I.

Cuando se pasa de la puerta de los Gomeles, y de las tres pendientes

avenidas que se presentan á la vista, bajo los tupidos toldos de verdura

de las frondas de los álamos que se cruzan, se toma la mas pendiente, la

de la izquierda; ya cerca de su terminacion se encuentra un cubo de

fortificacion á la usanza del siglo XVI, y mas allá, apoyándose en este

cubo, una magnífica fuente greco-romana del gusto del renacimiento,

denominada _Pilar del emperador Cárlos V_.

Siguiendo adelante á lo largo del muro en que está esculpida la

decoracion de la fuente, y torciendo á la izquierda, se levanta de

improviso ante los ojos, como una sorpresa, la magestuosa _Puerta del

juicio_, entrada principal del alcázar de la Alhambra.

Esta puerta, formada por dos torreones, unidos en la parte media de su

altura por un gigantesco arco de herradura, tiene en su fondo un muro en

el cual se abre una puerta mas pequeña de arco de herradura tambien,

labrada en rico mármol blanco de la sierra, y sustentado por dos bellas

columnas con caprichosos capiteles, y galanamente ornamentado con flores

y cintas entrelazadas.

Sobre la clave del arco mayor se ve esculpida una mano estendida y

vuelta la palma; sobre la del arco menor hay esculpida una llave.[67]

En los tiempos á que nos referimos en la leyenda que empezamos á relatar

á nuestros lectores, esto es, en el año 724 de la Hegira, y 1325 de

Jesucristo, cuando se pasaba de la puerta de los Gomeles, fuertemente

torreada y defendida por adarves, se veia una larga avenida de edificios

chatos, de un solo piso, que servian de cuarteles á los soldados de la

guardia del rey, en la vertiente del pequeño valle comprendido entre la

Alcazaba, y las Torres Bermejas, y por ambos lados hasta el pie de los

muros, la escarpadura desnuda sin árboles que pudiesen encubrir á los

enemigos que lograsen forzar aquel primer puesto fortificado de la

puerta de los Gomeles.

Siguiendo aquella ancha avenida, siempre poblada de soldados y esclavos,

se llegaba en lo mas alto, á la torre de las _Siete bóvedas_,[68]

entrada principal de la Alhambra y su mas magnífica; pero antes de

llegar á esta torre, en la parte media de la avenida, á la izquierda, se

encontraba un camino llano orlado de cipreses y laureles, desde cuyo

principio se veia levantarse al fondo, sencilla y magestuosa la torre

del Juicio, entrada principal del alcázar de los reyes moros.

Entonces, delante de esta torre solo se veia una bella plazoleta

circular rodeada de jardines; no existian ni el pilar del Emperador ni

el cubo de fortificacion, existiendo solo por la parte que este cubo

ocupa un adarve que iba á dar sobre la escarpadura de la fortaleza por

aquella parte.

El muro que se apoya hoy á la derecha sobre la torre del Juicio, no era,

como ahora, un muro de tierra y piedra, sino de brillante y tersa

argamasa roja que dejaba comprender su dureza marmórea, y en cuya parte

superior corria la columnata de una galería que correspondia á un jardin

del alcázar.[69]

En el segundo arco de la Puerta del Juicio, entre sus adornos, se leia

entonces como ahora la inscripcion siguiente: _Dios sea loado: no hay

otro Dios que Dios y Mahoma su profeta: no hay fortaleza sin Dios_: y

sobre este arco y estos adornos, en una ancha faja de estuco, con

caracteres cúficos entrelazados de flores y cintas se leia esta otra

inscripcion: _Mandó labrar esta portada, llamada judiciaria, con la cual

Dios Altísimo haga dichosa la ley de los hijos de salvacion,

Abul-Giux-Nazar-ebn-Abdallah-ebn-Nazar, mantenga Dios en las morismas

sus obras pias y caritativas. Labróse á 27 dias de la luna de Maulud el

engendradizo, año de 647._

De modo que en los tiempos de nuestra leyenda, solo hacia setenta y

siete años, desde que se habia terminado la torre del Juicio ó al menos

desde que se habia hecho su portada.

Llamábase la puerta principal del alcázar torre del Juicio, porque

habiendo seguido los árabes y continuádola los moros la costumbre de los

tiempos primitivos, el rey en persona ó en representacion suya el cadí

de los cadíes ó justicia mayor del reino, oian en aquella puerta en

audiencia pública las quejas de los súbditos, y dirimian sus contiendas

y pleitos de una manera ejecutiva.

De contínuo aquella puerta estaba cerrada, con sus dos grandes hojas

forradas de hierro y fuertemente claveteadas, y por fuera de ella, como

en respeto de la autoridad real, se veian los esclavos de la guardia

berberisca ricamente vestidos y dando la guardia.

Solo se abria un postigo para la entrada de los magnates y caballeros;

de par en par solo se abria la puerta para dar salida ó entrada al rey ó

á los embajadores de reyes; cuando aquella puerta se abria enteramente

pasaba siempre bajo ella el estandarte real, acompañando al rey ó á los

embajadores, y despues la puerta cerraba sus dos tremendas hojas de

hierro.

Todos los giumas (viernes), á la hora de la salida del sol, aquella

puerta se abria, y aparecia tras ella un espectáculo sorprendente: el

trono de justicia, con su dosel rojo, sus almohadas de púrpura y

brocado, y sus siete gradas cubiertas con una alfombra de Persia: á los

piés de estas gradas, á la derecha, el alférez mayor del reino con el

estandarte real, y al otro lado el alguacil mayor con la espadada de

justicia, y walíes, y arrayaces, y caballeros, y eunucos: en lo alto, el

rey sentado en los almohadones, y delante de la puerta, en semicírculo,

para contener al pueblo que asistia á la audiencia, los esclavos

berberiscos con sus largas lanzas, sus bruñidas armaduras y sus

turbantes rojos.

Cuando en vez del rey hacia justicia el cadí de los cadíes, sentábase

este en un almohadon en la primera grada, y en vez de la córte que

acompañaba al rey, le acompañaban ciertos funcionarios del órden

judicial, pero nunca faltaban el estandarte real y la espada de

justicia, como representantes de la autoridad regia.

Un katib (secretario), colocado en el centro del semicírculo determinado

por los esclavos berberiscos, llamaba por su órden á los que habian

pedido audiencia, y los dejaba pasar hasta los piés del trono de

justicia.

Despues que esta habia acabado de administrarse, la puerta se cerraba, y

el rey, la córte y el trono desaparecian tras ella.

¿Quién podria comprender ahora, á la vista de aquella puerta abandonada,

de aquel torreon cuyas almenas reales ha derrocado el tiempo, y á las

cuáles ha sustituido el conquistador con un desnudo pretil, con una

especie de grosero ribete de mampostería, el magnífico esplendor de que

en los tiempos de la dominacion mora se vió rodeado, y el profundo

respeto con que los musulmanes de Granada miraban aquella puerta, lugar

sagrado, donde en nombre de las leyes podia ir el mas pobre, el mas

abyecto á ejercitar su derecho?

Hoy un centinela indiferente, provisto de una prosáica consigna, se

pasea con el fusil al brazo ó se apoya en él de pié é inmóvil, sin

sospechar siquiera la grandeza pasada de aquel lugar, y en el sitio

donde hace cuatro siglos se levantaba el trono de justicia de los reyes

de Granada, se ve hoy la mezquina mesa cubierta con una manta de lana

donde escribe sus partes el sargento de la guardia.

El tiempo, que todo lo muda, que todo lo empalidece, que todo lo gasta,

que todo lo pulveriza, ha convertido en un desnudo esqueleto de lo que

fué, á la torre del Juicio, ó de justicia de los reyes de la Alhambra.

Por eso, nosotros que somos exageradamente entusiastas, no hemos podido

pasar nunca bajo el arco de mármol de la torre del Juicio, de la hermosa

y poética puerta del alcázar moro, sin sentir algo de respeto, sin

creernos trasportados á otros tiempos y á otras gentes, como si hubiese

pasado junto á nosotros rozándonos la cabeza con sus alas el genio de lo

que fué.

Además, para que nosotros sintamos una conmocion indefinible al pasar

bajo aquel arco, al pisar aquel dintel de mármol, existe una razon

poderosa.

Nosotros sabemos que sobre aquel dintel, al pié de su trono de justicia,

cayó asesinado un rey de la dinastía nazerita.

Su sangre ha caido allí, y allí acaso la vé aun la justicia del cielo.

Porque el rey asesinado era un buen caballero, un corazon leal, lleno de

caridad y de justicia.

Aquel rey era el sultan de Andalucía y de Granada,

Abul-Walid-Ismail-Abul-Said, quinto descendiente coronado del Magnífico

rey Nazar.

La alhambra; leyendas árabes · 第 75 / 311 题