Y halláronse todos al Real á la hora que tenian concertado de ir, y
dixo don Luis Milan: Sepan vuestra alteza y su excelencia que yo vengo
esta noche para hacer un descargo del cargo que tenía, de dar la cena
que me mandaron de lengua y manos, de tañer y cantar, y á la postre
daré por confituras la aventura del monte Parnaso, donde fuí probado y
puesto en muy gran peligro, por la residencia que me tomaron; y porque
no se me enojen los que esperan la música, quiero tomarme la licencia
para darla, que para no dar pesar licencia se puede tomar.
Y denme la vihuela que me han traido, y cantaré con esta primera obra
las obras que las damas suelen hacer. Y es una carta, que para ganar,
si á cartas jugára, el resto del amor ganára; y dice así:
Carta mia, pues que vas
En pasos de tanta gloria,
Si no son en mi memoria,
No te acuerdes de mi más;
No vuelvas de tal manera,
Que me hagas más mortal
De lo que yo ántes era,
Porque no seas mensajera
De mi bien para mi mal.
Y en llegar delante aquella,
Do mi voluntad te envia,
Para conocer si es ella,
Conocerás que no es mia;
Y despues de conoscida,
Para que quiera leerte,
Di que sólo fué tu ida
A mostralle con mi vida
Un traslado de mi muerte.
Preséntale mi corazon,
Donde siempre se verá
Quien bien retratada está,
Segun es su condicion;
Muy perfeta al natural
El amor la retrató,
Pues le soy en todo tal
Para sufrir tanto mal,
Cuanto yo contento estó.
Lévale mi entendimiento,
Porque vea en lo que entiendo,
Que velando ni durmiendo,
No le busco descontento;
Basta lo que le he buscado,
Aunque no soy de culpar,
Que si estoy enamorado,
Téngame por desculpado,
Pues es para enamorar.
Mi memoria le presenta
Por espejo que se vea,
Como está en mí su idea
Muy hermosa y mal contenta;
Es tan grande su hermosura,
Que aunque no me quiera ver,
Contemplando su figura,
Todo gusto de tristura
Se me convierte en placer.
Muéstrale mi voluntad
Cuanto está llena de fe,
Aunque sabe que yo sé
Que no duda la verdad;
La verdad trastrueca y muda,
Nómbrame desamador,
Que para mostrarse cruda,
Pone la verdad en duda,
No dudando de mi amor.
Preséntale mi sentido,
Si es á su contentamiento,
Cuando tengo sentimiento
De verme su aborrecido;
Que si yo no me sentia
De ser d’ella despreciado,
Tan mal le pareceria,
Por lo que no sentiria
Como por demasiado.
Mi pensamiento doliente
De pensar en su dolencia,
Le pornás en su presencia,
Si le terná por presente;
Dile que dentro de mí
Tan presente siempre está,
Que el tiempo que no está en si,
Tanto yo la tengo aquí,
Cuanto no me tiene allá.
Muéstrale mi gran sufrir,
Aunque tú lo mostrarás,
Cuando por mí te verás
Estos tormentos sentir;
Luégo te dará un tormento,
Que es muy recio de pasar,
Tal que en decillo lo siento,
Y es el descontentamiento,
Que ella me suele mostrar.
Y tras este tan cruel,
Luégo un otro te dará,
Que nunca te mirará
Por no mirar mi papel;
Otro tormento de fuego
Te dará mucho peor,
Y será darte gran fuego,
Que te vayas luégo, luégo,
Por ser yo su servidor.
Y por cuanto has de hacer
No seas desacatada,
Sino, tú serás rasgada,
Y rompido mi placer;
Y si vieres sentimiento
De alguna voluntad,
Di con mucho acatamiento,
Ved qué tal es su tormento,
Que vos le tengais piedad.
Bien sé luégo que dirá:
¿Quién te puso en tal locura,
De ponerte en aventura
Por quien ventura no ha?
Di, que piedad de ver
Un dolor de verme tal,
Que podria merescer
Que holgase de leer
Una letra de mi mal.
Dile más, cómo me dejas
Esperando tu venida,
Entre la muerte y la vida,
Dando de mi vida quejas;
Y que son de calidad
Las quejas de mi pasion,
Que pueden poner piedad
A la mesma crueldad,
Ántes que á su corazon.
Y si algo se le antoja
En decille que es cruel,
Dile que lo dice aquel
A quien ya el vivir enoja;
Y á quien ya su mal le tiene
Tal, que dice el que no sabe:
Pues que sabes dó me viene,
Trabaja que más no pene,
Ó que mi pena m’acabe.