Trasladóse este á Granada, donde fué recibido con grandes aclamaciones y
regocijos.
Fué su entrada á la hora de adohar[97], del sábado veinte de la luna de
Giumada postrera del año setecientos sesenta y tres[98].
El rey de Castilla le envió la cabeza de Abu-Sayd, canforada dentro de
una caja, cuyo horrible presente agradeció mucho el rey Muhamad, que
envió en cambio á don Pedro el Cruel, veinte y cinco caballos de raza
árabe de la yeguada real, criados á las orillas del Genil, diez de ellos
con preciosos jaeces y ricos alfanges guarnecidos de oro y piedras
preciosas.
Al mensajero que habia llevado la cabeza de Abu-Sayd, dió tambien
magníficos regalos.
Poco tiempo despues suscitaron al rey Muhamad una rebelion algunos
descontentos que proclamaron al walí Alí-ebn-Alí Ahmed-ebn-Nazar,
infante de la familia real; pero el rey Muhamad le venció, le ahuyentó,
y continuó su reinado en paz.
Muhamad, en muestra de agradecimiento al rey de Castilla por el favor
que le debia, por haber dado muerte á su enemigo, dió la libertad sin
rescate á todos los cautivos cristianos que habia en Granada, y firmó
con el rey don Pedro un pacto de perpétua paz y alianza.
Como Castilla andaba revuelta de bandos civiles, no tuvo con ella
guerras el rey de Granada. Pero don Pedro le pidió auxilio contra su
enemigo el rey de Aragon y contra su hermano bastardo don Enrique de
Trastamara, que intentaba destronarle.
Empezaban los castellanos á mostrarse contrarios á don Pedro por sus
crueldades y tiranías, y para socorrerle, Muhamad escogió entre los mas
valientes de su reino seiscientos caballeros, y se los envió
acaudillados por el arraez Farag Reduan; y aunque estos seiscientos
sirvieron á don Pedro con admirable valor, como pidiese nuevos auxilios,
Muhamad le envió siete mil caballos escogidos y doble número de
infantería que fueron á sitiar á Córdoba, á la que pusieron á punto de
rendirse.
Pero la fortuna habia vuelto definitivamente la espalda al terrible rey
don Pedro, y antes de que Muhamad pudiese llegar en su socorro con un
nuevo ejército, murió á manos de su hermano bastardo don Enrique en el
castillo de Montiel.
Don Enrique fué proclamado rey de Castilla.
Por no perder las ventajas que sobre el castellano le daban sus guerras
civiles, el rey Muhamad, á pretesto de la amistad que habia tenido con
el rey don Pedro, declaró la guerra á Enrique II, aunque este le habia
ofrecido su amistad, y entró en cabalgada por la frontera y recorrió
libremente la tierra robando y cautivando cuanto encontraba de muros
afuera de las poblaciones, sin poner sitio formal á ninguna ciudad ni
fortaleza.
Al año siguiente (1570), cayó con todo su ejército sobre la Isla verde y
la tomó, y preveyendo que no podria sostener su conquista, la arruinó y
desmanteló sus muros y fortalezas.
Temeroso de la pujanza de Muhamad, don Enrique le envió cartas de paz
con el maestre de Calatrava, ofreciéndole su amistad para atender mas
libremente á las guerras que le ocupaban, paz que Muhamad aceptó con
alegria, porque le dejaba libre para atender al reparo y gobierno de su
reino que mucho lo necesitaba.
Durante esta paz, el rey Muhamad mandó edificar la casa de Azaque para
recoger pobres y curar sus enfermedades. Esta obra empezó en el año de
seiscientos setenta y siete, y concluyó en seiscientos setenta y
ocho[99]; edificio magnífico, con todas las comodidades imaginables, con
fuentes y espaciosos estanques de pulidos mármoles, para comodidad y
aseo de los enfermos[100].
Hermoseó tambien con muchos edificios públicos la ciudad de Guadix,
donde solia pasar largas temporadas; y, en fin, durante la larga paz que
sostuvo con todos los reyes vecinos, tanto de España como de Africa,
fomentó en su reino, las artes, las manufacturas, el comercio y la
agricultura, hasta tal punto que iban á Granada mercaderes de Siria, de
Egipto, de Africa, de Italia; Almería era la escala célebre de España
para los buques de todo el mundo, y se veian mezclados en las calles de
Granada numerosas gentes de diversas patrias y religiones.
En este tiempo declaró é hizo jurar su sucesor y partícipe en el mando á
su hijo Abu-Abdallah-Juzef, y concertó su matrimonio con la hija del
emir de Fez, á la que trajo á Granada su hermano el príncipe de Fez, que
casó con la hermosa Zairah, hija de Abu-Ayan, caballero rico y de los
mas nobles y poderosos de Andalucía.
Con este motivo se celebraron justas y torneos y bizarras fiestas y
gentilezas de caballería, en las que entraron caballeros de Africa, de
Egipto, de España y de Francia, atraidos por la magnificencia y la fama
de Granada, y protegidos por el seguro real de Muhamad, que los honró y
hospedó magníficamente á su costa en el _fondaf_ de los genoveses.
Muhamad continuó prolongando sus paces con el rey de Castilla, y
enviándole regalos y preseas, «y como poco despues, dicen las crónicas
que seguimos, acaeciese la muerte del rey de Castilla, hubo mal
intencionados que atribuian su muerte á maldad del rey de Granada, como
que le hubiese enviado unos borceguíes preciosos inficionados de veneno
mortal, pero nunca fué traidor ni asesino el rey Muhamad, y la muerte
fué natural, y porque sus dias fueron cumplidos segun la divina
voluntad.»
Algunos años despues, el setecientos noventa y cuatro[101], murió el
rey Muhamad con general sentimiento de sus vasallos, y fué sepultado en
el palacio de Djene-al-Arife (Generalife) al amanecer, poco despues de
la oracion del alba (de Azzobih), siendo acompañado su entierro por
todas las clases del Estado.
No consta la inscripcion del sepulcro de este rey.