nuestro señor, como sois nuestros Padres y tutores la amargura y trabajo
á que nos estrechan sus Reales ministros, siendo sobre todas la más
sensible el que despreciando nuestras representaciones no vengan en
ninguno de los partidos á que hemos salido? pues hemos propuesto que ya
que por servir al rey nuestro señor hemos de salir de los pueblos á
vivir como bárbaros en los desiertos exponiéndonos á perecer de hambre y
que en la transmigración se mueran nuestras mujeres y pequeños hijos con
la mudanza de climas y con las fatigas é incomodidades de los caminos de
cien leguas. Pero que para este sacrificio son menester tres ó cuatro
años lo que no nos han concedido. También hemos propuesto quedarnos,
aunque con dolor, bajo el dominio de Portugal, y á esto se nos responde
que si nos quedamos ha de ser sólo para ser jornaleros y esclavos de los
portugueses, sin que tengamos dominio en nuestras casas que hemos
fabricado con nuestro sudor y trabajo y sin que seamos dueños de un
palmo de tierra para sembrar los granos necesarios para nuestro
sustento, ni licencia para coger una hoja de los hierbales que hemos
plantado con nuestras manos y regado con nuestro sudor, y todo esto se
nos niega al mismo tiempo que á los portugueses que han de dejar la
colonia se les concede libremente que si quieren se queden bajo del
dominio de España sin perder la posesión de sus casas y bienes, y si
quieren salir tienen libertad para venderlas ó donarlas como legítimos
dueños de ellas.
A vista de esta notable desigualdad, volvemos á preguntar:
--Padres Curas ¿qué delito hemos cometido contra nuestro rey y señor
para tan desmedido castigo?
Y últimamente, si nuestras razones no son oídas porque no tenemos
entendimiento para penetrar los justos motivos que para esto tienen los
soberanos, ya no tenemos ni tendremos otro consuelo que clamar al cielo
y entregarnos desde luego á la muerte; que en estas circunstancias será
el único alivio en nuestras penas; pero aún esta puerta que la abrió
liberal nuestro Redentor que derramó su preciosa sangre por redimir
nuestras almas se nos vaya cerrando con la cierta amenaza de que si no
dejamos los pueblos se han de ir nuestros Padres Curas para que ni
tengamos el consuelo de adorar á nuestro Redentor en el Sacramento del
Altar, ni el de oir una misa ni el de tener con quien confesarnos para
morir como cristianos, sino que perezcamos como si fuésemos bárbaros ó
infieles.
Es muy bueno que por el interés del cielo nos sugetamos á la ley santa
de Dios, nos recogimos á los pueblos, profesando rendida obediencia á
nuestros Padres Curas, y después de cristianos nos hicimos
voluntariamente vasallos del católico Rey de España para que,
amparándonos, fomentase nuestra devota cristiandad, como lo ha hecho
piadosamente con tan glorioso fruto (que según vosotros nos habéis
dicho) nuestro presente Pontífice Benedicto XIV en la Bula del año de
1741 en que encarga á los obispos del Brasil y en especial al del Río
de la Plata que con todas las armas de la Iglesia defienda y no permita
que se saquen de sus tierras y pueblos los indios, aunque sean infieles,
y mucho menos á los que son cristianos, y con efecto, excomulga Su
Santidad á los que tal quieren ó para ello diesen consejo, favor ó
ayuda, sea por el motivo ó pretexto que se fuese; y en otra del año 1743
nos propone, y á toda nuestra nación por ejemplar de buenos cristianos y
los más conformes á los de la primitiva Iglesia; nos pone en dicha Bula,
y ahora, como si no tuviésemos ese carácter, se nos ha de poner un
entredicho y extracción de todo pasto espiritual, privándonos de los
Sacramentos con el destierro de nuestros Pastores y Curas, para que por
necesidad quedemos desmembrados del gremio de la Iglesia, como si
fuésemos descomulgados, y para que como ovejas errantes salgamos
perdidos á los montes y huídos con los infieles, apostatemos de la fe y
de una vez nos sujetemos al tiránico imperio del demonio sin esperanza
ya de lograr el cielo?
¿Es creíble que dos Monarcas, uno católico como es nuestro Rey de
España, y otro fidelísimo como lo es el de Portugal, han de querer que
de un golpe se pierdan cerca de treinta mil almas bautizadas, que hay en
estos 7 pueblos, y poco después se pierdan también 63.339 que hay en los
pueblos del Paraná y en el del Uruguay (á todos los cuales menos uno les
quitan con esta división sus hierbales, y á 5 ó 6 de ellos sus estancias
y á todos el socorro que tenían de las nuestras y de nuestros
algodonares para sus vestuarios) para lo que se hace preciso que como
algunos nos lo tienen ofrecido, todos nos acompañen á la defensa
consiguientemente, experimentarán el mismo desamparo de los Padres y la
total ruina de sus almas.
Esto no lo podemos decir aunque nos lo prediquen nuestros Padres, porque
si los dos Reyes que dicen nos lo mandan estuvieran presentes para oir
nuestros ruegos, ó á lo menos fueran informados con verdad del estrecho
lance en que nos han puesto sus ministros, ciertamente que como
protectores de la cristiandad y piadosos Padres de nuestra pequeñez, no
permitieran el riesgo en que estamos, pues ya sabemos por boca de
nuestros Padres Curas que los Sumos Pontífices que dieron permiso á los
Reyes de España y Portugal para conquistar las Indias Meridionales, no
tuvieron otro motivo para que nos pudiesen buscar en nuestras tierras
sino el fin de que lográsemos los bienes eternos de nuestras ánimas,
aunque nos privásemos de la libertad en que vivíamos para sujetarnos á
ser vasallos de dos Monarcas que no conocíamos y siendo esto cierto se
podrá creer que estos mismos soberanos que en nuestra conquista no
tuvieron otro glorioso fin que el de propagar la fe de Jesucristo y
extender los dominios de la Santa Iglesia, estos mismos nos han de poner
en la necesidad de malograr el carácter de cristianos y en peligro de
que nos arrepintamos de haberlo recibido, por conservarlo nos sujetamos
á su obediencia y por ésta estamos al presente en el riesgo de perderlo
todo? Esto, Padres de nuestras almas, no lo hemos de creer por más que
nos lo esteis predicando, esto sin duda no es la voluntad de nuestro Rey
y señor, sino engaño de los que sin atender á nuestras almas sólo
aspiran al interés de los bienes temporales.
Señor Marqués, todas estas razones son las que, no con tanto concierto,
pero sí con mayor tenacidad, tienen los indios impresas en el corazón y
así con más viveza la manifiestan en su idioma, porque han sido los
primeros principios con que se han establecido en la fe promovida en la
cristiandad, y las que, sin apartarme un punto de la más rendida
obediencia al Rey nuestro señor y sus mandatos, las hago presente á V.
S., no para disculpar la resistencia de los indios, la que desde luego
repruebo una y muchas veces como lo están vituperando sus Padres Curas
con repetidas amenazas, y la que si cayera en otras capacidades, desde
luego juzgara dignísima de un pronto y gravísimo castigo, á no
considerar por una parte el corto alcance de sus entendimientos para
penetrar las superiores razones y dictámenes políticos de los soberanos,
y por otra estar faltos de aquella luz que era necesaria aún en los
hombres más instruídos para sujetarse á un sacrificio tan doloroso como
inesperado, para que V. S. en fuerza de ellas se haga cargo de los
motivos eficazmente impulsivos que contra sí tiene la poca advertencia
de que los pobres, con ciega obstinación los tiene precipitados y
resueltos á morir antes con el rigor de las armas que dejar
voluntariamente sus pueblos; resolución bárbara que teniendo atravesados
nuestros corazones, la están reprendiendo sus curas con la amenaza
prevenida de que los han de abandonar y salir de los pueblos por ser
indignos de su protección, siendo inobedientes á su Rey y Soberano; y á
este fin, ya sabe V. S. que tengo hecha renuncia de los pueblos
resistentes y de todos los que en adelante se manifestaren inobedientes
para que el señor gobernador de esta plaza, como Vice-patrón, y el señor
Obispo como pastor, los provea de párrocos para que del todo no se
pierdan sus almas.
Pero á esta amenaza resulta otro nuevo peligro, porque á ella responden
los indios que si les envían otros Curas que no los conocen ni acaso
saben su idioma, los recibirán con flechas como inútiles para su pasto
espiritual, y que llegando el caso de querer salir los Padres, sólo lo
conseguirán después de dejarlos enterrados, porque antes no lo
permitirán, aunque quisieran, y primero les quitarán la vida que darles
libertad para la fuga.
Y si en esta demanda se sacrifican los Padres á la muerte, como ya
recelan con mucho fundamento, no hay duda que con su sangre firmarán un
claro testimonio de su lealtad que tienen y siempre tendrán impresa en
sus corazones hasta la muerte.
Mas en estos estrechos términos que nunca se imaginaron posibles por la
ciega obediencia que hasta aquí han profesado los indios á los Padres,
pero ya los tocamos ciertos y con peligro de llorarlos sin remedio, no
puedo dejar de hacer presente á V. S. para descargo de mi conciencia,
que después de haber obedecido al Rey nuestro señor y atendido su
respeto con cuantas diligencias y medios ha ofrecido el vivo deseo de
esta provincia para desempeñar la confianza con que S. M. se ha dignado
fiar este negocio de nuestra lealtad, hemos llegado ya al último término
de la ejecución, en que es preciso descubrir el primer blanco de la
intención de los dos soberanos Monarcas, que es el del divino respeto, y
el de la sangre de Jesucristo derramada por aquellas pobres almas cuyos
superiores motivos tienen como diadema, esplendor y esmalte de sus
coronas los reyes católico y fidelísimo, pues éstos fueron los que
empeñaron con valiente resolución su cristiano celo para la conquista de
las Indias Meridionales, como lo expresa el señor Alejandro VI en la
bula en que señaló los límites de ambas Coronas.
De donde se infiere claramente que habiendo sido el primer blanco y
principal fin de sus Reales ánimos en tan gloriosa empresa la mayor
honra de Dios nuestro señor y propagación de nuestra santa fe á que tan
frecuente y liberalmente han concurrido con sus Reales haberes
posponiendo la extensión de sus dominios á la de la Santa Iglesia, no
nos podemos persuadir que cuando firmaron los presentes tratados se
pudiese imaginar ni á mucha distancia prevenir que pudiese llegar el
caso doloroso que ya estamos tocando en el peligro de que apostaten de
la fe treinta mil almas que son las que hay en los siete pueblos, y que
no sin fundamento temamos próximamente sigan el mismo errado camino
sesenta y nueve mil trescientas treinta y nueve que están en los pueblos
del Paraná, por saber están todos alborotados para salir á ayudar á sus
paisanos en caso de guerra en que también habrán de dejarlos los Padres
y por consiguiente resultará de la perdición de 100.000 almas cristianas
un necesario escándalo para todo el mundo y más para los herejes que
imprimirán en sus mercurios por la afrenta de la cristiandad que los
ministros de los Reyes que siempre han tenido por timbre de sus Coronas
estar bajo de las banderas de Jesucristo para defender y propagar su
iglesia han abandonado la más florida cristiandad de los indios y aun
obligado por el cumplimiento de sus tratados á la ruina eterna de
100.000 almas y dado con este destrozo ocasión á que innumerables almas
de infieles que están ya á las puertas de la iglesia se retiren
fugitivos y se recelen de los Misioneros confirmándose en el errado
dictamen que tuvieron los indios Guaraníes en el principio de su
conversión, creyendo que los Padres querían hacerlos cristianos para
entregarlos después á los portugueses ó para hacerlos esclavos de los
españoles, aprensión que no depusieron hasta que vieron que por su
defensa murió á manos de sus enemigos del golpe de un balazo el V. P.
Diego Alfaro que entonces era Superior de las Misiones.
Este lamentable daño, que tememos con mucho fundamento, lo debemos mirar
también como antecedentes de otras fatales consecuencias á que nos
obliga la experiencia que al presente tenemos en otras provincias, pues
habiendo tenido en el siglo pasado 300.000 indios de numeración
repartidos en el servicio de los encomenderos de la ciudades de
Santiago, Córdoba, Tucumán y Rioja, por las estorsiones que de ellos
padecían, se levantaron algunos indios rebeldes y fugitivos á los montes
del Chaco, que han sido y son al presente la ruina de todos estos
lugares y caminos, en que no se puede dar paso sin peligro de robos y
muertes por ser innumerables las que han ejecutado en estos próximos
años en los cristianos, llevándose los párvulos y mujeres cautivas á sus
montes.
Y si de este modo han oprimido todos estos lugares los infieles del
Chaco, descendientes de los que apostataron de la fe y del servicio de
los españoles, sin que después de cien años los hayan podido reducir por
armas, siendo sólo muy pocos los que después de infatigable trabajo y
derramamiento de sangre han conquistado los Jesuitas con el Evangelio,
qué no deberemos temer si todos los pueblos del Paraná y Uruguay y en su
compañía todos los infieles vecinos de las naciones de Charruas,
Minoanes Boanes y Guanaos se levantan y amotinados volviesen contra
todas estas ciudades, siendo las primeras al encuentro las del Río de la
Plata; ¿qué número de españoles podrá resistir á tan crecido número de
indios, que sin ponerse en campaña, sólo con asaltos nocturnos no
dejaran lugar que no talen, ni españoles que no degüellen?
Si todos estos eminentes riesgos, que no son imaginarios sino casi
ciertos y consiguientes al próximo en que estamos al presente, de que
apostaten los indios de los 7 pueblos y aún de los 30, se hiciesen
presentes al Rey nuestro señor y al fidelísimo de Portugal, con la
ingenuidad y verdad con que ya los estamos tocando, se podrá creer de
su católico y fidelísimo celo que es su ánimo y voluntad se atropelle la
gloria de Dios y respeto de la Iglesia por cumplimiento de los tratados
ya ajustados?
Esto no podemos imaginar sin que nos hagamos reos de lesa majestad con
el grandísimo agravio con que se herirán sus corazones cristianos y
Reales con el pensamiento de tan temeraria presunción.
Esto supuesto como cierto é infalible vuelvo ahora á levantar hasta el
cielo todo el grito con que aquellas pobres almas y los ángeles de su
guarda están clamando por su remedio, y con ellas puestas á los piés de
V. S. con el rendimiento debido á su carácter y persona, pido con toda
esta provincia, se conduela más que la pérdida de todos los bienes
temporales y aun de las vidas de aquellos pobres neófitos, de la ruina
eterna de sus almas.
Hago presente á V. S. que por ellas derramó nuestro Redentor Jesucristo
su preciosa sangre, y por ella y su divino respeto vuelvo á suplicar á
V. S. en descargo de mi conciencia, y so pena del cargo que se nos ha de
hacer en el tribunal de Dios nuestro señor, de tan irreparable pérdida,
se sirva de suspender la guerra que se previene hasta dar parte al Rey
nuestro señor, á cuyo supremo tribunal apelo en nombre de estos pobres
desvalidos, protestando violencia y fuerza en cualquier disposición que
sea en perjuicio de sus almas, pues lo que el Rey nuestro señor nos
tiene mandado, es que se entreguen los pueblos con paz, y esto mismo me
tiene ordenado mi R. P. General; y habiendo hasta el presente concurrido
á esta debida obediencia y estando también prontos para continuarla
hasta derramar nuestra sangre y perder la vida en prueba de nuestra
lealtad, debo recordar á V. S. que el Rey nuestro señor no manda, ni
podemos presumir mande concurramos á que con detrimento de la gloria de
Dios y contra el católico y fidelísimo ánimo de ambas Coronas, se
expongan al peligro de subersión 100.000 almas, cuya cristiandad es la
más florida de las Indias, y por este único motivo, cuando en lo demás
prontísimo para obedecer á V. S. con toda esta provincia en lo que no se
opusiera al servicio de Dios nuestro señor.
A V. S. pido y suplico se sirva de proveer esta mi rendida súplica, por
ser de caridad y justicia, y se digne mandar se me dé testimonio para
recurrir al Rey nuestro señor á quien será V. S. responsable si antes
de emprender la guerra no le da parte del peligroso estado en que se ha
puesto este negocio, que cuando se trató se concluyó muy distante de ser
en perjuicio de las almas, y por eso debemos suponer que en las
presentes circunstancias, cualquiera acción que las perjudique, será
contra la mente del católico Rey nuestro señor (que Dios guarde).
_Córdoba y Julio 19 de 1753._
INDICE
DE MATERIAS CONTENIDAS EN LOS TOMOS XII Y XIII DE LIBROS RAROS QUE
TRATAN DE AMÉRICA.
TOMO XII
_Páginas._
Advertencia preliminar del editor V
Al serenísimo señor D. Fernando,
príncipe de Asturias XI
Aprobación del P. Alberto Pueyo 1
Aprobación del P. Joseph de Silva 6
Michael Angelus Tamburinus 9
Licencia del ordinario 10
Licencia del Consejo 11
Suma de la tasa 12
Prólogo de la obra 13
Protesta del autor 15
CAP. I.--Misiones de Chiquitos.--Su
principio, fundación y progresos. 17
CAP. II.--Situación de la provincia
de Chiquitos, costumbres y calidades
de los naturales 43
CAP. III.--Descubren los españoles
la nación de los Chiquitos y destrúyenla,
así ellos como los Mamalucos,
de quienes se da una sucinta
relación 67
CAP. IV.--Da principio el P. Joseph
de Arce á la nueva iglesia de los
Chiquitos, vencidas muchas dificultades 77
CAP. V.--Los Mamalucos intentan la
destrucción de estos pueblos, pero
sus intentos salieron frustrados 92
CAP. VI.--Con los sucesos pasados se
entibia algo la santa fé; muere el
P. Fideli y se habla largamente
de los trabajos de los Misioneros. 105
CAP. VII.--Fervor y virtud de la nueva
cristiandad, premiada de Dios
nuestro señor con muchos sucesos
milagrosos 129
CAP. VIII.--Preténdese descubrir el
río Paraguay para comunicarse
estas Misiones con las Reducciones
de los Guaraníes 180
CAP. IX.--Múdanse á otro paraje las
Reducciones; pasa el P. Superior
á Tarija y desastres de los neófitos 214
CAP. X.--Nacimiento, entrada en la
Compañía y primeros fervores del
V. P. Lucas Caballero 229
CAP. XI.--Pasa el V. P. Lucas á los
Manacicas, quieren matarle los indios
Sibacás y el cielo toma por
él venganza 242
CAP. XII.--Descríbese el país y cualidades
de los Manacicas, su religión
y ritos de ella 260
TOMO XIII
CAP. XIII.--Continúa el P. Lucas
Caballero su Misión de los Manacicas 5
CAP. XIV.--Vuelva el P. Lucas á los
Manacicas, visita todas sus Rancherías
y se restituye por otro
camino á la Reducción de San
Francisco Xavier 27
CAP. XV.--Funda el V. P. Lucas Caballero
la Reducción de Nuestra
Señora de la Concepción, y es
muerto á manos de los infieles
Puyzocas 67
CAP. XVI.--Conversión de los Morotocos
y Quíes, y descubrimiento
de nuevo camino para estas Misiones
por el río Paraguay 87
CAP. XVII.--Son muertos de los Payaguás
los PP. Joseph de Arce y
Bartolomé Blende, y se da una sucinta
relación de sus virtudes 109
CAP. XVIII.--Fúndase una Reducción
nueva y el P. Juan Bautista
de Zea emprende la Misión de los
Zamucos. 142
CAP. XIX.--Continúa el P. Miguel
de Yegros la misión de los Zamucos,
á cuyas manos muere el hermano
Alberto Romero. 173
CAP. XX.--Progresos y aumentos de
otras Reducciones en los años de
1717 y 1718. 191
CAP. XXI.--Breve descripción de
la provincia del Chaco; costumbres
y cualidades naturales de sus
moradores, y fundación de una
nueva Reducción en ella. 209
CAP. XXII.--Últimas noticias de
las Misiones de Chiquitos y Chiriguanás. 236
Memorial que el Provincial de la Provincia
del Paraguay presentó al
señor marqués de Valdelirios, en
que le suplica suspenda las disposiciones
de guerra contra los indios
de las Misiones. 251
INDICE
POR ORDEN ALFABÉTICO DE LAS COSAS
NOTABLES CONTENIDAS
EN LOS TOMOS XII Y XIII DE LIBROS RAROS
QUE TRATAN DE AMÉRICA.
INDICE
POR ORDEN ALFABÉTICO DE LAS COSAS
NOTABLES CONTENIDAS
EN LOS TOMOS XII Y XIII DE LIBROS RAROS
QUE TRATAN DE AMÉRICA.
A
VOL. PÁGS.
Abren camino por los bosques los
neófitos para pasar á las tierras
de los Quiriquicas II 15
Abrese nuevo camino por las cordilleras
de los Chiriguanás II 241
Admíranse los Misioneros al ver
los trabajos y abnegación de los
indios Chiquitos recién convertidos
al cristianismo I 135
Agresión á los Misioneros por los
indios Tobas y Mocovíes II 232
Alevosía de los indios Tobas y Mocovíes II 132
Alevosía de los indios Zamucos II 185
Amotínanse los indios Zamucos
contra los Padres Misioneros II 247
Aparición de la Santísima Virgen
á un indio llamado Zumacaze II 32
Aprobación del P. Alberto Pueyo,
calificador de la suprema general
Inquisición I 1
Aprobación del P. Joseph de Silva I 6
Apuntes sobre la vida y hechos del
P. Arce II 120
Asombroso milagro en el pueblo de
San Juan Bautista I 143
Astucia de los indios Chiquitos II 195
Astucia de los indios Guaycurús
para apoderarse de los Misioneros II 99
Astucia de los indios Manacicas II 7
Astucia de los indios Payaguás I 188
B.
Banquetes que celebraban los caribes
Carerás con las carnes de
los Morotocos muertos II 153
Bebida llamada chicha, que usan
los infieles; cómo la fabrican II 69
Breve descripción de la provincia
del Chaco: costumbres y cualidades
de sus naturales y fundación
de una nueva Reducción
en ella II 208
Breve y Bula del Papa Paulo III
declarando á los indios racionales
y capaces para recibir la fe
católica I 139
Breves noticias de la vida, hechos
y virtudes del V. P. Lucas
Caballero II 85
C.
Carga de mosquete que dieron los
españoles á los indios Payaguás. I 212
Caso milagroso ocurrido en las Misiones
de los Penoquís I 176
Castigos que imponían los corregidores
á los indios recién convertidos
á la fe católica I 132
Celo apostólico del P. Arce; molestias,
persecuciones y peligros
por que pasó en las provincias
de Chiriguanás, Chiquitos y
Guaranís II 125
Celo y servicios que prestan los indios
de San Rafael á los Misioneros
en la conversión de infieles I 176
Ceremonias de los indios Puyzocas. II 79
Ceremonias usadas por los indios
Tapacurás en las exequias de
sus muertos I 278
Clima, productos, vegetación, etc.
en las Reducciones de los Chiquitos I 145
Conjuración de los indios de la provincia
del Chaco contra los españoles II 213
Conjuración de los indios Lules para
dar muerte al P. Machoni II 222
Convenio de paz celebrado entre los
indios Ziritucas y Zibacas; mediación
del P. Caballero II 30
Conversión de los Zamucos II 176
Conversión de las naciones de indios
Zamucos II 145
Conversión de los indios Chiriguanás;
causas que influyeron en
su ánimo para reducirse á la
santa fe II 237
Conversión de los indios Zibicas II 9
Conversión de los Morotocos y
Quíes, y descubrimiento de nuevo
camino para estas Misiones
por el río Paraguay II 89
Conversión milagrosa de un hechicero
en la Reducción de San
Joseph I 148
Conversión de los indios Chanés á
la fe de Jesucristo I 32
Conversión de los Manacicas I 254
Correrías de los indios Chiquitos
en busca de infieles que convertir
á la santa fe II 196
Correrías de los Mamalucos del
Brasil por las márgenes del río
Paraguay I 71
Costumbres de los indios Cozocas II 193
Costumbres que tenían los indios
Chiquitos para curar á sus enfermos;
mataban á las mujeres,
que suponían ser causa de las
enfermedades I 48
Crueldades de los indios Penoquís I 217
Crueldad de los indios Puyzocas II 80
Crueldades de los mercaderes europeos
con los indios Chiquitos I 81
Cualidades de los indios Payaguás I 186
Ch.
Chabi, cacique de los Zibacas, impide
que sus vasallos den muerte
al P. Lucas Caballero I 257
D.
Decídese el P. Arce á hacer la Misión
en las naciones de los Guanoás II 131
Dedicatoria al príncipe de Asturias
D. Fernando I XI
Desastrosa muerte de los neófitos
de la Reducción de San Juan
Bautista I 223
Descripción de las naciones de los
Chiriguanás II 242
Descripción geográfica de las Reducciones
de los Chiquitos en
las márgenes del río Paraguay I 44
Descripción de las naciones de la
provincia del Chaco II 210
Descripción del país y cualidades
de los Manacicas; su religión y
ritos de ella I 261
Descripción del viaje que hicieron
los Padres Misioneros, desde la
Reducción de la Candelaria en
el descubrimiento del río Paraguay I 185
Descripción de la isla de los Orejones I 195
Descripción geográfica de las primeras
Misiones de los Chiquitos I 19
Descubrimiento por los españoles
de la nación de los Chiquitos I 67
Despedida de los indios Zibacas del
P. Caballero II 40
Destrucción de los indios Chiquitos
por los españoles y Mamalucos
del Brasil I 67
Destruye el P. Lucas Caballero los
tabernáculos y demás efectos
que usaban los Jurucarés para
el culto de sus dioses II 39
Dilatación del imperio de las Coronas
de Castilla y Portugal en
las Indias Occidentales I 20
Dioses á quienes rinden culto los
indios Tapacurás I 269
Discordias entre los caciques Cambaripa
y Tataberey, y tratados
de paz por mediación del Padre
Arce I 31
E.
Ediciones publicadas de la Relación
historial de las Misiones de
de los Chiquitos I VII
Edificios del pueblo de San Miguel II 263
Efectos milagrosos ocurridos á un
indio llamado Santiago Quiara
en el pueblo de San Juan Bautista I 145
El cacique Patozi y los suyos abandonan
al P. Caballero en su Misión
á los Quiriquicas II 20
El P. Lucas Caballero se pone en
camino hacia las tierras de los
Puyzocas II 78
El P. Lucas Caballero amenazado
por un mercader europeo; intenta
éste malquistar á los indios
con el Padre I 239
Embajada de los indios Penoquís al
P. Arce; invítanle á que pase á
sus tierras para abrazar la ley
de Jesucristo I 89
Embarque de Misioneros para las
Indias II 132
Emboscadas que preparaban los indios
para robar á los españoles
las armas y útiles de labranza I 69
Encuentra el P. Arce los cadáveres
de sus compañeros II 113
Entrada del P. Yegros en las naciones
de los indios Zamucos;
trabajos que hicieron en la expedición II 173