Continuando desde Santa María por una calle de miserables casas, que

conduce hacia lo más elevado de la fortaleza, llegamos al indicado

Convento. Su capilla mayor no fué nunca parte de una mezquita, sino una

sala árabe con alhamíes y arcos parecidos á los del Tribunal; pero en

uno de sus cuatro lados abrieron un arco más grande para ponerla en

comunicación con la nave de la Iglesia, cuyo rompimiento es una curva

rebajada con decoración procedente de los arabescos del Palacio. Aunque

damos el crédito que se merece á los notables escritores Padres Gonzaga

y Sigüenza, cuando aseguran que este convento fué una mezquita, nosotros

creemos que estaría la dicha Aljama cerca de él, ó en porción de sus

muros; pero que la mencionada sala árabe, á juzgar por su estructura, no

pudo ser parte de la mezquita citada. Operarios moriscos, á las órdenes

de Fray Fernando de Talavera, arreglaron el edificio árabe antes de su

reconstrucción en el siglo XVIII, y el citado fraile pidió y obtuvo de

los Reyes Católicos la cesión del edificio, año de 1493, para establecer

la primera congregación en Granada.

Hemos hallado en algunos muros interiores de las crujías del convento y

bajo las costras de yeso, preciosos arabescos con sus colores antiguos,

y además alicatados de mosáicos tan bellos como los mejores que se han

visto del género musulmán. A los estanques cuyos restos se observan en

la huerta del Convento se les da todavía el nombre de baños de los

Infantes, y pueden verse los cimientos de construcciones árabes que

había enlazadas con este edificio.

Cuando hacia el año de 1530 se hicieron las obras primeras del patio de

Lindaraja y se colocaron las columnas árabes de mármol blanco, que hay

en él, se trasladaron muchos materiales del citado convento y mezquita á

dicho patio, así como al inmediato de los cipreses, y ellos sirvieron

para levantar parte de estas obras cambiando el aspecto de los jardines

y ocultando la torre del Peinador.

En la Iglesia estuvieron depositados los cadáveres de los Reyes

Católicos, hasta que se trasladaron á la Capilla Real. También sirvió de

sepultura á la familia del marqués de Mondéjar.

Fray José de Cañizares copió y tradujo las inscripciones que halló en

todo el edificio, año 1690, y se ocupó de las piedras escritas que se

han perdido; después Iranzo asegura (1759) que las vió y estuvieron en

su poder las copias. De cualquier modo, las crónicas árabes cuentan que

en este sitio fueron enterrados cinco emires, entre ellos el fundador

Alhamar, en una caja de plata, y no sabemos si se referirían á esto las

inscripciones halladas por Cañizares. Ello es que cuando se instaló el

Convento, el edificio era morisco y fué hundiéndose poco á poco,

aplicándose sus vestigios al palacio árabe; que en su Iglesia se

enterraron los primeros Alcaides ó Capitanes Generales, y muchos

personajes que combatieron la rebelión, y que su próxima ruina augura

descubrimientos importantes. Hoy se está hundiendo, y se ha hecho una

ligera reparación para conservar la parte arabesca, lo cual será

insuficiente si no se acude con otros medios.

Torres de la Cautiva, de las Infantas, de los Picos, del Mihráb,

Casa del Príncipe ó de las Damas, y la del Marqués de Mondéjar.

La de la Cautiva es una preciosa habitación del más puro y delicado

ornamento prodigado con un lujo extraordinario y brillante. Hemos

seguido en el año 1876 la restauración que en ella empezamos el 73, y

aunque sin terminarla, hemos conseguido que pueda visitarse y verse en

su estrecho recinto una verdadera maravilla de aspecto y buen gusto.

¡Con qué hermosura se hallan distribuídos sus atauriques y engalanadas

sus puertas! Su pequeño recinto nada le quita á lo esplendente de la

elegante vestidura, y en ella se ansía poseer tan bella estancia para

nuestras horas de contemplación. ¡Qué lástima encontrar sus artesonados,

puertas y vestíbulo destruídos el año de 1810 por los soldados de la

invasión francesa!

No tiene más que un pequeño ingreso, un patio con cuatro pilares muy

reducido, dejando un cenador con alhamíes y alacenas decoradas de

bellísimos ornatos, y un arco en el centro que da paso á la sala

cuadrada, con los tres nichos ó ajimeces restaurados. Sus inscripciones

se refieren á Abul Hachach Yusuf III de la dinastía de los ben Nasr, y

con efecto, parece su arquitectura de esa época[59].

Le han dado el nombre de Torre de la Cautiva porque fué la prisión de

Doña Isabel de Solís, donde la visitaba el monarca moro; y en el romance

suponen, que para librarse de las seducciones amorosas de aquél, se

descolgó desde la ventana que está á la derecha, por cuyo ajimez habían

entrado los cristianos para asesinar al rey moro y vengarla del

cautiverio[60].

Son especialmente delicados los ornatos de la sala cuadrada, y conservan

parte de los brillantes colores y oro con que estaban iluminados. Los

azulejos son más variados en el color que los de la _Casa Real_. Tiene

multitud de inscripciones entre las que se leen las suras 112 y 113 con

esta especie de profesión de fe que los mahometanos oponen al Misterio

de la Trinidad: «Dios es único, eterno, ni engendró ni fué engendrado,

ni tiene semejante alguno...»

En metro kamil y alrededor de la inscripción en la anterior faja dice:

«Es una torre defensiva[61] que se presenta á nuestra vista, y que

contiene en su interior un alcázar[62] resplandeciente como la luz de

una hoguera.

»En ella hay obras primorosas, sobre cuyo origen se disputa (_por no

saberse_) si proceden de una sola, única en su género, ó de una sola

pareja.

»Hay labores de azulejos en sus paredes y en su pavimento[63] que

parecen labores de brocado...

»... Cuando aparece en ella el nombre de nuestro Señor Abul Hachach.

»Poseedor de la grandeza, de la bravura y de la generosidad: auxilio del

que implora, benéfica lluvia del que espera.

»De la familia de Saad, de los ben Nasr, de los que ayudaron y dieron

hospitalidad al Señor de la escala[64].

»La bendición de Dios sea sobre él; salud y paz».

En cada ángulo, alrededor de la inscripción cúfica, hay un verso

semejante al anterior, que constituye parte del poema.

Nos ceñimos á publicar aquí otra de las cuatro, que describe algo de la

parte artistica:

«Esta obra ha venido á engalanar la Alhambra.

»Es una morada para los pacíficos y para los guerreros.

»Una torre defensiva que tiene en su centro un alcázar. Dirás al verla:

es una fortaleza y á la vez una mansión de alegría.

»Es un alcázar en el cual el esplendor se halla repartido entre su

techo, su suelo y sus cuatro lados.

»En el estuco y en los azulejos hay preciosas obras; pero las labradas

maderas de su techo aún son más elegantes.

»Fueron reunidas y después de su unión son más á propósito para la

victoria que tiene en ella el más elevado lugar.

»Ha reunido obras poéticas en que hay paronomasias, trasposiciones... y

juegos de palabras.

»Se nos manifiesta sin prodigios en el rostro de Yusuf que es donde

todas las hermosuras han alcanzado el mayor grado de perfección.

»De Jazrell procede su gloria más eminente, sus altos hechos en pro de

la religión...»

Lo demás está ininteligible por mutilaciones, y no continuamos porque se

repiten muchas ideas de las ya publicadas; sólo apuntaremos que

alrededor de la ventana del frente dice:

»Gloria á Abul Walid Ismail, el mártir santo, objeto de la misericordia

divina, etc.» Se refiere á Ismail I, el que fué asesinado por su primo

Mohamad, Señor de Algeciras, en 1325.

[Illustration: Interior de la Torre de las Infantas.]

Torre de las Infantas.

Damos la preferencia á esta Torre, por tener mejor distribución, más

elegancia en su aspecto central, adornos colocados con más sencillez, y

la pureza toda que distingue al género clásico en la manifestación del

arte. Los que han querido estudiar á fondo las obras árabes no han

olvidado ésta. Obsérvase que hay en ella todas las comodidades que exije

la vida oriental: un zaguán con techo de bóvedas de arista, muy raro;

la entrada á un costado para que no se descubra desde fuera el interior

del edificio; nichos á manera de alacenas para centinelas de eunucos ó

esclavos; pequeño cuarto del guardia; ingreso y sala principal con

fuente en el centro, desde la cual, á derecha, izquierda y frente se

pasa por hermosos arcos lobulados, á las alcobas de los divanes

perfectamente abrigadas y cómodas: en el segundo piso, otras estancias

para las mujeres, más reservadas todavía, y en la azotea ó terrado,

bellísimo paisaje de donde se descubre principalmente á Generalife y los

enormes muros de argamasa que sostienen los jardines en forma de

mesetas.

Un ligero croquis de planta y alzado que publicamos, conservará la

memoria de este monumento.

[Illustration: Planta de la Torre de las Infantas.]

A principios de este siglo se le hundió el techo de lacerías geométricas

que tenía, así como las ocho ventanitas por las cuales recibía la luz.

Había en el segundo cuerpo cuatro ajimeces de los cuales se conservan

los dos más grandes y los claros de los pequeños. ¡Qué ornato tan bien

repartido: cartelas, tableros de agramil, fajas y frisos del mejor

gusto; los arcos lobulados con su intrados sencillo y elegante! Falta la

ventana de dos arcos del extremo del eje central, el pavimento y muchos

mosáicos.

Esta sala, como la anterior, la tenemos incluída en el plan general de

restauraciones que nos mandó hacer el Gobierno, para llevarlo á efecto

tan pronto como se concluya la obra del Palacio árabe. Es, sin duda, uno

de los monumentos que hay en Granada más dignos de conservarse porque se

presta á ser reproducido, y servir con ligeras modificaciones á las

comodidades de la vida moderna.

La más importante inscripción que posee, es una que dice:

«Gloria á nuestro Señor el Sultán Abu Abdi-lah Almostagni bil-lah».

Torre de los Picos.

Es una construcción defensiva que guarda la Puerta de Hierro. En su

interior tiene tres cuerpos y una hermosa tarbea cruzada por dos arcos

apuntados que forman su techumbre. El exterior conserva detalles de los

que han sido despojadas las demás torres de la Alhambra. Los Picos, que

le dan nombre hoy, son las almenas que había en todo el recinto de la

fortaleza. Sus ventanas de piedra son del puro estilo árabe. La puerta y

las torres que la defienden hacen un conjunto misterioso y fantástico

donde se ha inspirado la pluma de Washington Irving para describirnos á

aquel poderoso y rico judío Almamen, que se deslizaba durante la noche

por este sombrío lugar, para ir en busca de los medios de venganza que

premeditaba contra el seductor de su hija.

Más allá se ven unas bóvedas casi llenas de escombros que fueron las

caballerizas del conde de Tendilla, y antes, el alojamiento de un cuerpo

de caballería africana que guardaba la entrada.

Hemos descubierto últimamente en esta torre que las dos curvas ojivales

que se cruzan en la tarbea, son modernas, que tiene arcos vestidos de

arabescos, y pinturas en los paramentos y bóvedas cubiertas por el yeso

y el humo.

Mihráb y Casa de Astasio de Bracamonte.

Entrando luego en un estrecho callejón, hay un pequeño huerto donde se

conserva una preciosa mezquita de bello y hermoso decorado; pero que ha

tenido la desgracia de haber sido pintada tan mal y tan groseramente,

que ha perdido esa encantadora delicadeza proverbial del arte

mahometano. La ornamentación que la han colocado exteriormente es

también falsa, pero en cambio de estas reparaciones lamentables, el

lector puede gozar lo bien compuesto de este estrecho recinto y su

elegante techo de lazos y ensambladura. ¡Cuán hermoso sería con sus

perdidas filigranas de rojo, azul y oro, y el arco del _alquibla_ ó

santuario que está en el centro del frente principal hoy manchado

torpemente!

Mihráb... como se decía por los árabes y también por los cristianos en

su aljamía, era el lugar _habitado por el espíritu de Dios_ ó de la

oración recomendada por el Profeta; y se nota aquí, que vueltos hacia

Oriente miraban el testero donde se guardaban los libros santos. La

casita, también restaurada impropiamente, que hay unida á él, no tiene

más que las habitaciones precisas para el santón, y hoy han colocado en

una de ellas con el buen propósito de conservarla, la inscripción

completa que había sobre la Puerta de la Casa de la Moneda, la cual tuvo

el sano gusto de comprarla el propietario de esta finca, así como los

dos grandes leones de piedra de Elvira que había en el mismo

edificio[65], colocados á las dos cabeceras de un estanque abierto en el

centro del Patio. Estas esculturas parecen hechas por artífices asirios;

tal es el aspecto que tienen semejante al de los leones alados de los

templos de Nínive. Sus melenas de rayas simétricas, sus colas como el

tallo de un arbusto, los pliegues uniformes de sus cabezas y el carácter

arquitectural de sus patas y garras, les dan la fantástica concepción de

aquellas extrañas figuras de la antigüedad babilónica. Bien merecen ser

guardadas en un museo para que no puedan desaparecer fácilmente.

Han colocado en el exterior de la mezquita varios escudos y un letrero

que dice: «Fué esta la morada de Astasio de Bracamonte, escudero del

conde de Tendilla.» Con efecto, este primer Alcaide de la Alhambra vivió

en el palacio inmediato, cuyos cimientos apenas hoy se distinguen en la

Huerta de enfrente.

Casa del Marqués de Mondéjar.

Enfrente se ven ruínas de murallas árabes repartidas de modo, que dejan

entrever la traza de un edificio con estanques, subterráneos, cimientos

y todo lo que puede indicar la existencia de un palacio de alta

importancia. ¿Pudiera ser la casa del wacir Muza, personaje fantástico

que se celebró en los romances[66], por no haberse querido rendir á los

conquistadores? Después de tres siglos se oyen éstas y otras

tradiciones interesantes, y el nombrado poeta americano dice que salió

aquél de su casa por la Puerta de Hierro seguido de veinte jinetes, y

pasando Fajalauza tomó el camino por el cual no había de volver jamás.

Sea de esto lo que quiera, nosotros sabemos ciertamente que en 1796 se

vendieron los últimos restos artísticos de este palacio, entre los que

había columnas, fuentes y losas de mármol.

Torre del Príncipe.

Sobre la muralla y más al Norte se halla esta almunia que pertenece hoy

á un particular, y á la cual se han dado diversos nombres, como Baño de

Damas y Casa de las Odaliscas, hasta que hemos leído en Ben-Alkatif que

fué el palacio que construyó Ismael para la sultana Olva, cuyo dato es

el más verídico.

Su construcción y embellecimiento es del mejor gusto morisco. Todo el

jardín que tiene delante lo ocupaba una hermosa alberca, cuyos cimientos

se conservan todavía. La casa ha sido tan reparada y cambiada en su

estructura, que apenas hoy puede señalarse con exactitud la primitiva

forma y dimensiones. Parece, sin embargo, que era un vestíbulo, cuyo

techo se ve hoy en la antesala del piso segundo, largo y estrecho, del

cual se pasaba á una sala cuadrada de mucha altura, dividida ahora por

un suelo para conseguir de ella dos habitaciones. Sus mosáicos y

arabescos han sido cubiertos de una espesa capa de pintura al aceite, de

color grosero y caprichosamente repartido; nótase, sin embargo, bastante

belleza en la antigua decoracion, en el artesonado de madera y en otros

accesorios que fueron bárbaramente estropeados. Esta casa pertenecía, no

hace todavía cincuenta años, al Real Patrimonio, y fué vendida por una

corta suma, inferior á su verdadero valor arqueológico.

Lo más notable de ella es la torre ó mirador que está revestido de los

adornos más preciosos, delicados y menudos de toda la Alhambra, los

cuales se conservan regularmente y los recomendamos como la mejor

muestra del trabajo arabesco. Alternan en ellos las letras cúficas y

africanas con motes y versos que están incompletos, entre los que se lee

un pequeño poema, como todos lleno de fantasía.

[Illustration: Puerta de los Siete Suelos.]

A la derecha de este edificio hay un grupo de casas miserables, que

pertenecieron á Don Alvaro de Luna y pasaron al dominio de la

Corona[67]. En lo antiguo eran dependencias de los alcázares, y como

tales, se ocuparon por moriscos en tiempos del primer conde de Tendilla.

Después, en el Partal[68] propiamente dicho, sólo hay ruínas de casas

moriscas que no tienen enlace con el palacio, porque los muros se

cierran aquí completamente; y todo el espacio ocupado por las huertas

inmediatas conserva ruínas de edificios, entre los que se hallaría el

que Ismael dedicó á su mujer predilecta Zeineb, cuyas rivalidades con

Jadicha obligaron á este príncipe á construirle una casa, separada de la

que le había regalado el sultán su hermano.

Torre de la Vela.

En el plano se verá la distribución de todas las torres, cuyo número era

de treinta y siete antes que los franceses, en 1810, destruyeran las que

están en ruína; las restantes conservan nombres de tradición ó de

circunstancias modernas que les han impuesto sus modificaciones. Son las

más antiguas las de la Alcazaba, en cuyos fundamentos se construyeron y

ensancharon las que hoy existen, las dos torres principales tituladas

del Homenaje, construídas antes de la Judiciaria, y la de la Vela,

llamada de Giafar, que ya tenía una campana en tiempos árabes, según

contaban los moriscos de la insurrección, diciendo que su sonido les

preludiaba grandes desastres. Parece que los Reyes Católicos mandaron

colocar una campana en ella para señalar las horas de recogimiento

durante la noche, á lo cual podemos añadir que en 1569 se hizo una para

esta torre por un tal Juan Vélez, que fundió los argollones del palacio

del emperador, y que en 1595 se vació otra con el metal de la anterior,

hasta que por último, en 1773 se hizo la que hoy existe para anunciar á

los labradores de las cercanías las horas de los riegos. Esta torre fué

el verdadero vigía de los árabes, y en ella se tremoló por primera vez

el pendón castellano el 2 de Enero de 1492 á las tres de la tarde, cuya

ceremonia se repitió luego durante mucho tiempo en el mismo sitio.

En esta Alcazaba cabían perfectamente 1.500 guardias bajo las bóvedas de

sus adarves y torres, incluyendo el cuartel que hay cerca de la torre

avanzada del lado Norte, por cuya caserna se introducían los cañones que

mandó colocar en la plaza más baja el conde de Tendilla. Los adarves del

lado Sur fueron completamente restaurados en 1529.

Hay en este elevado sitio dos puntos de vista más que encantadores,

sublimes, desde los cuales parece como que se pretende abarcar todo

aquel territorio que dominaron los nazaritas durante dos siglos y medio.

De él no se distinguen, en verdad, sus confines dilatados hasta

Algeciras y el Cabo de Levante, pero sí se descubren los lugares que

cantaron los poetas, campos de heroismo y de caballerosidad. Una

naturaleza pródiga de vegetación y sorprendente por sus elevadas

cumbres, da al recuerdo de aquellas escenas de valor un cuadro tan

espléndido, como no podrían imaginar mejor los poetas olímpicos. Desde

el jardín de los adarves, y mejor todavía desde la empinada torre que lo

corona, se ve la inmensa mole de una montaña que domina las mas grandes

alturas de los Pirineos y se baña en las saladas aguas del mar por un

lado y en las húmedas colinas y valles del otro. La pintoresca vega que

dió nombre á Garcilaso se extiende á sus pies, y contemplan este

admirable grupo las más bajas montañas que en forma de anfiteatro asoman

sus cabezas en armonioso orden y concierto, como á presenciar las

angustiosas batallas de las últimas conquistas. Cien pueblos con

millares de caseríos se destacan como blancos antílopes pastando en las

praderas del Genil y del Dauro, y los rojos baluartes fabricados con

afanoso cuidado en aquellos días de encarnizada lucha para guardar los

tesoros del harem, revelan los misterios de una época gloriosa á

vencedores y á vencidos, tan simpática y bella como el asombroso paisaje

que se contempla en contorno de la mágica Alcazaba. Suspirando y

meditabundo como iba Boabdil camino del Andaráx, se retira siempre el

viajero de este sitio renombrado y mil veces famoso.

Torres Bermejas.

En la cerca de murallas que desciende flanqueada de macizas torres desde

los adarves á la puerta de las Granadas, y de aquí sube hasta el otro

lado del frondoso valle, se ve un grupo de baluartes imponentes que

domina todo el centro de la antigua población, cuya fortaleza es el

castillo citado. Se dice que fué construído sobre antiguos cimientos

romanos para someter á los mozárabes que poblaban el barrio de San

Cecilio; pero nosotros no hemos hallado en su construcción otro dato que

el estar sus muros hechos en dos épocas muy distintas, ambas árabes, la

primera correspondiente á los restos que hemos citado del pie de la

torre de la Vela, propios del siglo VIII, y en tiempo de Cárlos V

experimentó la última importante restauración.

Se añade tradicionalmente que en la época del primer Alhamar se

reedificaron, aumentándolas con los pabellones que conservan todavía;

siendo la antigüedad de estas torres del tiempo de la invasión agarena

en España, porque antes del 913, cuando al Waliato de Illiberis lo

dominaban diversos capitanes sin señorío alguno[69], ocurrió, según las

crónicas, el año de la egira respectivo al 889, que se encerraron en las

Torres Bermejas los damasquinos y las tropas del kalifa capitaneadas

por el renegado Nahil, y aquí fueron cercadas por los habitantes de la

comarca, armados de flechas, lanzas y hondas. Sitiadas las tropas

recibían en las puntas de las flechas que pasaban por lo alto de las

murallas del castillo rojo, versos que decían:

«Las casas de nuestros enemigos están desmanteladas é inundadas, y sus

techumbres arrancadas por los vientos del otoño. ¿Qué nos importa que

celebren sus pérfidos conciliábulos en las Torres Rojas? La perdición

les seguirá por doquier.»

En las mismas luchas contra la dominación, poco tiempo después, en 990,

Solimán Ben Said, caudillo y poeta que fué encargado en algunas

ocasiones de la defensa del fuerte, les hablaba de este modo:

«¿Sois, hijos de Meruan, cual nosotros para la retirada? Vuestros

caballos, que están trabados en los combates, parecen gamos cuando

huyen; os jactáis de ser los luceros que alumbran el valle del Genil...

Abandonad los cármenes deleitosos y los alcázares dorados, que

pertenecen con más derecho á los valientes». Cuyo texto nos induce á

creer que por este tiempo había una población en Granada que poseía

alcázares diferentes de los de la Alhambra, situados en este lado de la

población, y que habitaban más antiguas razas.

Antes, y en tiempos de Abderrahmán I, fundador del Kalifato de Córdoba,

se dieron dos asaltos á las Torres Bermejas y se tomaron por el

_Schevani_, que era Wali de Elvira, por cuya victoria fué nombrado

aposentador de la fortaleza. A este capitán y Wacir se atribuye por

algunos autores la fundación de la Alcazaba Cadima, es decir, que

viviendo en Illiberis y siendo gobernador de la Kora, á que se daba

aquel nombre, se construyó la Alcazaba antigua, datos que vienen á

ilustrar la cuestión del origen de Granada, ó á lo menos de lo que los

árabes encontraron en esta localidad; asunto muy controvertido en

nuestros tiempos.

Las torres tienen un hermoso aljibe, cuadras subterráneas para cuarenta

caballos, y habitaciones para dos centenas de soldados. Es uno de los

castillos que se conservan íntegros, y construído según el arte militar

de su época. Damos la planta en el plano general de la Alhambra, y

recordamos con este motivo que el pintor Pedro Raxis hizo de él un

modelo en 1599, para enviarlo al rey que quiso conocer las tan afamadas

Torres Bermejas[70].

Por último, la fábrica de este fuerte es anterior á muchas obras de la

Alhambra que parecen de la misma época. La formación de su argamasa, las

aristas de sus piedras en lechos, la forma de arcos y techumbres, nos

indican ese período que ya hemos distinguido en la Alcazaba, anterior al

establecimiento de los nazaritas; y la fabricación y cimento de cal y

grava que Plinio atribuye á los fenicios y romanos, no es la clase que

aquí se encuentra, como puede observarse comparando los restos de

murallas antiguas hechas por moriscos desde el siglo XI en adelante.

Puerta de los Siete Suelos.

Estudio descriptivo de los monumentos árabes de Granada, Sevilla y Córdoba ó sea La Alhambra, el Alcázar y la Gran Mezquita de Occidente · 第 11 / 25 段