XVII.

¡EL REY NAZAR SE HA VUELTO LOCO!

Uno de los que mas se maravillaban y mas recelosos andaban con la

determinacion del rey Nazar, era el mismo que le habia metido en la

tentacion de construir el Palacio-de-Rubíes.

Yshac-el-Rumi.

Aquel estraño viejo daba en vano vueltas á su imaginacion para adivinar

los proyectos del rey.

El destino que queria dar á aquellos treinta mil esclavos y el objeto á

que destinaba aquellos treinta mil morteros, eran dos acertijos.

Sin embargo, aquellos dos acertijos, como veremos mas adelante, eran de

muy facil resolucion.

A pesar de la facilidad de esta resolucion, Yshac-el-Rumi no daba con

ella.

Lo que demostraba que tenia mas de charlatan que de astrólogo.

Sin embargo, Yshac-el-Rumi, como veremos mas adelante no era un hombre

malo.

Se habia propuesto motivar un gran acto de justicia, y para ello se

habia valido como medio de lo maravilloso, porque sabia demasiado lo

dados que eran á la supersticion los musulmanes.

Y cuando decimos los musulmanes, como separando de ellos á

Yshac-el-Rumi, parece que decimos que Yshac no era musulman.

En efecto, no lo era originariamente: su mismo sobrenombre de Rumi lo

decia[33].

Si ahora os contáramos la historia de Yshac-el-Rumi, perderia gran parte

de su interés nuestro relato.

Básteos saber que Yshac-el-Rumi no era astrólogo mas que en la charla,

que el cuento del rey Aben-Habuz habia sido una invencion suya para

maravillar al rey, que el encantado alcázar de Rubíes era una mentira, y

que los hermosos planos, dibujos y vistas que habia mostrado al rey y

que tanto le habian encantado, los habia comprado á un alarife africano

que habia muerto en la miseria, sin lograr que ningun emir de oriente

quisiese gastar sus tesoros en la construccion de aquel magnífico

alcázar con el cual habia soñado veinte años de su vida, invertidos en

la composicion, distribucion, trazas y adornos que estaban demostrados

en los pergaminos.

El alarife moribundo, vendió á Yshac-el-Rumi aquellos planos, dibujos y

trazas mediante á una estraña condicion, fundada en una historia de

amores y desgracias, y por algunos dirahmes de plata con los cuales

debia ser comprada una sepultura de piedra.

El alarife habia entregado todos los sueños de su vida á Yshac-el-Rumi,

á trueque de una estrecha vivienda donde dormir por toda una eternidad.

Además, el alarife habia entregado á Yshac-el-Rumi una muger y una niña.

La muger era hermosísima, la niña daba señales de serlo.

Fiel Yshac á su juramento, habia embalsamado y puesto en su lecho de

piedra al africano: se habia consagrado á aquella niña y á aquella

muger, y estaba á punto de realizar los sueños del difunto.

El rey Nazar conocia á la niña.

El príncipe Mohammet la amaba.

Porque aquella niña era Bekralbayda.

El alcázar maravilloso iba á construirse.

Pero no podia Yshac-el-Rumi sacar en claro para qué queria el rey Nazar

aquellos treinta mil cautivos y aquellos treinta mil morteros.

Y no era solo Yshac-el-Rumi el que andaba pensativo y confuso por aquel

misterio: llegó á interesarse en él todo el reino.

Porque autorizados los walíes, capitanes y arrayaces vasallos del rey

Nazar para entrar en algara por las tierras cristianas y las riberas de

Africa, empezaron á tomar gente á sueldo, y no se veian por do quier mas

que escuadrones armados y banderas tendidas, atravesando la Vega y los

desfiladeros de las montañas: y por otra parte los alarifes y labradores

de mármol, buscaban cuantos oficiales podian, y pagándolos á precio de

oro, se los llevaban á las canteras del rey, donde trabajaban de dia y

de noche.

Entre tanto el rey Nazar hacia frecuentes escursiones con Yshac-el-Rumi,

y llevando consigo los maravillosos pergaminos, á la Colina Roja.

--Pero aquí no cabe este alcázar, decia á su falso astrólogo: será

necesario subir con los muros por la ladera del cerro, y correr por su

cumbre, y bajar despues á la Colina de Al-Bahul, cerrando las dos alas

del alcázar como con un herrete, con una muralla que cierre el barrio de

los Gomeles. ¡Oh! ¡quién tuviera vida para ver terminada esta maravilla!

Yshac se maravillaba de que el rey Nazar pidiese á Dios vida y no

tesoros para construir aquel alcázar.

--Muy rico debe ser el rey, decia para sus adentros.

--Cien torres y treinta mil almenas en ellas y en los muros, decia el

rey Nazar contemplando los planos: un cautivo para cada almena, un

mortero para cada cautivo: treinta mil dirahmes de oro cada un dia; ¡sí,

sí, por Allah! hay lo bastante para construir una nueva Damasco.

¡Treinta mil cautivos! ¡uno para cada almena! ¡treinta mil morteros!

¡uno para cada cautivo! ¡treinta mil dirahmes de oro cada un dia!

Yshac-el-Rumi se contristó, porque creyó que el rey habia perdido el

juicio, y esto echaba á tierra todos sus proyectos.

Y no era solamente Yshac el que pensaba de esta manera.

Los habitantes de Granada decian tambien, pero en voz baja por temor de

ser castigados:

--¡El rey Nazar se ha vuelto loco!

La alhambra; leyendas árabes · 第 44 / 311 题