X.

Pactan primero la paz y después la alianza los lacedemonios y los

argivos. -- Hechos que realizan los lacedemonios y los atenienses sin

previa declaración de guerra.

Al empezar el invierno siguiente, habiendo los lacedemonios celebrado

sus fiestas de Carneas, salieron al campo y fueron a Tegea. Estando en

aquel lugar, enviaron mensajeros a los argivos para tratar de la paz.

Había en la ciudad de Argos muchos que tenían parentesco con los

lacedemonios, los cuales en gran manera deseaban quitar el gobierno

democrático existente, reduciéndole a pocos gobernadores con Senado y

cónsules, y después de perdida aquella jornada hallaron muchos más de

esta opinión. Para poderlo realizar, querían ante todas cosas ajustar

la paz con los lacedemonios y, hecha esta, pactar alianza. Por este

medio esperaban atraer al pueblo a su opinión.

Los lacedemonios, para tratar la paz, enviaron a Licas, hijo de

Arcesilao, que tenía casa en Argos, al cual dieron encargo que

demandase dos cosas tan solamente a los argivos, a saber: si querían

hacer guerra, de qué manera la querían hacer; y si querían paz, de qué

suerte la querían. Sobre lo cual hubo grandes discusiones de ambas

partes, porque se halló allí a la sazón Alcibíades, de parte de los

atenienses, que procuraba estorbar la paz con todas sus fuerzas. Mas

al fin los que eran del partido de los lacedemonios convencieron e

indujeron al pueblo a tomar y aceptar la paz en la manera siguiente:

«Ha parecido al concejo, justicia y gobernadores de los lacedemonios

hacer la paz con los argivos en esta forma: Primeramente los argivos

quedan obligados a devolver a los orcomenios sus hijos que tienen en

su poder, a los menalios sus ciudadanos y a los lacedemonios los suyos

que detienen dentro de Mantinea. Además mandarán salir su gente de

guerra que tienen de guarnición dentro de Epidauro, y derrocarán el

muro que allí han hecho, y si los atenienses, como consecuencia, no

mandaran también salir los suyos que allí están en guarda, que sean

tenidos y reputados por enemigos así de los lacedemonios como de los

argivos. De igual modo, si los lacedemonios tienen en su poder algún

hijo de los argivos o de sus aliados, los devolverán, jurando hacerlo

así unos y otros.

»Todas las ciudades y villas que están dentro del Peloponeso, grandes

o pequeñas, serán en adelante francas y libres, y en su libertad y

franquicia vivirán según sus leyes y costumbres antiguas, y si algunos

enemigos quisieren entrar en armas dentro de la tierra del Peloponeso

contra alguna de estas ciudades, las otras le darán socorro y ayuda

según su parecer y consejo, todas de común acuerdo.

»Los aliados de los lacedemonios que habitan fuera del Peloponeso

permanecerán en el mismo ser y estado que los confederados de los

argivos y lacedemonios, cada uno en su término y jurisdicción.

»Cuando fuere pedido socorro por alguno de los aliados de ambas partes

y se unieran a ellos para dárselo, después de mostradas las presentes

capitulaciones, podrán pelear juntamente con ellos, y ayudarles o

regresar a sus casas como los aliados quisieren.»

Estos artículos fueron aceptados por los argivos, y tras esto los

lacedemonios que estaban sobre Tegea partieron de allí y volvieron a su

tierra.

Pocos días después estando allí presentes los mismos que habían tratado

la paz, yendo y viniendo a menudo los unos con los otros, fue acordado

entre ellos que los argivos hiciesen alianza con los lacedemonios,

apartándose de aquella que primero habían hecho con los atenienses, los

mantineos y los eleos, y la ajustaron del modo siguiente:

«Ha parecido a los lacedemonios y a los argivos hacer alianza y

confederación entre ellos por cincuenta años de esta manera:

»Primeramente, ambas partes estarán a derecho y justicia según sus

leyes y costumbres antiguas.

»Ítem, las otras ciudades que están en el Peloponeso francas y libres,

y que viven en libertad, podrán entrar en esta alianza y tener y poseer

su tierra y jurisdicciones y señorío según han acostumbrado.

»Ítem, que todas las otras ciudades confederadas con los lacedemonios

que habitan fuera del Peloponeso serán de la misma forma y condición

que los lacedemonios, y asimismo los aliados de los argivos de la

suerte y condición de los argivos, teniendo y gozando igualmente de sus

términos y jurisdicción.

»Ítem, que siendo necesario enviar socorro o ayuda a alguna de las

tales ciudades confederadas, los lacedemonios y argivos juntamente

proveerán sobre esto lo que les pareciere justo y razonable, lo

cual se entiende cuando alguna de estas ciudades tuviere cuestión o

diferencia con otras que no sean de esta alianza por razón de sus

términos u otro motivo. Pero si alguna de tales ciudades confederadas

tuviere diferencias con otra, las someterá al arbitraje de una de las

otras ciudades que fuere de confianza a ambas partes, para juzgarlas y

determinar amigablemente, según sus leyes y costumbres.»

De esta manera fue hecha la alianza entre los lacedemonios y los

argivos, por medio de la cual todas las cuestiones que había entre

estas dos ciudades cesaron y se extinguieron.

También acordaron no recibir embajada ni mensaje de los atenienses en

una ciudad ni en otra sin que primeramente sacasen la gente de guerra

que tenían en el Peloponeso y derrocasen los muros que habían hecho en

Epidauro, prometiéndose no hacer paz ni guerra sino de común acuerdo.

Tenían los lacedemonios y argivos en proyecto muchas cosas, mas

principalmente querían hacer una expedición a tierra de Tracia, y con

tal motivo enviaron sus embajadores a Pérdicas, rey de Macedonia, para

atraerle a su devoción y alianza; mas el rey no quiso, por lo pronto,

comprometerse a ello ni apartarse de la amistad de los atenienses,

aunque tenía gran respeto a los argivos por ser natural de Argos, y por

esto pedía tiempo para decidirse.

Los lacedemonios y argivos revocaron el juramento que habían hecho

con los calcídeos e hicieron otro nuevo, y pasado esto, enviaron sus

embajadores a los atenienses para pedirles que derrocaran el muro que

habían hecho en Epidauro.

Los atenienses, considerando que la gente de guarnición que habían

dejado en Epidauro era muy poca en comparación de la que reunían los

aliados para la defensa de la comarca, enviaron a su capitán Demóstenes

para que sacase de allí las tropas de guarnición. Demóstenes, al llegar

a Epidauro, fingió que quería hacer unos juegos y fiestas fuera de la

ciudad, y con esto hizo salir la gente de todos los otros que allí

estaban de guarnición. Cuando todos salieron cerroles las puertas, y

después se juntó con los de la villa, renovó con ellos la alianza que

tenían con los atenienses y les dejó el muro objeto de la cuestión.

Hecha la alianza entre los lacedemonios y los argivos, al principio

los mantineos rehusaron entrar en ella; mas viendo que eran muy flacas

sus fuerzas contra los argivos, a los pocos días hicieron tratos y

conciertos con los lacedemonios y les dejaron libres las villas y

ciudades que les tenían usurpadas.

Hecho esto, los lacedemonios y los argivos enviaron cada cual de ellos

mil hombres de guerra a Sición, y quitando al pueblo el gobierno de la

ciudad y dándolo a ciertos ciudadanos que nombraron senadores, lo cual

hicieron primero los lacedemonios, y luego tras ellos lo mismo los de

Argos en su ciudad, para que la república se gobernase por consejo y

senado, de la misma manera que la ciudad de Lacedemonia.

Todas estas cosas se hicieron al fin del invierno, cerca de la

primavera, que fue el año catorce de la guerra.

En el verano siguiente los de Dío, que habitan en tierra de Atos, se

rebelaron contra los atenienses, y aliándose con los calcídeos y los

lacedemonios pusieron en buen orden todas las cosas de Acaya que no

estaban a su gusto.

En este mismo tiempo los del pueblo y comunidad de Argos, que habían ya

conspirado para volver a tomar el gobierno de la república, aguardaron

el momento en que los lacedemonios se estaban ejercitando todos

desnudos en sus juegos, según lo tienen por costumbre, y levantándose

contra los gobernadores de la ciudad y personas principales, les

acometieron con armas y mataron algunos de ellos y a otros echaron

fuera de la ciudad, los cuales, antes de salir, enviaron a pedir a los

lacedemonios socorro y ayuda, pero estos tardaron mucho en llegar por

estar ocupados en sus juegos. Cuando los dejaron, salieron al campo a

socorrer los gobernadores; al llegar a Tegea supieron que estos habían

ya salido, y regresando a su tierra, acabaron sus juegos.

Después fueron embajadores, así de parte de los que habían sido echados

de la ciudad como de la comunidad que gobernaba la república, los

cuales fueron oídos por los lacedemonios en presencia de sus aliados, y

después de grandes controversias entre ellos, declararon que sin causa

ni motivo los gobernadores habían sido echados de la ciudad, acordando

ir contra la comunidad en favor de los gobernadores, y por fuerza de

armas restablecerlos en sus cargos.

Como este acuerdo se dilatase de poner en ejecución por algunos días,

los de la comunidad, temiendo ser asaltados por los lacedemonios, se

confederaron de nuevo con los atenienses, pensando que por tal medio

estos les ampararían y defenderían. Así hecho, mandaron rehacer y

fortificar la muralla que va desde la ciudad hasta la mar, a fin de

que si les tomaban el paso para meter vituallas por parte de mar, las

pudiesen meter por tierra. Esta obra hicieron teniendo inteligencias

con algunas ciudades del Peloponeso, con tan gran diligencia que no

hubo hombre ni mujer, viejo ni mozo, grande ni pequeño que no emplease

su persona en este trabajo, y también los atenienses les enviaron

sus maestros y obreros y carpinteros, de manera que los muros fueron

acabados al fin del verano.

Viendo esto los lacedemonios, mandaron reunir todos sus aliados,

excepto los corintios, y al comienzo del invierno fueron a hacerles la

guerra al mando de Agis, su rey; y aunque tenían algunas inteligencias

con los de la ciudad de Argos, como por entonces no les eran útiles,

determinaron tomar la muralla nueva, que aún no estaba del todo

acabada, por fuerza de armas, y la derribaron. Después tomaron por

combate y asalto un lugar que estaba en tierra de Argos, llamado

Hisias, y lo saquearon y mataron a todos los hombres de edad madura que

hallaron dentro, regresando después a sus tierras.

Pasado esto, los argivos salieron de la ciudad con todo su poder contra

los fliasios y les tomaron toda la tierra por haber acogido a los

gobernadores que ellos echaron de la ciudad de Argos, aunque algunos de

estos tenían casas y heredades en la tierra.

En el mismo invierno los atenienses hicieron la guerra al rey Pérdicas

en Macedonia, so color que había conspirado contra ellos en favor

de los lacedemonios y de los argivos, y que cuando los atenienses

aparejaron su armada para enviarla a tierra de Tracia contra los

calcídeos y los de Anfípolis al mando de Nicias, Pérdicas había

disimulado con ellos, de manera que aquella empresa no pudo tener

efecto, por lo cual le declararon su enemigo.

Estos sucesos ocurrieron aquel invierno, que fue el fin del

decimoquinto año de esta guerra.

Al principio del verano siguiente, Alcibíades, con veinte naves, pasó

a Argos, y al llegar allí, entró en la ciudad y prendió a trescientos

ciudadanos que tenía por sospechosos de seguir el partido de los

lacedemonios, enviándoles desterrados a las islas que los atenienses

poseen en aquellas partes.

Historia de la guerra del Peloponeso (2 de 2) · 第 16 / 76 题