Los atenienses, al mando de Cleón, toman la ciudad de Torone a los
peloponesios. -- Viaje que el ateniense Féax hace a Italia y Sicilia.
En el verano siguiente, fin del primer año de las treguas, que se
cumplieron el día de las fiestas de Pitia, los atenienses echaron de
la isla de Delos a los moradores, porque les pareció por alguna causa
antigua que no vivían dignamente, y que no restaba por hacer más que
aquello para cumplir y acabar la purificación de dicha isla, según lo
antes referido, pues habiendo quitado las sepulturas y monumentos de
los muertos, convenía también lanzar de allí a los vivos que hacían
mala vida, para aplacar del todo la ira de los dioses.
Los echados de la isla se fueron todos a la ciudad de Adramitio, en
tierra de Asia, a donde Farnaces les daba lugar para que habitasen
conforme iban llegando.
Terminadas las treguas, Cleón partió para Tracia con treinta navíos,
en los cuales había mil doscientos infantes atenienses, todos muy bien
armados, y trescientos de a caballo, con otro gran número de aliados
que llevaba consigo por consentimiento de los atenienses, a quienes
Cleón había inducido para esto. Al llegar delante de Escíone, que
estaba todavía cercada, Cleón tomó alguna gente de la guarnición del
cerco y se fue con ella al puerto Cofo, que no está muy lejos de la
ciudad de Torone, donde entendiendo por relación de algunos fugitivos
que Brásidas no estaba allí, y que la gente de guerra que había dejado
en guarda no era bastante para resistir a sus fuerzas y poder, salió de
sus naves y fue por tierra con su ejército hacia la ciudad, habiendo
primeramente dejado diez barcos para que cerrasen y tomasen la entrada
del puerto. Dirigiose contra los muros y reparos nuevos que Brásidas
había hecho por meter los arrabales dentro de la ciudad, y para que
fuese todo un fuerte, había derribado los muros viejos que estaban
entre la ciudad, y los arrabales. Llegaron los atenienses de pronto
a combatir aquellos muros, donde Pasitélidas, que había quedado por
capitán para guarda y defensa de la ciudad, resistió lo mejor que
pudo con la poca gente que tenía; mas viendo que no era bastante para
poder defenderse, y temiendo que la gente que quedaba en las naves
alrededor del puerto entrase en la ciudad por la parte de mar, que
estaba desprovista de tropas, y le atacase por la espalda, se retiró
con la mayor diligencia que pudo al burgo viejo de la ciudad. La gente
de las naves que había saltado a tierra en el puerto ganó la entrada
de la ciudad por aquella parte, y los que combatían los muros nuevos,
viendo esto, les siguieron a todo empuje y entraron todos mezclados
unos tras otros dentro del burgo viejo por algunos portillos de la
muralla vieja que había sido derribada, matando en aquella entrada gran
número de lacedemonios, y de los ciudadanos que les salían al encuentro
defendiéndose. Algunos cayeron prisioneros, entre ellos Pasitélidas, su
capitán.
Sabedor Brásidas de la llegada de los atenienses, venía a socorrer a
los de Torone a toda prisa; mas como en el camino tuviese nueva de la
toma de la ciudad, se volvió, faltándole solo para llegar a tiempo
caminar unos cuarenta estadios.
Los atenienses, después de tomar la plaza, levantaron dos trofeos
en señal de victoria, uno en el puerto y otro en la ciudad, y
tomaron cautivos las mujeres, niños y hombres, así lacedemonios como
ciudadanos, y otros de tierra de Calcídica, enviándolos todos a Atenas.
Serían unos setecientos, de los cuales los lacedemonios fueron después
libertados por concierto de las treguas, y los otros dados a los
olintios en canje por otros tantos atenienses que estaban prisioneros.
Durante este tiempo los beocios tomaron por traición el muro de
Panacto, que está en los confines de Atenas. Cleón, habiendo dejado
buena guarnición dentro de Torone, partió por mar a la villa de Atos,
cercana de la ciudad de Anfípolis, y Féax, hijo de Erasístrato, elegido
por embajador de los atenienses con otros dos acompañantes, salió para
Italia y Sicilia con dos naves solamente. La causa de enviarle fue esta:
Después que los atenienses salieron de Sicilia por la concordia y
unión que los sicilianos habían hecho entre sí, los leontinos habían
metido en su ciudad gran número de gente por ciudadanos, a causa de lo
cual, viéndose el pueblo muy crecido y aumentado de gente, determinó
repartir las tierras de la ciudad por cabezas, lo cual, visto por los
principales y más ricos, expulsaron la mayor parte de los del pueblo
fuera de la ciudad. Estos expulsados fueron a unas partes y a otras,
y dejaron la ciudad casi sola y desierta. Poco después se acogieron a
los siracusanos, que los recibieron en su ciudad como a ciudadanos;
mas posteriormente algunos de ellos, a quienes pesaba estar allí,
determinaron volver a su tierra, y al llegar a ella tomaron por asalto
una parte de la ciudad llamada Foceas, y otro lugar fuera, en término
de ella, nombrado Bricinias, que era bien fuerte, a donde muchos de
aquellos desterrados acudieron para juntarse con ellos, defendiéndose
dentro de los muros de aquel lugar lo mejor que podían contra los de la
ciudad.
Advertidos los atenienses de esto, enviaron a Féax, como arriba
dijimos, con encargo de que tratase con sus aliados y confederados
y los otros de la tierra, persuadirles, si fuese posible, de que se
unieran para contrastar el poder de los siracusanos, cada día mayor, y
socorrer y ayudar a los leontinos.
Al llegar Féax a Sicilia, con sus buenas razones ganó la voluntad
de los de Camarina y Acragas; mas cuando se presentó a los de Gela,
hallando las cosas en contraria disposición de lo que pensaba, no
pasó más adelante, conociendo que no hacían nada por él, y se volvió
navegando a lo largo de la isla de Sicilia, hablando de pasada con los
de Catana y de Bricinias para amonestarles que siempre estuviesen
firmes y constantes en la amistad a los atenienses.
Al ir, como al volver, trató con algunas ciudades de Italia para que no
se confederasen e hiciesen alianza con los atenienses. Pasando por la
costa de Sicilia, a la vuelta a su tierra, encontró en la mar algunos
ciudadanos de Locros procedentes de Mesena, de donde fueron lanzados
por los mesenios después de vivir algún tiempo en la ciudad. A causa
de una sedición y revuelta que hubo en ella, poco tiempo después de la
concordia hecha entre los sicilianos, el bando que se vio más débil,
y con menos fuerzas llamó a los locros en su ayuda. Estos enviaron
gran número de sus ciudadanos, y por este medio se hicieron señores de
Mesena por algún tiempo con la ayuda de los que les habían llamado.
Mas al fin fueron echados de la ciudad, y volvían a sus casas cuando
Féax les encontró, el cual no les molestó, aunque pudiera, porque de
pasada había hecho alianza con los de la ciudad de Locros en nombre
de los atenienses, y a pesar de que en la concordia hecha entre los
sicilianos, estos locros habían rehusado la alianza de los atenienses.
Aun entonces no la aceptaran si no fuera por la guerra que a la sazón
tenían contra los hiponios y medmeos, sus vecinos y comarcanos.
Pasado esto, a los pocos días Féax llegó a Atenas.