Á todo el mundo doy de mí descargo
Del bien que os quiero y mal que me quereis;
Ya veis, señora, lo que vos haceis,
Que de mi muerte tengais tanto cargo.
Dirán de vos que fuistes matadora,
Y vos diréis que yo mismo me he muerto,
Dirá el amor en tal caso lo cierto,
Qu’en vos estaba ser remediadora.
Sé que diréis que no pudo haber medio
Entre mi mal y vuestra gran bondad,
Todos dirán que en vuestra piedad
Estaba el bien de todo mi remedio;
Que siendo siempre tanto valerosa,
La piedad en vos no’s es viciosa.
Pensando en vos un no sé qué me enoja;
Sélo sentir y no dar á entender
Es un amargo en medio del placer
Qu’el mundo da por lo que se le antoja.
Muy gran mal es y cuento mucho largo,
Ser esto en todo tan naturalmente,
Que piense en vos muy mucho dulcemente,
Y un no sé qué lo vuelva todo amargo.
Soy como aquel que muestra ser mortal,
Que su accidente da señal de muerte,
Si no mudais de mal en bien mi suerte,
Dadme por muerto deste grave mal.
Y es lacidente ser desconfiado,
Señal de muerte en cualquier estado.