_D. Juan._--Y yo, señora, la acepto,

Porque vivo muy seguro

De pagaros con lo mesmo

_D. Cár._--Tú, Leonor mia, la mano

Me da.

_Dª. Leo._--En mí, Cárlos, no es nuevo,

Porque siempre ha sido tuya.

_Cast._--Dime, Celia, algun requiebro,

Y mira si á mano tienes

Una mano.

_Cel._--No la tengo,

Que la dejé en la cocina;

Pero ¿bastaráte un dedo?

_Cast._--Daca, que es el dedo malo,

Pues es él con quien encuentro.

Y aquí, altísimos señores,

Aquí, senado discreto

“Los empeños de una casa”

Dan fin. Perdonad sus yerros.

FIN DE LA COMEDIA.

_Carta de la muy ilustre señora Sor Filotea de la Cruz, que se imprimió

con licencia del Ilmo. y Exmo. señor don Manuel Fernández de Santa Cruz,

dignísimo obispo de los Angeles en la Puebla, año de 1690, en que

aplaude á la poetisa la honesta é hidalga habilidad de hacer versos,

mandándole dar á la estampa la Crísis sobre un sermon, con el título de

“Carta atenagórica.”_

_Señora mia_:

He visto la carta de V. md. en que impugna las Finezas que de Cristo

discurrió el R. P. Antonio de Vieira en el sermon del Mandato, con tanta

sutileza que á los mas eruditos ha parecido que como otra águila de

Ezequiel habia remontado á este singular talento sobre sí mismo,

siguiendo la planta que formó ántes el Ilmo. César Menéses, ingenio de

los primeros de Portugal; pero á mi juicio, quien leyere su Apología de

V. md. no podrá negar que cortó la pluma mas delgada que ambos, y que

pudieran gloriarse de verse impugnados por una mujer, que es honra de su

sexo. Yo á lo ménos he admirado la viveza de los conceptos, la

discrecion de sus pruebas y la enérgica claridad con que convence el

asunto, compañera inseparable de la sabiduría: que por eso la primera

voz que pronunció la Divina fué _luz_, porque sin claridad no hay voz de

sabiduría. Aun la de Cristo, cuando hablaba altísimos misterios entre

los velos de las parábolas, no se tuvo por admirable en el mundo; solo

cuando habló claro mereció la aclamacion de saberlo todo. Este es uno de

los muchos beneficios que debe V. md. á Dios, porque la claridad no se

adquiere con el trabajo é industria; es don que se infunde con el alma.

Para que V. md. se vea en este papel de mejor letra, le he impreso, y

para que reconozca los tesoros que Dios depositó en su alma y le sea,

como mas entendida, mas agradecida; que la gratitud y el entendimiento

nacieron siempre de un mismo parto. Y si, como V. md. dice en su carta,

quien mas ha recibido de Dios está mas obligado á la correspondencia,

temo se halle V. md. alcanzada en la cuenta; pues pocas criaturas deben

á su Magestad mayores talentos en lo natural con que ejecuta el

agradecimiento, para que si hasta aquí los ha empleado bien [que así lo

debe creer de quien profesa tal religion] en adelante sea mejor.

No es mi juicio tan austero censor que esté mal con los versos, en que

V. md. se ha visto tan celebrada, despues que Santa Teresa, el

Nacianceno y otros santos canonizaron con los suyos esta habilidad; pero

deseara que los imitara así como en el metro tambien en la eleccion de

los asuntos. No apruebo la vulgaridad de los que reprueban en las

mujeres el uso de las letras, pues tantas se aplicaron á este estudio,

no sin alabanza de San Gerónimo. Es verdad que dice San Pablo que las

mujeres no enseñen; pero no manda que las mujeres no estudien para

saber; porque solo quiso prevenir el riesgo de la elacion en nuestro

sexo, propenso siempre á la vanidad.

A Sarai le quitó una letra la Sabiduria divina, y puso una mas al nombre

de Abrahan, no porque el varon ha de tener mas letras que la mujer, como

sienten muchos, sino porque la i añadida al nombre de Sara, esplicaba

temor y dominacion. _Señora mia_ se interpreta _Sarai_, y no convenia

que fuese en la casa de Abrahan _señora_, la que tenia empleo de

súbdita. Letras que engendran elacion, no las quiere Dios en la mujer;

pero no las reprueba el Apóstol, cuando no sacan á la mujer del estado

de obediente. Notorio es á todos que el estudio y saber han contenido á

V. md. en el estado de súbdita, y la han servido de perfeccionar

primores de obediente, pues si las demas religiosas por la obediencia

sacrifican la voluntad, V. md. cautiva el entendimiento, que es el mas

arduo y agradable holocausto que puede ofrecerse en las aras de la

religion.

No pretendo segun este dictámen, que V. md. mude el genio, renunciando

los libros, sino que le mejore leyendo alguna vez el de Jesucristo.

Ninguno de los Evangelistas llamó libro á la genealogía de Cristo, sino

es San Mateo, porque en su conversion no quiso este Señor mudarle de

inclinacion sino mejorarla, para que si ántes, cuando publicano, se

ocupaba en libros de sus tratos é intereses, cuando apóstol mejorase el

genio, mudando los libros de su ruina en el libro de Jesucristo. Mucho

tiempo ha gastado V. md. en el estudio de filósofos y poetas; ya será

razon que se perfeccionen los empleos y se mejoren los libros. ¿Qué

pueblo hubo mas erudito que el egipcio? En él empezaron las primeras

letras del mundo, y se admiraron los geroglíficos. Por grande

ponderacion de la sabiduría de Josef le llama la Santa Escritura

consumado en la erudicion de los egipcios; y con todo esto, el Espíritu

Santo dice abiertamente que el pueblo de los egipcios es bárbaro, porque

toda su sabiduría, cuando mas, penetraba los movimientos de las

estrellas y cielos; pero no servia para enfrenar los desórdenes de las

pasiones. Toda su ciencia tenia por empleo perfeccionar al hombre en la

vida política, mas no ilustraba para conseguir la eterna; y ciencia que

no alumbra para salvarse, Dios que todo lo sabe la califica por necedad.

Así lo sintió Justo Lipsio, pasmo de la erudicion, [estando vecino á la

muerte, y á la cuenta, cuando el entendimiento está ilustrado] que

consolándole sus amigos con los muchos libros que habia escrito de

erudicion, dijo, señalando un Santo Cristo: _Ciencia que no es del

Crucificado, es necedad y solo vanidad_.

No repruebo por esto la leccion de estos autores; pero digo á V. md. lo

que aconsejaba Gerson: préstese V. md. no se venda ni se deje robar de

estos estudios; esclavas son las letras humanas, y suelen aprovechar á

las divinas; pero deben reprobarse cuando roban la posesion del

entendimiento humano á la Sabiduría divina, haciéndose señoras las que

se destinaron á la servidumbre. Comendables son cuando el motivo de la

curiosidad, que es vicio, se pasa á la estudiosidad, que es verdad. A

San Jerónimo le azotaron los ángeles, porque leia en Ciceron, arrastrado

y casi no libre, prefiriendo el deleite de su elocuencia á la solidez de

la Sagrada Escritura; pero loablemente se aprovechó este santo doctor de

sus noticias y de la erudicion profana que adquirió en semejantes

autores.

No es poco el tiempo que ha empleado V. md. en estas ciencias curiosas;

pase ya como el gran Boecio á las provechosas, juntando á las sutilezas

de la natural la utilidad de una filosofía moral. Lástima es que un tan

grande entendimiento de tal manera se abata á las rateras noticias de la

tierra, que no desee penetrar lo que pasa en el cielo; y ya que se

humilla al suelo, que no baje mas abajo considerando lo que pasa en el

infierno; y si gustare algunas veces de inteligencias dulces y tiernas,

aplíquese su entendimiento al monte Calvario, donde viendo finezas del

Redentor é ingratitudes del redimido, hallará gran campo para ponderar

excesos de un amor infinito, y para formar apologías, no sin lágrimas,

contra la ingratitud que llegó á lo sumo. ¡Oh qué útilmente otras veces

se engolfará este rico galeon de su ingenio en la alta mar de las

perfecciones divinas! No dudo que le sucedería á V. md. lo que á Apéles,

que copiando el retrato de Campaspe, cuantas líneas corría con el

pincel en el lienzo, tantas heridas hacía en su corazon la saeta del

amor, quedando al mismo tiempo perfeccionado el retrato y herido

mortalmente de amor del original el corazon del pintor.

Estoy muy cierta y segura que si Vmd. con los discursos vivos de su

entendimiento formase y pintase una idea de las perfecciones divinas

[cual se permite entre las tinieblas de la fe] al mismo tiempo se veria

ilustrada de luces su alma, y abrasada su voluntad, y dulcemente herida

del amor de su Dios, para que este Señor, que ha llovido tan

abundantemente beneficios positivos en lo natural sobre Vmd. no se vea

obligado á concederla beneficios solamente negativos en lo sobrenatural,

que por mas que la discrecion de Vmd. los llame finezas, yo los tengo

por castigos; porque solo es beneficio el que Dios hace al corazon

humano, previniéndole con su gracia, para que le corresponda agradecido,

disponiéndole con su beneficio reconocido, para que no represada la

liberalidad divina, se los haga mayores. Esto desea á Vmd. quien desde

que la besó, muchos dias ha, la mano, vive enamorada de su alma, sin que

se haya entibiado este amor por la distancia ni el tiempo, porque el

amor espiritual no padece achaques de mudanzas, ni le reconoce el que es

puro sino es hácia el crecimiento. Su Majestad oiga mis sùplicas y haga

á Vmd. muy santa, y me la guarde en toda prosperidad. Deste convento de

la Santísima Trinidad de la Puebla de los Angeles, y noviembre 25 de

1690.

B. L. M. de Vmd. su afecta servidora.

_Filotea de la Cruz._

_Respuesta de la poetisa

á la muy ilustre

Sor Filotea de la Cruz._

Muy ilustre señora, mi señora:

No mi voluntad, mi poca salud y mi justo temor han suspendido tantos

dias mi respuesta. ¿Qué mucho si al primer paso encontraba para tropezar

mi torpe pluma dos imposibles? El primero [y para mí el mas rigoroso] es

saber responder á vuestra doctísima, discretísima, santísima y amoresíma

carta. Y si veo que si preguntado el Angel de las escuelas Santo Tomas

de su silencio con Alberto Magno, su maestro, respondió: _Que callaba,

porque nada sabia decir digno de Alberto_; ¿Con cuanta mayor razon

callaría yo, no como el Santo, de humildad, sino que en realidad es no

saber algo digno de vos? El segundo imposible es saber agradeceros tan

excesivo como no esperado favor de dar á las prensas mis borrones;

merced tan sin medida, que aun se le pasara por alto á la esperanza más

ambiciosa y al deseo más fantástico, y que ni aun, como ente de razon,

pudiera caber en mis pensamientos, y en fin, de tal magnitud que no solo

no se puede estrechar á lo limitado de las voces, pero excede á la

capacidad del agradecimiento, tanto por grande como por no esperado, que

es lo que dijo Quintiliano: _Minorem spei, majorem benefacti gloriam per

eunt._ Y tal que enmudecen al beneficio.

Cuando la felizmente estéril para ser milagrosamente fecunda madre del

Bautista, vió en su casa tan desproporcionada visita, como la Madre de

el Verbo, se le entorpeció el entendimiento y se le suspendió el

discurso, y así, en vez de los agradecimientos, prorrumpió en dudas y

preguntas: _Et unde hoc mihi?_ ¿De dónde á mí viene tal cosa? Lo mismo

sucedió á Saul cuando se viò electo y ungido rey de Israel: _Numquid non

filius ego sum de minima Tribu Israel &. cognatio mea inter omnes de

Tribu Benjamin? Quare igitur locutus es mihi sermonem istum?_ Así yo

diré: ¿De dónde, venerable señora, de dónde á mí tanto favor? ¿Por

ventura soy más que una pobre monja, la más mínima criatura del mundo y

la más indigna de ocupar vuestra atencion? Pues _Quare locutus es mihi

sermonem istum? Et unde hoc mihi?_ Ni al primer imposible tengo más que

responder, que no ser nada digno de vuestros ojos, ni al segundo más que

admiraciones en vez de gracias, diciendo que no soy capaz de agradeceros

la más mínima parte de lo que os debo. No es afectada modestia, señora,

sino ingenua verdad de toda mi alma, que al llegar á mis manos impresa

la carta, que vuestra propiedad llamó _Atenagórica_, prorumpí [con no

ser esto en mí muy fácil] en lágrimas de confusion, porque me pareció

que vuestro favor no era más que una reconvencion que Dios hace á lo mal

que le correspondo, y que como á otros corrige con castigos, á mí me

quiere reducir á fuerza de beneficios, especial favor de que conozco ser

su deudora, como de otros infinitos de su inmensa bondad; pero tambien

especial modo de avergonzarme y confundirme, que es más primoroso medio

de castigar, hacer que yo mesma, con mi conocimiento, sea el juez que me

sentencie y condene mi ingratitud. Y así, cuando esto considero, acá á

mis salos suelo decir: _Bendito seais vos, Señor, que no solo no

quisisteis en manos de otra criatura el juzgarme, y que ni aun en la mia

lo pusisteis, sino que le reservasteis á la vuestra, y me librásteis á

mí de mí y de la sentencia que yo misma me daria; que forzada de mi

propio conocimiento, no pudiera ser ménos que de condenacion, y vos la

reservásteis á vuestra misericordia porgue me amais más de lo que yo me

puedo amar._

Perdonad, señora mia, la digresion, que me arrebató la fuerza de la

verdad; y si la he de confesar toda, tambien es buscar efugios para huir

la dificultad de responder, y cuasi me he determinado á dejarlo al

silencio; pero como este es cosa negativa, aunque esplica mucho con el

énfasis de no esplicar, es necesario ponerle algun breve rótulo para que

se entienda lo que se pretende que el silencio diga; y si no, dirá nada

el silencio, porque este es su propio oficio, _decir nada_. Fué

arrebatado el Sagrado Vaso de Eleccion al tercer cielo, y habiendo visto

los arcanos secretos de Dios, dice: _Audivi arcana Dei, quæ non licet

homini loqui._ No dice lo que vió; pero dice que no lo puede decir; de

manera que aquellas cosas que no se pueden decir, es menester decir

siquiera _que no se pueden decir_, para que se entienda que el callar no

es no haber que decir, sino es no caber en las voces lo mucho que hay

que decir. Dice San Juan (_Cap. 21 v. 25_) que si hubiera de escribir

todas las maravillas que obró nuestro Señor Jesucristo, no cupieran en

todo el mundo los libros; y dice Vieira sobre este lugar que en solo

esta cláusula dijo mas el Evangelista, que en todo cuanto escribiò; y

dice muy bien el Fénix lucitano (pero cuándo no dice bien, aun cuando no

dice bien?), porque aquí dice San Juan todo lo que dejó de decir, y

expresó lo que dejó de expresar. Así yo, señora mia, solo responderé que

no sé responder, solo agradeceré diciendo que no sé agradeceros, y diré

[por breve rótulo de lo que dejo al silencio] que solo con la confianza

de favorecida y con los valimientos de honrada me puedo atrever á hablar

con vuestra grandeza. Si fuere necedad, perdonadla; pues es alhaja de la

dicha, y en ella ministraré yo mas materia á vuestra benignidad, y vos

dareis mayor forma á mi reconocimiento.

No se hallaba digno Moises, por balbuciente, para hablar con Faraon, y

despues el verse tan favorecido de Dios le infunde tales alientos, que

no solo habla con el mismo Dios, sino que se atreve á pedirle

imposibles: _Ostende mihi faciem tuam_ (_Exod. Cap. 33. v. 13._) Pues

así yo, señora mia, ya no me parecen imposibles los que puse al

principio, á vista de lo que me favoreceis; porque quien hizo imprimir

la carta tan sin noticia mia, quien la intituló, quien la costeó, quien

la honró tanto, siendo del todo indigna por sí y por su autora, ¿qué no

hará? ¿qué no perdonará? ¿qué dejará de hacer, y qué dejará de perdonar?

Y así debajo del supuesto de que hablo con el salvoconducto de vuestros

favores, y debajo del seguro de vuestra benignidad, y de que me habeis,

como otro Asuero, dado á besar la punta del cetro de oro de vuestro

cariño, en señal de concederme benévola licencia para hablar y proponer

en vuestra venerable presencia; digo que recibo en mi alma vuestra

santísima amonestacion de aplicar el estudio á libros sagrados, que

aunque viene en trage de consejo, tendrá para mí sustancia de precepto,

con no pequeño consuelo de que aun ántes parece que prevenia mi

obediencia vuestra pastoral insinuacion, como á vuestra direccion,

inferido en el asunto y pruebas de la misma carta. Bien conozco que no

cae sobre ella vuestra cuerdísima advertencia, sino sobre lo mucho que

habreis visto, de asuntos humanos que he escrito; y así lo que he dicho

no es mas que satisfaceros con ella á la falta de aplicacion que habreis

inferido [con mucha razon] de otros escritos mios; y hablando con mas

especialidad, os confieso con la ingenuidad que ante vos es debida, y

con la verdad y claridad que en mí siempre es natural y costumbre, que

el no haber escrito mucho de asuntos sagrados no ha sido desaficion, ni

de aplicacion la falta, sino sobra de temor, y reverencia debida á

aquellas Sagradas Letras, para cuya inteligencia yo me conozco tan

incapaz, y para cuyo manejo soy tan indigna; resonándome siempre en los

oidos, con no pequeño horror, aquella amenaza y prohibicion del Señor á

los pecadores como yo: _Quare tu enarras justitias meas, &. assumis

testamentum meum per os tuum?_ [_Ps. 49. v. 16._]

Esta pregunta y el ver que aun á los varones doctos se prohibia el leer

los Cantares hasta que pasaban de treinta años, y aun el Génesis, este

por la obscuridad, y aquellos porque de la dulzura de aquellos

epitalamios no tomase ocasion la imprudente juventud de mudar el sentido

en carnales afectos, compruébalo mi gran padre San Gerónimo mandando que

sea esto lo último que se estudie, por la misma razon: _Ad ultimun fine

periculo discat Canticum Canticorum, ne si in exordio legerit sub

carnabilus verbis spiritualium nuptiarum Epithalamium, non intelligens,

vulneretur._ (_S. Hic. Ep. ad Let. ante finem._) Y Séneca dice:

_Feneris in annis haut clara est fides_. (_Sen. de Benefic._) Pues ¿cómo

me atrevería yo á tomarlo en mis indignas manos, repugnándolo el sexo,

la edad y sobre todo las costumbres? Y así confieso que muchas veces

este temor me ha quitado la pluma de la mano, y ha hecho retroceder los

asuntos hácia el mesmo entendimiento de quien querian brotar; el cual

inconveniente no topaba en los asuntos profanos, pues una heregía contra

el arte no la castiga el Santo Oficio, sino los discretos con risa y los

críticos con censura; y esta, _justa, vel injusta, timenda nos est_,

pues deja comulgar y oir misa, por lo cual me da poco ó ningun cuidado,

porque segun la mesma decision de los que lo calumnian, ni tengo

obligacion de saber, ni aptitud para acertar: luego si lo yerro, ni es

culpa ni es descrédito, pues no tengo posibilidad de acertar _y ad

impossibilia nemo tenetur_. Y á la verdad, yo nunca he escrito sino

violentada y forzada, y solo por dar gusto á otros, no solo sin

complacencia, sino con positiva repugnancia, porque nunca he juzgado de

mi que tenga el caudal de letras é ingenio que pide la obligacion de

quien escribe, y así es la ordinaria respuesta á los que me instan (y

mas si es asunto sagrado): ¿Qué entendimiento tengo yo? ¿qué estudio?

¿qué materiales? ¿ni qué noticias para eso, sino cuatro bachillerías

superficiales? Dejen eso para quien lo entienda, que yo no quiero ruido

con el Santo Oficio, que soy ignorante y tiemblo de decir alguna

proposicion mal sonante, ó torcer la genuina inteligencia de algun

lugar. Yo no estudio para escribir ni ménos para enseñar, que fuera en

mí desmedida soberbia, sino solo por ver si con estudiar ignoro ménos.

Así lo respondo, y así lo siento.

El escribir nunca ha sido dictámen propio, sino fuerza agena, que les

pudiera decir con verdad: _Vos me coegistis_. Lo que sí es verdad, que

no negaré (lo uno porque es notorio á todos, y lo otro aunque sea contra

mí, me ha hecho Dios la merced de darme grandísimo amor á la verdad) que

desde que me rayó la luz de la razon, fué tan vehemente y poderosa la

inclinacion á las letras, que ni agenas reprehensiones (que he tenido

muchas) ni propias reflexas (que he tenido no pocas) han bastado á que

deje de seguir este natural impulso que Dios puso en mí; su Majestad

sabe porqué y para qué, y sabe que le he pedido que apague la luz de mi

entendimiento, dejando solo la que baste para guardar su ley, pues lo

demas sobra (segun algunos) en una mujer; y aun hay quien diga que daña.

Sabe tambien su Majestad que no consiguiendo esto, he intentado sepultar

con mi nombre mi entendimiento, y sacrificarle solo á quien me le dió, y

que no otro motivo me entró en religion, no obstante que al desembarazo

y quietud que pedia mi estudiosa intencion, eran repugnantes los

ejercicios y compañía de una comunidad; y despues en ella, sabe el

Señor, y lo sabe en el mundo quien solo lo debió saber, lo que intenté

en órden de esconder mi nombre, y que no me lo permitió, diciendo que

era tentacion; y así seria. Si yo pudiera pagaros algo de lo que os

debo, señora mia, creo que solo os pagara en contaros esto, pues no ha

salido de mi boca jamás, excepto para quien debió salir. Pero quiero que

con haberos franqueado de par en par las puertas de mi corazon,

haciéndoos patentes sus mas sellados secretos, conozcais que no desdice

mi confianza lo que debo á vuestra venerable persona y excesivos

favores.

Obras selectas de la celebre monja de Mejico, sor Juana Ines de la Cruz · 第 14 / 17 段