_Dav._ A buena fe, Pinardo, que debes parar mientes por tí, que
quien adelante no mira, atras se halla, y destas marcadurías tales
siempre veo escapar sin narices, ó á bien librar con un jubon sin
mangas, porque, como dice, quales las romerías tales son las veneras,
especialmente que ir tú con vestiduras mudadas, y en hábito de mujer,
llevas el cuchillo á la garganta, y áun si miras la soga arrastrando;
y tambien de necesidad has de mudar tu nombre para efectuar tu
engaño, cosa reprobada en derecho, mayormente en perjuicio de
tercero, pues quien en malos pasos anda, en mal acaba, y no puede
hablar verdad, y si la dixeses, bonico te pararian, pues hablando
mentira la tal cocina muchas veces suele amargar, y áun salir á los
rostros; y áun Salomon decia que ántes hombre debe amar al ladron que
no al mentiroso; por eso guárdate, que áun sant Gregorio decia que
por las mentiras de los malos no se conoce la verdad.
_Pin._ Anda, calla, que quien burla al burlador, etc.
_Dav._ El engañado á la postre no hallará ganancia, decia Salomon, y
el poeta afirma, Dios destruye los engañadores y sus engaños y malas
lenguas; y áun si miras, debaxo de la piel del cordero va encerrado
el lobo, y mira que los malos pensamientos hacen apartar al hombre de
Dios.
_Pin._ Titubeando estó, no sé qué me haga; grandes inconvenientes se
me representan de la sentencia, que de tu sermon á las clara procede;
pero ¡oh cuitado de mí! ¿qué haré? que lo he prometido, y allende de
quedar corrido de lo ya comenzado, no me cumple parar en el mundo si
retrocedo de la primera intencion.
_Dav._ El primer movimiento no es en mano del hombre, dice Platon,
mas la perseverancia en el pecado abominable, cosa parece, y el
decreto afirma que nunca la carne se corrompe sin el pensamiento;
así que tu voluntad dañada, y tan aparejada para el mal, refrénala,
que, áun allende de los notorios inconvenientes, Artemia sabe mucha
malicia y es formada en todo género de engaños, y sobre manera
sospechosa, sentirte ha luégo la cazada y así del juego saldrás
descalabrado; por eso, hermano, si quieres bien librar, concierta tu
vida de manera que se asegure tu persona; y esto se mire, que cierto
aquella vieja cautelosa es, y dos mil géneros de acechanzas te armará.
_Pin._ ¿Quieres que te diga á un traidor dos alevosos, y podria ser
que uno piense el bayo y otro quien lo ensilla, si mucha arte sabe la
raposa, más quien la toma?
_Dav._ Adoba por ahí; ya lo digo yo que la moza loca no ha menester
toca; y bien dicen que por demas es á la cabeza quebrada untalle el
casco.
_Pin._ Quédate adios, que ántes la dulce primavera dexará de pintar
los campos y florestas con frondas, produciendo flores matizadas con
diversos colores, que yo me aparte de efectuar lo ya comenzado; y ya
hecho es, la muerte ó la vida comigo va, hacer otra cosa burla sería
de muchachos, no quiera Dios que sea tenido por inconstante.
_Dav._ Sé que no eres rio, que no te puedes volver quando quiera que
te pareciere, alzándote á tu mano.
_Pin._ Gran tacha es no ser hombre firme en sus propósitos, y áun,
segun afirma el Salustio, la inconstancia es señal de locura, y el
filósofo dice que el inconstante sus cosas pone á la ventura.
_Dav._ Bien estoy con eso que dices; pero el perseverar en el vicio
la constancia con el pecado, no se debe llamar constancia, ni nombre
de firmeza merece; y, por el contrario, el que de mal propósito y del
camino de los vicios se aparta, no se ha de llamar inconstante, ántes
sabio y muy firme en los actos virtuosos y nobles; pero, pues tan
predestinado estás en el mal, haz lo que quisieres, y yo arriba me
voy, que por demas me parece que es dar consejo á la cabeza loca, ni
ménos lavar con lexía la cabeza del asno.
_Pin._ Por esperimentado mancebo tengo á Davo en todo género
de negociacion, y bien veo que él como está sin pasion conseja
discretamente, pero ¿qué tengo de hacer sino andar por aqueste
camino bueno ó malo, cayendo ó levantando, errando ó acertando, y
mostrándome en todo osado, que á los tales la fortuna dicen que suele
favorecer? pero el mejor consejo al presente es entrarme en casa de
Artemia, pues estó á la puerta, como que entro á ver el aposento, lo
qual no tendrán por cosa nueva, porque como la casa es labrada por
tan maravillosa arte, todos los forasteros tienen por costumbre de
vella como cosa de admiracion; y si acaso viere á Serafina, al tiempo
el consejo, que nunca me faltarán razones ni nuevos achaques, y todo
es menester; pero válala la maldicion, desde aquella rexa que está en
el corridor me llama Artemia, ¿áun quál ha de ser si me ha conocido
el diablo?
_Artemia._ ¿Sois de aquí de la ciudad hija, ó qué enhorabuena quereis
en nuestra casa? entrad, entrad, no hayais vergüenza, que, como
suelen decir, al mozo vergonzoso el diablo lo truxo á palacio.
_Pin._ Mozo dice; á otra palabra como esa dexo el manto y la saya
como el otro fraile los hábitos, y baxo las escaleras como un
cuadrillo; ¿por ahí me entras? no me personeo dese lado; que palabras
tiene la noble, habla sin monte.
_Art._ No lloreis, hija, no lloreis; pero allegaos acá y contadme lo
que quereis, y decí, ¿cómo venis así enojada?
_Pin._ Yo, señora, soy huérfana de padres, y un tio mio, que vive á
la puerta de Sant Juan del Alcázar, es mi tutor, y su mujer trátame
tan mal que hoy por dos veces ha cuidado matarme, y yo de desesperada
me he salido de casa con intencion de buscar con quién viva, porque
en ninguna manera puedo sufrir aquella mujer.
_Art._ Pues no lloreis, hija, no lloreis, que yo enviaré por ese
vuestro tio, y haré que dé órden en vuestra vida, ¿oyes, oyes, hija
Violante?
_Violante._ ¿Qué mandais, señora?
_Art._ A esa pecadora de moza sola y desconsolada, métela en mi
cámara, y dale de cenar y estése ahí.
_Viol._ ¿Cómo os llamais, hermana?
_Pin._ Ilia me llaman, que no debiera nacer.
_Viol._ Pues andad acá, hermana, andad acá, quel llorar poco
aprovecha.
_Serafina._ Válala la maldicion aquella moza, y cómo parece á Pinardo
el paje de Evandro, ¿es su hermana ó es él mismo? aunque bien me
puedo engañar, porque suelen decir que un diablo parece á otro; pero,
como que voy á otra cosa, quiero ir al aposento de Artemia y sabré
qué hay en el mundo, que una espina tengo atravesada en el corazon, y
el alma me da que es esto cosa de gran novedad.
_Ilia._ A Serafina veo, y si las pisadas trae enderezadas acá, sola
estoy; áun si viniese pienso que se urdirla bien esta tela.
_Ser._ Estaos, hermana, estaos, n’os levanteis, que debeis estar
fatigada.
_Il._ Más fatigado está Evandro y lo pasa.
_Ser._ ¡Jesus, Jesus, y eres Pinardo! es verdad que no me la daba el
espíritu.
_Pin._ Esta carta traigo de Evandro, y por traella traigo la muerte
á los dientes, como veis, y Artemia anda por ahí, no es tiempo de
pláticas; leelda, señora, y dadme la respuesta, que, como veis, en el
filo está la negociacion, y desta mi venida depende la salud y vida
y honra de Evandro, y áun la vuestra, como veis, no se queda en la
posada; sábia sois, en tal reputacion estais tenida acerca de todos,
pensaldo bien, pensá las cosas, que yo cumplido he con lo que debo al
servicio de quien me ha criado.
_Ser._ No sufren dilacion estas cosas, como dices, hermano Pinardo;
turbada estoy, no sé qué me diga, yo me voy para mejor poder entender
en tu despacho, porque malo es burlar hombre con su cabeza.