Hermosa maya, llena de mil flores
Y extrañas hierbas, de propiedades
Sanais con ellas mil enfermedades,
Que de miraros sanan amadores.
Y á mí no sanan, d’estos mis dolores,
Que hierbas fueron vuestras crueldades,
Que entosicaron nuestras voluntades,
La vuestra y mia para desamores.
La vuestra hicieron de ponzoña llena,
Que emponzoñada voluntad se muestra,
La mia siento desto entosicada.
Y aunque está siempre para amaros buena,
Va muy doliente, por no verse vuestra,
Qu’el rostro muestra voluntad dañada.
Joan Fernandez sospiró, y su mujer le dixo: Vos me par que sou lo que
anava venent sospirs per Valencia.
Y él respondió:
Yo no los vendí,
Mas ellos me vendieron
Cuando’s vi.
Díxole ella: ¿Y per que os han venut? ¿Per que yous compri mercat pera
mal marit?
Dixo él: No por eso, sino porque habia de mercar brava mujer para
sospirar. Que pensando que fuérades una maya, sois una desmaya, que
siempre desmayo de vuestra mala condicion, que hierbas son. Que al
médico moro fuí que me sanase, y para sanar me hizo estar en su casa
ocho dias, acostado en una cama llena de hierbas de montaña, y algunas
dellas pinchaban, que me hacian dar voces, y el moro decia: ¿Sufris
hierbas en vuestra casa para matar, y no sufrireis para sanar? Yo
diciendo no sufriré, y él que sí, yo que no, salvéme dél como de
vuestra merced haciendo el puerco espin.
Dixo su mujer: Don Luis Milan llanzau de aci aquest porch espi, ó feulo
callar á mots, que sols vos lo embozau, quant los dos vos motejau.