CARTA DE EVANDRO Á SERAFINA.

Señora y todo mi bien: Si como perdí la libertad y todo libre

albedrío, con claridad tan resplandeciente que de contino está

procediendo de vuestra vista, juntamente no cobrára esperanza

de libertad, escusado me fuera el mi tan apasionado vivir,

porque, estando acompañado de tan sobrada pasion, ningun alivio

ni sentido tuviera para poder estar á la contina especulando

en vuestra sobrada gracia y demasiada hermosura, acompañada

de tan incomparable beldad, que claramente veo rescebir los

apasionados sentidos clarífica y resplandeciente luz, contra las

escuras tinieblas de que á vuestra causa el entendimiento se

halla ocupado; pero con vuestra vista toda la escuridad y niebla

cerrada se convierte en lumbre, tan fulgente como la procediente

de los rayos del clarífico Apolo, de manera que manifiesta es

la cuita que por vos me atormenta; pues remedio en verdad no

lo espera, porque vuestra tan sobrada honestidad y mesura le

antepone mil géneros de inconvenientes. De manera que, sin más

esperanza de salud, rescibo en satisfacion, y por cumplida paga,

mis males y tan demasiado tormento ser á vuestra causa, y con

esto sería contento y me satisfaria si entero estuviese, que mis

sobradas ánsias se sienten de vos, pues sois la causa principal

y primera de donde mi desconsolado y tan penado vivir proceden,

pero mi poco merecimiento, enemigo del tan sobrado atrevimiento,

me representa tantos temores, que me hallo indigno de áun pensar

en lo tal, y así quedo el más aherrojado captivo de quantos en la

casa de amor padescen.

Por la carta bien paresce,

Muy linda graciosa dama,

Que mi vida os obedece,

Y que por vos no fenece

Tan grande fuego y tal llama.

Pero los tristes sentidos

Que se abrasan,

Aunque están ya decaidos,

En verse tan encendidos

Bien os llaman,

Diciendo con gran clamor,

Ven, ven, señora, por quien

Padecemos,

Y aumentarás el dolor,

Y tendrémos mayor bien

Del que tenemos.

Y creciendo el tal favor,

No estimarémos la muerte

Ni la vida,

Ni tendrémos más temor

De ver desastrada suerte

Ni caida.

Pues los otros exercicios,

Tan prontos al daño y mal

Tras que andamos,

Ya han cesado en sus oficios

Diciendo: señora, y val

Que espiramos.

Así que no están en calma,

Ántes ya muy consumidos

Os desean;

Y los sentidos y el alma,

Con angustias condolidos,

Mucho penan.

Y desta arte así padece

Pena y tormento mortal

La mi vida,

Y la triste ya fenece

Con el ánsia desigual,

Que no la olvida.

Y tambien el pensamiento,

Vacilando en el dolor,

Que así lo trata,

Siente congoxas, tormento,

Viendo claro el disfavor

Que lo mata.

Así que mirando aquesto,

Dama del mundo más bella,

Me vencí,

Pues que no tan lindo gesto,

Ni ménos tan clara estrella,

Yo la vi.

Y con esto satisfago

Del todo al entendimiento,

Segun veis,

Pues que con vuestro halago,

En tan crudo y gran tormento

Le teneis.

Mas ya recibe por gloria

Ser la causa do depende

Á lo que apunta,

La de más alta memoria

Que el ingenio humano entiende

Ni barrunta,

En lo qual cierto, contento

Le tendrá la tal porfía,

Y estaria,

Si tuviese pesamiento,

Que por vos, señora mia,

Se sabía.

Así que á la clara ved

Que mi vida que os adora

Siempre os llama,

Y no quiere otra merced,

Sino que sepais, señora,

Cómo os ama;

Y que dello no pasion,

Ni cosa que lo parezca

Recibais,

Ni ménos alteracion,

Aunque mi vida fenezca,

Vos sintais.

_Ser._ ¡Oh atribulado corazon, y cómo te cumple padecer, pues á tu

causa está penado el que más amas! ¡Oh potencias del ánima, pues

sois las más nobles en la humana compostura! ¿por qué no estais

muy despiertas y sintiendo, con sentimiento crecido, el dolor que

Evandro está padeciendo á mi causa? ¡Oh esteriores sentidos, que

no vigilais á la contínua, consintiendo en todo género de pasion,

pues fuistes y estais culpados como partícipes en el delito que de

mi parte se cometió contra Evandro! ¡Oh corporales exercicios! ¿por

qué n’os apresurais en que la voluntad de Evandro se cumpla? Porque,

estando él con dolor, estando triste, estando enojado, estando en

tormento, estando acompañado de pasion, estándose abrasando en un

fuego más agente y más intolerable que no el del infierno, no puedo

yo vivir. ¡Oh si la hermana se apresurase en cortar el hilo! ¡Oh si

las superiores y celestes potencias dexasen de influir la operacion

de natura en mi inferior y flaca composicion, ninguna cosa al

presente más agradable me sería; gozo de lo tal, sin comparacion,

se derramaria por mis venas! ¡Oh alto Dios, padre comun del género

humano, y quán maravillosas y incomprensibles son tus obras! ¡Oh

de quánta excelencia está acompañada la masa flaca de la pesada

y enojosa tierra! ¡Oh de qué sér tan infinito está adornada y

compuesta que del entendimiento humano no se puede imaginar! y pues

tan inmensas maravillas usaste con el hombre, adornándolo de tan

maravillosa perfeccion, haz al presente, por tu infinita y eterna

bondad, que mi espíritu no vaya desesperado á la casa del desabrido

y triste Pluton, porque, segun en el agonía en que está, y segun

la pena y angustiada vida que padezco, gran temor se me representa

que habré de facer compañía al apasionado Ixio, tan atormentado del

enojoso buitre, que nunca un momento dexa de estar cebándose con

nueva crueza en su pecho; pero ¡oh cuitada! que para más aumento de

mi pasion, vienen mis criadas, pensando que tengo mucha voluntad de

compañía.

_Viol._ Hora es, señora, que duermas, que Artemia ya se ha retraido,

y algo es noche.

_Ser._ Pues tráeme, Violante, así el alto Señor te cumpla lo que

más deseas, una caxa de acorza, porque comeré un bocado, que muy

angustiada me siento y de parte del corazon me vienen grandes

desmayos.

_Viol._ Héla aquí, señora; pero tengo pensamiento que te haces

preñada, porque ya me parece que es tiempo, pues há cerca de seis

meses que estás casada.

_Ser._ ¡Bien está en la cuenta; por mi fe, á causa de la incapacidad

de mi marido, y á causa de su demasiada impotencia, me estoy tan

vírgen como el dia en que nací; estáme esotra diciendo del preñado!

_Viol._ ¿Digo algo, señora? pienso que estoy en lo cierto, porque

callas.

_Ser._ Digo, hermana Violante, que eso fuera y mañana pascua, pero si

tan derecha te vas acostar.....

_Viol._ ¡Amarga de mí, y si es verdad lo que por la ciudad se suena

que su marido no es para mujer! ¡Ay! digo que estará estotra donosa,

moza y fermosa y rica, y que le falta lo mejor. Como es buena cosa el

hombre sin manos, pues dos mujeres en la cama tan bien parecen, qual

sea su sueño; pues guarde el cuerno, que de allí se suele levantar la

tos á la gallina: como se contentan estotras mucho que les guarden la

fe sobre tal caso, no me maravillo, sobre que la noche quel marido

no habla con ellas, otro dia no les veis el gesto. Andase estotro

la mitad del tiempo fuera de casa, y despues piensa cumplir con

palabras; áun no sea verdad lo que se suena de Evandro, ¡ay! digo yo

que sería la burla coronada.

_Ser._ ¿Qué hablas entre dientes, Violante? Véte á dormir.

_Viol._ Acá lo ha Marta con sus pollos.

Comedia llamada Selvagia, Comedia Serafina · 第 71 / 85 题