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Director literario: V. Blasco Ibañez
[IMAGEN: EL LIBRO
DE LAS
MIL NOCHES Y UNA NOCHE]
[IMAGEN]
[IMAGEN:
EL LIBRO
DE LAS
MIL NOCHES Y UNA NOCHE
TRADUCCIÓN DIRECTA Y LITERAL DEL ÁRABE POR EL
Doctor J. C. MARDRUS
_Versión española de VICENTE BLASCO IBAÑEZ_
PRÓLOGO DE E. GÓMEZ CARRILLO
TOMO OCTAVO
Historia de la docta Simpatía (continuación).--Aventuras
del poeta Abu-Nowas.--Historia de
Sindbad el Marino.--Historia de la bella Zumurrud
y Alischar, hijo de Gloria.
PROMETEO
SOCIEDAD EDITORIAL
Germanías, 33.--VALENCIA
]
ESTA CARAVANA LA ORIENTO HACIA
EL SAPIENTÍSIMO Y CARÍSIMO
MAURICIO MAETERLINCK
YA QUE ASÍ LO QUIEREN
LA SABIDURÍA Y EL DESTINO
J. C. M.
[IMAGEN]
HISTORIA DE LA DOCTA SIMPATIA
(CONTINUACIÓN)
PERO CUANDO LLEGÓ
LA 280.ª NOCHE
Ella dijo:
[IMAGEN]
Simpatía contestó á la pregunta del médico: «¿Cómo puedes interrogarme
acerca del vino, cuando el Libro es tan explícito sobre este particular?
No obstante sus numerosas virtudes, está prohibido porque turba la razón
y enardece los humores. ¡El vino y el juego de azar son dos cosas que
debe evitar el creyente, bajo pena de las mayores calamidades!»
Él dijo: «Prudente es tu respuesta. ¿Puedes ahora hablarnos de la
sangría?»
Ella contestó: «La sangría es necesaria á cuantas personas tienen
demasiada sangre. Debe practicarse en ayunas, un día de primavera sin
nubes, ni viento, ni lluvia. Cuando ese día cae en martes, la sangría
produce sus mejores efectos, sobre todo si tal día es el décimoséptimo
del mes. Verdaderamente, nada hay tan bueno para la cabeza, los ojos y
la sangre como la sangría. Pero nada peor que ella si se practica
durante los grandes calores ó los grandes fríos, y si al mismo tiempo se
comen cosas saladas ó ácidas, verificándose en miércoles ó en sábado.»
El sabio meditó un instante, y dijo: «Hasta ahora respondiste
perfectamente; pero quiero hacerte todavía una pregunta capital, que nos
demostrará si tu saber se extiende á todas las cosas esenciales en la
vida. ¿Puedes hablarnos con claridad acerca de la copulación?»
Cuando oyó la joven tal pregunta, enrojeció y bajó la cabeza, lo cual
hizo al califa creerla incapaz de responder. Pero no tardó ella en alzar
la cabeza, y encarándose con el califa, le dijo: «¡Por Alah, oh Emir de
los Creyentes! no se atribuya mi silencio á ignorancia sobre esta
pregunta, cuya respuesta tengo en la punta de la lengua, y no quiero que
salga de mis labios por respeto á nuestro señor el califa!» Pero él le
dijo: «Tendría un placer extremado en oir de tu boca tal respuesta.
¡Desecha el temor, pues, y habla con claridad!»
Entonces dijo la docta Simpatía:
«La copulación es el acto que une sexualmente al hombre y la mujer. Se
trata de una cosa excelente, y son numerosos sus beneficios y virtudes.
La copulación aligera el cuerpo y alivia el espíritu, aleja la
melancolía, atempera el calor de la pasión, atrae al amor, alegra el
corazón, consuela de la ausencia y hace recobrar el sueño perdido. Desde
luego que nos estamos ocupando de la copulación de un hombre con una
mujer joven; pero si la mujer es vieja, sucede todo lo contrario, porque
entonces no hay fechoría que este acto no pueda engendrar. Copular con
una vieja es exponerse á males sin cuento, entre otros, las afecciones
de la vista, el dolor de riñones, el dolor de piernas y el dolor de
espalda. ¡En una palabra, es peligroso! Conviene, pues, huir de ello
como de un veneno sin remedio. ¡Para este acto debe escogerse una mujer
experta, que comprenda al primer golpe de vista, que hable con pies y
manos y que dispense á su propietario de tener un jardín y parterres
floridos!
»Á toda copulación completa sigue la humedad. Esta humedad se produce en
la mujer á causa de la emoción que sienten sus partes honorables, y en
el hombre por el jugo que segregan sus dos compañones. Este jugo va por
un camino muy complicado. Porque el hombre posee una gruesa vena de la
que nacen todas las demás venas. La sangre que riega todas estas venas,
cuyo número es de trescientas sesenta, acaba por canalizarse en un tubo
que termina en el compañón izquierdo. En este compañón izquierdo, la
sangre, á causa de agitarse, acaba por clarificarse y transformarse en
un líquido blanco, que se espesa merced al calor del compañón y cuyo
olor recuerda el de la leche de palmera...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la
mañana, y se calló discretamente.
[IMAGEN]
PERO CUANDO LLEGÓ
LA 282.ª NOCHE
Ella dijo:
»...un líquido blanco, que se espesa merced al calor del compañón y cuyo
olor recuerda el de la leche de palmera.»
El sabio exclamó: «¡Con qué sagacidad has respondido! Pero todavía tengo
que hacerte dos últimas preguntas. ¿Puedes decirme qué ser viviente no
vive mas que aprisionado y muere en cuanto respira el aire libre? ¿Y qué
frutas son las mejores?»
Ella contestó: «¡El primero es el pez, y las segundas son la taronja y
la granada!»
Cuando oyó el médico todas estas respuestas de la bella Simpatía, no
pudo por menos de declararse incapaz de cogerla en un error científico,
y se dispuso á ocupar de nuevo su sitio. Pero se lo impidió con un gesto
Simpatía, y le dijo: «Es preciso que á mi vez yo te haga una pregunta:
»¿Puedes decirme, ¡oh sabio! qué cosa hay redonda como la tierra y que
se aloja en un ojo, ausentándose de este ojo unas veces y penetrando
otras en él, que copula sin órgano masculino, que se separa de su
compañero durante la noche para enlazarse á él durante el día y que
elige su domicilio habitual en las extremidades?»
Á esta pregunta el sabio se atormentó en vano el espíritu, porque no
supo responder, y después de quitarle su manto á instancia del califa,
Simpatía contestó por sí misma: «¡Es el botón con el ojal!»
* * * * *
Tras de lo anterior, irguióse entre los venerables jeques un astrónomo,
que era el más famoso entre todos los astrónomos del reino, y á quien
miró sonriendo la bella Simpatía, de antemano segura de que él la
encontraría los ojos más enigmáticos que todas las estrellas de los
cielos.
El astrónomo fué á sentarse ante la adolescente, y luego del
acostumbrado preámbulo, le preguntó:
«¿De dónde sale el sol y adónde va cuando desaparece?»
Ella contestó: «Sabe que el sol sale de los manantiales de Oriente, y
desaparece en los manantiales de Occidente. Ciento ochenta son estos
manantiales. El sol es el sultán del día, como la luna es la sultana de
las noches. Y dijo Alah en el Libro: «Soy yo quien otorgó su luz al sol
y su resplandor á la luna, y quien les asignó lugares matemáticos que
permitiesen conocer el cálculo de los días y los años. ¡Yo soy quien
fijó un límite á la carrera de los astros y prohibió á la luna que jamás
esperase al sol, así como á la noche que se adelantase al día! ¡Por eso
el día y la noche, las tinieblas y la luz, sin mezclar su esencia nunca,
se identifican continuamente!»
El sabio astrónomo exclamó: «¡Qué respuesta tan maravillosa de
precisión! Pero, ¡oh adolescente! ¿puedes hablarnos de los demás astros
y decirnos sus influencias buenas y malas?»
Ella contestó: «Si tuviera que hablar de todos los astros necesitaría
consagrar á ello más de una sesión. Sólo diré, pues, pocas palabras.
Además del sol y la luna, existen otros cinco planetas, que son: Utared
(Mercurio), El-Zohrat (Venus), El-Merrikh (Marte), El-Muschtari
(Júpiter) y Zohal (Saturno).
»La Luna, fría y húmeda, de influencia buena, está en Cáncer, su apogeo
es Tauro, tiene por inclinación á Escorpión y por perigeo á Capricornio.
»El planeta Saturno, frío y seco, de influencia maligna, está en
Capricornio y Acuario, su apogeo es Libra, su inclinación Aries y su
perigeo Capricornio y Leo.
»Júpiter, de influencia benigna, está en Tauro, tiene por apogeo á
Piscis, por inclinación á Libra y por perigeo á Aries y á Escorpión.
»Mercurio, de influencia unas veces benigna y maligna otras, está en
Géminis, tiene por apogeo á Virgo, por inclinación á Piscis y por
perigeo á Tauro.
»Por último, Marte, cálido y húmedo, de influencia maligna, está en
Aries, tiene por apogeo á Capricornio, por inclinación á Cáncer y por
perigeo á Libra.»
Cuando el astrónomo hubo oído esta respuesta, admiró mucho la
profundidad de los conocimientos de la joven Simpatía. Sin embargo,
intentó turbarla con alguna pregunta más difícil, y la interrogó:
«¡Oh joven! ¿crees que este mes tendremos lluvias?»
Al escuchar semejante pregunta, la docta Simpatía bajó la cabeza y
reflexionó bastante tiempo, lo cual hizo al califa suponer que se
reconocía incapaz de contestar. Pero no tardó ella en alzar la cabeza, y
dijo al califa: «¡No hablaré, ¡oh Emir de los Creyentes! mientras no me
dés permiso para desarrollar mi pensamiento por completo!» Asombrado,
dijo el califa: «¡Ya tienes permiso!» Ella dijo: «¡Entonces, ¡oh Emir de
los Creyentes! déjame tu alfanje un instante para que corte la cabeza á
este astrónomo, que no es mas que un impío y un descreído!»
Á estas palabras no pudieron por menos de reir el califa y todos los
sabios de la asamblea. Pero Simpatía continuó: «¡Has de saber, ¡oh
astrónomo! que hay cinco cosas que conoce sólo Alah: la hora de la
muerte, cuándo va á llover, el sexo del niño en el seno de su madre,
los sucesos futuros y el sitio donde morirá cada uno!»
El astrónomo sonrió y le dijo: «No te hice esa pregunta mas que como
prueba. ¿Puedes decirnos, y con ello no nos alejaremos del asunto, la
influencia ejercida por los astros sobre los días de la semana?»
Ella contestó: «El domingo es el día consagrado al sol. Cuando comienza
el año en domingo, es señal de que los pueblos tendrán que sufrir muchas
tiranías y vejaciones de sus sultanes, de sus reyes y de sus
gobernantes; habrá sequía, no prosperarán las lentejas, se agriarán las
uvas y se librarán combates feroces entre los reyes. ¡Pero acerca de
esto Alah es todavía más sabio!
»El lunes es el día consagrado á la Luna. Cuando comienza el año en
lunes, es un buen augurio. Habrá abundantes lluvias, muchas uvas y
cereales, pero estallará la peste, y luego no prosperará el lino, y será
malo el algodón; y además la mitad del ganado morirá de epidemia, ¡Pero
Alah es más sabio!
»Puede comenzar el año en martes, día consagrado á Marte. Caerán
entonces heridos de muerte los grandes y los poderosos, subirá el precio
de los cereales, lloverá poco, habrá escasez de pescado, la miel estará
muy barata, las lentejas se venderán por nada, los granos de lino
estarán caros, habrá una cosecha excelente de cebada. Pero se verterá
mucha sangre, y una epidemia diezmará los asnos, cuyo precio subirá
muchísimo. ¡Pero Alah es más sabio!
»El miércoles es el día de Mercurio. Cuando comienza el año en
miércoles, es señal de grandes catástrofes marítimas, de muchos días de
tempestad y relámpagos, de carestía de cereales y de que los reponches y
las cebollas subirán mucho de precio, sin contar una epidemia que se
cebará en los niños. ¡Pero Alah es más sabio!
»El jueves es el día consagrado á Júpiter. Si abre el año, es indicio de
concordia entre los pueblos, de justicia en gobernantes y visires, de
integridad en los kadíes y de grandes beneficios para la humanidad,
entre otros, abundancia de lluvias, de frutas, de grano, de algodón, de
lino, de miel, de uva y de pescado. ¡Pero Alah es más sabio!
»El viernes es el día consagrado á Venus. Si abre el año, es señal de
que el rocío será abundante y la primavera muy hermosa; nacerá una
enorme multitud de niños de ambos sexos, y habrá muchos cohombros,
sandías, calabazas, berenjenas y tomates, y también cotufas. ¡Pero Alah
es más sabio!
»El sábado, por último, es el día de Saturno. ¡Malhaya el año que
comienza en tal día! ¡Malhaya tal año! ¡Habrá una avaricia general del
cielo y de la tierra, el hambre sucederá á la guerra, las enfermedades
al hambre, y los habitantes de Egipto y de Siria se lamentarán bajo la
opresión que han de sufrir y bajo la tiranía de los gobernantes! ¡Pero
Alah es más sabio!»
Cuando el astrónomo hubo oído tal respuesta, exclamó: «¡Cuán
admirablemente respondiste á todo! Pero ¿puedes aún decirnos de qué
punto ó piso del cielo están suspendidos los siete planetas?»
Simpatía contestó: «¡Desde luego! ¡El planeta Saturno está colgado del
séptimo cielo exactamente; Júpiter está colgado del sexto cielo; Marte,
del quinto; el Sol, del cuarto; Venus, del tercero; Mercurio, del
segundo, y la Luna del primer cielo!»
Luego añadió Simpatía: «¡Voy á interrogarte á mi vez ahora!...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la
mañana, y se calló discretamente.
[IMAGEN]
PERO CUANDO LLEGÓ
LA 284.ª NOCHE
Ella dijo:
»...¡Voy á interrogarte á mi vez ahora! ¿Cuáles son las tres clases
de estrellas?»
En vano meditó el sabio levantando los ojos al cielo, porque no
pudo salir del compromiso. Entonces, y tras de quitarle el manto,
respondió Simpatía por sí misma á su propia pregunta:
«Las estrellas se dividen en tres clases, según la misión á que se
las destina: unas cuelgan de la bóveda celeste como antorchas, y
sirven para alumbrar la tierra; otras están suspendidas de manera
invisible en el aire, y sirven para alumbrar los mares; y las
estrellas de la tercera categoría se mueven á voluntad entre los
dedos de Alah; se las ve desfilar en la noche, y entonces sirven
para lapidar y castigar á los demonios que osan infringir las
órdenes del Altísimo.»
Á estas palabras, el astrónomo se declaró muy inferior á la bella
adolescente en conocimientos, y retiróse de la sala. Entonces, por
mandato del califa, le sucedió un filósofo, que fué á apostarse ante
Simpatía, y le preguntó:
«¿Puedes hablarnos de la infidelidad y decirnos si es innata en el
hombre?»
Ella contestó: «Quiero responderte acerca de esto con las propias
palabras del Profeta (¡con él la plegaria y la paz!), que ha dicho: «La
infidelidad circula entre los hijos de Adán como circula la sangre por
las venas, no bien se dejen arrastrar por la blasfemia contra la tierra,
y los frutos de la tierra, y las horas de la tierra. ¡El crimen mayor
consiste en blasfemar del tiempo y del mundo; porque el tiempo es Dios
mismo, y el mundo es hechura de Dios!»
El filósofo exclamó: «¡Sublimes y definitivas son esas palabras! Dime
ahora quiénes son las cinco criaturas de Alah que bebieron y comieron
sin expulsar de su cuerpo nada por delante ni por detrás.»
Ella contestó: «¡Esas cinco criaturas son: Adán, Simeón, el dromedario
de Saleh, el carnero de Ismael y el pájaro que vió el santo Abubekr en
la caverna!»
Él le dijo: «¡Perfectamente! ¡Dime todavía qué cinco criaturas del
Paraíso no son hombres, ni genios, ni ángeles!»
Ella contestó: «El lobo de Jacob, el perro de los siete durmientes, el
asno de El-Azir, el dromedario de Saleh y la mula _Daldal_ de nuestro
santo Profeta. (¡Con él la plegaria y la paz!)»
Él preguntó: «¿Puedes decirme cuál es el hombre que, al ponerse en
oración, no oraba ni en el cielo ni en la tierra?»
Ella contestó: «¡Soleimán, que se ponía en oración sobre una alfombra
suspendida en el aire entre el cielo y la tierra!»
Él dijo: «¡Vas á explicarme el siguiente caso: un hombre mira por la
mañana á una esclava, y comete con ello un acto ilícito; mira á esta
misma esclava á mediodía, y el hecho es lícito entonces; la mira durante
la siesta, y de nuevo resulta el hecho ilícito; á la puesta del sol le
está permitido mirarla; se le prohibe hacerlo de noche, y á la mañana
del otro día puede perfectamente acercarse á ella con toda libertad!
¿Sabrías explicarme qué distintas circunstancias logran sucederse con
tanta rapidez en el espacio de un día y una noche?»
Ella contestó: «¡Es muy sencilla la explicación! Por la mañana, un
hombre posa sus miradas en una esclava que no es suya, lo cual es
ilícito, según el Libro. Pero la compra á mediodía, y entonces puede
mirarla y gozarla cuanto quiera; á la hora de la siesta, por cualquier
causa, la devuelve la libertad, y en vista de ello ya no tiene derecho
para dirigir á ella sus ojos. ¡Pero al ponerse el sol se casa con ella,
y todo para él se torna lícito; por la noche, cree oportuno divorciarse
y no puede ya acercarse á ella; pero á la mañana, de nuevo la toma por
esposa, tras las ceremonias de costumbre, y entonces puede reanudar sus
relaciones con aquella mujer!»
Dijo el filósofo: «¡Así es! ¿Puedes decirme cuál es la tumba que hubo de
moverse con la persona que encerraba?»
Ella contestó: «¡La ballena que devoró al profeta Jonás!»
Él preguntó: «¿Qué valle alumbró el sol una vez únicamente y jamás
volverá á alumbrarle hasta el día de la Resurrección?»
Ella contestó: «¡El valle formado por la vara de Moisés al hendir el mar
para hacer paso á su pueblo fugitivo!»
Él preguntó: «¿Qué cola arrastró primero por el suelo?»
Ella contestó: «¡La cola del vestido de Agar, madre de Ismael, cuando
barrió la tierra ante Sara!»
Él preguntó: «¿Qué cosa respira sin estar animada?»
Ella contestó: «¡La mañana! Porque dice el Libro: «Cuando la mañana
respira...»
Él dijo: «Dime cuanto puedas acerca de este problema: una bandada de
pajarillos se abate sobre la copa de un árbol; unos se posan en las
ramas superiores y otros en las bajas. Los pajarillos que se hallan en
lo alto del árbol dicen á los de abajo: «Si se juntase á nosotros uno de
vosotros, nuestro grupo sería doble que el vuestro; pero si bajara uno
de nosotros hacía vosotros, nos igualaríais en número.» ¿Cuántos
pajarillos había?»
Ella contestó: «Había en total doce pajarillos. En efecto, estaban siete
en lo alto del árbol y cinco en las ramas bajas. Si uno de los
pajarillos de abajo se reuniese con los de arriba, el número de estos
últimos ascendería á ocho, que es el doble de cuatro; pero si uno de los
de arriba descendiese hasta juntarse con los de abajo, serían seis en
cada sitio. ¡Pero Alah es más sabio!»
Al oir el filósofo las diversas respuestas, temió que le interrogara la
adolescente, y para conservar su manto, se puso en fuga á toda prisa y
desapareció.
* * * * *
Entonces fué cuando se levantó el hombre más sabio del siglo, el
prudente Ibrahim ben-Sayar, que fué á ocupar el sitio del filósofo, y
dijo á la bella Simpatía: «¡Quiero creer que con anterioridad á mis
preguntas te declaras vencida, siendo, por tanto, ocioso interrogarte!»
Ella contestó: «¡Oh venerable sabio, mi consejo es que envíes á buscar
otro traje que el que llevas, pues no tardaré en quitártelo!»
El sabio dijo: «¡Vamos á verlo! ¿Qué cinco cosas creó el Altísimo antes
que á Adán?»
Ella contestó: «¡El agua, la tierra, la luz, las tinieblas y el fuego!»
Él preguntó: «¿Qué obras son las formadas por las propias manos del
Todopoderoso y no por el simple efecto de su voluntad, como fueron
creadas todas las demás cosas?»
Ella contestó: «¡El Trono, el árbol del Paraíso, el Edén y Adán! ¡Sí,
por las propias manos de Alah se crearon estas cuatro cosas, mientras
que para crear todas las demás cosas, dijo: «¡Sean!», y fueron!»
Él preguntó: «¿Quién es tu padre en el Islam y quién es el padre de tu
padre?»
Ella contestó: «¡Mi padre en el Islam es Mohamed (¡con él la plegaria y
la paz!), y el padre de mi padre es Abraham, el amigo de Alah!»
«¿En qué consiste la fe del Islam?»
«En la simple profesión de fe: «¡La ilah ili’Alah, Mohamed rassul Alah!»
«¿Qué cosa empezó siendo de madera y terminó gozando vida propia?»
«La vara que tiró Moisés para que se convirtiese en serpiente. Según las
circunstancias, esta misma vara, clavada en el suelo, podía
transformarse en árbol frutal, en un frondoso árbol muy grande para
resguardar del ardor del sol á Moisés, ó en un perro enorme que
guardara el rebaño durante la noche.»
«¿Puedes decirme qué mujer fué engendrada por un hombre sin que una
madre la llevase en el seno, y qué hombre fué engendrado por una mujer
sin el concurso de un padre?»
«¡Eva, que nació de Adán, y Jesús, que nació de María!»
El sabio continuó...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la
mañana, y se calló discretamente.
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PERO CUANDO LLEGÓ
LA 286.ª NOCHE
Ella dijo:
...El sabio continuó: «¡Háblame de las diversas clases de fuego!»
Ella contestó: «¡Hay un fuego que come y no bebe: el fuego del mundo; un
fuego que come y bebe: el fuego del infierno; un fuego que bebe y no
come: el fuego del sol; por último, un fuego que no come ni bebe: el
fuego de la luna!»
«¿Cuál es la clave de este enigma? «Cuando bebo mana de mis labios la
elocuencia, y camino y hablo sin hacer ruido. ¡Y sin embargo, á pesar
de estas cualidades, no tengo honores en mi vida, y después de mi muerte
no me llora nadie!»
Ella contestó: «¡La pluma!»
«¿Y la clave de este otro enigma? «Soy pájaro, pero no tengo carne, ni
sangre, ni plumas, ni plumón; me comen asado, ó cocido, ó al natural, y
es muy difícil saber si estoy vivo ó muerto; en cuanto á mi color, es de
plata y oro.»
Ella contestó: «En verdad que tienes gana de emplear palabras excesivas
para hacerme saber que se trata del huevo. ¡Procura preguntarme algo más
difícil!»
Él preguntó: «¿Cuántas palabras dijo en total Alah á Moisés?»
Ella contestó: «¡Alah dijo á Moisés, exactamente, mil quinientas quince
palabras!»
Él preguntó: «¿Cuál es el origen de la Creación?»
Ella dijo: «Alah hizo á Adán con barro seco; el barro se formó con
espuma; la espuma se sacó del mar; el mar de las tinieblas; las
tinieblas de la luz; la luz de un monstruo marino; el monstruo marino de
un rubí; el rubí de una roca; la roca del agua; y el agua fué creada por
la palabra omnipotente: «¡Sea!»
«¿Y la clave de este otro enigma? «Como sin tener boca ni vientre, y me
nutro de árboles y anímales. ¡Los alimentos solos prolongan mi vida, en
tanto que cualquier bebida me mata!»
«¡El fuego!»
«¿Y la clave de este enigma? Son dos amigos que jamás gozaron, aunque
pasan todas sus noches uno en brazos de otro. ¡Son los guardianes de la
casa, y sólo se separan al llegar la mañana!»
«¡Las dos hojas de una puerta!»
«¿Qué significa lo que voy á decirte? ¡Arrastro largas colas tras de mí,
tengo una oreja para no oir nada y hago trajes para no llevarlos nunca!»
«¡La aguja!»
«¿Cuáles son la longitud y la anchura del puente Sirat?»
«La longitud del puente Sirat, por el cual deben pasar todos los hombres
el día de la Resurrección, es de tres mil años de camino, mil para subir
á él, mil para atravesar su parte plana y mil para bajar de él. ¡Es más
escarpado que un corte de sierra y más estrecho que un cabello.»
Preguntó él: «¿Puedes decirme ahora cuántas veces tiene derecho á
interceder por cada creyente el Profeta? (¡Con él la plegaria y la
paz!)»
Ella contestó: «¡Ni más ni menos de tres veces!»
«¿Quién abrazó primero la fe del Islam?»
«¡Abubekr!»
«Entonces, ¿no crees que fué musulmán Alí antes que Abubekr?»
«Alí, por gracia del Altísimo, no fué jamás idólatra, porque desde la
edad de siete años Alah le hizo seguir el camino recto, iluminando su
corazón y dotándolo de la fe de Mohamed. (¡Con él la plegaria y la
paz!)»
«¡Sí! Pero yo quisiera saber cuál de los dos, entre Alí y Abbas, reune
mayores méritos á tus ojos.»
Ante esta pregunta, con exceso insidiosa, advirtió Simpatía que el sabio
trataba de arrancarle una respuesta comprometedora; porque si daba la
preeminencia á Alí, yerno del Profeta, disgustaría al califa, que era
descendiente de Abbas, tío de Mohamed. (¡Con él la plegaria y la paz!)
Primero enrojeció, luego palideció, y tras un instante de reflexión,
repuso:
«¡Sabe, ¡oh Ibrahim! que no hay ninguna preeminencia entre dos cuando
cada cual de ellos tiene un mérito excelente!»
No bien el califa hubo oído esta respuesta, llegó al límite del
entusiasmo, é irguiéndose sobre ambos pies, exclamó: «¡Por el Señor de
la Kaaba! ¡Es admirable tal respuesta, ¡oh Simpatía!»
Pero el sabio continuó: «¿Puedes decirme de qué trata este enigma? «¡Es
esbelta y tierna y de sabor delicioso; es derecha como la lanza, pero no
tiene hierro agudo; es útil por su dulzura, y se come con gusto por la
noche en el mes de Ramadán!»
Ella contestó: «¡De la caña de azúcar!»
Dijo él: «Todavía tengo que dirigirte algunas preguntas, y voy á hacerlo
rápidamente. Puedes decirme en pocas palabras: ¿Qué hay más dulce que la
miel? ¿Qué hay más cortante que el hacha? ¿Qué hay más rápido que el
veneno en sus efectos? ¿Cuál es el goce de un instante? ¿Cuál es la
felicidad que dura tres días? ¿Cuál es el día más dichoso? ¿Cuál es el
regocijo de una semana? ¿Cuál es la deuda que ni el malo deja de pagar?
¿Cuál es el suplicio que nos persigue hasta la tumba? ¿Cuál es la
alegría del corazón? ¿Cuál es el sufrimiento del espíritu? ¿Cuál es la
desolación de la vida? ¿Cuál es el mal que no tiene remedio? ¿Cuál es la
vergüenza que no puede borrarse? ¿Cuál es el animal que vive en los
lugares desiertos y habita lejos de las ciudades, huyendo del hombre, y
reune la naturaleza de otros siete animales?»
Ella contestó: «¡Antes de hablar, deseo que me entregues tu manto!»
Entonces el califa Harún Al-Rachid dijo á Simpatía: «Sin duda tienes
razón. Pero ¿no convendría más que, por consideración á su edad,
contestases primero á sus preguntas?»
Y dijo ella: «¡El amor de los niños es más dulce que la miel! ¡La lengua
es más cortante que el hacha! ¡El mal de ojo es más rápido que el
veneno! ¡El goce del amor sólo dura un instante! ¡La felicidad que dura
tres días es la que experimenta el marido en las épocas menstruales de
su esposa, porque entonces él descansa! ¡El día más dichoso es el de
ganancia en un negocio! ¡El regocijo que dura una semana es el de la
boda! ¡La deuda que ha de pagar toda persona es la muerte! ¡La mala
conducta de los hijos es la pena que nos persigue hasta la tumba! ¡La
alegría del corazón es la mujer sumisa para con el esposo! ¡El
sufrimiento del espíritu es un sirviente malo! ¡La pobreza es la
desolación de la vida! ¡El mal carácter es el mal sin remedio! ¡La
vergüenza imborrable es el deshonor de una hija! ¡En cuanto al animal
que vive en los lugares desiertos y detesta al hombre, es el
saltamontes, que reune la naturaleza de otros siete animales: tiene,
efectivamente, cabeza de caballo, cuello de toro, alas de águila, pies
de camello, cola de serpiente, vientre de escorpión y cuernos de
gacela!»
Ante tanta sagacidad y saber, el califa Harún Al-Rachid se sintió en
extremo edificado, y ordenó al sabio Ibrahim ben-Sayar que diera su
manto á la adolescente. Después de haberla entregado su manto, levantó
la mano derecha el sabio, y manifestó en público que la joven habíale
superado en conocimientos y que era la maravilla entre las maravillas
del siglo.
Entonces preguntó el califa á Simpatía: «¿Sabes tocar instrumentos
armónicos y cantar acompañándote?» Ella contestó: «¡Sí, por cierto!»
Inmediatamente hizo traer un laúd en un estuche de raso rojo, rematado
con una borla de seda amarilla y cerrado con un broche de oro. Simpatía
sacó del estuche el laúd, y leyó en él estos versos grabados como orla
con caracteres enlazados y floridos:
_¡Era yo todavía una rama verde, y ya enseñábanse canciones las
aves enamoradas!_
_¡En las rodillas de las jóvenes, ahora resueno bajo los dedos y
canto cual las aves!_
Entonces lo apoyó ella contra sí, inclinóse como una madre sobre su
hijo, sacó del instrumento acordes de doce maneras distintas, y en medio
del entusiasmo general cantó con una voz que hubo de repercutir en todos
los corazones y arrancar lágrimas de emoción en los ojos todos.
Cuando acabó ella, irguióse sobre ambos pies el califa, y exclamó:
«¡Aumente en ti sus dones Alah, ¡oh Simpatía! y tenga en su misericordia
á quienes fueron tus maestros y á los autores de tus días!» Y acto
seguido hizo contar diez mil dinares de oro en cien sacos para
Abul-Hassán, y dijo á Simpatía: «Dime, ¡oh maravillosa adolescente!
¿prefieres entrar en mi harem y tener un palacio y tren de casa para ti
sola, ó bien prefieres volver con este joven, tu antiguo amo?»
Á estas palabras, Simpatía besó la tierra entre las manos del califa...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la
mañana, y se calló discretamente.
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PERO CUANDO LLEGÓ
LA 287.ª NOCHE
Ella dijo:
...Simpatía besó la tierra entre las manos del califa y contestó:
«¡Extienda Alah sus gracias sobre nuestro dueño el califa! ¡Pero su
esclava desea volver á la casa de su antiguo amo!»
Lejos de mostrarse ofendido por esta preferencia, el califa accedió
inmediatamente á su demanda, haciendo que como regalo le entregaran
cinco mil dinares más, y le dijo: «¡Podrás acaso ser tan experta en amor
como lo eres en conocimientos espirituales!» Luego quiso aún poner
remate á su magnificencia, designando á Abul-Hassán para desempeñar un
alto cargo en palacio, y le admitió en el número de sus favoritos más
íntimos. Después levantó la sesión.
Entonces, agobiada bajo mantos de sabios Simpatía y cargado con sacos
repletos de dinares de oro Abul-Hassán, salieron de la sala ambos,
seguidos por todos los asistentes á la asamblea, que alzaban los brazos
y exclamaban, maravillándose de cuanto acababan de ver y oir: «¿Dónde
habrá en el mundo una generosidad semejante á la de los descendientes de
Abbas?»
«Tales son, ¡oh rey afortunado!--continuó Schahrazada--las palabras que
la docta Simpatía dijo en medio de la asamblea de sabios, y las cuales,
transmitidas por los anales del reino, sirven para instruir á toda mujer
musulmana.»
Luego, al ver Schahrazada que el rey Schahriar fruncía ya las cejas y
meditaba de un modo inquietante, apresuróse á abordar las AVENTURAS DEL
POETA ABU-NOWAS, y comenzó el relato en seguida, mientras la pequeña
Doniazada, medio dormida hasta entonces, despertábase sobresaltada de
repente, al oir pronunciar el nombre de Abu-Nowas, y toda oídos
disponíase á escuchar.
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AVENTURAS DEL POETA ABU-NOWAS
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Se cuenta--pero Alah es más sabio--que una noche entre las noches,
poseído de insomnio y con el espíritu preocupadísimo, el califa Harún
Al-Rachid salió solo de su palacio y fué á dar una vuelta por sus
jardines para distraer su hastío. De este modo llegó ante un pabellón
cuya puerta permanecía abierta, pero en su umbral se atravesaba el
cuerpo de un eunuco negro dormido. El califa saltó sobre el cuerpo del
esclavo, penetrando en la única sala de que se componía el pabellón, y
lo primero que se presentó á su vista fué un lecho con cortinas corridas
é iluminado á derecha é izquierda por dos grandes antorchas. Había junto
al lecho una mesita sosteniendo una bandeja con un cántaro de vino, al
que servía de tapa un vaso puesto boca abajo.
Asombróse el califa de encontrar en aquel pabellón aquellas cosas de las
que no tenía noticia, y avanzando hacia el lecho levantó las cortinas, y
se quedó maravillado de la belleza que ofrecíase á su mirada. Era una
joven esclava, tan hermosa cual la luna llena, y cuyo único velo
consistía en su cabellera suelta.
Á su vista, el califa, en extremo encantado, cogió el vaso que coronaba
el gollete del cántaro, lo llenó de vino y formuló en su alma: «¡Por las
rosas de tus mejillas, ¡oh joven!», y lo bebió con lentitud. Luego
inclinóse sobre el hermoso rostro y dejó un beso en un lunar negro que
sonreía desde la comisura izquierda de los labios.
Pero aunque fué levísimo, aquel beso despertó á la joven, quien, al
reconocer al Emir de los Creyentes, se incorporó en el lecho vivamente
aterrada. Pero el califa la calmó y le dijo: «Cerca de ti hay un laúd,
¡oh joven esclava! y sin duda debes saber extraer de él deliciosos
acordes. ¡Como á pesar de que no te conozco tengo determinado pasarme
esta noche contigo, no me disgustaría verte manejarlo mientras te
acompañas con la voz!»
Entonces tomó el laúd la joven, y tras de templarlo, sacó de él sonidos
admirables, haciéndolo de veintiún modos diferentes, y con tanta
maestría, que el califa se exaltó hasta el límite de la exaltación;
advertido lo cual por la joven, no dejó de aprovecharse de ello. Así,
pues, le dijo ella: «¡Sufro rigores del Destino, ¡oh Comendador de los
Creyentes!» El califa preguntó: «¿Y por qué?» Ella dijo: «Tu hijo
El-Amin, ¡oh Comendador de los Creyentes! me compró hace algunos días
por diez mil dinares, á fin de hacerte el regalo de mi persona. ¡Pero al
tener conocimiento de tal proyecto, tu esposa Sett Zobeida reintegró á
tu hijo el dinero que había invertido en comprarme, y me puso en manos
de un eunuco negro para que me encerrase en este pabellón solitario!»
Cuando el califa hubo oído estas palabras, se sintió sumamente
enfurecido y prometió á la joven darle desde el siguiente día un palacio
para ella sola, con tren de casa digno de su belleza. Luego, tras de una
toma de posesión, salió á toda prisa, despertando al eunuco dormido y
ordenándole que inmediatamente fuese á prevenir al poeta Abu-Nowas para
que se presentase en seguida en palacio.
Era costumbre del califa, en efecto, enviar que buscasen al poeta
cuantas veces le asaltaban preocupaciones, con objeto de distraerse
oyéndole improvisar poemas ó poner en verso cualquier aventura que le
contara.
El eunuco se personó en la casa de Abu-Nowas, y como no le encontró
allí, salió en su busca por todos los lugares públicos de Bagdad, y le
encontró al fin en cierta mal afamada taberna, á lo último del barrio de
la Puerta Verde. Se acercó á él y le dijo: «¡Oh Abu-Nowas, por ti
pregunta nuestro amo el califa!» Abu-Nowas se echó á reír, y contestó:
«¿Cómo quieres, ¡oh padre de blancuras! que me mueva de aquí, si me
retiene como rehén un jovencito amigo mío?» El eunuco preguntó: «¿Dónde
está y quién es?» Y le contestó el otro: «Es menudo, imberbe y lindo.
¡Le prometí un regalo de mil dracmas, pero como no tengo encima esa
cantidad, no me parece decente irme antes de satisfacer mi deuda!»
Á estas palabras exclamó el eunuco: «¡Por Alah! ¡Abu-Nowas, enséñame á
ese joven, y si verdaderamente es tan gentil como me estás dando á
entender, quedarás relevado de todo lo demás!»
En tanto hablaban ellos de este modo, el pequeño asomó su linda cabeza
por la puerta entreabierta, y Abu-Nowas, señalándole, exclamó: «Si la
rama se balancea, ¡qué armonioso no será el canto de los pájaros que en
ella anidan!...»
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la
mañana, y se calló discretamente.
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CUANDO LLEGÓ
LA 288.ª NOCHE
Ella dijo:
«...Si la rama se balancea, ¡qué armonioso no será el canto de los
pájaros que en ella anidan!»
Entonces acabó de entrar el joven en la sala. Realmente, era lo más
bello posible, é iba vestido con tres túnicas superpuestas y de
distintos colores: la primera, completamente blanca; la segunda, roja;
la tercera, negra.
Cuando Abu-Nowas le vió vestido de blanco, sintió crepitar en su
espíritu el fuego de la inspiración, é improvisó estos versos en honor
suyo:
_¡Se mostró vestido con un lino de blancura lechosa, y sus ojos
languidecían bajo sus párpados azules, y las rosas tiernas de sus
mejillas bendecían á Quien hubo de crearlas!_
_Y le dije: «¿Por qué pasas sin mirarme, cuando consientes que
caiga en tus manos como la víctima bajo el arma del sacrificador?»_
_Me contestó: «Déjate de discursos y mira en silencio la obra del
Creador: blanco es mi cuerpo y blanca mi túnica; blanco es mi
rostro y blanco mi destino; ¡es blanco sobre blanco, y blanco sobre
blanco!»_
Al oír el joven estos versos, sonrió y se despojó de su túnica blanca
para aparecer todo de rojo. Á su vista, sintió Abu-Nowas poseerle por
completo la emoción poética, y acto seguido improvisó estos otros
versos:
_¡Se mostró vestido con una túnica roja como su proceder cruel!_
_Y exclamé, sorprendido: «¿Cómo, siendo de una blancura lunar,
puedes aparecer con esas dos mejillas que se dirían enrojecidas por
la sangre de nuestros corazones, y vestido con una túnica robada á
las anémonas?»_
_Me contestó: «La aurora me había prestado antes su vestidura; pero
ahora es el mismo sol quien me hizo el regalo de sus llamas: de
llama son mis ojos y rojo mi traje; de llama son mis labios y rojo
el vino que los colorea; ¡es rojo sobre rojo, y rojo sobre rojo!»_
Al oír estos versos, el pequeño arrojó con un gesto su túnica roja y
apareció vestido con la túnica negra que llevaba directamente sobre la
piel, y acusaba con precisión el talle ceñido por un cinturón de seda. Y
Abu-Nowas, al verlo, llegó al límite de la exaltación, é improvisó estos
otros versos en honor suyo:
_¡Se mostró vestido con una túnica negra como la noche, y no se
dignó siquiera dirigirme una mirada! Y le dije: «¿No ves que mis
enemigos y quienes me envidian se alegran del abandono en que me
tienes?_
_»¡Ah! Ya lo comprendo: negras son tus vestiduras y negra tu
cabellera; negros son tus ojos y negro mi destino; ¡es negro sobre
negro, y negro sobre negro!»_
Cuando el enviado del califa vió al joven y escuchó estos versos,
disculpó de todo corazón á Abu-Nowas, y volvió al instante á palacio,
donde puso al califa en autos acerca de la aventura acaecida á
Abu-Nowas, y le explicó que el poeta habíase constituído en rehén en la
taberna por no poder pagar la suma prometida al hermoso mancebo.
Entonces, el califa, divertido á la vez que irritado, entregó al eunuco
la suma necesaria para el rescate del rehén, y le ordenó que fuese á
sacarle de allí en seguida, para llevarle, de grado ó por fuerza, á su
presencia.
Se apresuró el eunuco á ejecutar la orden, y no tardó en volver
sosteniendo con dificultad al poeta, que se tambaleaba por haber bebido
demasiado. Y el califa le apostrofó con una voz que trató de hacer
furiosa; luego, al ver que Abu-Nowas se echaba á reir, se acercó á él,
le cogió de la mano, y en su compañía se encaminó hacia el pabellón
donde se encontraba la esclava.
Cuando Abu-Nowas vió sentada en la cama y vestida toda de raso azul, y
con el rostro cubierto por un ligero velo de seda azul, á aquella joven
de grandes ojos negros que le sonreían en la faz, le pasó la embriaguez,
pero en cambio sintióse inflamado de entusiasmo, y de pronto improvisó
esta estrofa en honor suyo:
_¡Di á la bella del velo azul que la suplico se compadezca de
alguien que arde en deseo de su hermosura! Dile: «¡Te conjuro por
la blancura de tu linda tez, que no igualan ni la tierna rosa ni
el jazmín, te conjuro por tu sonrisa, que hace palidecer las perlas
y los rubíes, á que me dirijas una mirada en la cual no pueda yo
leer la huella de las calumnias que acerca de mí inventaron quienes
me envidian!»_
Cuando hubo concluído su improvisación Abu-Nowas, la esclava presentó
una bandeja con bebidas al califa, quien, para divertirse, invitó al
poeta á que se bebiese él solo todo el vino de la copa. Abu-Nowas
accedió á ello gustoso, y no tardó en sentir de nuevo en su corazón los
efectos del licor enervante. En aquel momento se le ocurrió al califa
levantarse súbito, á fin de asustar á Abu-Nowas, y espada en mano
precipitóse sobre él como para cortarle la cabeza.
Al ver aquello, Abu-Nowas, aterrado, echó á correr por la sala dando
grandes gritos; y el califa le perseguía por todos los rincones,
pinchándole con la punta de la espada. Por último le dijo: «¡Ahora
vuelve á tu sitio á beber otro trago todavía!» Y al mismo tiempo hizo
una seña á la joven para que escondiese la copa, lo cual cumplió
inmediatamente ella ocultándola con su vestido. Pero, á pesar de su
embriaguez, lo advirtió Abu-Nowas, é improvisó esta estrofa:
_¡Cuán extraña aventura es mi aventura! ¡Una cándida joven se
transforma en ladrona y me arrebata la copa para esconderla bajo su
traje, en cierto sitio donde querría verme escondido yo! ¡Se trata
de un lugar que no nombro por respeto al califa!_
Al oir estos versos, se echó á reir el califa, y dijo á Abu-Nowas en
broma: «¡Por Alah! Desde ahora quiero designarte para un alto empleo.
¡En lo sucesivo serás titulado jefe de los alcahuetes de Bagdad!»
Chanceándose, respondió al instante Abu-Nowas: «¡En ese caso, ¡oh
Comendador de los Creyentes! me pongo á tus órdenes, rogándote me digas
en seguida si necesitas de mis alcahueterías!»
Á estas palabras, montó el califa en una cólera terrible, y gritó al
eunuco que llamase inmediatamente á Massrur el portaalfanje, ejecutor de
su justicia. Y algunos instantes después llegó Massrur, y el califa le
ordenó que despojase de su ropa á Abu-Nowas...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la
mañana, y se calló discretamente.
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PERO CUANDO LLEGÓ
LA 290.ª NOCHE
Ella dijo:
...y el califa le ordenó que despojase de su ropa á Abu-Nowas y le
pusiese una albarda á la espalda, atándole un ronzal y hundiéndole una
espuela en las posaderas, y de tal guisa le llevase por todos los
pabellones de favoritas y demás esclavos, para que sirviese de irrisión
á los habitantes todos de palacio, conduciéndole luego á la puerta de la
ciudad, y ante el pueblo de Bagdad en masa le cortase la cabeza,
sirviéndosela en una bandeja. Y contestó Massrur: «¡Escucho y obedezco!»
Y al momento se dispuso á ejecutar las órdenes del califa.
Arrastró á Abu-Nowas, que juzgaba completamente inútil intentar eludir
el furor del califa, y después de ponerle como queda dicho, comenzó á
pasearle lentamente por delante de los diversos pabellones, cuyo número
era igual al de los días del año.
Y hete aquí que Abu-Nowas, cuya reputación de chistoso era universal en
palacio, no dejó de atraerse la simpatía de todas las mujeres, las
cuales, para hacer más ostensible su piedad, empezaron á cubrirle de oro
y joyas, y acabaron por agruparse y seguirle prodigándole palabras de
consuelo; y entonces el visir Giafar Al-Barmaki, que pasaba por frente
al grupo para personarse en palacio, reclamado por un asunto urgente, al
ver al poeta llorando y lamentándose, se acercó á él y le dijo: «¿Pero
eres tú, Abu-Nowas? ¿Qué crimen cometiste para ser castigado de tal
modo?» El otro respondió: «¡Por Alah, no cometí ni la sombra de un
crimen! ¡No hice otra cosa que recitar algunos de mis más hermosos
versos ante el califa, quien me ha regalado en agradecimiento sus
mejores trajes!»
Como en aquel mismo instante se encontraba muy cerca de ellos el califa,
oculto tras los tapices de un pabellón, no pudo por menos de echarse á
reir al escuchar la respuesta de Abu-Nowas. Le perdonó, regalándole un
ropón de honor y una fuerte suma de dinero, y continuó, como antes,
haciendo de él su compañero inseparable en los momentos de mal humor.
Cuando Schahrazada acabó de contar esta aventura del poeta
Abu-Nowas, la pequeña Doniazada, presa de un ataque de risa que en
vano pretendía sofocar contra la alfombra en que se hallaba
sentada, corrió á su hermana y le dijo: «¡Por Alah, hermana
Schahrazada, cuán divertida fué la historia, y qué gracioso debía
estar Abu-Nowas vestido de borrico! ¡Si nos contases alguna otra
aventura de ese individuo serías muy amable!»
Pero exclamó el rey Schahriar: «¡Me resulta muy antipático el tal
Abu-Nowas, y si deseas que te corten inmediatamente la cabeza, no
tienes mas que continuar con el relato de sus aventuras! En otro
caso, puedes contarme alguna historia de viajes para amenizarme el
resto de la noche; porque me he aficionado á todo lo referente á
viajes instructivos desde el día en que emprendí una excursión á
lejanos países con mi hermano Schahzamán, rey de Samarcanda
Al-Ajam, después de lo ocurrido con mi maldita mujer, á la que hice
cortar la cabeza. Así, pues, si conoces un cuento verdaderamente
delicioso para quien lo escuche, no dejes de contarlo desde luego,
ya que esta noche es más tenaz que nunca mi insomnio.»
Al oir del rey Schahriar tales palabras, se apresuró á decir la
discreta Schahrazada: «Justamente, las más asombrosas y gratas
entre todas las que conozco son las historias de viajes. En seguida
vas á juzgar, ¡oh rey afortunado! porque, en verdad, no hay en los
libros historia comparable á la del viajero llamado SINDBAD EL
MARINO[1]. ¡Y con esta historia es precisamente con la que te voy á
entretener, ¡oh rey afortunado! desde el momento en que tienes á
bien el permitírmelo!»
Y acto seguido comenzó á narrar Schahrazada:
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HISTORIA DE SINDBAD EL MARINO[2]
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He llegado á saber que, en tiempo del califa Harún Al-Rachid, vivía en
la ciudad de Bagdad un hombre llamado Sindbad el Cargador. Era de
condición pobre, y para ganarse la vida acostumbraba á transportar
bultos en su cabeza. Un día entre los días hubo de llevar cierta carga
muy pesada; y aquel día precisamente sentíase un calor tan excesivo, que
sudaba el cargador, abrumado por el peso que llevaba encima. Intolerable
se había hecho ya la temperatura, cuando el cargador pasó por delante
de la puerta de una casa que debía pertenecer á algún mercader rico, á
juzgar por el suelo bien barrido y regado alrededor con agua de rosas.
Soplaba allí una brisa gratísima, y cerca de la puerta aparecía un ancho
banco para sentarse. Al verlo, el cargador Sindbad soltó su carga sobre
el banco en cuestión, con objeto de descansar y respirar aquel aire
agradable, sintiendo á poco que desde la puerta llegaba á él un aura
pura y mezclada con delicioso aroma; y tanto le deleitó, que fué á
sentarse en un extremo del banco. Entonces advirtió un concierto de
laúdes é instrumentos diversos, acompañados por magníficas voces que
cantaban canciones en un lenguaje escogido; y advirtió también píos de
aves canoras que glorificaban de modo encantador á Alah el Altísimo;
distinguió, entre otros, acentos de tórtolas, de ruiseñores, de mirlos,
de bulbuls, de palomas de collar y de perdices domésticas. Maravillóse
mucho, é impulsado por el placer enorme que todo aquello le causaba,
asomó la cabeza por la rendija abierta de la puerta y vió en el fondo un
jardín inmenso, donde se apiñaban servidores jóvenes, y esclavos, y
criados, y gente de todas calidades, y había allí cosas que no se
encontrarían mas que en alcázares de reyes y sultanes.
Tras esto llegó hasta él una tufarada de manjares realmente admirables y
deliciosos, á la cual se mezclaba todo género de fragancias exquisitas
procedentes de diversas vituallas y bebidas de buena calidad. Entonces
no pudo por menos de suspirar, y alzó al cielo los ojos y exclamó:
«¡Gloria á Ti, Señor Creador, ¡oh Donador! ¡Sin calcular, repartes
cuantos dones te placen, ¡oh Dios mío! ¡Pero no creas que clamo á ti
para pedirte cuentas de tus actos ó para preguntarte acerca de tu
justicia y de tu voluntad, porque á la criatura le está vedado
interrogar á su dueño omnipotente! Me limito á observar. ¡Gloria á ti!
¡Enriqueces ó empobreces, elevas ó humillas, conforme á tus deseos, y
siempre obras con lógica, aunque á veces no podamos comprenderla! He ahí
al amo de esta casa... ¡Es dichoso hasta los límites extremos de la
felicidad! ¡Disfruta las delicias de esos aromas encantadores, de esas
fragancias agradables, de esos manjares sabrosos, de esas bebidas
superiormente deliciosas! ¡Vive feliz, tranquilo y contentísimo,
mientras otros, como yo, por ejemplo, nos hallamos en el último confín
de la fatiga y la miseria!»
Luego apoyó el cargador su mano en la mejilla, y á toda voz cantó los
siguientes versos que iba improvisando:
_¡Suele ocurrir que un desgraciado sin albergue se despierte de
pronto á la sombra de un palacio creado por su Destino! ¡Pero ¡ay!
yo cada mañana me despierto más miserable que la víspera!_
_¡Por instantes aumenta mi infortunio, como la carga que á mi
espalda pesa fatigosa, en tanto que otros viven dichosos y
contentos en el seno de los bienes que la suerte les prodiga!_
_¿Cargó nunca el Destino la espalda de un hombre con carga parecida
á la aguantada por mi espalda?... ¡Sin embargo, no dejan de ser mis
semejantes otros que están ahitos de honores y reposo!_
_¡Y aunque no dejan de ser mis semejantes, entre ellos y yo puso la
suerte alguna diferencia, pareciéndome yo á ellos como el vinagre
amargo y rancio se parece al vino!_
_¡Pero no pienses que te acuso lo más mínimo, ¡oh mi Señor! porque
nunca haya gozado yo de tu largueza! ¡Eres grande, magnánimo y
justo, y bien sé que juzgas con sabiduría!_
Al concluir de cantar tales versos, Sindbad el Cargador se levantó y
quiso poner de nuevo la carga en su cabeza, continuando su camino,
cuando se destacó en la puerta del palacio y avanzó hacia él un
esclavito de semblante gentil, de formas delicadas y vestiduras muy
hermosas, que, cogiéndole de la mano, le dijo: «Entra á hablar con mi
amo, que desea verte.» Muy intimidado, el cargador intentó encontrar
cualquier excusa que le dispensase de seguir al joven esclavo, mas en
vano. Dejó, pues, su cargamento en el vestíbulo, y penetró con el niño
en el interior de la morada.