La buena obra del desayuno escolar, de las cantinas escolares, está en
buenas manos, y es seguro que se salvará del infructuoso destino de ir
á estrellar el cielo.--¿Por qué ha de decirse empedrar el infierno,
cuando de buenas intenciones se trate?--Ninguna buena intención se
pierde, aunque no pase de la intención. Toda simiente espiritual
fructifica, más tarde ó más temprano, en la realidad práctica.
Si fueran graves y sesudos varones los encargados de llevar á cabo el
buen propósito, no habría que fiar mucho en su realización. Todo se
perdería en discusiones, Memorias y nombramiento de cargos. Las señoras
son más expeditivas en todas sus resoluciones, discuten andando; sus
discusiones no son por discursos en severas sesiones, sino por réplicas
animadas y vivas en charla amistosa. Las señoras son únicas también
en el manejo y dominio de las cifras. Mientras los hombres necesitan
servirse de la tabla de logaritmos para averiguar el precio de las
patatas, con todo rigor científico, las señoras, por los dedos muchas
veces, calculan y resuelven los problemas más dificultosos mejor que
Inaudi.
No quisiera yo actuar solamente de jaleador y tocador de palmas en
empresa tan loable. Desde ahora me ofrezco á las distinguidas señoras
para cuanto crean que pueda serles mi cooperación de alguna eficacia.
Muy explotado está el teatro y cuanto con él se relaciona, para
pensar en recargarle con un nuevo tributo. Algo queda todavía sin
explotar, que bien pudiera explotarse en beneficio de tan buena
obra. Los gorrones y los _pelmazos_. ¿Por qué no ha de cobrarse un
impuesto de caridad sobre los vales? El que asiste gratuitamente á
un espectáculo, con mayor razón debe pagar ese impuesto. Son muchos
también los aficionados á curiosear en lecturas, ensayos, sobre todo en
los generales. ¿No estaría muy en razón también que pagaran con algo
las primicias y el fisgoneo? En todo lo de este mundo--¿no es verdad,
viejos verdes?--las primicias es lo que más se paga. Sólo en el teatro
son gratuitas.
Por mi parte, y desde ahora, fuera de los precisos operarios, como dice
el cartel de las corridas de toros, á todo curioso, fisgón, _pelmazo_
ó buen amigo que asista al ensayo de una obra mía, le sablearé sin
consideración alguna y pondré á disposición de las damas lo recaudado.
¿Que entonces no habrá curiosos? Por lo pronto, eso iremos ganando.
De cualquier modo, bueno sería que las empresas y los autores se
pusieran de acuerdo para explotar á todo _pelmazo_.--Entiéndase lo de
_pelmazo_ en el mejor sentido de la palabra.--Cada cual puede aplicar
este ingreso, que al cabo del año sería importante, á la obra meritoria
más de su agrado y de su simpatía.
También pueden rendir un tributo los ejemplares regalados, las tarjetas
postales firmadas y demás molestias hasta ahora gratuitas y, por lo
regular, poco agradecidas.
Los tiempos son prácticos, pero como los escritores y artistas hemos
convenido que no está bien serlo en provecho propio, sigamos siendo
desprendidos y generosos; pero ya que hemos de padecer tanta _lata_ por
amor al Arte, que nos sirva á lo menos de satisfacción padecerla en
provecho de alguna obra de caridad.
* * * * *
En los salones de variedades se inicia un renacimiento nacional.
Hasta ahora las canciones eran imitación ó traslado de _couplets_
extranjeros. Hoy se cantan canciones españolas, antiguas y modernas;
las artistas se tocan con la mantilla blanca, gran peineta y
claveles--también se tocan de otras mil maneras; pero quédese esto de
jugar del vocablo para sus intencionadas canciones.--Renace también el
baile clásico español: fandango, bolero y panaderos; hay trajes del
siglo XVIII y bailarinas de la misma época. ¡Ese siglo XVIII, el más
afrancesado, que muchos tienen por el prototipo de lo castizo! ¿No hay
quien tiene á Goya por el más español de nuestros pintores? A Goya, que
unas veces pintó como los ingleses, otra como los franceses, y cuando
pintó á su manera pintó de muy mala manera.
Verdad es que yo he leído en papeles de la época cómo se censuraban los
sainetes de D. Ramón de la Cruz, como género á la francesa.
También creo que en este españolismo de bailarinas y cantadoras hay más
de afrancesamiento que de españolismo. La prueba es que cuando vienen
más españolas es cuando vienen de París. Y es que, ante la niveladora
civilización, lo castizo va emigrando de unos pueblos á otros, como
curiosidad de exportación. Dentro de poco será lo más difícil, para
los curiosos de costumbres pintorescas y características, saber dónde
han de hallar las de cada pueblo, porque lo más italiano estará en la
Argentina, lo más americano en París, lo más francés en Nueva York, lo
español, en Rusia, y lo ruso, en China. En Arte sucederá lo mismo: el
del Norte habrá pasado al Mediodía, y viceversa. Los europeos pintarán
como los japoneses, y los japoneses como los europeos. Habrá corridas
de toros en Londres y boxeo en Sevilla. En Alemania no gustarán
más óperas que las italianas, y en Italia, las de Wágner y Strauss.
En Madrid se representarán operetas vienesas, y en Viena, zarzuelas
españolas. Los pueblos juegan á las cuatro esquinas, y cuando alguien
pide un poco de casticismo, en todas partes le dicen:--Por allí
rebulle.--El cosmopolitismo es ya castizo en todas partes; lo castizo
se ha hecho cosmopolita.