4 Y mi espíritu se angustió dentro de mí; se pasmó mi corazón.
5 Me acordé de los días antiguos; meditaba en todas tus obras, meditaba en las obras de tus manos.
6 Extendí mis manos a ti; mi alma a ti como la tierra sedienta. (Selah.)
7 Respóndeme pronto, oh SEÑOR que desmaya mi espíritu; no escondas de mí tu rostro, y [venga yo a] ser semejante a los que descienden a la sepultura.
8 Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado; hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he alzado mi alma.
9 Líbrame de mis enemigos, oh SEÑOR; a ti me acojo.
10 Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú [eres] mi Dios. Tu buen Espíritu me guíe a tierra de rectitud.
11 Por tu Nombre, oh SEÑOR me vivificarás; por tu justicia, sacarás mi alma de angustia.
12 Y por tu misericordia disiparás mis enemigos, y destruirás todos los adversarios de mi alma; porque yo soy tu siervo.
CAPÍTULO 144
1 Salmo de David. Bendito [sea] el SEÑOR, mi roca, que enseña mis manos a la batalla, y mis dedos a la guerra.
2 Misericordia mía y mi castillo, altura mía y mi libertador, escudo mío, en quien he confiado; el que allana mi pueblo delante de mí.
3 Oh SEÑOR, ¿qué es el hombre, que lo conoces? ¿O el hijo del hombre, para que lo estimes?
4 El hombre es semejante a la vanidad; sus días [son] como la sombra que pasa.
5 Oh SEÑOR, abaja tus cielos y desciende; toca los montes, y humeen.
6 Despide relámpagos, y disípalos, envía tus saetas, y contúrbalos.
7 Envía tu mano desde lo alto; redímeme, y sácame de las muchas aguas, de la mano de los hijos extraños;
8 cuya boca habla vanidad, y su diestra [es] diestra de mentira.
9 Oh Dios, a ti cantaré canción nueva; con salterio, con decacordio cantaré a ti.
10 [Tú], el que da salud a los reyes, el que redime a David su siervo de maligna espada.
11 Redímeme, y sálvame de mano de los hijos extraños, cuya boca habla vanidad, y su diestra [es] diestra de mentira.
12 Que nuestros hijos [sean] como plantas crecidas en su juventud; nuestras hijas como las esquinas labradas a manera de [las de un] palacio;
13 nuestros graneros llenos, provistos de toda suerte [de grano]; nuestros ganados, que paran a millares y diez millares en nuestras plazas;
14 [que] nuestros bueyes estén fuertes para el trabajo; que no tengamos asalto, ni que hacer salida, ni grito [de alarma] en nuestras plazas.
15 Bienaventurado el pueblo que tiene esto; bienaventurado el pueblo cuyo Dios [es] el SEÑOR.
CAPÍTULO 145
1 Salmo de alabanza: de David. [Alef] Te ensalzaré, mi Dios, mi Rey; [y] bendeciré tu Nombre por el siglo y para siempre.
2 [Bet] Cada día te bendeciré, y alabaré tu Nombre por siglo y para siempre.
3 [Guímel] Grande [es] el SEÑOR y digno de suprema alabanza; y su grandeza es inescrutable.
4 [Dálet] Generación a generación narrará tus obras, y anunciarán tus valentías.
5 [He] [De] la hermosura de la gloria de tu magnificencia, y tus hechos maravillosos, hablaré.
6 [Vau] Y la terribilidad de tus valentías dirán los hombres; y [yo] recontaré tu grandeza.
7 [Zain] Proclamarán la memoria de tu inmensa bondad, y cantarán tu justicia.
8 [Chet] Clemente y misericordioso [es] el SEÑOR, lento para la ira, y grande en misericordia.
9 [Tet] Bueno es el SEÑOR para con todos; y sus misericordias [resplandecen] sobre todas sus obras.
10 [Yod] Alábente, oh SEÑOR, todas tus obras; y tus misericordiosos te bendigan.
11 [Caf] La gloria de tu reino digan, y hablen de tu fortaleza;
12 [Lámed] para notificar a los hijos de Adán sus valentías, y la gloria de la magnificencia de su reino.
13 [Mem] Tu reino [es] reino de todos los siglos, y tu señorío en todas generaciones.
14 [Sámec] Sostiene el SEÑOR a todos los que caen, y levanta a todos los oprimidos.
15 [Ayin] Los ojos de todos las cosas esperan a ti, y tú les das su comida en su tiempo.
16 [Pe] Abres tu mano, y sacias el deseo [de] todo viviente.
17 [Tsade] Justo [es] el SEÑOR en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras.
18 [Cof] Cercano [está] el SEÑOR a todos los que le invocan, a todos los que le invocan con verdad.
19 [Resh] Cumplirá el deseo de los que le temen; y su clamor oirá, y los salvará. 20 [Sin] El SEÑOR guarda a todos los que le aman; pero destruirá a todos los impíos.
21 [Tau] La alabanza del SEÑOR hablará mi boca; y bendiga toda carne su santo Nombre, por el siglo y para siempre.
CAPÍTULO 146
1 Alelu-JAH Alaba, oh alma mía, al SEÑOR.
2 Alabaré al SEÑOR en mi vida; diré salmos a mi Dios mientras viviere.
3 No confiéis en los príncipes, [ni] en hijo de hombre, porque no [hay] en él salud.
4 Saldrá su espíritu, se volverá en su tierra; en aquel día perecerán todos sus pensamientos.
5 Dichoso aquel en cuya ayuda [es] el Dios de Jacob, cuya esperanza [es] en el SEÑOR su Dios;
6 el cual hizo los cielos y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos [hay]; el que guarda verdad para siempre;
7 el que hace derecho a los agraviados; el que da pan a los hambrientos; el SEÑOR, el que suelta a los aprisionados;
8 el SEÑOR [es] el que abre [los ojos] a los ciegos; el SEÑOR, el que endereza a los agobiados; el SEÑOR, el que ama a los justos.
9 El SEÑOR, el que guarda a los extranjeros; al huérfano y a la viuda levanta; y el camino de los impíos trastorna.
10 Reinará el SEÑOR para siempre; tu Dios, oh Sion, por generación y generación. Alelu-JAH.
CAPÍTULO 147
1 Alelu-JAH, porque [es] bueno cantar salmos a nuestro Dios; porque suave y hermosa es la alabanza.
2 El SEÑOR, el que edifica a Jerusalén; [a] los echados de Israel recogerá.
3 El que sana a los quebrantados de corazón, y el que liga sus heridas.
4 El que cuenta el número de las estrellas; a todas ellas llama por [sus] nombres.
5 Grande [es] el Señor nuestro, y de mucha potencia; y su entendimiento es infinito.
6 El SEÑOR, el que ensalza [a] los humildes; el que humilla [a] los impíos hasta la tierra.
7 Cantad al SEÑOR con alabanza, cantad con arpa a nuestro Dios.
8 El que cubre los cielos de nubes, el que prepara la lluvia para la tierra, el que hace a los montes producir hierba.
9 El que da a la bestia su mantenimiento, [y] a los hijos de los cuervos que claman [a él].
10 No toma contentamiento en la fortaleza del caballo, ni se complace en las piernas del varón.
11 El SEÑOR ama a los que le temen; a los que esperan en su misericordia.
12 Alaba al SEÑOR, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sion.
13 Porque fortificó los cerrojos de tus puertas; bendijo a tus hijos dentro de ti.
14 El que pone [por] tu término la paz; te hará saciar de grosura de trigo.
15 El que envía su palabra a la tierra; muy presto corre su palabra.
16 El que da la nieve como lana, derrama la escarcha como ceniza.
17 El que echa su hielo como [en] pedacitos; delante de su frío ¿quién estará?
18 Enviará su palabra, y los derretirá; soplará su viento, y fluirán las aguas.
19 El que denuncia sus palabras a Jacob, sus estatutos y sus juicios a Israel. 20 No ha hecho esto con las otras naciones; [las cuales] no conocieron [sus] juicios. Alelu-JAH.
CAPÍTULO 148
1 Alelu-JAH Alabad a Dios desde los cielos; alabadle en las alturas.
2 Alabadle, [vosotros] todos sus ángeles; alabadle, [vosotros] todos sus ejércitos.
3 Alabadle, el sol y la luna: alabadle, todas las estrellas de luz.
4 Alabadle, los cielos de los cielos; y las aguas que [están] sobre los cielos.
5 Alaben el Nombre del SEÑOR; porque él mandó, y fueron creados.
6 Y los hizo ser para siempre por el siglo; [les] puso ley que no será quebrantada.
7 Alabad al SEÑOR, desde la tierra, los dragones y todos los abismos;
8 el fuego y el granizo, la nieve y el vapor, el viento de tempestad que ejecuta su palabra;
9 los montes y todos los collados; el árbol de fruto, y todos los cedros;
10 la bestia, y todo animal; el que va arrastrando, y el ave que vuela;
11 los reyes de la tierra, y todos los pueblos; los príncipes, y todos los jueces de la tierra;
12 los jóvenes, y también las doncellas; los viejos con los niños,
13 alaben el Nombre del SEÑOR, porque sólo su Nombre [es] elevado; su gloria [es] sobre tierra y cielos.
14 [El] ensalzó el cuerno de su pueblo; alábenle todos sus misericordiosos, los hijos de Israel, el pueblo a él cercano. Alelu-JAH.
CAPÍTULO 149
1 Alelu-JAH. Cantad al SEÑOR canción nueva; su alabanza [sea] en la congregación de los misericordiosos.
2 Alégrese Israel con su Hacedor; los hijos de Sion se gocen con su Rey.
3 Alaben su Nombre con baile; con adufe y arpa canten a él.
4 Porque el SEÑOR toma contentamiento con su pueblo; hermoseará a los humildes con salud.
5 Se gozarán los misericordiosos con gloria; cantarán sobre sus camas.
6 Ensalzamientos de Dios [modularán] en sus gargantas; y espadas de dos filos [habrá] en sus manos;
7 para hacer venganza de los gentiles, castigos en los pueblos;
8 para aprisionar sus reyes en grillos, y sus nobles en cadenas de hierro;
9 para ejecutar en ellos el juicio escrito; gloria será esto para todos sus misericordiosos. Alelu-JAH.
CAPÍTULO 150
1 Alelu-JAH. Alabad a Dios en su santuario; alabadle en el extendimiento de su fortaleza.
2 Alabadle por sus proezas; alabadle conforme a la muchedumbre de su grandeza.
3 Alabadle a son de shofar; alabadle con salterio y arpa.
4 Alabadle con adufe y flauta; alabadle con cuerdas y órgano.
5 Alabadle con címbalos resonantes; alabadle con címbalos de júbilo.
6 Todo lo que respira alabe a JAH. Alelu-JAH.
PROVERBIOS
CAPÍTULO 1
1 Los proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel:
2 Para conocer sabiduría y castigo; para entender las razones prudentes;
3 para recibir el castigo de prudencia, justicia, juicio y equidad;
4 para dar prudencia a los simples, y a los jóvenes inteligencia y consejo.
5 Si el sabio [los] oyere, aumentará la doctrina; y el entendido adquirirá consejo;
6 para entender parábola y declaración; palabras de sabios, y sus enigmas.
7 El principio del conocimiento [es] el temor del SEÑOR; los locos despreciaron la sabiduría y el castigo.
8 Oye, hijo mío, el castigo de tu padre, y no deseches la ley de tu madre;
9 porque aumento de gracia serán a tu cabeza, y protección a tu cuello.
10 Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, no consientas.
11 Si dijeren: Ven con nosotros, espiemos a alguno para matarle, acechemos al inocente sin razón;
12 los tragaremos vivos como el sepulcro, y enteros, como los que caen en [un] abismo;
13 hallaremos riquezas de toda clase, llenaremos nuestras casas de despojos;
14 echa tu suerte entre nosotros; tengamos todos una bolsa,
15 hijo mío, no andes en camino con ellos; aparta tu pie de sus veredas;
16 porque sus pies correrán al mal, e irán presurosos a derramar sangre.
17 Porque en vano se tenderá la red ante los ojos de toda ave;
18 mas ellos a su [propia] sangre espían, y a sus [propias] almas [ponen] asechanza.
19 Tales son las sendas de todo el que codicia la ganancia, [la cual] prenderá la vida de sus poseedores. 20 La sabiduría clama de fuera; en las plazas da su voz;
21 clama en los principales lugares de concurso; en las entradas de las puertas de la ciudad dice sus razones:
22 ¿Hasta cuándo, oh simples, amaréis la simpleza, y los burladores desearán el burlar, y los locos aborrecerán la ciencia?
23 Volveos a mi reprensión; he aquí yo os derramaré mi espíritu, y os haré saber mis palabras.
24 Por cuanto llamé, y no quisisteis; extendí mi mano, y no hubo quien escuchase;
25 [antes] desechasteis todo consejo mío, y no quisisteis mi reprensión;
26 también yo me reiré en vuestra calamidad, y me burlaré cuando [os] viniere lo que teméis;
27 cuando viniere como [una] destrucción lo que teméis, y vuestra calamidad llegare como [un] torbellino; cuando sobre vosotros viniere tribulación y angustia.
28 Entonces me llamarán, y no responderé; me buscarán de mañana, y no me hallarán;
29 por cuanto aborrecieron el conocimiento, y no escogieron el temor del SEÑOR,
30 ni quisieron mi consejo, y menospreciaron toda reprensión mía.
31 Comerán, pues, del fruto de su camino, y de sus consejos se hartarán.
32 Porque el reposo de los ignorantes los matará, y la prosperidad de los locos los echará a perder.
33 Mas el que me oyere, habitará confiadamente, y vivirá reposado del temor del mal.
CAPÍTULO 2
1 Hijo mío, si tomares mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti,
2 haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; [si] inclinares tu corazón a la prudencia;
3 si clamares a la inteligencia, [y] a la prudencia dieres tu voz;
4 si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros;
5 entonces entenderás el temor del SEÑOR, y hallarás el conocimiento de Dios.
6 Porque el SEÑOR da la sabiduría, y de su boca [viene] el conocimiento y la inteligencia.
7 El guarda el ser a los rectos; [es] escudo a los que caminan perfectamente,
8 guardando las veredas del juicio, y el camino de sus misericordiosos.
9 Entonces entenderás justicia, juicio, y equidad, y todo buen camino.
10 Cuando la sabiduría entrare en tu corazón, y la ciencia fuere dulce a tu alma,
11 [el] consejo te guardará, te preservará la inteligencia,
12 para librarte del mal camino, del hombre que habla perversidades;
13 que dejan las veredas derechas, por andar por caminos tenebrosos;
14 que se alegran haciendo mal, que se huelgan en malas perversidades;
15 cuyas veredas son torcidas, y [ellos] torcidos en sus caminos.
16 Para librarte de la mujer extraña, de la ajena que halaga con sus palabras;
17 que desampara el príncipe de su juventud, y se olvida del pacto de su Dios.
18 Por lo cual su casa está inclinada a la muerte, y sus veredas [van] hacia los muertos.
19 Todos los que a ella entraren, no volverán, ni tomarán las veredas de la vida. 20 Para que andes por el camino de los buenos, y guardes las veredas de los justos.
21 Porque los rectos habitarán la tierra, y los perfectos permanecerán en ella;
22 mas los impíos serán cortados de la tierra, y los prevaricadores serán de ella desarraigados.
CAPÍTULO 3
1 Hijo mío, no te olvides de mi ley; y tu corazón guarde mis mandamientos;
2 porque largura de días y años de vida y paz te aumentarán.
3 Misericordia y verdad no te desamparen; átalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón;
4 y hallarás gracia y buena opinión en los ojos de Dios y de los hombres.
5 Fíate del SEÑOR de todo tu corazón, y no estribes en tu [propia] prudencia.
6 Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.
7 No seas sabio en tu [propia] opinión; teme al SEÑOR, y apártate del mal;
8 porque será medicina a tu ombligo, y tuétano a tus huesos.
9 Honra al SEÑOR de tu sustancia, y de las primicias de todos tus frutos;
10 y serán llenos tus alfolíes con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto.
11 No deseches, hijo mío, el castigo del SEÑOR; ni te fatigues de su corrección;
12 porque el SEÑOR castiga al que ama y quiere, como el padre al hijo.
13 Bienaventurado el hombre que halló la sabiduría, y que saca [a luz] la inteligencia;
14 porque su mercadería [es] mejor que la mercadería de la plata, y sus frutos más que el oro fino.
15 Más preciosa es que las piedras preciosas; y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella.
16 Largura de días [trae] en su mano derecha; en su izquierda riquezas y honra.
17 Sus caminos [son] caminos deleitosos, y todas sus veredas paz.
18 Ella [es] árbol de vida a los que de ella echan mano; y bienaventurados son los que la mantienen.
19 El SEÑOR con sabiduría fundó la tierra; afirmó los cielos con inteligencia. 20 Con su ciencia se partieron los abismos, y destilan el rocío los cielos.
21 Hijo mío, no se aparten de tus ojos; guarda la sabiduría y el consejo;
22 y serán vida a tu alma, y gracia a tu cuello.
23 Entonces andarás por tu camino confiadamente, y tu pie no tropezará.
24 Cuando te acostares, no tendrás temor; [antes] te acostarás, y tu sueño será suave.
25 No tendrás temor del pavor repentino, ni de la ruina de los impíos cuando viniere;
26 porque el SEÑOR será tu confianza, y él guardará tu pie para que no seas tomado.
27 No detengas el bien de sus dueños, cuando tuvieres poder para hacerlo.
28 No digas a tu prójimo: Ve, y vuelve, y mañana [te] daré; cuando tienes contigo [qué darle].
29 No pienses mal contra tu prójimo, estando él confiado de ti.
30 No pleitees con alguno sin razón, si él no te ha hecho agravio.
31 No envidies al hombre injusto, ni escojas alguno de sus caminos.
32 Porque el perverso es abominado del SEÑOR; mas su secreto es con los rectos.
33 [La] maldición del SEÑOR [está] en la casa del impío; mas [él] bendecirá la morada de los justos.
34 Ciertamente él escarnecerá a los escarnecedores, y a los humildes dará gracia.
35 Los sabios heredarán la honra; mas los locos sostendrán deshonra.
CAPÍTULO 4
1 Oíd, hijos, el castigo del padre; y estad atentos para que sepáis inteligencia.
2 Porque os doy buena enseñanza; no desamparéis mi ley.
3 Porque yo fui hijo de mi padre, delicado y único delante de mi madre.
4 Y [él] me enseñaba, y me decía: Sustente tu corazón mis razones, guarda mis mandamientos, y vivirás.
5 Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia; no te olvides ni te apartes de las razones de mi boca;
6 no la dejes, y ella te guardará; ámala, y te conservará.
7 Sabiduría primero que todo; adquiere sabiduría; y ante toda tu posesión adquiere inteligencia.
8 Crece en ella, y ella te engrandecerá; ella te honrará, cuando tú la hubieres abrazado.
9 Dará a tu cabeza aumento de gracia; corona de hermosura te entregará.
10 Oye, hijo mío, y recibe mis razones; y se te multiplicarán años de vida.
11 Por el camino de la sabiduría te he encaminado, y por veredas derechas te he hecho andar.
12 Cuando anduvieres [por ellas] no se estrecharán tus pasos; y si corrieres, no tropezarás.
13 Ten el castigo, no lo dejes; guárdalo, porque eso [es] tu vida.
14 No entres por la vereda de los impíos, ni vayas por el camino de los malos.
15 Desampárala, no pases por ella; apártate de ella, y pasa.
16 Porque no duermen [ellos], si no hicieren mal; y pierden su sueño, si no han hecho caer.
17 Porque comen pan de maldad, y beben vino de violencia.
18 Mas la vereda de los justos [es] como la luz del lucero, que va en aumento hasta que el día es perfecto.
19 El camino de los impíos [es] como la oscuridad; no saben en qué tropiezan. 20 Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones.
21 No se aparten de tus ojos; guárdalas en medio de tu corazón.
22 Porque son vida a los que las hallan, y medicina a toda su carne.
23 Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.
24 Aparta de ti la perversidad de la boca, y aleja de ti la iniquidad de labios.
25 Tus ojos miren lo recto, y tus párpados enderecen [tu camino] delante de ti.
26 Pesa la vereda de tus pies, y todos tus caminos sean ordenados.
27 No te desvíes a diestra, ni a siniestra; aparta tu pie del mal.
CAPÍTULO 5
1 Hijo mío, está atento a mi sabiduría, y a mi inteligencia inclina tu oído;
2 para que guardes consejo, y tus labios conserven la ciencia.
3 Porque los labios de la [mujer] extraña destilan miel, y su paladar es más blando que el aceite;
4 mas su fin es amargo como el ajenjo, agudo como cuchillo de dos filos.
5 Sus pies descienden a la muerte; sus pasos sustentan el sepulcro;
6 si no pesares el camino de vida, sus caminos son inestables; no [los] conocerás.
7 Ahora pues, hijos, oídme, y no os apartéis de las razones de mi boca.
8 Aleja de ella tu camino, y no te acerques a la puerta de su casa;
9 para que no des a los extraños tu honor, y tus años al cruel;
10 para que no se harten los extraños de tu fuerza, y tus trabajos estén en casa del extraño;
11 y gimas en tus postrimerías, cuando se consumiere tu carne y tu cuerpo,
12 y digas: ¡Cómo aborrecí el castigo, y mi corazón menospreció la reprensión;
13 y no oí la voz de los que me castigaban; y a los que me enseñaban no incliné mi oído!
14 Casi en todo mal he estado, en medio de la sociedad y de la congregación.
15 Bebe el agua de tu propia cisterna, y las corrientes de tu propio pozo.
16 Rebosan por de fuera tus fuentes, en las plazas los ríos de [tus] aguas.
17 Sean para ti solo, y no para los extraños contigo.
18 Será bendito tu manantial; y alégrate de la mujer de tu juventud.
19 Como cierva de amores y graciosa gacela, sus pechos te satisfagan en todo tiempo; y en su amor andarás ciego de continuo, [sin fijar tus ojos en nadie más]. 20 ¿Y por qué, hijo mío, andarás ciego con la ajena, y abrazarás el seno de la extraña?
21 Pues que los caminos del hombre están ante los ojos del SEÑOR, ¡y él pesa todas sus veredas!
22 Sus [propias] iniquidades prenderán al impío, y con las cuerdas de su pecado será detenido.
23 El morirá por no haberse [sometido al] castigo; y por la grandeza de su locura, errará.
CAPÍTULO 6
1 Hijo mío, si salieres fiador por tu amigo, si prometiste al extraño,
2 enlazado eres con las palabras de tu boca, y preso con las razones de tu boca.
3 Haz esto ahora, hijo mío, y líbrate, porque has caído en la mano de tu prójimo; ve, humíllate, y esfuerza tu prójimo.
4 No des sueño a tus ojos, ni a tus párpados adormecimiento.
5 Escápate como la gacela de la mano [del cazador], y como el ave de la mano del parancero.
6 Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio;
7 la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor,
8 prepara en el verano su comida y en el tiempo de la siega allega su mantenimiento.
9 Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño?
10 [Tomando] un poco de sueño, cabeceando otro poco, y cruzado los brazos otro poco para [volver] a dormir;
11 [así] vendrá tu necesidad como caminante, y tu pobreza como hombre de escudo.
12 El hombre perverso es varón inicuo, anda en perversidad de boca;
13 guiña con sus ojos, habla con sus pies, enseña con sus dedos;
14 perversidades hay en su corazón, anda pensando mal en todo tiempo; enciende rencillas.
15 Por tanto su calamidad vendrá de repente; súbitamente será quebrantado, y no [habrá] remedio.
16 Seis cosas aborrece el SEÑOR, y [aun] siete abomina su alma:
17 Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente,
18 el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal,
19 el testigo falso que habla mentiras, y el que enciende rencillas entre los hermanos. 20 Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, y no dejes la ley de tu madre;
21 átala siempre en tu corazón, enlázala a tu cuello.
22 Te guiará cuando anduvieres; cuando durmieres te guardará; hablará contigo cuando despertares.
23 Porque el mandamiento es candela, y la enseñanza luz; y camino de vida las reprensiones del castigo;
24 para que te guarden de la mala mujer, de la blandura de la lengua de la extraña.
25 No codicies su hermosura en tu corazón, ni [ella] te prenda con sus ojos;
26 porque a causa de la mujer ramera [es reducido el hombre] a un bocado de pan; y la mujer caza la preciosa alma del varón.
27 ¿Tomará el hombre fuego en su seno, [sin] que sus vestidos se quemen?
28 ¿Andará el hombre sobre las brasas, [sin] que sus pies se quemen?
29 Así el que entrare a la mujer de su prójimo; no será sin culpa cualquiera que la tocare.
30 No tienen en poco al ladrón, aún cuando hurtare para saciar su alma teniendo hambre;
31 tomado, paga siete veces; da toda la sustancia de su casa.
32 Mas el que comete adulterio con la mujer, [es] falto de corazón; corrompe su alma el que tal hace.
33 Plaga y vergüenza hallará; y su afrenta nunca será raída.
34 Porque el celo sañudo del varón no perdonará en el día de la venganza;
35 no tendrá respeto a ninguna redención; ni querrá perdonar, aunque multipliques el cohecho.
CAPÍTULO 7
1 Hijo mío, guarda mis razones, y encierra contigo mis mandamientos.
2 Guarda mis mandamientos, y vivirás; y mi ley como las niñas de tus ojos.
3 Lígalos a tus dedos; escríbelos en la tabla de tu corazón.
4 Di a la sabiduría: Tú [eres] mi hermana; y a la inteligencia llama parienta,
5 para que te guarden de la mujer ajena, y de la extraña que ablanda sus palabras.
6 Porque mirando yo por la ventana de mi casa, por mi celosía,
7 vi entre los simples, consideré entre los jóvenes, [un] joven falto de entendimiento,
8 el cual pasaba por la calle, junto a la esquina de aquella, e iba camino de su casa;
9 a la tarde del día, ya que oscurecía; en la oscuridad y tiniebla de la noche.
10 Y he aquí, [una] mujer que le sale al encuentro con atavío de ramera, guardada de corazón,
11 alborotadora y rencillosa, sus pies no pueden estar en casa;
12 unas veces de fuera, o bien por las plazas, acechando por todas las esquinas.
13 Y traba de él, y lo besa; desvergonzó su rostro, y le dijo:
14 Sacrificios de paz había prometido, hoy he pagado mis votos;