I.

Si cuando os encontrais en la plaza de los algibes de la Alhambra os

volveis hácia el palacio del emperador Cárlos V, y siguiendo á lo largo

de su fachada meridional, torceis á la izquierda entre este mismo

palacio y la iglesia de Santa María, y seguís luego un pequeño paseo

plantado de titos, continuando por el camino que conduce á la puerta de

Hierro, os encontrareis al poco espacio delante de la torre de los

Picos.

Por cima de los adarves del muro que se apoya en la torre, vereis sobre

el monte frontero, verde con el eterno verdor de sus laureles, las

blancas torrecillas y las galerías de Generalife: á la izquierda se

estenderá vuestra vista en un espacio mas ancho; vereis el monte de San

Miguel con el verde pálido de sus nopales, y la ermita del santo

Arcángel en la cima, y mas allá, dominándole, el alto y árido cerro de

Ainadamar.

Pero si volveis la vista á la derecha encontrareis á pocos pasos un muro

revestido de espesa yedra, que se apoya en la torre de los Picos, y en

el cual hay un porton de tablas.

Llegad, llamad á aquel porton, y pedid que os dejen pasar por favor,

porque aquella es una propiedad particular.

Una vez dentro, encontrareis un arroyo ruidoso que corre junto á las

banquetas de los adarves, por la izquierda, entre yerbecillas y

violetas, á la derecha árboles frutales y hortalizas, y entre estas y el

arroyo el estrecho sendero por donde marchais.

A poco que adelanteis encontrareis una pequeña torre, la torre del

Tesoro, abierta por el lado que mira á la parte de adentro del muro,

dejando ver los tramos cortados y ruinosos de su estrecha escalera

árabe, sus bóvedas grieteadas y su plataforma que amenaza un

hundimiento. Seguid adelante, y á medio tiro de fusil encontrareis la

torre que vamos buscando.

La torre de la Cautiva.

Entrase á esta torre por una puerta baja de herradura, situada al norte:

despues de un desmantelado ingreso, se entra en un patio sostenido en

pilares de ladrillo, patio cuya luz es tan estrecha, que mas que patio

parece una chimenea: al fondo de este patio sombrío está una pequeña

puerta, á la que se llega dejando á la izquierda la estrecha escalera

que conduce, ascendiendo, á la plataforma, descendiendo, á una

habitacion inferior y despues á los subterráneos.

Abierta la pequeña puerta del fondo que hemos citado, se penetra en una

cámara destrozada, pero que por los restos que en ella quedan de estucos

labrados, de alhamies, de ajimeces, de la cúpula de estalácticas; por la

faja de mosáico que orla la parte inferior de las paredes, se comprende

que debió ser tan magnífica como cualquiera otra de las hermosas cámaras

del alcázar.

Pero sus adornos están ahumados por el fogon de la pobre familia que

tiene por albergue miserable un alcázar destruido: tabiques que sirven

de compartimientos alteran el plano; los ajimeces están tapiados y

cubiertos por miserables ventanas de tablas tendidas; el pavimento

destrozado, polvoroso; la cúpula agujereada, rota por la lluvia que se

filtra por la desnuda plataforma, en la cual brota la yerba. Con la

Alhambra se han cometido y se están cometiendo barbáries inauditas: no

parece sino que se tiene empeño en que desaparezca, en que se destruya.

¡Como si fuera una cosa fácil y hacedera el construir una Alhambra!

Algunas tardes de invierno, envueltos en nuestra capa, cubierto el

rostro con un ancho calañés, bajo un cielo densamente nublado, bajo la

lluvia, hemos pasado por el sendero de esa huerta, junto á las torres de

los Picos, de la Cautiva y de las Infantas, y por las puertas y por las

ventanas de todas ellas hemos visto salir un humo espeso que arrebataba

incesantemente el viento, y que incesantemente se reproducia. Era que

las pobres familias habitantes de esas torres infortunadas, se

calentaban con la leña húmeda y verde que acababan de arrancar de los

desnudos árboles de la huerta.

Era que una nueva capa de ollin caia sobre los arabescos.

Y al ver esto, rebosaba de nuestro pecho un hondo suspiro, porque no

éramos bastante ricos, bastante poderosos para arrancar á aquellas

torres de su ignominiosa esclavitud.

La alhambra; leyendas árabes · 第 97 / 311 题