--¿Y lo fué? preguntó María con gran interés al mago.
--Sí; ¿no te he dicho que tú eres hija de doña Catalina de Cardona?
--¡Ah!
--El infante de Granada insistió, suplicó, lloró, y al fin como tu madre
estaba enamorada, se rindió.
--¿Huyó con mi padre?
--Sí, con el infante de Granada Abd-el-Rahhaman, la misma noche en que
se celebraban las bodas de Men Roger de Cardona, con la infanta Walidé.
Asistamos á las bodas, voy á presentártelas. Mira.
Iluminóse el fondo de la habitacion, y María vió una sala rica, colgada
de banderas y tapices, y reluciente de luces: al fondo de la sala habia
un altar: á un lado del altar habia multitud de damas y al otro gran
número de caballeros.
Se abrió una puerta, y entró una dama ya de edad provecta llevando de la
mano á otra dama muy jóven, muy hermosa y magníficamente ataviada.
La una dama era la reina de Aragon, la otra la infanta Walidé.
Se abrió otra puerta y apareció otro caballero llevando á otro de la
mano.
El que le llevaba, era el rey de Aragon: el que era llevado, Men Roger
de Cardona.
Seguian á la reina y á la novia, multitud de damas: al rey y al novio,
gran número de caballeros.
Cuando la infanta y Men Roger estuvieron delante del altar, se
arrodillaron en unos almohadones.
Luego por una puertecita situada junto al altar, salió el obispo de
Tarazona con sus clérigos y su báculo de oro, hizo una plática á los
novios y despues les echó la bendicion nupcial.
Y á seguida, en otra cámara mas estensa y mas rica empezó el sarao, que
duró hasta muy entrada la noche.
Al fin la reina asió de la mano á la desposada y la condujo á la cámara
nupcial donde la dejó sola.
El rey llevó á aquella misma cámara al desposado y se despidió de él á
la puerta.
Men Roger y la infanta Walidé quedaron solos.
La infanta no comprendia el dialecto aragonés, pero comprendia sí el
lenguaje de los ojos.
Men Roger adelantaba hácia ella pálido de deseo.
La infanta estaba en medio de la estancia, delante del gran lecho
nupcial, cruzada de brazos y con la vista inclinada al suelo.
Men Roger se acercó á ella y la abrazó.
Ella no resistió el abrazo.
Pero de repente, cuando Men Roger fué á estampar un beso en la boca de
Walidé, dió un grito y cayó de espaldas. Walidé al ser abrazada le habia
herido en un costado con un puñal que tenia prevenido, y luego cuando
cayó, Walidé, horrible con su venganza, dió de puñaladas al infeliz,
sacó de su seno un papel, y con la última puñalada le clavó sobre el
pecho de Men Roger.
Aquel papel decia en letras arábigas:
--Las moras de Granada matamos ó morimos cuando nos entregan á un hombre
á quien no amamos.