o quizás consolándose de que poco o nada les dejen que pacer los
rabadanes. A fin de vivir contentos en esta forzosa Arcadia, recordemos
vuestras pasadas glorias, no superadas aún por los pueblos más pujantes
y engreídos que hay ahora en el mundo, y compongamos, con dichos
recuerdos y con el buen humor que no debe abandonarnos, historias como
la que yo te ofrezco, la cual, si no es amena, es por su benigna y
candorosa intención, digna de todo aplauso. Date tú el tuyo, defiéndeme
con indulgente habilidad de los que me censuren y créeme siempre tu
afectísimo amigo y pariente,