La perramor es esta perra mia,
Que pena fué, pues me mordió rabiando,
N’os enojeis si os voy acomparando
Al animal que más veros querria.
Es muy leal á aquel que dél se fia,
Es todo amor á quien lo está halagando,
No es ella ansí, mas siempre va ladrando
Para morder lo que sanar debria.
Curar debeis la llaga que me hecistes
Con piedad que damas hermosea,
Que, vivo yo, mejor seréis servida.
No seais vos lo que no sois ni fuistes,
Que puesto que sois de hermosura dea,
Lo que no es Dios no sea mata vida.
Dixo Joan Fernandez: Con otro cuento muy mejor respondo á don Diego
Apodador; y es éste, que los dos nos hallamos en una vesita de damas en
casa de mi hermana doña Marquesa, y él vendió este soneto por suyo, y
díxolo para decir perra á una que servia de las que estaban allí, y su
dama le dixo: Don Diego Perramor, ¿de quién andais servidor? Respondió
por él un otra dama, que él se lo rogó: De sí mismo se enamora, que
Perramor es su señora. Dixo otra: Y cuán perro es el señor que
mordiendo va d’amor. Y vos os fuistes, un pañizuelo rasgando, como
perro rabiando.
Dixo don Luis Milan: Pues Joan Fernandez se ha vengado, oyan si querrán
oir otro