XV.

Victoria de los atenienses contra los peloponesios en el mar del

Helesponto.

La armada de los atenienses desfilaba en dos hileras, y se extendía de

la parte de Sesto hacia tierra firme.

De la otra parte la de los peloponesios, viéndola venir, partió de

Abido para encontrarla, y desde que se vieron, advirtiendo una y otra

que les convenía combatir, se extendieron en la mar, a saber, los

lacedemonios, que tenían sesenta y ocho trirremes, se ensancharon desde

Abido hasta Dárdano. En la extrema derecha fueron los siracusanos; y

la izquierda, donde estaban los barcos más ligeros, la mandaba Míndaro.

Los atenienses se extendieron junto al Quersoneso, desde Ídaco hasta

Arrianos, contando entre todos noventa y seis trirremes, a cuya extrema

izquierda estaba Trasilo, y a la derecha Trasíbulo, y los otros

capitanes cada uno en el lugar que les fue dado.

Adelantáronse los peloponesios para combatir y acometer los primeros

por encerrar con su extrema izquierda la derecha de los atenienses si

podían, de tal manera que no se pudiesen ensanchar más en la mar: y que

los otros buques que ocupaban el centro fuesen obligados a replegarse

hacia tierra, que no estaba muy lejos.

Conociendo los atenienses que los enemigos los querían encerrar, les

acometieron con grande ánimo, y habiendo tomado el largo de la mar,

navegaban con más velocidad y presteza que los otros.

Por otra parte, su extrema izquierda había ya pasado el promontorio o

cabo que llaman Cinosema, el sepulcro del perro, por lo cual los barcos

que tenían en el centro de la batalla quedaron desamparados de los de

las puntas, corriendo mayor peligro por tener allí los enemigos mayor

número de buques, mejor armados y de más gente. Además el promontorio

de Cinosema se extendía a lo largo dentro en la mar, de suerte que los

que estaban en el golfo y seno de él, no veían nada de lo que se hacía

fuera.

Por esta causa, viendo los peloponesios a dichos barcos desamparados,

de tal manera cargaron sobre ellos, que los rechazaron hasta la tierra;

y creyendo segura la victoria, saltaron en gran número en tierra

para ir al alcance de los atenienses que no podían ser socorridos

por su gente, es decir, por los que estaban a la extrema derecha con

Trasíbulo, a causa de que los enemigos los apuraban mucho por ser en

gran cantidad mayor que los suyos el número de barcos que ellos tenían.

Tampoco de los que estaban a la izquierda con Trasilo les protegían,

porque no podían ver lo que estos hacían, a causa del promontorio que

estaba entre ellos; y también porque tenían harto que hacer resistiendo

a los trirremes siracusanos; y gran número de otros que los atacaban,

hasta que los peloponesios, viendo suya la victoria, comenzaron a

ponerse en desorden para seguir los buques de los enemigos cuando se

apartaban.

Entonces Trasíbulo, viendo a sus enemigos desordenados sin costear más

con los que estaban delante de él, embistió con grande ánimo y esfuerzo

contra ellos; de tal manera, que los puso en huida; y hallando a los

que le habían roto el centro de su línea de batalla, los infundió tan

gran pavor que muchos de ellos, sin esperar más, empezaron a huir;

visto lo cual por los siracusanos y los que estaban con ellos, a

quienes tenía ya en grande aprieto Trasilo, hicieron lo mismo que los

otros.

Toda la armada de los peloponesios se retiró de esta manera huyendo

hacia el río Midio, y de allí a Abido. Y aunque los atenienses no

cogieron muchos barcos de los enemigos, la victoria les vino muy a

punto, porque tenían gran temor a los peloponesios en el mar, a causa

de las muchas pérdidas que habían sufrido en la guerra naval y en otros

muchos lugares, contra ellos, sobre todo aquella de Sicilia.

Después de esta victoria cesó el temor que tenían a los peloponesios en

guerra marítima, y el miedo a la murmuración que había en su pueblo a

causa de esto.

Los trirremes que cogieron a los enemigos fueron los siguientes: ocho

de Quíos, cinco de los corintios, dos de los ambraciotes y otros dos de

los beocios. De los leucadios, lacedemonios, siracusanos y peleneos, de

cada uno, uno; y de los suyos perdieron quince.

Después de la batalla recogieron los náufragos y los muertos, dando a

los enemigos los suyos por acuerdo que hubo entre ellos y levantado el

trofeo en señal de victoria sobre el promontorio de Cinosema, enviaron

un buque mercante para hacer saber a los atenienses este triunfo.

Los ciudadanos que estaban en gran desesperación a causa de los males

que les habían sucedido, así en Eubea como en la misma ciudad, con las

sediciones, se tranquilizaron y tomaron en gran manera ánimo con esta

noticia, esperando poder aún alcanzar la victoria contra sus enemigos,

si sus negocios fuesen bien y con diligencia guiados.

Cuatro días después de aquella batalla, después de reparar con gran

diligencia sus naves, que quedaron muy destrozadas en Sesto, partieron

para ir a recobrar la ciudad de Cícico, que se había rebelado contra

ellos; y por el camino vieron ocho navíos peloponesios en el puerto

de Harpagio y de Príapo, que habían partido de Bizancio, a los que

acometieron y capturaron.

De allí fueron a Cícico, la tomaron fácilmente por no tener murallas, y

de los ciudadanos sacaron gran suma de dinero.

En este tiempo los peloponesios fueron de Abido a Eleunte, y tomaron

de las naves que tenían allí de los enemigos las que hallaron enteras,

porque los de la villa habían quemado gran cantidad. Además enviaron a

Hipócrates y a Epicles a Eubea, para llevar otras que allí estaban.

En esta misma sazón Alcibíades partió de Cauno y de Fasélide con

catorce barcos, y vino a Samos, haciendo entender a los atenienses

que allí estaban, que él había sido causa de que los barcos fenicios

no hubieran ido en ayuda de los peloponesios, habiendo atraído a

Tisafernes a la amistad y confederación de los atenienses muchos más

que antes.

Después, uniendo a los buques que llevaba otros nueve que halló allí,

fue a Halicarnaso, de donde sacó gran cantidad de dinero, cercó la

villa de muralla y volvió a Samos, casi en el principio del otoño.

Al saber Tisafernes que la armada de los peloponesios había partido de

Mileto para ir al Helesponto, salió de Aspendo, dirigiéndose a Jonia.

Entretanto, estando los peloponesios ocupados en los negocios del

Helesponto, los ciudadanos de Antandro (que es una villa de los

eolios), tomaron consigo cierto número de soldados en Abido, los

hicieron pasar por el monte Ida de noche, los metieron dentro de la

villa, y echaron de ella a los del persa Arsaces, el cual estaba allí

como capitán, puesto por Tisafernes, y trataba mal a los de la ciudad.

Además del mal trato, teníanle mucho miedo, por la crueldad que había

usado contra los delios; los cuales, cuando los echaron de la isla de

Delos los atenienses, se refugiaron, por motivos de religión y amistad,

en una villa cerca de Antandro, llamada Adramitio, y este Arsaces,

que les tenía algún rencor, disimuló el enojo y fingió con los más

principales quererse servir de ellos en la guerra y darles sueldo. Por

esta vía los hizo salir al campo y un día, estando comiendo, los cercó

con su gente, y mató a todos cruelmente a flechazos.

Por estas causas, y por no poder sufrir los tributos que les ponían,

los antandrios echaron a los persas de la villa, y Tisafernes se sintió

en gran manera ofendido, con tanto más motivo estándolo ya por lo que

habían hecho los peloponesios en Mileto y en Cnido, expulsando de ambas

poblaciones a los soldados del jefe persa. Y temiendo que le sucediese

peor, y sobre todo que Farnabazo los recibiese a su sueldo, y con su

ayuda hiciese con menos gasto, y en menos tiempo más efecto que había

podido hacer él contra los atenienses, determinó ir al Helesponto para

quejarse ante los peloponesios de los ultrajes que le habían sido

hechos.

También iba por excusarse y descargarse de lo que le culpaban,

principalmente en lo de las naves de los fenicios. Púsose en camino, y

llegado a Éfeso, hizo su sacrificio en el templo de Diana.

En el invierno venidero, después de este verano, finaliza el año

veintiuno de esta guerra.

Historia de la guerra del Peloponeso (2 de 2) · 第 72 / 76 题