Las tiendas de juguetes son en vísperas de Reyes el verdadero paraíso
de los niños. Todos se aprestan para recibir la visita de los Reyes
Magos, los reyes de leyenda y de ensueño, que vienen de tierras lejanas
con su cabalgada de dromedarios cargados de juguetes y golosinas por
tesoro.
De todas las leyendas piadosas ninguna tan arraigada en nuestro
espíritu. Los padres más racionalistas y librepensadores la respetan
en sus hijos, y al poner los regalos de misterio en la ventana, tal
vez los padres estén más ilusionados que á la mañana los niños al
descubrirlos.
Y ¿quién no espera toda la vida y cada día la llegada de los Reyes
Magos?
El prosaico cartero es el mago de Oriente. A cada carta de letra
desconocida, pensamos al abrirla, trémulos de ilusión y de esperanza:
¿Será el amor? ¿Será la riqueza? ¿Será nuestra felicidad?
Nuestro corazón está siempre en la torre, como la hermana Ana en el
cuento de Barba Azul, y sin cesar le preguntamos:--¿Qué ves? ¿Quién
llega por el camino? Y hasta la hora de morir esperamos, y cuando llega
la muerte, acaso esperamos todavía que sea la felicidad.
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Entre los libros de estrena--esta palabra, traducción exacta de los
êtrennes franceses, fué muy usada por nuestros clásicos Lope de
Rueda, Mateo Alemán y otros,--se destacan por su elegante y graciosa
presentación los libros ingleses. Maestros en las artes tipográficas,
grandes artistas ilustrados, todos los años nos presentan nuevas
ediciones de sus autores clásicos y de sus poetas, los primeros del
mundo.
En libros para niños ofrecen maravillas de buen gusto, libros
educadores, aunque sólo fuera por su artística presentación.
Las ilustraciones de _Rackam_ en _El sueño en noche estival_, de
Shakespeare; la trilogía de Wágner, los cuentos de Grimm y Peter Pan,
son admirables obras de arte.
De inspiración japonesa, unen á la más graciosa espontaneidad, la
ejecución minuciosa. Parecen acotaciones ligeras, apuntadas, como
por juego, al hojear el libro, y nos muestran, como profundo estudio
crítico, el espíritu de la obra ilustrada. Ilustrar de ese modo, bien
puede llamarse ilustrar.
En España son raras las ediciones de libros ilustrados. ¿No hay
editores de ellos por falta de ilustradores, ó no hay ilustradores por
falta de editores? Este es uno de tantos problemas nacionales en que es
difícil precisar cuál sea la causa, cuál sea el efecto. ¿No hay oferta
porque no hay demanda ó no hay demanda porque no hay oferta?
España, tierra de grandes pintores, no lo ha sido de grandes
dibujantes. Nuestros artistas consideran el arte de la ilustración
como un arte inferior; sólo obligados por la necesidad consienten en
rebajarse hasta él, y siempre con cierta displicencia, que no es la
mejor disposición de espíritu para producir obras de arte.
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Mucho bueno creemos que puede hacerse en la Escuela del Hogar, proyecto
y realización muy laudables del ministro de Instrucción pública, hombre
muy de su tiempo.
Podrá decirse que la mejor escuela del hogar debiera ser el hogar
mismo, pero como lo cierto es que la mayoría de los hogares no pueden
ser escuelas, preciso es que haya escuelas que parezcan hogares.
Mas, como no sólo en el hogar vive el hombre, no como protesta, ni
en oposición, todo lo contrario, como complemento, algo así como las
clases de adorno en los colegios, yo sé que algunos señores de buen
humor se proponen fundar otra escuela que pudiera llamarse... el nombre
es difícil; vamos, algo así... lo que no es hogar... Ya me entienden
ustedes.
Aunque con la buena enseñanza de la escuela oficial es seguro que
disminuirá el número de solterones, todavía quedarán algunos
recalcitrantes que tienen derecho á la vida, sin contar con los muchos
casados de alternativa y algunos eclesiásticos.
En todos ellos han pensado los fundadores de la escuela, que pudiéramos
llamar libre, para prevenirles una existencia placentera en que, sin
el calor un poco atufante del hogar doméstico, no les falte nunca una
agradable calefacción.
También han pensado en las innumerables jóvenes distinguidas, sin
vocación de vestales de hogares, que ven malogradas sus aptitudes por
falta de una esmerada enseñanza, que no siempre pueden dar las madres,
aunque haya casos excepcionales.
Se organizarán cursos teóricos y prácticos de asignaturas muy
interesantes. Las alumnas podrán ser matriculadas ó libres, aunque
siempre serán preferidas las segundas á las primeras.
Las faltas de asistencia serán dispensadas, siempre que la alumna las
justifique con haber repasado en su casa la asignatura ó haber salido
de prácticas.
En el claustro de profesores y de profesoras figurarán personas muy
poco respetables, verdaderas autoridades en las asignaturas cuya
explicación les ha sido confiada.
Algunas distinguidas escritoras fluctúan entre ocupar una cátedra en la
Escuela del Hogar ó en esta nueva escuela. Hay algunas que estarán con
un pie en cada una y su actitud parecerá naturalísima á todo el mundo.
No hay la menor incompatibilidad. Ni en la comida casera dice mal algún
plato de fonda, ni en la comida de fonda algún plato casero.
A las señoras de su casa les convendrá matricularse en alguna clase
de adorno, aunque sólo apliquen las enseñanzas á las necesidades
domésticas; como á las otras les convendrán algunas asignaturas de la
Escuela del Hogar, porque el mundo da muchas vueltas, y hay hombres
tan de hogar que, cuando dejan uno, es para buscar otro, y son los
que compran á pares los pares de zapatillas alfombradas, y quieren
encontrar en todas partes las mismas cosas en el mismo sitio. No
varían, continúan. Son fieles hasta en las infidelidades.