Diomedes el buen griego,
Tan fuerte como avisado,
Muertos Achíles y Ajaz,
A los griegos ha emparado.
Él hizo venir á Pirro,
Hijo de Achíles, nombrado
Porque vengase la muerte
Que á su padre habian dado.
Diómedes le traia
En batallas á su lado,
Que con al les parescia
Achíles haber cobrado.
Esforzó al griego poder
Que estaba desanimado,
Que Diómedes tomó Troya,
De muy sabio y esforzado.
No volvió más á su casa,
Porque se vió mal casado,
De Troya se fué por mar,
Y en Pulla fué bien llegado.
Parte del reino de Dauno,
De fortuna le fué dado,
Cerca del monte Gargano
Ciudades ha edificado.
Los suyos edificaron
Nápoles por su mandado,
Y en la isla Diomedea
Otros suyos han poblado.
De su nombre la nombraron
Por ser nombre tan nombrado,
Donde está su cuerpo hoy dia,
Honradamente enterrado.
En ser acabados los romances se fueron tras Apolo y la ninfa los del
torneo, y movióse una conversacion que turó hasta el dia, con mucha
diversidad de pláticas graves y jocosas. Y por excusar prolixidad,
donde veréis C. hablará caballero, y con la D. dama. Comenzó el Duque
y dixo: Platiquemos de condiciones, que son menester muchos pareceres
para dejarse bien entender, y pues yo he movido esta plática, haré
las preguntas para sacar respuestas de tales cortesanos, que no serán
menester réplicas. Díganme, pues, ¿de qué viene una condicion que no se
deja acabar de entender?
_C._ Señor, yo diria que de sabio ó de loco le viene á quien tal
condicion tiene, que muy gran locura es no dejarse entender para
bien hacer; y gran saber es no descubrir la intincion que sea para
perdicion, como se sigue entre enemigos, que saben proveer contra quien
se deja comprender; no lo digo por las mujeres, aunque algunas dellas
tienen esta condicion, que en habelle entendido se rien de su marido; y
éstas son las que no quieren bien á sí ni á otri, y no sé de qué viene,
querríalo saber para aprender.
_D._ A las que sabes mueras, aunque no tengo que responder por mí, sino
por vos, que modorra me paresce que teneis en esto que hablado habeis.
_C._ Señora, no es modorra, sino modo razonable, que bien es que no
sepa la mujer, si no es leal su marido, que encubrir esto es de sabido.
_D._ A otro perro con ese hueso.
_C._ Por mi mujer lo debe decir, que perra y perro es en roer, que nada
le puedo esconder, que más sabe que el diablo, pues entiende lo que
callo y cuanto hablo.
_D._ Diable so pera entendreu, perque us llanci la diablesa pintada,
quem portas á casa plena de afeyts.
_C._ Señora doña Hierónima: Non in die festo.
_D._ Don Luis Milá, feu del resto, que com aguant lom adobau, que no
put á mal marit, quant los dos vos coblejau.
_C._ Señora mujer, el latin que don Luis Milan os ha dicho, se nombra
adoba lenguas; una tiene adobada de ternera, ¡ojalá la vuestra fuera!
_D._ Si tan malos fuesen los lenguados como son los deslenguados, no
los nombrarian los franceses perdigones de mar.
Dixo el Duque: Buenas lanzas se han corrido, que bocas bien enfrenadas
no hacen embarreradas, y volvamos la hoja. Decíme de que viene la muy
mala condicion de celosos.
_C._ Los celos, señor, son hijos del amor, los buenos son legítimos,
que son los avisados, y los malos son bastardos, que son los necios;
los locos son alborotadores, como los de Gilot; los necios son
rebuznadores como los del canónigo Ster; los sabios son falsirisueños,
como los de don Luis Milan, que los tiene risueños sobre tristes,
mostrando con una falsa risa que siente lo que de palabra no se debe
dar á sentir.
Dixo el Duque: Por mejor tengo no mostrar celoso sino receloso secreto,
apartando todo lo que puede mal hacer con sabio modo, que, aunque sea
poco el fuego, descuido lo enciende todo.
_D._ Si justicia se hiciese de celos, cuántos hombres veriamos á la
casa de locos.
_C._ No quedarian las mujeres en la posada, que un casado poco há envió
á su perrochia para que tocasen la campana, diciendo que tenía fuego en
su casa, y los que fueron á socorrelle dixéronle: ¿A dó está el fuego,
que no le vemos? y él respondió: En los celos de mi mujer lo hallaréis,
que peor son que fuego celos de mujer, que no se puede socorrer.
Dixo el Duque: Tan buenas son estas lanzas como las pasadas, pasemos
adelante. Mucho querria saber qué os paresce de una condicion
demasiadamente dulce.
_D._ Señor, la bona condicion ha de ser agredolsa com á magrana de
Xativa, que lo dols de les mullers fa bon agre en los marits, y esta
es bona mixtura pera conservar la honra deis casats.
Dixo el Canónigo: Veritat es, sino que á voltes si mescla algun gasta
honres.
Respondió Gilot: Almenys no les gastará un tartugot gasta pa tal com
vos, espanta pardals, aborrit de cuants hostals es anat per festejador
orat.
_D._ Gil, may te vist tan grasiós com ab lo meu servidor mosen Coster,
que may entra en lo terrer mosen Ster.
_C._ Paso, señora doña Hierónima, que el Canónigo no’s quien quiera,
que hijo es de una panadera, y quedó pan lisiado al enhornar.
Dixo Gilot: Be dieu señor Joan, que al enfornar se fan los pans
geperuts.
Dixo el Duque: ¿Pues tan gran mar ha levantado el gasta honras del
canónigo Ster? sepamos qué cosa es honra, y dígalo mastre Zapater, que
lo sabrá mejor; y rogado de todos, dixo: Yo diria, no apartándome de
la ley de Dios, que la honra es el valor de cualquier persona, mas ha
de ser la que á Dios place, y no la que Lucifer quiere; y así es mucho
de notar que con sola su palabra, diciendo fiat, fueron hechas todas
las criaturas, y pudiendo con lo mismo echar á Lucifer del cielo, no
quiso su Majestad que fuese echado, sino resistiendo á modo de batalla
sus ministros los buenos ángeles, mostrando que justamente se puede
resistir y pelear por la verdadera honra, que es conservar justicia y
verdad, como ellos hicieron á voluntad de Dios, resistiendo y peleando
contra la injusticia y la mentira, que es el diablo; por donde nos
debemos mirar siempre en Cristo, nuestro señor inmaculado, espejo de
cristal, siguiendo aquellas letras que dicen en torno d’él: _Omnis vita
Christi actio nostra est_. Diciendo que toda la vida de Cristo debemos
imitar, peleando por la justa honra, conservando lo que Dios nos da;
y es de entender por su ley, como mandó á los judíos, que siempre
fueron vencedores peleando por la honra de Dios, y así no osó Alexandre
conquistarlos, porque le dixo un filósofo que si estaban en gracia de
su Dios, no lo emprendiese, que se perderia. Tambien es lícito pelear
por el natural rey con justa guerra, y por el bien comun, y asimismo
defendiendo cada uno su vivienda cuando con injusticia se la quieren
quitar, y ésta es la verdadera honra; la falsa es la que Lucifer ha
introducido en el mundo usando las armas contra caridad y justicia,
siguiendo la voluntad, y no la razon, en perjuicio del prójimo para
perdicion de quien tal hiciese.
_C._ Señor Duque, yo hallo á mi cuenta, tratando de la honra, que
los más injuriados los unos lo son á culpa suya, y otros por falta
de buenos juzgadores. Los hombres, para vivir honradamente, debrian
guardarse mucho de todas las ocasiones por donde les puede venir
deshonra, y si no dan ocasion y se ven en ella, nunca debrian
satisfacer á las injurias con obras donde se puede con palabras, que
es falta de razon ó gran soberbia que las más veces hace perder. Otros
hay que son tenidos por deshonrados sin culpa, de quien no saben
juzgar de honras, que debrian, para ser buenos jueces, saber los casos
que obligan á satisfaccion, y hallarán que son muy pocos; y para muy
bien gobernarse, débese tomar consejo de quien tiene calidades para
darle bueno, y son éstas: Que sea experimentado y no apasionado, ni
interesado, ni sospechoso, y sabido en lo que aconseja, que los más
consejos están lisiados por falta de buenos consejeros, por quien se
siguen grandes deshonras y pérdidas; y en deshonra venida por mujeres,
no obliga sino aquella que por descuido ó consentimiento del deshonrado
le viene, como es descuidarse no proveyendo á las deshonras que seguir
se pueden, ó consintiendo á las que ven venir ó tienen en su casa; y si
á quien toca ha proveido en todo lo que debe, no puede tener deshonra
por la de otro quien por sí no la tiene.
Dixo el Duque: Muy bien se ha tratado de la honra, y mal se trata
d’ella cuanto más va, y en cosa que tanto importa calzar se debrian
con este zapatero y armarse de tal caballero, pues se puede decir por
ellos: Quien las sabe las tañe, y no como algunos, que primero las
tañen que las saben. Decidme, pues, qué os parece de una condicion
descuidada.
Respondió el bachiller Molina: Señor, á esa condicion la nombran cuerpo
de buen tiempo; yo puse por nombre á un nuestro caballero castellano
don Pedro Melacha, por ser tan descuidado y dulzacho, que más cuidado
tenía de hacer perros de caza que de sus hijos, que por haberlos mal
criado, todos murieron á mala muerte; y por la gran culpa que tuvo, un
dia le aparecieron como á galgos en una caza, y á bocados le mataron
diciendo que venian por él para llevarle al infierno, adonde los habia
hecho ir. Todas las repúblicas que están perdidas es por ser perdidos
sus caballeros, que debrian los padres d’ellos apartarlos de sí
en la primera edad para que se hiciesen hombres por casas de reyes
y señores; que la propria tierra ni la cara del padre nunca hacen
perfecto hombre al hijo; y así, porque no desasosegasen á su tierra
ni á los suyos, solian los romanos echar fuera de Roma á los mancebos
en la edad desasosegada de quince hasta veinte años, ó en la guerra,
ó para saber letras por casas ajenas, porque volviesen más hombres
para regir y conservar su tierra. Y si por necesidad algun romano
pedia á los senadores que le dejasen su hijo, habia de entrar fianza
por las innocencias d’él para pagar cualquier pena que le fuese dada
por justicia; y si no tenía posibilidad el padre, á costa del público
tesoro criaban á su hijo para que no se perdiese, y así quedaban
hombres bien mandados para saber mandar. Hay una costumbre mala, que
se nombra gasta criados, y es que los señores no debrian tomar criado
ni vasallo de otro, y si esto se usase, ninguno se despidiria si no
hallase quien los recogiese, y sería gran bien, pues no habria gasta
buenos, sino adoba malos.
_D._ Nos pot dir per vos aquel cantar que diu: Que no puede ser, señor
bachiller, que no puede ser, puix noy falta algun don Pedro Melacha que
de fats á molts fan tornar orats, que tot home fa lo galan enfastijan,
y la mor es de natura que fa parer be la oradura com he llegit en uns
tercetes de don Luis Milá, que en los darrers versos diu: Ved amor en
qué nos trae, y haga parescer bien la locura.
Don Luis Milan tomó una vihuela, qu’esta señora le dió para que cantase
este diálogo de amores, que es razonamiento de un galan y una dama en
los presentes