El Municipio de la opulenta Bilbao, al discutir sus presupuestos,
acordó grandes economías en las subvenciones á las cantinas y á las
colonias escolares.
Cuando en todos los países civilizados se concede la mayor protección,
moral y espiritual, á estas instituciones, en el Ayuntamiento de Bilbao
se alzan destempladas voces para protestar contra ellas.
Un edil dice que las colonias escolares no pasan de ser un recreo, una
diversión para los niños. ¡Gran argumento! Y si no fueran más que eso,
si no fueran salud y vida, ¿estaría tan mal empleado el dinero?
Otro dice que no hay para qué contribuir á la regeneración de los hijos
de los borrachos. ¡Admirable argumento también! Y, ¡admirable espíritu
de caridad cristiana!
Para ellos hacen y para sus hijos, al no hacer por los hijos de los
demás, por borrachos que fueran.
A un hombre muy inteligente le oí yo decir muchas veces que, para
tratar en cualquier negocio, si había de ser un pillo, le diera
Dios pillos muy pillos, que éstos, al fin, por interés propio,
atinaban siempre con el interés ajeno. No como el pillo bruto--mezcla
detonante,--que por quererlo todo para sí, malogra las mejores empresas.
Del mismo modo, ya que sea el egoísmo primer móvil de las acciones
humanas, seamos de veras egoístas, y, por verdadero egoísmo,
comprenderemos la conveniencia del bien ajeno. Por nuestra salud, nos
cuidaremos de la salud de los otros; por nuestra seguridad, de su
honradez; por nuestra inteligencia, de su cultura; por nuestra riqueza,
de su bienestar. No es lo malo que seamos egoístas, sino que lo somos
malamente. Los grandes bienhechores de la humanidad han sido los
grandes egoístas. Querían un mundo mejor para vivir mejor ellos.
A los que no son egoístas, cualquier cosa les está bien y viven tan
á gusto en una pocilga. Esos no moverán pie ni mano por mejor cosa
propia ni ajena.
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Nada más gracioso y artístico que las danzas de Loie Fuller y sus
discípulas. Loie Fuller, inventora de la famosa danza serpentina tan
copiada y tan imitada después, ha comprendido toda la verdad de la
máxima de D'Annunzio: Renovarse ó perecer. Y si es cierto que en la
parte física no ha podido contrarrestar el irreparable ultraje de los
años, como dijo el trágico, en la parte artística, ya que no renovado
del todo, ha rejuvenecido su arte con artísticas variaciones sobre
el antiguo tema: «Bella forma mortal passa, é non d'arte», que dijo
Leonardo, y adoptó después por lema el mismo Gabriel D'Annunzio.
Loie Fuller, con sus vaporosos contornos de nube, de llamarada, de
viviente flor, de mariposa, con sus combinaciones de luces y colores,
ha sido una gran innovadora en arte. Con especialidad, en el arte
decorativo llamado modernista. La moda femenina también ha encontrado
en ella atrevidas inspiraciones coloristas.
En el arte de la danza, su influencia ha sido decisiva. Loie Fuller,
según ella misma refiere, halló en la India la inspiración de sus
bailes. Hoy todo el moderno arte del baile busca en la antigüedad
ritmos de líneas y colores. Y son Isadora Duncan, Maud Allens, Regina
Budet, Ida Rubenstein, la Truhanowa, Tórtola de Valencia, toda una
pléyade de bailarinas, evocadoras de las antiguas danzas de Grecia y de
la India, danzas religiosas, sacerdotales, de iniciación y de misterio.
Unas por instinto, otras por arte. La mujer es siempre vaso de
elección, propicio al hervor del fuego sagrado.
El baile moderno ha dejado de ser acrobatismo. Hoy pueden danzar las
bailarinas con los pies desnudos; las bailarinas más famosas de antes
no hubieran podido mostrar sus pies, atormentados por el horrible
ejercicio al bailar sobre las puntas de los dedos; pies que habían
perdido su forma, ensangrentados muchas veces al cabo de horas y horas
de ensayos mil veces repetidos para lograr fuerza y agilidad. ¡Las
vueltas de cintura de la Pinchiara, los punteados de Rosita Mauri! Todo
ello pasó para no volver, hasta que de puro viejo sea antiguo, que la
antigüedad es la juventud de las cosas viejas.
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Pero una de nuestras autoridades se ha propuesto cumplir con la ley
de protección á la infancia y ha prohibido la presentación de las
discípulas de Loie Fuller en el teatro.
De todos los trabajos que puede hacer un niño, ninguno menos penoso
que el de estas danzas. Nada más parecido á un juego infantil. Nada en
ellas da idea de pena ó de esfuerzo.
La directora ha protestado contra esa medida de la autoridad. Es que
está mal acostumbrada. Viene de otros países donde no se concede
la menor importancia á los niños. Aquí no habrá podido ver niños
abandonados por las calles, ni vendedores de periódicos menores de
trece años expuestos al frío en estas noches de invierno y alternando
con golfos y golfas de la peor especie. Y si recorriera esos pueblos de
Dios, no vería niños y niñas, al sol de Agosto, en las faenas del campo.
Como nada de esto ha podido ver, comprenderá lo justo de la
determinación al prohibir ese espectáculo de unas niñas sanas y alegres
que, seguramente, no lo habrán pasado mejor en su vida.
Pero nuestras autoridades no se enteran más que de lo que pasa en los
teatros. Verdad es que, cuando no se encuentre á una autoridad por
esas calles, ya se sabe dónde hay que buscarlas, en los teatros del
distrito.