Recibe, y de tu pecho

En la dulce morada

Padron eterno sea

De mi fineza rara.

Y á Dios, Fabio querido,

Que ya el aliento falta,

Y de vivir se aleja

La que de tí se aparta.

[Illustration]

ODAS, LIRAS Y LETRILLAS.

I.

_En la profesion de una religiosa._

Celebrad, criaturas,

Las dichas que logro,

Aunque á mis venturas

Todo viene corto.

Sabed que mis bienes

Llegan á tal colmo,

Que aun á la esperanza

Exceden mis gozos.

Del Señor un ángel

Me asiste animoso,

Y con nimio celo

Guarda mi decoro.

Soy esclava humilde

Del Señor que adoro,

Y por eso ostento

Serviles despojos.

Con su santo sello

Señaló mi rostro,

Para que no admita

Mas que su amor solo.

Del que ángeles sirven

Esposa me nombro,

A quien sol y luna

Admiran hermoso.

Desprecia por Cristo

Mi pecho amoroso

El reino del mundo

Con su fausto todo.

Ahora que sigo

Con paso amoroso

Al que ha deseado

Mi corazon todo,

¡Ay! no me confundas,

Señor, con tu enojo,

Sino obra conmigo

Cual siempre piadoso!

Dióme en fe su anillo

De su desposorio,

Y de ricas joyas

Compuso mi adorno.

Vistióme con ropas

Tejidas con oro,

Y con su corona

Me honró como esposo.

Lo que he deseado

Ya lo ven mis ojos,

Y lo que esperaba

Ya felice gozo.

II.

_A la Asuncion._

A la que triunfante

Bella emperatriz

Huella de los aires

La region feliz;

A la que ilumina

Su vago confin

De arreboles de oro,

Nácar y carmin;

A cuyo pié hermoso

Espera servir

El trono estrellado

En campo turquí;

A la que confiesan

Cien mil veces mil

Por Señora el ángel,

Reina el serafin;

Cuyo pelo airoso

Desprende sutíl

En garzotas de oro

Bandera de Ofir;

De quién aprendió

El sol á lucir,

La estrella á brillar,

La aurora á reir,

Cantemos la gloria

Diciendo al subir:

Pues vivió sin mancha,

¡Que viva sin fin!

III.

_Al mismo asunto._

De tu ligera planta

El curso, Fénix rara,

Pára, pára;

Mira que se adelanta

En tan ligero ensayo

A la nave, á la cierva, al ave, al rayo.

¿Por qué surcas ligera

El viento trasparente?

Tente, tente;

Consuélanos siquiera,

No nos lleves contigo

El consuelo, el amparo, el bien y abrigo.

Todos los elementos

Lamentan tu partida;

Mida, mida

Tu piedad sus lamentos:

Oye el humilde ruego

A la tierra, á la mar, al aire, al fuego.

Las criaturas sensibles

Y las que vida ignoran,

Lloran, lloran

Con llantos indecibles,

Invocando tu nombre

El peñasco, la planta, el bruto, el hombre.

A llantos repetidos

Entre los troncos secos,

Ecos, ecos

Dan á nuestros gemidos

Por llorosa respuesta

El monte, el llano, el bosque, la floresta.

Si las lumbres atenta

Hácia el suelo volvieras,

Vieras, vieras

Cuán triste se lamenta

Con ansia lastimosa

El pájaro, el reptil, el pez, la rosa.

Mas con ardor divino

Ya rompiendo las nubes

Subes, subes,

Y en solio cristalino

Besan tus plantas bellas

El cielo, el sol, la luna, las estrellas.

Ya espíritus dichosos

Que el Olimpo componen

Ponen, ponen

A tus pies, generosos,

Con ardientes deseos

Coronas, cetros, palmas y trofeos.

No olvides, pues, gloriosa,

Al que triste suspira;

Mira, mira

Que ofreciste piadosa

Ser de clemencia armada

Ausilio, amparo, madre y abogada.

IV.

_A San Pedro._

¡Oh Pastor que has perdido

Al que tu pecho adora!

Llora, llora,

Y deja dolorido

En lágrimas deshecho

El rostro, el corazon, el alma, el pecho.

Si el arrepentimiento

Tu corazon oprime,

Gime, gime;

Lastime tu lamento

Y doloroso anhelo

A la tierra, á la mar, al aire, al cielo.

Si de suerte mejoras,

Las lágrimas te valgan:

Salgan, salgan

Todas las que atesoras;

Aneguen tus pesares

Los rios, los arroyos, fuentes, mares,

Y pues tu pena rara

Lágrimas solo borran,

Corran, corran,

Y dejen en tu cara

Y en todas tus facciones

Señales, rayas, surcos, impresiones.

Y si á dar tiernas voces

El duro mal te excita,

Grita, grita,

Y tus penas atroces

Oigan, y tus querellas,

Los luceros, el sol, luna y estrellas.

El curso ya empezado

Tus lágrimas no acaben:

Laven, laven

La mancha del pecado,

Hasta que estés glorioso

Limpio, resplandeciente, puro, hermoso.

V.

_De Santa Catarina Mártir._

Sosiega, Nilo undoso,

Tu líquida corriente;

Tente, tente,

Párate á ver gozoso

La que fecundas bella

De la tierra, del cielo, rosa, estrella.

Tu corriente oportuna

Que piadoso moviste

Viste, viste

Que de Moises fué cuna,

Siendo arrullo á su oido

La onda, la espuma, el tumbo y el sonido.

Mas venturoso ahora

De abundancia de bienes

Tienes, tienes

La que tu márgen dora

Belleza mas lozana

Que Abigail, Ester, Raquel, Susana:

La hermosa Catarina

Que la gloria gitana

Vana, vana

Elevó á ser divina,

Y en las virtudes trueca

De Débora, Jael, Judit, Rebeca.

No en frágil hermosura

Que aprecia el loco abuso

Puso, puso

Esperanza segura,

Bien que excedió su cara

La de Ruth, Bersabé, Thamar y Sara.

A esta, Nilo sagrado,

Tu corriente sonante

Cante, cante,

Y en concierto acordado

Tus ondas sean veloces

Sílabas, lenguas, nùmeros y voces.

VI.

_Al mismo asunto._

(LETRILLA.)

Erase una niña

Como digo á usté,

Cuyos años eran

Ocho sobre diez.

Esperen, aguarden,

Que yo lo diré.

Esta (qué sé yo

Cómo pudo ser?)

Dizque supo mucho,

Aunque era mujer.

Esperen, aguarden,

Que yo lo diré.

Porque como dizque

Dice no sé quien,

Ellas solo saben

Hilar y coser.

Esperen, aguarden,

Que yo lo diré.

Pues esta á hombres grandes

Pudo convencer;

Que á un chico, cualquiera

Lo puede envolver.

Esperen, aguarden,

Que yo lo diré.

Y aun una santita

Dizque era tambien,

Sin que la estorbase

Para eso el saber.

Esperen, aguarden,

Que yo lo diré.

Mas como Patillas

No duerme, al saber

Que era santa y docta

Se hizo un Lucifer.

Esperen, aguarden,

Que yo lo diré.

Porque teme el diablo

Esto de saber

Que hay mujer que sepa

Mas que supo él.

Esperen, aguarden,

Que yo lo diré.

Pues con esto ¿qué hace?

Viene y tienta á un rey

Que á ella la tentara

A dejar su ley.

Esperen, aguarden,

Que yo lo diré.

Tentóle de recio;

Mas ella, par diez,

Se dejó matar

Antes que vencer.

Esperen, aguarden,

Que yó lo diré.

No pescudan mas,

Porque mas no sé,

De que es Catarina

Para siempre, amen.

Esperen, aguarden,

Que yo lo diré.

VII.

_En la dedicacion de un templo._

Aunque ningun lugar es

Lugar de ofender á Dios,

Pues para alabarle en todos

Su Magestad los crió,

Atencion, atencion,

Que aquesta es casa solo de oracion.

Como nuestra gran flaqueza

Su Magestad conoció,

Separó algunos lugares

Para nuestra devocion.

Atencion, atencion,

Que aquesta es casa solo de oracion.

Con especial asistencia

En ellos determinó

Habitar, para que en ellos

Le demos adoracion.

Atencion, atencion,

Que aquesta es casa solo de oracion.

Pues ¿qué disculpa tendrá

De atreverse nuestro error

Al determinado sitio

Que para sí destinó?

Atencion, atencion,

Que aquesta es casa solo de oracion.

Los que al templo venis, sea

Solo á dar gracias á Dios;

No hagais la casa del Padre

Casa de negociacion.

Atencion, atencion,

Que aquesta es casa solo de oracion.

Plazas y lonjas teneis

Si buscais conversacion,

Que el templo Dios solamente

A su culto reservò.

Atencion, atencion,

Que aquesta es casa solo de oracion.

VIII.

_Juguetillo á María._

Como entre espinas la rosa,

Como entre nubes la luna,

Unica y como ninguna

Luce la divina Esposa.

Toda pura y toda hermosa,

Púrpura y viso vestida,

Ciudad de Dios defendida,

Arca de su testamento,

De la Trinidad asiento,

Iris hermoso de paz,

Y trescientas cosas mas.

Como lirio descollado

En el márgen cristalino;

Como vaso de oro fino

De mil piedras adornado;

Como bálsamo quemado,

Como fuego reluciente,

Como Apolo refulgente.

Como poma de olor llena,

A quien no tocó la pena

Que tuvieron los demas,

Y trescientas cosas mas.

Como varita olorosa

Que asciende desde el desierto;

Como bien ballado huerto

De la fruta mas sabrosa;

Como palma victoriosa,

Como escuadron ordenado,

Como paso bien sellado,

Como pacífica oliva

Que fué del mundo la paz,

Y trescientas cosas mas.

Trono de Dios soberano,

Archivo de todo bien,

Gloria de Jerusalen

Y alegria del crístiano;

Ester que al género humano

De la miseria libró;

La muger que en Pátmos vió

Juan, triunfante del dragon;

El trono de Salomon

Y la señal dada á Acaz,

Y trescientas cosas mas.

IX.

_Villancicos en la fiesta de San José._

Quedito, airecillos,

No, no susurreis;

Mirad que descansa

Un rato José.

No, no os movais,

Oh no, no voleis;

Quedito, pasito,

Que duerme José.

Para no ver el preñado,

José, que le daba enojos,

De María, los dos ojos

Ha cerrado.

Centra su vista severo

Dijo airado, porque vía

Testigos contra María,

“No los quiero.

Si dicen que en el empleo

De mi esposa falta fe,

Nunca estoy mas ciego que

Cuando veo.

Y á que en llanto no se aneguen

Porque á tanto se atrevieron,

Ojos que contra ella fueron

Luego cieguen.”

Viendo Dios que eran despojos

Sus ojos de su sentir,

Hízole dormido abrir

Tantos ojos.

Hablóle un ángel glorioso,

Porque solo él pudo ser

Bastante á satisfacer

A un celoso.

Ay qué prodigio!

Ay qué portento!

Vengan á verlo todos,

Vengan á verlo!

Que si á todos los celos

Quitan el sueño,

A mi Josef el sueño

Quita los celos.

Celos con sueño,

Sueño con celos,

En Josef solamente

No son opuestos.

Vengan á verlo todos

Vengan á verlo!

[Illustration]

SILVA.

_Retrato de una belleza._

POESIA BURLESCA, IMITADA DE JACINTO POLO.

El pintar de Lizarda la belleza

En que á sí se excedió naturaleza,

Con un estilo llano,

Se me viene á la pluma y á la mano.

Y cierto que es locura

El querer retratar yo su hermosura,

Sin haber en mi vida dibujado,

Ni saber qué es azul ó colorado,

Qué es regla, qué es pincel, oscuro ó claro,

Aparejo, retoque ni reparo.

El diablo me ha metido en ser pintora!

Dejémoslo, mi Musa, por ahora

A quien sepa el oficio...

Mas esta tentacion me quita el juicio!

Y sin dejarme pizca,

Ya no solo me tienta, me pellizca,

Me casca, me hormiguea,

Me punza, me rempuja, me aporrea.

Y tengo de pintar dé donde diere,

Salga como saliere;

Aunque saque un retrato

Tal que despues le ponga, _aqueste es gato_.

Pues no soy la primera

Que con hurtos de sol y primavera

Echo, con mil primores,

Una mujer en infusion de flores;

Y despues que muy bien alambicada

Resulta una belleza destilada,

Cuando el hervor se entibia,

Si rosa la creyeron, sale endibia.

Mas no pienso robar yo sus colores:

Descansen por aquesta vez las flores;

Que no quiere mi Musa ni se mete

En hacer su hermosura ramillete,

Mas ¿con qué he de pintar si ya la vena

No se tiene por buena,

Si no forma, hortelana en sus colores,

Un gran cuadro de flores?

¡Oh siglo desdichado y desvalido,

En que todo lo hallamos ya servido!

Pues que no hay voz, equívoco ni frase

Que por comun no pase,

Y digan los censores:

“¿Eso? ya lo pensaron los mayores.”

¡Dichosos los antiguos que tuvieron

Paño de qué cortar, y así vistieron

Sus conceptos de albores,

De luces, de reflejos y de flores!

Que entónces era el sol nuevo y flamante,

Y andaba tan valido lo brillante

Que el decir que el cabello era un tesoro,

Valia otro tanto oro;

Y las estrellas con sus rayos rojos

Que aun no estaban cansadas de ser ojos,

Cuando eran celebradas

¡_Oh dulces luces por mi mal halladas,_

_Dulces y alegres cuando Dios queria_!,

Ya no las puede usar la Musa mia

Sin que diga severo algun letrado

Que Garcilaso está muy maltratado

Y en lugar indecente.

Mas si no es á su Musa competente

Y le ha de dar enojo semejante,

Quite aquellos dos versos, y ¡adelante!

Digo, pues, que el coral, entre los sabios,

Se andaba con la grana aun en los labios,

Y las perlas de nítidos orientes

Andaban enseñándose á ser dientes,

Y alegaba la concha, no muy loca,

Que si ellas dientes son, ella es la boca;

Desde entónces, no hay duda,

Empezó la belleza á ser conchuda.

Pues ¿las piedras? ¡ay Dios! y qué riqueza!

Era una platería una belleza,

Que llevaba por dote en sus facciones

Mas de treinta millones.

Eso sí era hacer versos descansado,

Y no en aqueste siglo desdichado

Y de tal desventura,

Que está ya tan cansada la hermosura

De verse en los planteles

De azucenas, de rosas y claveles,

Ya del tiempo marchitos,

Recojiendo humedades y mosquitos,

Que con enfado estraño

Quisiera mas un saco de hermitaño.

Y así andan los poetas desvalidos

Achicando antiguallas de vestidos,

Y talvez sin mancilla

lo que es jubon ajustan á ropilla,

O hacen de unos centones

De remiendos diversos los calzones,

Y nos quieren vender por estremada

Una belleza rota y remendada.

Pues ¿qué es ver las metáforas cansadas

En que han dado las Musas alcanzadas?

No hay ciencia, arte ni oficio

Que con estraño vicio

Los poetas, con vana sutileza,

No anden acomodando á la belleza,

Y pensando que pintan de los cielos

Hacen unos retablos de sus duelos.

Pero diránme ahora

Que ¿quién á mí me mete á ser censora?

Pues de lo que no entiendo es grave exceso;

Pero yo les respondo, que por eso:

Pues siempre el que censura y contradice,

Es quién ménos entiende lo que dice.

Mas si alguno se irrita,

Murmúreme tambien; ¿quién se lo quita?

No haya miedo que en eso me fatigue,

Ni que á ninguno obligue

A que encargue su alma:

Téngasela en su palma

Y haga lo que quisiere,

Pues su sudor le cuesta al que leyere;

Y si ha de disgustarse con leello,

Vénguese del trabajo con mordello,

Y allí me las dén todas,

Pues yo no me he de hallar en esas bodas.

Miren, esto de bodas es constante

Que lo dije por solo el consonante;

Si alguno halla otra voz que mas espresa,

Yo le doy mi poder, y quíteme esa.

Mas volviendo á mi arenga comenzada,

Válgame por Lizarda retratada,

Y ¡qué difícil eres!

No es mala propiedad de las mujeres.

Mas ya lo prometí, cumplirlo es fuerza,

Aunque las manos tuerza:

A acabarlo me obligo

Pues tomo bien la pluma, y Dios conmigo.

Vaya, pues, de retrato!

Denme un Dios que socorra de barato.

¡Ay¡ con toda la trampa,

Que una musa de _la ampa_,

A quien ayuda tan propicio Apolo,

Se haya rozado con Jacinto Polo

En aquel conceptillo desdichado!

¡Y pensarán que es robo muy pensado!

Es, pues, Lizarda... es pues... ¡Ay Dios, qué aprieto

No sé quién es Lizarda, les prometo;

Que mi atencion sencilla

Pintarla prometió, no definilla.

Digo, pues... ¡oh que _pueses_ tan soeces!

¿Todo el papel he de llenar de _pueses_?

¡Jesus! qué mal empiezo!....

Principio iba á decir, ya lo confieso,

Y acordéme al instante

Que _principio_ no tiene consonante.

Perdonen, que esta mengua

Es porque no me ayuda bien la lengua.

¡Jesus! y ¡qué cansados

Estarán de esperar desesperados

Los tales mis oyentes;

Mas si esperar no gustan, impacientes,

Y juzgaren que es largo y que es pesado,

Vayan con Dios, que ya esto se ha acabado;

Pues quedándome sola y retirada

Mi borrador haré mas descansada.

Por el cabello empiezo, estense quedos,

Que hay aquí que pintar muchos enredos;

No hallo comparacion que bien le cuadre;

Qué para poco me parió mi madre!

¿Rayos de sol? Ya aqueso se ha pasado;

La pragmática nueva lo ha quitado.

¿Cuerdas de arco de amor en dulce trance?

Eso es llamarlo cerda en buen romance.

¡Qué linda cosa fuera

El tomar la ocasion por la mollera!

Pero aquesta ocasion ya se ha pasado,

Y calva está de haberla repelado.

Y así en su calva lisa

La cabellera irá tambien postiza,

Y el que llegue á cogerla

Se queda con el pelo y no con ella,

Y, en fin, despues de tanto dar en ello,

¿Qué tenemos, mi Musa, de cabello?

El de Absalon viniera aquí nacido,

Por tener mi discurso suspendido;

Mas no quiero meterme yo en honduras

Mostrándome entendida en Escrituras.

En ser cabello de Lizarda quede.

Que es lo que mas encarecerse puede,

Y bájese á la frente mi reparo:

¡Gracias á Dios que salgo hácia lo claro!

Que me pude perder en la espesura

Sino saliera por la comisura.

Tendrá, pues, la tal frente

Una caballería largamente,

Segun está de limpia y despejada;

Y si temen por esto verla arada,

Pierdan este recelo,

Que estas caballerías son del cielo.

¿Qué apostamos que ahora piensan todos

Que he perdido los modos

Del estilo burlesco,

Pues que ya por los cielos me encarezco?

Pues no fué este mi intento,

Que yo no me acordé del firmamento,

Porque mi estilo llano

Se tiene acá otros cielos mas á mano;

Que á ninguna belleza se le veda

El que tener dos cielos juntos pueda;

Y ¿cómo? Uno en la boca, otro en la frente.

¡Por Dios, que lo he enmendado lindamente!

Las cejas son agora, ¿diré arcos?

No, que su consonante es luego zarcos,

Y si yo pinto zarca su hermosura,

Dará Lizarda al diablo la pintura,

Y me dirá que solo algun demonio

Levantara tan falso testimonio.

Pues yo lo he de decir, y en esto ahora

Conozco que devéras soy pintora,

Que mentir de un retrato en los primores

Es el último exámen de pintores.

En fin, ya con ser arcos se han salido;

Pero ¿piensan que son los de Cupido?

¿O que son paz del dia?

Pues no son sino de una cañería

Por donde encaña el agua á sus enojos,

Por mas señas, que tiene allí dos ojos.

Esto ¿quién lo ha pensado?

¿Me dirán que esto es viejo y es trillado?

Mas ya que los nombré, fuerza es pintallos,

Aunque no tope verso en qué colgallos.

¡Nunca yo los mentara!

Que quizas al lector se le olvidara.

Empiezo á pintar, pues: nadie se ria

De ver que titubea mi Talia;

Que no es hacer buñuelos,

Pues tienen su pimienta los ojuelos,

Y no hallo en mi conciencia

Comparacion que tenga conveniencia

Con tantos arreboles...

¡Jesus! no estuve un tris de decir soles!

¡Qué grande barbarismo!

Apolo me defienda de sí mismo;

Que á los que son de luces sus pecados,

Los veo condenar de alucinados,

Y temerosa yo, viendo su enojo,

Trato de echar mis luces en remojo.

Tentacion solariega en mí es estraña...

Que se vaya á tentar á la montaña.

En fin, yo no hallo símil competente

Por mas que doy palmadas en mi frente,

Y las uñas me como.

¿Dónde el _viste_ estará y el _así como_,

Que siempre tan activos

Se andan á principiar comparativos?

Mas ¡ay! que donde _vistes_ hubo antaño,

No hay _así como_ ogaño;

Pues váyanse sin ellos muy serenos,

Que no por eso dejan de ser buenos,

Ni de ser manantial de perfecciones,

Que no todo ha de ser comparaciones;

Y ojos de una beldad tan peregrina

Razon es ya que salgan de madrina,

Pues á sus niñas fuera hacer ultrage

Quererlas tener siempre en pupilage.

En fin, nada les cuadra, que es locura

Al círculo buscar la cuadratura.

Síguese la nariz, y es tan seguida

Que ya quedó con esto definida;

Y nariz torticera tan tremenda

No hay geómetra alguno que la entienda.

Pásame á las mejillas;

Y aunque es su consonante maravillas,

No las quiero yo hacer predicadores

Que digan: Aprended de mí, á las flores.

Mas si he de confesarles mi pecado,

Algo el carmin y grana me han tentado.

Mas agora ponérselos no quiero:

Si ella lo quiere, gaste su dinero;

Que es grande bobería

El quererla afeitar á costa mia.

Ellas, en fin, aunque parecen rosa,

Lo cierto es que son carne, y no otra cosa.

¡Válgame Dios! lo que se sigue ahora.

Haciéndome está cocos el aurora

Por ver si la comparo con su boca;

Y el oriente con perlas me provoca;

Pero no hay que admirarme,

Que ni una sed de oriente ha de costarme.

Es, en efecto, de color tan fina

Que parece bocado de cecina;

Y no he dicho muy mal, pues de salada

Dicen que se le ha puesto colorada.

Miren cómo sé hacer comparaciones

Muy propias en algunas ocasiones.

Y es que donde no piensa el que es mas vivo,

Falta el comparativo;

Y si alguno dijere que es grosera

Una comparacion de esta manera,

Respóndame la Musa mas ufana,

¿Es mejor el gusano que la grana?

¿O el clavel, que si el gusto los apura

Hará echar las entrañas su amargura?

Con todo, númen mio,

Aquesto de la boca va muy frio;

Yo digo mi pecado,

Ya está el pincel cansado;

Pero, pues tengo ya frialdad tanta,

Gastemos esta nieve en la garganta,

Que la tiene tan blanca y tan helada

Que le sale la voz garapiñada.

Mas por sus pasos, yendo á paso llano,

Se me vienen las manos á la mano.

Aquí habrá menester grande cuidado,

Pues ya toda la nieve se ha gastado,

Y para la blancura que atesora

No me ha quedado ni una cantimplora;

Y fué la causa de esto

Que, como iba sin sal, se gastó presto.

Mas puesto que pintarla solicito,

Por la Vírgen, que esperen un tantito,

Miéntras la pluma tajo

Y me alivio un poquito del trabajo,

Y, por decir verdad, miéntras suspensa

Mi imaginacion piensa

Algun concepto que á sus manos venga.

¡Oh! si Lizarda se llamara Menga!

Qué equívoco tan lindo me ocurría,

Que solo por el nombre se me enfría!

Ello fuí desgraciada

En estar ya Lizarda bautizada.

Acabemos, que el tiempo nunca sobra:

A las manos, y manos á la obra.

Empiezo por la diestra,

Que aunque no es ménos bella la siniestra,

A la pintura es llano

Que se le ha de asentar la primer mano.

Es, pues, blanca y hermosa con exceso,

Porque es de carne y hueso,

No de marfil ni plata, que es quimera

Y á una estatua servir solo pudiera;

Y con esto, aunque es bella,

Sabe su dueño bien servirse de ella,

Y la estima bizarra,

Mas que no porque luce, porque agarra.

Pues no le queda en zaga la siniestra,

Porque aunque no es tan diestra,

Y es algo ménos en la lijereza,

No tiene un dedo ménos de belleza.

Aquí viene rodada

Una comparacion acomodada:

Porque, no hay duda, es llano

Que es la una mano como la otra mano.

Y si alguno dijere que es friolera

El querer comparar de esta manera,

Respondo á su censura,

Que el tal no sabe lo que se murmura,

Pues pudiera muy bien naturaleza

Haber sacado manca esta belleza;

Que yo he visto bellezas muy ramplonas

Que, si mancas no son, son macarronas.

Ora falta á mi Musa la estrechura

De pintar la cintura.

En ella he de gastar poco capricho,

Pues con decirla breve, se está dicho;

Porque ella es tan delgada,

Que en una línea queda ya pintada.

El pié yo no lo he visto, y fuera engaño

Retratar el tamaño,

Ni mi Musa sus puntos considera,

Porque no es zapatera;

Pero segun airoso el cuerpo mueve,

Debe el pié de ser breve,

Porque es, nadie ha ignorado,

El pié de arte mayor largo y pesado.

Y si en cuenta ha de entrar la vestidura,

Que ya es el traje parte en la hermosura,

El hasta aquí del garbo y de la gala

A la suya no iguala,

De fiesta ò de revuelta,

Porque está bien prendida, y mas bien suelta.

Un adorno garboso y no afectado,

Que parece descuido y es cuidado;

Un aire con que arrastra la tal niña

Con aseado desprecio la basquiña,

En que se van pegando

Las almas entre el polvo que va hollando;

Un arrojar el pelo por un lado,

Como que la acongoja por copado;

Y al arrojar el pelo,

Descubrir un... Por poco digo cielo,

Quebrantando la ley; mas ¿qué importara

Que yo la quebrantara?

A nadie cause escándalo ni espanto,

Pues no es la ley de Dios la que quebranto;

Y con todo, si á ustedes les parece,

Será razon que ya el retrato cese,

Que no quiero cansarme,

Pues ni aun el coste de él han de pagarme.

Veinte años de cumplir en mayo acaba.

_Juana Ines de la Cruz la retrataba._

EPIGRAMAS.

I.

Que te dan en la hermosura

La palma, dices, Leonor;

La de vírgen es mejor

Que tu cara te asegura.

No te precies con descoco

Que á todos robas el alma,

Pues si te han dado la palma

Es, Leonor, porque eres coco.

II.

Porque tu sangre se sepa

Cuentas á todos, Alfeo,

Que eres de reyes; yo creo

Que eres de muy buena zepa;

Y que, pues á cuantos topas

Con esos reyes enfadas,

Que mas que reyes de espadas,

Debieron de ser de copas.

III.

El no ser de padre honrado

Fuera defecto, á mi ver,

Si como recibí el ser

De él, se lo hubiera yo dado.

Mas piadosa fué tu madre

Que hizo que á muchos sucedas,

Para que entre tantos puedas

Tomar el que mas te cuadre.

IV.

Capitan es ya don Juan;

Mas quisiera mi cuidado

Hallarle lo reformado

Antes de lo capitan;

Porque cierto que me inquieta

En accion tan atrevida,

Ver que no sepa la brida

Y se atreva á la gineta.

LOS SILBOS.

DIALOGO.

(_Tomado del final de un sainete._)

_Muñoz._--Silbadito del alma,

No te me ahorques,

Que los silbos se hicieron

Para los hombres.

_Acebedo._--Silbadores del diablo,

Morir dispongo,

Que los silbos se hicieron

Para los toros.

_Comp. 1º._--Pues que ahorcar te quieres,

Toma la soga,

Que aqueste cordelejo

No es otra cosa.

_Acebedo._--No me silveis, demonios,

Que mi cabeza

No recibe los silvos,

Aunque está hueca.

_Arias._--Vaya de silbos, vaya!

¡Silbad, amigos!

Que en lo hueco resuenan

Muy bien los silbos.

_Acebedo._--Gachupines parecen

Recien venidos,

Porque todo el teatro

Se hunde á silbos.

_Muñoz._--Vaya de silbos, vaya!...

_Comp. 2º._--Y los malos poetas

Tengan sabido,

Que si vítores quieren,

Este es el vítor.

_Todos cant._--Vaya de silbos, vaya!...

_Acebedo._--Baste ya, por Dios, baste;

No me den soga,

Que ya les doy palabra

De no hacer otra.

_Muñoz._--No es aquesto bastante,

Que es el delito

Descomunal, y pide

Mayor castigo.

_Todos cant._--Vaya de silbos, vaya!...

_Acebedo._--Pues si aquesto no basta,

¿Qué me disponen?

Que como no sean silbos,

Dénme garrote.

_Arias._--Pues de pena te sirva,

Que lo has pedido,

El que otra vez traslades

Lo que has escrito.

_Acebedo._--Eso no, que es aquese

Tan gran castigo,

Que mas quiero atronado

Morir á silbos.

_Muñoz._--Pues lo has pedido, vaya!

¡Silbad, amigos,!

Que en lo hueco resuenan

Muy bien los silbos.

[Illustration]

LOS EMPEÑOS DE UNA CASA.

COMEDIA FAMOSA.

_Interlocutores._

Obras selectas de la celebre monja de Mejico, sor Juana Ines de la Cruz · 第 9 / 17 段