_De las causas que dan de no llover en los llanos._
Como es cosa tan extraordinaria que haya tierra donde jamás llueve,
ni truena, naturalmente apetecen los hombres saber la causa de tal
novedad. El discurso que hacen algunos, que lo han considerado con
atencion, es, que por falta de materia no se levantan en aquella costa
vahos gruesos, y suficientes para engendrar lluvia, sino solo delgados,
que bastan á hacer aquella niebla y garua. Como vemos que en Europa
muchos dias por la mañana se levantan vahos, que no paran en lluvia,
sino solo en nieblas, lo cual proviene de la materia por no ser gruesa
y suficiente para volverse en lluvia. Y que en la costa del Perú sea
eso perpetuo, como en Europa algunas veces, dicen ser la causa, que
toda aquella region es sequísima y inepta para vapores gruesos. La
sequedad bien se ve por los arenales inmensos que tiene, y porque ni
fuentes, ni pozos no se hallan sino es en grandísima profundidad de
quince y mas estados, y aun esos han de ser cercanos á rios, de cuya
agua trascolada se hallan pozos, tanto, que por experiencia se ha
visto, que quitando el rio de su madre, y echándole por otra, se han
secado los pozos, hasta que volvió el rio á su corriente. De parte de
la causa material para no llover, dan ésta. De parte de la eficiente
dan otra, no de menos consideracíon, y es, que la altura excesiva de
la sierra que corre por toda la costa, abriga aquellos llanos, de
suerte que no deja soplar viento de parte de tierra, sino es tan alto,
que excede aquellas cumbres tan levantadas; y así no corre mas del
viento de mar, el cual no teniendo contrario, no aprieta ni exprime
los vapores que se levantan para que haga lluvia. De manera, que el
abrigo de la sierra estorba el condensarse los vapores, y hace que
todos se vayan en nieblas esparcidas. Con este discurso vienen algunas
experiencias, como es llover en algunos collados de la costa, que
están algo menos abrigados. Como son los cerros de Atico y Arequipa.
Item, haber llovido algunos años que han corrido nortes ó brisas,
por todo el espacio que alcanzaron, como acaeció el año de setenta y
ocho en los llanos de Trujillo, donde llovió muchísimo, cosa que no
habian visto muchos siglos habia. Item, en la misma costa llueve donde
alcanzan de ordinario brisas ó nortes, como en Guayaquil, y en donde
se alza mucho la tierra, y se desvía del abrigo de los cerros, como
pasado Arica. De esta manera díscurren algunos. Podrá discurrir cada
uno como mejor le pareciere. Esto es cierto, que bajando de la sierra
á los llanos, se suelen ver dos como Cielos, uno claro y sereno en lo
alto, otro obscuro, y como un velo pardo tendido debajo, que cubre
toda la costa. Mas aunque no llueve, aquella neblina es á maravilla
provechosa para producir yerba la tierra, y para que las sementeras
tengan sazon; porque aunque tengan agua de pie cuanta quieran, sacada
de las acequias, no sé qué virtud se tiene la humedad del Cielo, que
faltando aquella garua, hay gran falta en las sementeras. Y lo que mas
es de admirar, que los arenales secos y estériles con la garua ó niebla
se visten de yerba y flores, que es cosa deleitosísima de mirar, y de
gran utilidad para los pastos de los ganados, que engordan con aquella
yerba á placer, como se ve en la sierra que llaman del Arena, cerca de
la ciudad de los Reyes.