D. TELL. No fué su mujer, señor.

REY. Basta que lo quiso ser.

Y ¿no está su padre aquí,

Que ante mí se ha querellado?

D. TELL. Mi justa muerte ha llegado.

A Dios y al Rey ofendí.

_Sale_ ELVIRA, _sueltos los cabellos_.

ELVIRA. Luego que tu nombre

Oyeron mis quejas,

Castellano Alfonso,

Que a España gobiernas,

Salí de la cárcel

Donde estaba presa,

A pedir justicia

A tu Real clemencia.

Hija soy de Nuño

De Aibar, cuyas prendas

Son bien conocidas

Por toda esta tierra.

Amor me tenía

Sancho de Roelas;

Súpolo mi padre,

Casarnos intenta.

Sancho, que servía

A Tello de Neira,

Para hacer la boda

Le pidió licencia;

Vino con su hermana,

Los padrinos eran;

Vióme y codicióme,

La traición concierta.

Difiere la boda,

Y viene a mi puerta

Con hombres armados

Y máscaras negras.

Llevóme a su casa,

Donde con promesas

Derribar pretende

Mi casta firmeza;

Y desde su casa

A un bosque me lleva,

Cerca de una quinta,

Un cuarto de legua;

Allí, donde sólo

La arboleda espesa,

Que al sol no dejaba

Que testigo fuera,

Escuchar podía

Mis tristes endechas.

Digan mis cabellos,

Pues saben las yerbas

Que dejé en sus hojas

Infinitas hebras,

Qué defensas hice

Contra sus ofensas;

Y mis ojos digan

Qué lágrimas tiernas,

Que a un duro peñasco

Ablanda pudieran.

Viviré llorando,

Pues no es bien que tenga

Contento ni gusto

Quien sin honra queda.

Sólo soy dichosa

En que pedir pueda

Al mejor alcalde

Que gobierna y reina,

Justicia y piedad

De maldad tan fiera.

Esta pido, Alfonso,

A tus pies, que besan

Mis humildes labios,

Ansí libres vean

Descendientes tuyos

Las partes sujetas

De los fieros moros

Con felice guerra:

Que si no te alaba

Mi turbada lengua,

Famas hay y historias

Que la harán eterna.

REY. Pésame de llegar tarde:

Llegar a tiempo quisiera,

Que pudiera remediar

De Sancho y Nuño las quejas;

Pero puedo hacer justicia

Cortándole la cabeza

A Tello: venga el verdugo.

FELIC. Señor, tu Real clemencia

Tenga piedad de mi hermano.

REY. Cuando esta causa no hubiera,

El desprecio de mi carta,

Mi firma, mi propia letra,

¿No era bastante delito?

Hoy veré yo tu soberbia,

Don Tello, puesta a mis pies.

D. TELL. Cuando hubiera mayor pena,

Invictísimo señor,

Que la muerte que me espera,

Confieso que la merezco.

Comedias: El remedio en la desdicha; El mejor alcalde, el rey · 第 86 / 89 题