XXIII

Si alguna traducción se impone por su propia virtud, es la de esos

tribunales que han de juzgar á los niños precoces delincuentes;

institución establecida en varios países de Europa; en París, desde

algunos años, y ahora extensiva á toda Francia.

Discútase por criminalistas y sociólogos si la Justicia ha de tener

cara de perro ó rostro más benigno, cuando de juzgar á los hombres se

trate. Pero, tratándose de niños, ¿no podrá sustituir la severa balanza

por un pesa-bebés, blando como una cuna, y la imponente espada, cuando

menos por aquella caña tradicional en los antiguos maestros de escuela?

Yo no sé si hay niños rematadamente malos; pero sé que, en niños y

en hombres, nada hace tan malos á los malos como el saberse tenidos

por incapaces de toda bondad. Repetid á un niño continuamente:--¡Qué

malo es! ¡Es muy malo!,--y lo será en efecto. Aunque lo sea, dejadle

alguna ilusión sobre su bondad. Cuando queráis conseguir algo de él

y estéis seguros de su desobediencia, no vea que la dais por segura;

al contrario, decidle:--Sí lo hará, porque él es muy bueno.--Para

gobernar pueblos, como para educar niños, hay que hacerles ver que son

gobernables y educables, aunque no se crea.

Yo creo que si el pueblo español es de tan difícil gobernar ha sido de

tanto decirle que lo era.

Es humana tendencia la de sobresalir, la de afirmar nuestra

personalidad destacada. Hay quien, no pudiendo distinguirse de otro

modo, se contenta con presumir de sus achaques:--Como las jaquecas que

tengo yo no las tiene nadie.

Entre las señoras, no digamos; la que ha conseguido tener el parto más

laborioso se considera dichosa cuando lo echa á competir entre las

amigas.

Por esto, la sociedad y los Tribunales de Justicia, que la representan,

ni al juzgar á un criminal, á un delincuente nato é incorregible,

deben darse por entendidos de que se hallan en presencia de algún

monstruo. Esto envanece al criminal, y hay que procurar que los

criminales sean modestos. Hay que persuadirles de que no son tan malos

como ellos se creen. Es el sistema de los confesores sabios y prudentes

con los más empedernidos pecadores, y así consiguen conversiones

notables.

En los niños, vanidosillos de suyo, nadie sabe lo que puede importar

esta estudiada indiferencia ante sus precoces delitos.

En Francia, con muy buen acuerdo, se ha evitado toda publicidad en las

vistas y sentencias de estos tribunales para niños. Y aquí, si llegaran

á establecerse, habría que suplicar á la insaciable información, en sus

dos aspectos, literario y fotográfico, un discreto silencio.

¿Será ilusión, ó falta de memoria? Tengo entendido que algo se ha

legislado en España sobre tribunales para niños. Si así no fuera ó algo

faltara para llegar á la perfección en su funcionamiento, nada más

urgente.

Habiendo de tener estos tribunales mucho de patronato, debieran

constituirse por distritos y, aparte el juez especial designado,

formarse por jurados cuidadosamente elegidos. Entre ellos figurará

siempre un médico, un maestro, y, como ha indicado muy bien un

distinguido escritor, nunca mejor ocasión para que la mujer entrara en

funciones judiciales. Un voto de mujer no puede faltar al juzgar la

culpa de un niño. Un voto que sería una lágrima y un beso.

* * * * *

Un periódico inglés--_Daily Mirror_--propone lo que bien pudiera

llamarse vacaciones matrimoniales. Esto es, que, en los matrimonios,

debe veranear el marido de una parte y la mujer de otra, sin dejar de

escribirse durante la ausencia largas cartas de amor. Sería--añade

_Daily Mirror_--el mejor medio de mantener y reanimar la llama de

un sentimiento siempre expuesto á extinguirse _by the friction of

every day life_. Una tregua anual es muy conveniente, y escribiéndose

cartas que recordaran las adorables cartas de novios, los esposos

encontrarían, al reunirse de nuevo, una frescura de emociones que

despertaría en ellos al _boy_ y á la _girl_ adormecidos por el

matrimonio.

Hasta aquí el periódico inglés.

Yo no sé si en Inglaterra sería una novedad este descanso conyugal

ó vacaciones matrimoniales. En los países latinos no hay nada

más corriente, y, hasta ahora, los resultados no han sido muy

satisfactorios. Más de una separación á cencerros tapados y más de

un divorcio á cencerrada libre han tenido su origen en estos ensayos

veraniegos de libertad.

Un soltero pierde su libertad fácilmente, porque, en la mayoría de

los casos, no hay tal libertad. Hay que saber lo que es un padre

de familia á la española y la familia que se agrupa á su alrededor

en consecuencia, para comprender que cualquier medio es bueno para

emanciparse. Y como nuestro terrible padre de familia no comprende que

su hijo salga de su casa más que para casarse... pues se casa y en paz,

es decir, en guerra, la misma guerra que en la casa paterna; pero en la

suya siquiera, puede gritar él más que nadie.

Pero ¡ay! cuando un casado prueba unos días de libertad... matrimonio

perdido. Si es el marido quien veranea y la mujer la que se queda en

casa, la vida de fonda es para él un paraíso. Aunque los que viven en

casa de huéspedes aseguran que se está muy mal en las fondas, crean

ustedes que en cualquier casa de huéspedes se está mejor que en la

mayoría de las casas de la clase media española. En alimentación y

comodidades materiales hay poca diferencia; pero en cuanto á educación

y trato y ambiente espiritual, todas las ventajas están en favor de las

casas de huéspedes.

En el caso de ser la esposa la que veranea y el marido el que se queda

en casa, con ó sin criada, no hay idea del orden que puede reinar

en una casa cuando falta quien ponga orden en ella. Este ramo de la

limpieza y del buen orden doméstico, que, con la honradez, son los

últimos baluartes de las mujeres que no tienen otras gracias, están muy

desacreditados desde que se ha caído en la cuenta de que nada hay más

en orden ni con más limpieza que los tres lugares justamente en que

para nada intervienen las mujeres: un cuartel, un convento de frailes

y un barco de guerra.

Por todo esto y otras muchas cosas, no conviene dejar solos á los

maridos. En cuanto á las mujeres... ellas vuelven siempre encantadas al

hogar, por bien que lo hayan pasado fuera. ¿A quién podrán decir con el

tono de superioridad despreciativa que al marido:--¡Como éste es así!

¡Si éste no fuera así!

De Sobremesa; crónicas, Cuarta Parte (de 5) · 第 28 / 49 题