Al pié d’un monte cerca de una fuente,
En un bell prado muy verde y florido,
Pasciendo estaba su triste sentido,
Cogiendo flores un pastor doliente.
De mal d’amores era su accidente,
Que sospiraba nombrando Cupido;
Yo sospirando d’él fuí conoscido,
Que amor dó reina descubre su gente.
Y platicando de nuestros amores,
Cada cual dixo que fué su venida;
Él iba en busca de sana-dolores,
Qu’es una hierba que d’amor olvida;
Yo la que nombran acuerda amadores,
Que cualquier calza segun su medida.
D’un árbol d’amor yo vi que colgaba
Una guirnalda de muy lindas flores,
Muchas pastoras y muchos pastores
Se la ensayaban y á nadi encajaba.
Y en la cabeza que muy bien entraba,
Era dichosa y amada en amores;
L’árbol nombraban manzano d’amores,
Y era malsano de quien no sanaba.
L’amor me mandó que yo me probase,
Dixo riendo que d’él no temiese,
Con grande temor probé esta aventura.
Y ántes fué seca que yo la ensayase,
Porque esperanza ninguna tuviese,
Qu’el engañoso jamas asegura.