«El fundamento de lo que hoy llamamos física del globo,
prescindiendo de las consideraciones matemáticas, se halla
en la HISTORIA NATURAL Y MORAL DE LAS INDIAS, del
jesuita José Acosta, y asimismo en la obra que publicó Gonzalo
Fernández de Oviedo veinte años después de la muerte de Colón.
Desde la fundación de las sociedades, en ninguna otra época se
había ensanchado repentinamente y de un modo tan maravilloso el
círculo de las ideas en lo que toca al mundo exterior y á las
relaciones del espacio.»
(_Cosmos._ París, 1847 á 59. Tomo II,
pág. 315).
«La demarcación de las líneas magnéticas, cuyo descubrimiento
se atribuye á Gassendo, era un secreto todavía para el
mismo Gilbert, mientras que, Acosta instruido por marinos
portugueses, había ya reconocido en toda la superficie de la
tierra cuatro líneas sin declinación. De estas cuatro líneas
dedujo Halley la teoría de los cuatro polos magnéticos.»
(_Cosmos._ Tomo II, pág. 341).
Éstas son palabras del sabio ALEJANDRO DE HUMBOLDT, cuya opinión y
autoridad hacen innecesarios cuantos elogios pudiésemos tributar al
autor del presente libro.
José Acosta pertenece á la gloriosa raza española del siglo
XVI que tanto hizo por el progreso humano y cuyos
trabajos han ido cayendo en olvido porque ni sus compatriotas
supieron rendir justo tributo á su memoria, ni todos los
extranjeros han sido tan imparciales v honradamente sinceros
como Humboldt.
La biografía de Acosta puede, desgraciadamente, reducirse á muy pocas
líneas. Nació en Medina del Campo, antiguo reino de León, en 1539,
ingresó á los catorce años en la Compañía de Jesús, explicando teología
en Ocaña, y en 1571 marchó á América como segundo provincial del Perú.
Á este viaje se debe el presente libro. Volvió á España en 1587, fué
nombrado rector del colegio de Valladolid, del de Salamanca y visitador
de Aragón y Andalucía. En 1592 fué á Roma para asistir, con derecho á
votar, á la quinta congregación general de su orden celebrada en tiempo
de Clemente VIII, siendo general el P. Claudio Aquaviva. En Italia
permaneció dos años, y vuelto á la Patria murió, á los sesenta de edad,
siendo rector de Salamanca.
Felipe II le honró sobre manera, deleitándose en oirle contar sus
viajes, aventuras, observaciones y trabajos. Escribió en latín varias
obras: de ellas hacen mención don Nicolás Antonio, la Biblioteca
Jesuítica de los padres Alegambe, Ribadeneira y Sotuello, Barnabita, el
P. Jouvenci y las Memorias del P. Nicerón.
Feijóo dice en su discurso XIV intitulado _Glorias de España_:
«Inglaterra y Francia ya por la aplicación de sus academias, ya por
la curiosidad de sus viajeros, han hecho de algún tiempo á esta parte
no leves progresos en la historia natural de la América; pero no nos
mostrarán obra alguna, trabajo de un hombre solo, que sea comparable
á la Historia Natural de la América, compuesta por el Padre Joseph
de Acosta, y celebrada por los eruditos de todas las naciones. He
dicho trabajo de un hombre solo, porque en esta materia hay algunas
colecciones que abultan mucho y en que el que se llama autor tuvo que
hacer poco ó nada, salvo el aunar en un cuerpo materiales que estaban
divididos en varios autores. El P. Acosta es original en su género y se
le pudiera llamar con propiedad el Plinio del Nuevo Mundo. En cierto
modo más hizo que Plinio, pues éste se valió de las especies de muchos
escritores que le precedieron, como él mismo confiesa.
El P. Acosta no halló de quien transcribir cosa alguna. Añádese á
favor del historiador español el tiento en creer y circunspección al
escribir, que faltó al romano.»
El célebre Antonio de León Pinelo dijo que el Padre Acosta compuso su
obra aprovechándose de dos manuscritos: la _Historia de los indios de
Nueva España_ y las _Antiguallas de los indios de Nueva España_, ambos
de un fraile llamado Diego Durán, natural de Tezcuco, antigua corte de
los emperadores mejicanos. Según Pinelo, guardó dichos manuscritos el
jesuita Juan de Tovar, y más tarde hizo entrega de ellos al P. Acosta,
el cual afirma, sin embargo, que cuenta lo que _vió, consideró ú oyó
de personas fidedignas_, sin mencionar que copiase nada de nadie. No
es por otra parte verosímil la acusación, cuando el P. Acosta confiesa
llanamente que no todo lo que narra es fruto de su investigación
personal, sino también de informes agenos.
Los testimonios citados y un ligero examen del libro bastan para dejar
fuera de duda la importancia excepcional de esta obra indispensable á
cuantos hombres estudiosos escriben sobre cosas de América, útil á los
eruditos, y agradable para toda persona ilustrada.
El Padre Acosta publicó su obra primero en latín y luego en
castellano. He aquí la lista completa de las ediciones que de ella se
han hecho:
1.ª (latina). De natvra nobi orbis libri dvo, et de promvlgatione
evangelii apud barbaros, sive de procuranda indorum salvte, Libri
sex. Autore Josepho Acosta, presbytero societatis Jesv. (Escudo de la
Compañía de Jesús). Salmanticæ. Apud Guillelmun Foquel. M.D. LXXXIX. Un
tomo, 8.º, 10 hojas preliminares, 264 páginas.
2.ª (primera castellana). En Sevilla, por Juan de León, 1590.
3.ª (castellana). En Barcelona, por Jaime Cendrat, en 8.º, 1591.
4.ª (latina). Salamanca, 1595, en 8.º, citada por Nicolás Antonio.
5.ª (castellana). Madrid, 1608.
6.ª (id). Madrid, 1610.
7.ª (id). Madrid, 1792.
De suerte que esta última, dada por sus editores como sexta, es en
realidad, séptima.
Picatoste en su notabilísima obra _Apuntes para una biblioteca
científica española del siglo_ XVI, cita una edición de 1752, que no
hemos visto.
La HISTORIA NATURAL Y MORAL DE LAS INDIAS, del P. Acosta, obtuvo tal
éxito, que se tradujo á todos los idiomas de Europa. La tradujo al
latín Teodoro Bry en la tercera parte de su _Historia Occidental_; al
italiano Paolo Gamucio, en 1596; al francés Robert Regnault, en 1600;
al inglés Edward Grimstone, en 1604; al flamenco Juan Hugo Luischat, en
1598; al alemán fué vertida por Gotardo Artús de Dantzig.
Todas estas ediciones se han hecho rarísimas; muchas de ellas faltan
aun en las bibliotecas públicas, y cuando se encuentra alguna en el
comercio cuesta muy cara.
La que hoy ofrecemos al público es fidelísima reimpresión de la primera
edición castellana de Sevilla, en 1590: que forma un tomo en 4.º, de
536 páginas, 16 hojas ó sean 32 páginas sin numerar para la _Tabla de
las cosas notables_; y dos hojas también sin numerar para la _Tabla de
algunos lugares de la Sagrada Escritura cuya declaracion se toca al
paso en el discurso desta historia_. Al fin: _Laus Deo_, (escudo del
impresor). Hispalis. Escudebat Joanis Leonino. Anno 1590.
Yo CRISTÓVAL DE LEON, escribano de Camara del Rey nuestro
Señor, de los que residen en su Consejo, doy fé, que habiendose
visto por los Señores del, un libro intitulado Historia Natural
y Moral de las Indias, que con su licencia hizo imprimir el
Padre Ioseph de Acosta de la Compañia de Jesus, tasaron cada
pliego de los del dicho libro en papel á tres maravedís: y
mandaron, que antes que se venda se imprima en la primera hoja
de cada uno de ellos este testimonio de tasa: y para que dello
conste, de mandamiento de los dichos Señores del Consejo, y del
pedimento del Padre Diego de Lugo, Procurador general de la
dicha Compañia de Jesus, di esta fé, que es fecha en la villa
de Madrid á treinta dias del mes de Abril, de mil y quinientos
y noventa años.
CRISTOVAL DE LEON.
Yo GONZALO DAVILA, Provincial de la Compañia de JESUS en la
Provincia de Toledo por particular comision que para ello tengo
del Padre Claudio Aquaviva, nuestro Preposito General, doy
licencia para que se pueda imprimir el libro de la Historia
Natural y Moral de las Indias, que el Padre Ioseph de Acosta,
Religioso de la misma Compañia ha compuesto, y ha sido
examinado y aprobado por personas doctas y graves de nuestra
Compañia. En testimonio de lo cual di esta firmada de mi
nombre, y sellada con el Sello de mi oficio. En Alcalá once de
Abril, de 1589.
G. DAVILA.
* * * * *