FELIC. ¿Cómo es posible libralla
De un hombre fuera de sí?
_Vanse._
_Salen_ CELIO _y_ JULIO _tras_ SANCHO _y_ NUÑO.
JULIO. Ansí pagan los villanos
Tan grandes atrevimientos.
CELIO. ¡Salgan fuera de palacio!
LOS DOS. ¡Salgan!
_Vanse._
SANCHO. Matadme, escuderos.
¡No tuviera yo una espada!
NUÑO. Hijo, mira que sospecho,
Que este hombre te ha de matar,
Atrevido y descompuesto.
SANCHO. Pues ¿será bueno vivir?
NUÑO. Mucho se alcanza viviendo.
SANCHO. Vive Dios, de no quitarme[139]
De los umbrales que veo,
Aunque me maten; que vida
Sin Elvira no la quiero.
NUÑO. Vive, y pedirás justicia;
Que rey tienen estos reinos,
O en grado de apelación
La podrás pedir al cielo.
_Sale_ PELAYO.
PELAYO. Aquí están.
SANCHO. ¿Quién es?
PELAYO. Pelayo,
Todo lleno de contento,
Que os viene a pedir albricias.
SANCHO. ¿Cómo albricias a este tiempo?
PELAYO. Albricias, digo.
SANCHO. ¿De qué,
Pelayo, cuando estoy muerto,
Y Nuño espirando?
PELAYO. ¡Albricias!
NUÑO. ¿No conoces a este necio?
PELAYO. Elvira pareció ya.
SANCHO. ¡Ay, padre! ¿Si la habrán vuelto?
¿Qué dices, Pelayo mío?
PELAYO. Señor, dice todo el puebro
Que desde anoche a las doce
Está en casa de don Tello.
SANCHO. ¡Maldito seas! Amén.
PELAYO. Y que tienen por muy cierto
Que no la quiere volver.
NUÑO. Hijo, vamos al remedio:
El rey de Castilla, Alfonso,
Por sus valerosos hechos,
Reside agora en León;
Pues es recto y justiciero,[140]
Parte allá y informarásle
Deste agravio; que sospecho
Que nos ha de hacer justicia.
SANCHO. ¡Ay, Nuño! Tengo por cierto
Que el rey de Castilla, Alfonso,
Es un príncipe perfeto;
Mas ¿por dónde quieres que éntre
Un labrador tan grosero?
¿Qué corredor de palacio
Osará mi atrevimiento
Pisar? ¿Qué portero, Nuño,
Permitirá que éntre dentro?
Allí, a la tela, al brocado,
Al grave acompañamiento
Abren las puertas, si tienen
Razón, que yo lo confieso;
Pero a la probreza, Nuño,
Sólo dejan los porteros
Que miren las puertas y armas,
Y esto ha de ser desde lejos.
Iré a León y entraré
En Palacio, y verás luego
Cómo imprimen en mis hombros
De las cuchillas los cuentos.
Pues andar con memoriales
Que tome el Rey ¡santo y bueno!
Haz cuenta que de sus manos
En el olvido cayeron.
Volveréme habiendo visto
Las damas y caballeros,
La iglesia, el palacio, el parque,
Los edificios, y pienso
Que traeré de allá mal gusto
Para vivir entre tejos,
Robles y encinas, adonde
Canta el ave y ladra el perro.
No, Nuño, no aciertas bien.
NUÑO. Sancho, yo sé bien si acierto.
Vé a hablar al rey Alfonso;
Que si aquí te quedas, pienso
Que te han de quitar la vida.
SANCHO. Pues eso, Nuño, deseo.
NUÑO. Yo tengo un rocín castaño,
Que apostará con el viento
Sus crines contra sus alas,
Sus clavos contra su freno;
Parte en él y irá Pelayo
En aquel pequeño overo
Que suele llevar al campo.
SANCHO. Por tu gusto te obedezco.
Pelayo, ¿irás tú conmigo
A la corte?
PELAYO. Y tan contento
De ver lo que nunca he visto,
Sancho, que los pies te beso.
Dícenme acá de la corte
Que con huevos y torreznos
Empiedran todas las calles
Y tratan los forasteros
Como si fueran de Italia,
De Flandes o de Marruecos.[141]
Dicen que es una talega
Donde junta los trebejos[142]
Para jugar la fortuna,
Tantos blancos como negros.
Vamos, por Dios, a la corte.[143]
SANCHO. Padre, adiós; partirme quiero.
Echame tu bendición.
NUÑO. Hijo, pues eres discreto,
Habla con ánimo al Rey.
SANCHO. Tú sabrás mi atrevimiento.
Partamos.
NUÑO. ¡Adiós, mi Sancho!
SANCHO. ¡Adiós, Elvira!
PELAYO. ¡Adiós, puercos!
_Vanse y salen_ TELLO _y_ FELICIANA.
D. TELL. ¡Que no pueda conquistar
Desta mujer la belleza!
FELIC. Tello, no hay que porfiar,
Porque es tanta su tristeza
Que no deja de llorar.
Si en esa torre la tienes,
¿Es posible que no vienes
A considerar mejor
Que, aunque te tuviera amor,
Te había de dar desdenes?
Si la tratas con crueldad,
¿Cómo ha de quererte bien?
Advierte que es necedad
Tratar con rigor a quien
Se llega a pedir piedad.
D. TELL. ¡Que sea tan desgraciado
Que me vea despreciado,
Siendo aquí el más poderoso,
El más rico y dadivoso!
FELIC. No te dé tanto cuidado,
Ni estés por una villana
Tan perdido.
D. TELL. ¡Ay, Feliciana,
Que no sabes qué es amor,
Ni has probado su rigor!
FELIC. Ten paciencia hasta mañana,
Que yo la tengo de hablar,
A ver si puedo ablandar
Esta mujer.
D. TELL. Considera
Que no es mujer, sino fiera,
Pues me hace tanto penar.
Prométela plata y oro,
Joyas y cuanto quisieres;
Di que la daré un tesoro;
Que a dádivas las mujeres
Suelen guardar más decoro;
Di que la regalaré,
Y dile que la daré
Un vestido tan galán,
Que gaste el oro a Milán
Desde su cabello al pie;
Que si remedia mi mal
La daré hacienda y ganado,
Y que si fuera mi igual
Que ya me hubiera casado.[144]
FELIC. ¿Posible es que diga tal?
D. TELL. Sí, hermana, que estoy de suerte,
Que me tengo de dar muerte
O la tengo de gozar,
Y de una vez acabar
Con dolor tan grave y fuerte.
FELIC. Voy a hablarla, aunque es en vano.