamaba Cid Abul-Hhacem,
muy buen caballero, valiente y animoso. El menor Cid Abd-Allah. El
príncipe Abul-Hhacem, deseoso de manifestar su valor en alguna jornada
contra los cristianos, sin respetar la tregua que su padre tenia con
ellos, cayó con un escuadron de caballería, escogida sobre la frontera
de Andalucía, robó ganados en la comarca de Estepa, y cautivó y mató los
habitantes de las aldeas.
Salieron contra él los fronteros de Osuna, y despues de una reñida
pelea, le fué preciso al príncipe Abul-Hhacem, abandonar la presa para
volverse á Granada.
El año de ochocientos sesenta y cinco[112], hizo el príncipe otra
correría que le fué mas útil y menos peligrosa. Pero entretanto, los
cristianos acaudillados por el duque de Medinasidonia tomaron á
Gibraltar, y por otra parte don Pedro Giron tomó la fortaleza de
Archidona.
Estas pérdidas obligaron de nuevo al rey Ismail, á pedir treguas al de
Castilla, y al fin los dos reyes se vieron en la vega, y trataron
amistosamente y comieron juntos en una magnífica tienda el año
ochocientos sesenta y ocho[113], y despues de haber cambiado algunos
ricos presentes, pactaron unas paces sólidas de tal modo, que los
caballeros de Granada entraban y salian libremente en la corte de
Castilla, y de igual modo los cristianos en la de Granada.
Ismail, en fin, acabó pacíficamente su reinado, muriendo en el alcázar
de Almería el año ochocientos sesenta[114].
Al rey Ismail, sucedió su hijo Muley Abul-Hhacem.