Lit de J.J. MARTINEZ, Madrid LETRE dibº y litª]

no... no, eres tú... yo te conozco ahora... ese lunar que tienes sobre

el hombro, ese lunar que yo besaba cuando eras pequeñita y te tenia

sobre mis rodillas: ¡oh! ¡sí, sí! ¡tú eres mi hija: mi hermosa hija; mi

preciosa rosa blanca!

Y abrazaba las rodillas de Bekralbayda que se retiraba constantemente de

ella.

--¡Esa muger está loca! dijo Bekralbayda.

--¡Oh! sí, sí, dijo Wadah, he estado loca por tí, hija mia; porque te

lloraba muerta: pero he vuelto á encontrarte y ya no estoy loca, no...

¿no es verdad que no estoy loca Leila-Radhyah? ¿no es verdad? díselo tú,

díselo, dile que es mi hija... no te vengues de mí porque te maté... yo

te maté porque creí que habias matado á mi hija... ¡perdóname!

¡perdóname! ¿qué hubieras tú hecho con la muger que hubiera matado á tu

hija?

--Tú no me mataste Wadah: el Dios Unico y Misericordioso no quiso que yo

muriese: yo he vivido para ser la madre de tu hija.

--¡Ah! esclamó Wadah levantándose y pasándose ambas manos por la frente

como si hubiera pretendido arrancar de su cabeza una vision de sangre;

¿con que no eres un espectro? ¿con que eres tú... tú... la amante de

Al-Hhamar viva delante de mí? ¿con que lo que sucedió aquella noche fué

un horrible sueño?

--Sueño que ha durado diez y siete años, dijo profundamente

Leila-Radhyah; pero yo no sé vengarme, sultana: vete, vete, has querido

matar á tu hija sin conocerla, y yo he impedido ese crímen.

--¡Mi hija! esclamó Wadah y lanzó una horrible carcajada: ¡mi hija

amante de mi esposo! ¡ah! ¡ah!

Wadah volvia a su locura.

--¡Mi madre! esclamó Bekralbayda volviendo de su sorpresa, ¡es mi madre!

--Sí, tu madre es, dijo Leila-Radhyah.

--¡Y es hijo suyo el príncipe Mohammet! esclamó con espanto Bekralbayda.

--No, dijo el rey Nazar entrando en la cámara: el príncipe Mohammet es

hijo de Sobeya mi primera esposa.

--¡Nazar! ¡Nazar! ¡perdóname! ¡perdóname! esclamó Wadah, que tornó por

un fenómeno del sentimiento á la razon: perdóname Nazar: yo te engañé;

pero yo te amaba... estaba loca por tí... yo te encubrí mi historia, yo

te oculté la existencia de la hija de mis entrañas.

--Esto ha sido un sueño, un sueño sombrío, dijo Al-Hhamar.

--¡Un sueño!

--¡Sí! yo no te he conocido Wadah: tú no has existido para mí, vete.

--¡Me arrojas, me arrojas de tí como una esclava! esclamó llorando

Wadah.

--No, no te arrojo, dijo el rey Nazar: vivirás en mi alcázar, te

servirán esclavos, pero no me volverás á ver.

--¡Oh! ¡no!.. ¡rechazada por mi hija, rechazada por tí... sola y

desesperada!.. ¡no... no... Nazar! ¡yo no puedo vivir así!

--Yo soy la que debe desaparecer, dijo Leila Radhyah: quedaos vosotros y

sed felices.

--El embajador que ha de anunciar á tu padre que eres sultana de Granada

ha partido ya, dijo Nazar.

--¡Sultana de Granada tú, Leila Radhyah! esclamó en el colmo del dolor

Wadah; sí, sí, sélo en buen hora, pero yo no lo veré.

Y antes de que ninguno de los que la acompañaba pudiera evitarlo ni

impedirlo, apuró el contenido del pomo de oro.

--¡Qué has hecho! esclamó horrorizado el rey Nazar.

--¡Morir! contestó Wadah, arrojándose sobre el divan y cubriéndose el

rostro con las manos.

--Esta es la justicia de Dios, dijo una voz sonora á la puerta de la

cámara.

Era la voz de Yshac-el-Rumi que entró.

--¡Ah! vienes á tiempo, esclamó el rey: tú eres sábio, tú eres

astrólogo: tú encontrarás un medio de salvar á esa desdichada.

--Mira, sultan Nazar, dijo Yshac-el-Rumi, apartando las manos de Wadah

de su semblante que estaba pálido é inmóvil.

--¡Muerta! esclamó el rey Nazar.

--Sí, muerta: era necesario que fuesen vengados Leila-Radhyah y Daniel

el Bokarí.

--¿Y has sido tú?

--Sí, yo he sido el brazo de la justicia de Dios.

--¡Y tú, tú acaso tambien!... esclamó el rey mirando con ansiedad á

Leila-Radhyah.

--¡Oh! ¡no! esclamó horrorizada Leila-Radhyah: ¡yo no se asesinar!

--He sido yo, dijo Yshac-el-Rumi, y salió lentamente de la cámara.

El rey Nazar huyó de ella.

Leila-Radhyah levantó á Bekralbayda y se la llevó consigo.

El cadáver de Wadah quedó allí solo y abandonado.

La alhambra; leyendas árabes · 第 57 / 311 题