_De las propiedades maravillosas del azogue._
El azogue, que por otro nombre se llama argen vivo, como tambien le
nombran los Latinos, porque parece plata viva, segun bulle y anda á
unas partes y otras velozmente, entre todos los metales tiene grandes
y maravillosas propiedades. Lo primero, siendo verdadero metal, no
es duro, ni formado, y consistente como los demás, sino líquido, y
que corre, no como la plata y el oro, que derretidos del fuego, son
líquidos y corren, sino de su propia naturaleza, y con ser licor,
es mas pesado que ningun otro metal; y así los demás nadan en el
azogue, y no se hunden como mas livianos. Yo he visto en un barreño
de azogue echar dos libras de hierro, y andar nadando encima el
hierro sin hundirse, como si fuera palo ó cho en el agua. Plinio hace
excepcion diciendo[163], que solo el oro se hunde, y no nada sobre
el azogue: no he visto la experiencia, y por ventura es, porque el
azogue naturalmente rodea luego el oro, y lo esconde en sí. Es ésta
la mas importante propiedad que tiene, que con maravilloso afecto
se pega al oro, y le busca, y se va á él donde quiera que le huele.
Y no solo esto, mas así se encarna con él, y lo junta á sí, que le
desnuda y despega de cualesquier otros metales ó cuerpos en que está
mezclado, por lo cual toman oro los que se quieren preservar del daño
del azogue. Á hombres que han echado azogue en los oídos para matarlos
secretamente, ha sido el remedio meter por el oído una paletilla de
oro, con que llaman el azogue, y la sacan blanca, de lo que se ha
pegado al oro. En Madrid, yendo á ver las obras notables que Jacobo de
Trezo, excelente artífice Milanés, labraba para San Lorenzo el Real,
sucedió ser en dia que doraban unas piezas del retablo, que eran de
bronce, lo cual se hace con azogue; y porque el humo del azogue es
mortal, me dijeron, que se prevenían los Oficiales contra este veneno
con tomar un doblon de oro desmenuzado, el cual pasado al estómago
llamaba allí cualquier azogue que por los oídos, ojos, narices ó
boca les entrase de aquel humo mortal, y con esto se preservaban del
daño del azogue, yéndose todo él al oro que estaba en el estómago,
y saliendo despues todo por la via natural: cosa cierto digna de
admiracion, despues que el azogue ha limpiado al oro, y purgádole de
todos los otros metales y mezclas, tambien le aparta el fuego á él de
su amigo el oro, y le deja del todo puro sin fuego. Dice Plinio[164],
que con cierta arte apartaban el oro de el azogue: no sé yo que ahora
se use tal arte. Paréceme, que los Antiguos no alcanzaron, que la plata
se beneficiase por azogue, que es hoy dia el mayor uso y mas principal
provecho del azogue, porque expresamente dice, que á ninguno otro
metal abraza sino solo al oro, y donde trata del modo de beneficiar
la plata, solo hace mencion de fundicion: por donde se puede colegir,
que este secreto no le alcanzaron los Antiguos. En efecto, aunque la
principal amistad del azogue sea con el oro, todavía donde no hay oro
se va á la plata, y la abraza, aunque no tan presto como á el oro: y
al cabo tambien la limpia, y la apura de la tierra, cobre y plomo con
que se cria, sin ser necesario el fuego, que por fundicion refina los
metales; aunque para despegar y desasir del azogue á la plata tambien
interviene el fuego, como adelante se dirá. De esotros metales, fuera
de oro y plata, no hace caso el azogue, antes los carcome, y gasta, y
horada, y se va y huye de ellos: que tambien es cosa admirable. Por
donde le echan en vasos de barro, ó en pieles de animales, porque
vasijas de cobre, hierro ú otro metal luego las pasa y barrena, y toda
otra materia penetra y corrompe, por donde le llama Plinio veneno de
todas las cosas, y dice, que todo lo come y gasta. En sepulturas de
hombres muertos se halla azogue, que despues de haberlos gastado, él
se sale muy á su salvo entero. Háse hallado tambien en las médulas y
tuétanos de hombres ó animales, que recibiendo su humo por la boca ó
narices, allá dentro se congela, y penetra los mismos huesos. Por eso
es tan peligrosa la conversacion con criatura tan atrevida y mortal.
Pues es otra gracia que tiene, que bulle, y se hace cien mil gotillas,
y por menudas que sean, no se pierde una, sino que por acá, ó por
allá se vuelven á juntar con su licor, y cuasi es incorruptible, y
apenas hay cosa que le pueda gastar: por donde el sobredicho Plinio le
llama sudor eterno. Otra propiedad tiene, que siendo el azogue el que
aparta el oro del cobre y todos metales, cuando quieren juntar oro con
cobre, ó bronce, ó plata, que es dorando, el medianero de esta junta
es el azogue, porque mediante él se doran esos metales. Entre todas
estas maravillas de este licor extraño, la que á mí me ha parecido
mas digna de ponderar, es, que siendo la cosa mas pesada del mundo,
inmediatamente se vuelve en la mas liviana del mundo, que es humo,
con que sube arriba resuelto, y luego el mismo humo, que es cosa tan
liviana, inmediatamente se vuelve en cosa tan pesada como es el propio
licor de azogue, en que se resuelve. Porque en topando el humo de aquel
metal cuerpo duro arriba, ó llegando á region fria, luego al punto se
cuaja, y vuelve á caer hecho azogue, y si dan fuego otra vez al azogue,
se hace humo, y del humo vuelve sin dilacion á caer el licor del
azogue. Cierto trasmutacion inmediata de cosa tan pesada en cosa tan
liviana; y al revés, por cosa rara se puede tener en naturaleza. Y en
todas estas y otras extrañezas que tiene este metal, es digno el Autor
de su naturaleza, de ser glorificado, pues á sus leyes ocultas obedece
tan prontamente toda naturaleza criada.