NARV. Dame otro a mí
Y hazme el overo ensillar.
[_Vanse._]
_Salen_ JARIFA _y_ ABINDARRÁEZ; CELINDO, BAJAMED,
ZARO, _músicos_.
JARIFA. Toda la casa se huelga
De mi bien y tu contento
Porque de sólo tu aliento
Saben que mi vida cuelga.
No te escondas de ninguno.
Llegad, besadle los pies.
BAJAM. Quien señor de todo es,
¿Por qué se teme de alguno?
Con nosotros te has criado,
Bencerraje; ¿qué has temido?
¿O acaso estás encogido,
Como recién desposado?
ZARO. Aunque el Alcaide tenemos
Por legítimo señor,
De tu crianza el amor
Y obligación conocemos.
Quien te tuvo por su hermano,
No será dificultoso
Que te tenga por su esposo.
JARIFA. Da, esposo, a todos la mano.
ABIND. Los brazos les daré. Aquí
Podréis estar a placer,
Viendo esta fuente correr.
JARIFA. En otra te di yo un sí,
En otra dueño te hice
Deste bien que hoy se confirma;
Aquí se rompió la firma
Y la deuda satisfice.
Viendo estas rosas y flores,
Estos árboles y fuentes,
Tengo, Abindarráez, presentes
Nuestros pasados amores.
Parece que aquí te veo
Enamorado y turbado,
En mis respetos helado
Y abrasado en tu deseo;
Y salir llenas de amor,
Del alma tierna encendida,
Cada palabra vestida
De diferente color.
¿Es posible que te ven
Mis brazos cerca de sí?
¿Que puedo llegarte a mí
Y regalarte también?
Amor mío, no me olvides,
Que harás la cosa más fiera
Que en hombre humano cupiera,
Si tu ser al suyo mides;
Que no debe de ser hombre:
En quien tantas gracias hay...
ABIND. ¡Ay!
JARIFA. ¿Qué dices, mi bien?
ABIND. ¡Ay!
JARIFA. Bien merece de ángel nombre.
Celindo, Bajamed, Zaro,
¿No he sido yo muy dichosa
En ser de tal hombre esposa?
CELIND. Que es muy noble está muy claro,
Y que fué elección discreta;
Pero él también es dichoso
En ser dueño y ser esposo
De una mujer tan perfeta.
Y puesto que humilde estás,
Acá os juzgamos tan buenos,
Que si él no merece menos,
No hallara en la tierra más.
Sentaos, y canten los dos
Mientras el almuerzo llega.
JARIFA. O esto es verdad, o estoy ciega.
Más, mi bien, merecéis vos.
¿No es esto verdad?
ABIND. ¡Ay, triste!
JARIFA. Canta, amiga.
ZARO. ¿Qué diré?
JARIFA. ¿Qué extremo es ése? ¿Qué fué?
CELIND. Di aquella que ayer dijiste.
JARIFA. Cualquiera podréis decir.
Mandadlos, señor, sentar.
ABIND. Sentaos.
JARIFA. ¡Tanto suspirar!
ABIND. ¡Ay que estoy para morir!
_Canten._
Crióse el Abindarráez
En Cartama con Jarifa,
Mozo ilustre, abencerraje
En méritos y desdichas.
JARIFA. ¡Dichosa el alma mía
Que dió tan dulce fin a su porfía!
_Canten._
Pensaba que eran hermanos,
En este engaño vivían,
Y ansí, dentro de las almas
El fuego encubierto ardía.
JARIFA. ¡Dichosa el alma mía
Que dió tan dulce fin a su porfía!
_Canten._
Pero llegó el desengaño
Con el curso de los días,
Y ansí, el amor halló luego
Las almas apercebidas.
ABIND. ¡Triste del alma mía
Que dió tan triste fin a su porfía!
_Canten._
Quisiéronse tiernamente,
Hasta que, llegado el día
En que pudieron gozarse,
Dieron sus penas envidia.
ABIND. ¡Triste del alma mía
Que dió tan triste fin a su porfía!
JARIFA. No cantéis más. Bien está.
Bien os podéis todos ir.
CELIND. Algo le quiere decir.
JARIFA. Salíos todos allá.
BAJAM. Todo se lo quiere a solas.
ZARO. No toma el ser novia mal.
_Vanse los tres_, ZARO, BAJAMED _y_ CELINDO.
ABIND. Del mar en que voy mortal
Hasta morir llegan olas.
JARIFA. Ingrato, esquivo, cruel,
Y el más villano del suelo,
¿Cuál hombre ha criado el cielo
Que puedan fiarse dél?
¿Piensas que no entiendo más
Que declaran tus suspiros?
Pues bien veo que son tiros
Que al alma asestando estás.
Con ellos y con los ojos
Dices más que con la lengua,
Para que trague mi mengua
Poco a poco tus enojos.
¿Quieres matar con sangría
O dasme el veneno a tragos?
Los hombres dais tales pagos.
¡Ay de la que en hombres fía!
¿Qué suspiras, di, traidor?
O ¿de qué estás triste, injusto,
Después que ofrecí a tu gusto,
Tras la vergüenza, el honor?
¿Qué es lo que en tal coyuntura
Te da pena y soledad?
¿Mi mucha facilidad
O mi poca hermosura?
¿No has hallado ahora en mí
Lo que ausente imaginabas?
O ¿en las penas que pasabas
Fué poco el bien que te di?
Mas los maridos sois ríos
Que, en allegando a la mar
De la noche del gozar,
Perdéis del curso los bríos.
¿Tan fea soy, engañador?
¿Tan poco te he regalado?
Debes de estar enseñado
A otra experiencia mayor.
Si amartelado venías,[77]
¿No era remedio bastante
Una mujer ignorante
Que para mujer querías?
Yo no supe más amores
Que los que a tu boca oí:
Si sabes más, más me di;
Y si mayores, mayores;
Que esa en quien es bien que quepa
Tu alma, y que ansí la nombres,
Aprendidos de otros hombres,
No es mucho que muchos sepa. _Levántese._
Vete, pues, tirano injusto,
Con tu gusto y mi deshonra,
Que es mejor quedar sin honra
Que casada con disgusto.
Y yo me sabré matar.
ABIND. Detente, Jarifa mía,
Que si escucharte podía,
Fué querer tu amor probar.
Escucha, espera.
JARIFA. ¿Qué quieres?
ABIND. Que menos traidor me nombres,
Que jamás los nobles hombres
Se burlan de las mujeres.
Oye, espera, por tu vida;
No me hagas correr tras ti,
Que apenas me tengo en mí
De dolor de cierta herida.
No soy yo ingrato a tus obras,
Pues vengo a ser tu marido;
Ni el suspirar causa ha sido
De la sospecha que cobras.[78]
No fué tu poca hermosura
O mucha facilidad,
Que eres ángel en beldad
Y reina en la compostura.
Ni te imaginó mi amor
Más perfeta en mí pintada;
Que antes, después de gozada,
Me has parecido mayor.
Ni soy río en la corriente
Que en la mar he de parar;
Que es mi amor el mayor mar,
Y ansí es bien que el tuyo aumente.
Ni he venido amartelado,
Que Dios sabe que tú has sido
Quien de aquesta boca ha oído
Amores que te he enseñado.
Alegra el rostro y escucha,
Volviendo a tu gracia el alma,
Que está ya la vida en calma.
JARIFA. Y dime, ¿la herida es mucha?
¿Dónde la tienes? A ver.
¿Quién te hirió? ¿Cómo?
ABIND. Mi esposa,
No es herida peligrosa.
JARIFA. Todo lo quiero saber.
¡Ay de mí, que no era en vano
El quejarte y suspirar
Toda la noche!
ABIND. Has de estar
Atenta.
JARIFA. Di, esposo, hermano.
ABIND. ¿Tu hermano soy todavía?
JARIFA. Fuése la lengua, perdona.
ABIND. El trato antiguo la abona.
Escucha, Jarifa mía:
Llegó a Cartama Celindo
Con tu carta, cuando estaba
El sol inclinado al Sur,
Pardo y triste, y no sin causa.
Leíla, beséla, y dile
Albricias de mi esperanza,
Que se perdió en el ausencia
Después de llena de canas.
Vestíme, hermosa señora,
Colores, plumas y galas;
Que un alegre pensamiento
Con todas tres se declara.
Bajé a nuestra huerta antigua
Y despedíme en voz alta
De los árboles y flores,
De las fuentes y las aguas;
Diles mil abrazos tiernos,
Y ellos también se inclinaban
A darme para ti muchos,
Que aun tienen alma las plantas.
Puse al estribo las mías[79]
Sin el arzón, y a la casa
Le dije volviendo el rostro:
Piedras, Jarifa me aguarda.
No sé si me respondieron;
Pero sentí que sonaban
Por largo trecho las fuentes:
O era envidia, o tu alabanza.
Esta, por todo el camino,
Jornada, aunque breve, larga,
Iban alternando a veces[80]
Entre la lengua y el alma,
Cuando de unos robles verdes,
Entre pálidas retamas,
Oigo relinchos y voces,
Y alzo la lanza y la adarga;
Pero al punto estoy en medio
De cinco lanzas cristianas;
Mas sin soberbia te digo
Que eran pocas otras tantas;
Y quizá porque eran pocas,
Trajo luego mi desgracia
Otras tantas de refresco,
Y una, la mejor de España.
Este fué el Alcaide fuerte,
Si sabes su nombre y fama,[81]
Que es de Alora y Antequera,
Y estaba puesto en celada.
Apartó sus caballeros,
Desafióme a batalla,
Como caballero fuerte,
Cuerpo a cuerpo en la campaña.
Como era fuerza, acetéle,
Y ansí, con la luna clara,
Comenzamos nuestra guerra,
Jugando las fuertes lanzas;
Y pues al fin me venció,
No me alabo; decir basta
Que tenía tres heridas,
En brazo, muslo y espaldas.
No me las dieron huyendo;
Pero quien con diez batalla,
También sospecho que tiene
En las espaldas la cara.
Don Rodrigo de Narváez,
Que así el Alcaide se llama,
Me prendió y llevaba a Alora,
De sus diez hombres en guarda,
Cuando, viendo mi tristeza,
Si le contaba la causa,
Me prometió dar remedio;
Y ansí, fué justo contarla.[82]
Hizo el cristiano conmigo
Esta gentileza estraña
Con sólo mi juramento,
Porque le di la palabra
Que dentro el día tercero
Volvería a Alora sin falta
A ser su preso y cautivo.
Mira si es justo quebrarla,
Y mira, mi bien, si debo
Llorar mi suerte contraria,
Pues le he de llevar el cuerpo
De quien tú tienes el alma.
JARIFA. No es justo que a hombre tan noble
La palabra le rompáis,
Sino que antes la cumpláis
Con satisfación al doble.
Cuando os quisierais quedar,
No os lo consintiera yo;
Que a quien tan bien procedió
No se le puede engañar.
Gran valor mostró el cristiano,
Obligó vuestro valor:
No han hecho hazaña mayor
César ni Alejandro Mano.[83]
De la herida vuestra y mía
Paciencia habré menester,
Pues es forzoso volver
Dentro del tercero día.
Pero perdonadme vos
Si con esto os importuno;
Que si prometistes uno,
Es fuerza que le deis dos.
Yo, que soy vuestra cautiva,
Tengo de ir con su cautivo;
Porque si en vos, mi bien, vivo,
No es justo que sin vos viva.
Tracemos partir a Alora
Antes que mi padre venga.
ABIND. ¿Quién hay, Jarifa, que tenga
Tal esposa y tal señora?
No muestras menos valor
En ir con tu Abindarráez
Que entonces mostró Narváez,
Y aun creo que éste es mayor.
Dame esas manos hermosas
Por la merced que me haces,
Que ansí por mí satisfaces
Obligaciones forzosas.
Conozco tu heroico nombre[84]
Y entendimiento en querer
Enseñarme, aunque mujer,
Lo más que debo a ser hombre.
Pues es forzoso ir a Alora
Y quieres acompañarme,
Hasta allá no he de curarme
Si no lo mandas, señora.
Prevengamos la partida
Para que el día tercero
Cumpla a tan buen caballero
La palabra prometida;
Que yo fío dél que allí
De nuestro remedio trate.
JARIFA. Y cuando no haya rescate
Yo daré el alma por ti.
[_Vanse._]
_Salen_ ARRÁEZ _y_ ALARA _con un cordel y una daga_.
ARR. Vuelve esas manos atrás,
Y confiésame de plano
Si te ha gozado el cristiano.
ALARA. Digo que hablado no más.
ARR. ¿De qué suerte?
ALARA. No me aprietes.
Y el traerme a tu heredad
Si fué para tal crueldad,
Bien cumples lo que prometes.
ARR. Con este engaño he querido
Quitarte la vida aquí.
Todo lo que pasa di,
Pues sabes que lo he sabido.
ALARA. Digo que siempre Narváez
Me ha tratado con desdén,
Aunque me ha querido bien,
Y ésta es la verdad, Arráez.
La razón deste despecho
No ha sido haberme olvidado,
Sino sentirse obligado
A la merced que te ha hecho;
Porque es de tanto valor...
ARR. No le alabes.
ALARA. Bien le alabo;
Que no quiere que a su esclavo
Falte por su causa honor.
ARR. ¿Qué te ha enviado?
ALARA. El papel[85]
Que tú escribiste.
ARR. Y ¿no más?
_Salen en hábito de moros_ NARVÁEZ _y_ NUÑO
_con_ ARDINO.
ARDIN. Dentro en su heredad estás,[86]
Y aun pienso que cerca dél.
NARV. Entre aquellos olivares
Desta huerta hablando están.
NUÑO. Nuestros caballos se oirán;
Bien es que aquí poco pares,
Porque los ate en la cerca.
Si hay yeguas en los establos
Relincharán como diablos
Si les da el viento de cerca.
Vuélvete, señor, a Alora,
Que hay grande peligro aquí.
NARV. Nuño, en mi vida te vi
Con miedo, si no es agora.
NUÑO. Señor, cuando solo vengo,
Jamás temo al enemigo;
Mas cuando vengo contigo
Miedo de perderte tengo.
NARV. Pues calla, que es desvarío;
Y pues el cielo te ha hecho
Sin poner miedo en tu pecho,
No le pongas en el mío.
Cuanto más, que no habrá aquí,
Siendo en el campo heredad,
Tanta gente.
ARDIN. Así es verdad.
NARV. Y algo valdré yo por mí.
Escuchemos lo que pasa.
ARR. No se escusa tu castigo,
O me dirás si Rodrigo
Ha entrado en mi propia casa.
NARV. De mí le pregunta. Escucha.
ALARA. Jamás le he visto en Coín.
NUÑO. El la da tormento, en fin.
Debe de ser de garrucha.
ARDIN. El la debe de matar.
ARR. Y tú, cuando a verme fuiste,
¿Qué hiciste con él, qué hiciste?
ALARA. No más de hablar.
ARR. ¿Sólo hablar?
¿Qué te dijo?
ALARA. Que si hubiera
Sabido que era mujer
Tuya, se dejara arder
Primero que me escribiera.
ARR. Mas, paso, di la verdad,
Perra, que te mataré.
ALARA. ¡Ay, que me matan!
NARV. ¿Podré,
Nuño, sufrir tal crueldad?
NUÑO. Aguarda.
ARR. Y ese villano,
Ese cobarde Rodrigo,
¿Podrá a tan justo castigo
Agora impedir mi mano?
Que si la ponía en ti,
Dijo que a Coín vendría
Y mi casa quemaría,
Y aun dijo que dentro a mí.
Por Alá que habló el villano
Tal, que me obliga a reír
De ver que entrar y salir
Le parezca que es tan llano.
¡Oh Rey, que por esto pasas!
¿Que digan cristianos quieres
Que forzarán las mujeres
Y pondrán fuego a las casas?
¿Quién dió a Narváez cuidados
De los casamientos? Di.
¿Por dicha es nuestro alfaquí,
Que compone los casados?
El habla entre su canalla;
Que aquí no sé si conmigo
Osara el perro enemigo
Cuerpo a cuerpo hacer batalla:
Que no hay una hormiga en él,
Ni en otros diez, para Arráez.
NARV. Aquí tienes a Narváez,
Moro villano y cruel.
Desnuda presto la espada.
ARR. ¡Ay de mí! Vendido soy.--
Señor, a tus pies estoy,
Y te la rindo envainada.
NARV. ¿Por qué tan humilde quieres
Ofender tus altos nombres?[87]
ARR. Porque todos somos hombres
Hablando con las mujeres.
Mal mi palabra cumplí.
Pues has visto lo que pasa,
Ves aquí, señor, mi casa:
Abrásame en ella a mí.
NUÑO. (_Fisgando._) "¿Quién dió a Narváez cuidados
De los casamientos? Di.
¿Por dicha es nuestro alfaquí,
Que compone los casados?
¿Osara el perro enemigo
Cuerpo a cuerpo hacer batalla?"
NARV. ¿Por qué Alara, Ardino, calla,
Y no viene a hablar conmigo?
ALARA. Porque sé que has de dejarme
Otra vez en el poder
Deste moro, y ha de ser
Ocasión para matarme.
NARV. No será; fiad de mí.
Tomemos nuestros caballos,
Que a Alora quiero llevallos.
NUÑO. Bien haces. Vamos de aquí.
ARR. ¡A qué punto, triste moro,
Te han traído injustos celos!
ALARA. ¡Ay, mi Alcaide de los cielos!
NARV. ¡Ay, Alara, que te adoro!
[_Vanse._]
_Salen_ ZORAIDE, CELINDO, BAJAMED _y_ ZARO.
ZORAID. ¿Qué es lo que dices, bárbaro enemigo?
CELIND. Córtame, gran Alcaide, la cabeza,
Si te parece que la culpa es mía.
ZORAID. ¿Adónde está Jarifa?
CELIND. No presumas
Que alguno de tu casa parte ha sido
Para tanta desdicha.
ZORAID. Dime luego
Quién la llevó y adónde está, Celindo,
O pasaréte aquese infame pecho.
CELIND. Señor, cuando a Granada te partiste,
Vino aquí de secreto Abindarráez,
Y se casó con ella.
ZORAID. ¡Ah santo cielo!
Cumplióse lo que yo siempre temía.
¿Que en fin el mal nacido abencerraje
Se casó con Jarifa? Pues di, perro,
¿Quién le dijo que no era hermano suyo?
CELIND. Dicen que ha mucho que ellos lo sabían,
Y que casados de secreto estaban.
ZORAID. ¿Dónde la tiene agora?
BAJAM. El miedo tuyo
Por ventura le esconde de tus ojos.
CELIND. No es miedo, Bajamed, que ha sido fuerza
Ir a Alora los dos, porque era preso
De su alcaide Narváez, y al tercer día
Juró volver si libertad le diese;
Y ella, como mujer, con él ha ido,
Ansí por no esperar tu justo enojo
Como por no dejar a su marido.
ZORAID. Ensíllame un caballo, ponle a punto;
Dame una lanza y una adarga fuerte;
Podrá ser que le alcance en el camino.
CELIND. Bien puede ser.
ZORAID. ¡Ah fiero bencerraje,
Deshonra de mi honor y mi linaje.
[_Vanse._]
_Salen_ NUÑO, ARRÁEZ, ALARA _y_ NARVÁEZ.
NARV. Ya que en Alora estáis, mi dulce Alara,
Pruebe vuestro cruel fiero marido
El gusto de escuchar estos requiebros
Pues no quiso sufrir celos injustos.
ALARA. Ya no es aquese nombre el propio suyo,
Que yo, señor, me he de volver cristiana.
ARR. Ni yo quiero tener el que he tenido;
Que quien tiene mujer que le da celos,
Mejor dirá que tiene sobre el pecho
Un águila que come sus entrañas,
Un monte grave y una eterna pena.
NARV. Si vos cristiana habéis de ser, señora,
Daréle libertad, y a Coín se vuelva.
Y vos podréis quedaros en Alora,
Donde no os faltará lo que perdistes.
ARR. Pues eso quiero; y si sufrir no pude
Mujer hermosa, viviré sin ella,
Y haré cuenta que es muerta; que bien puedo,
Pues si es cristiana, no es la que solía.
NARV. Primero que a Coín vuelvas, Arráez,
Le has de dar la mitad de tu hacienda
Para que viva aquí; si no, no creas
Que deste cautiverio libre escapes.
ARR. Y es poco lo que pides; yo me ofrezco
De darla con que viva, y es partido
A trueco de escapar de sus rigores.
NARV. Pues alto: en esto queden concertados.
_Sale_ PÁEZ.
PÁEZ. Dame, señor, albricias.
NARV. Buenas sean.
PÁEZ. Su palabra ha cumplido Abindarráez.
NARV. No menos esperé de su nobleza,
Que al fin acude a lo que debe en todo.
PÁEZ. Y trae su persona acompañada
De una bella morisca rebozada.
_Salen_ ABINDARRÁEZ _y_ JARIFA, _de camino_.
ABIND. Danos, ilustre Narváez,
Los pies a mí y a mi esposa.
NARV. Bien vengáis, Jarifa hermosa,
Y vos, noble Abindarráez.
ABIND. Bien merezco lauro y palma
De la merced que recibo,
Pues siendo el cuerpo el cautivo,
Te vengo a traer el alma.
JARIFA. Yo, famoso don Rodrigo,
Como a quien de tu valor
Cupo la parte mayor,
Tu nombre alabo y bendigo;
Y así, vengo a ser tu esclava.
NARV. Mi señora seréis vos.
Cuán justamente a los dos
El cielo a amar inclinaba,
Que sois en estremo iguales.
Y estad vos, Jarifa hermosa,
De Abindarráez quejosa,
Que dice de vos mil males.
Que aunque mucho me decía,
Hallo agora más en vos,
Y es grande engaño, por Dios.
JARIFA. ¡Qué estremada cortesía!
Antes, si él os engañó
Con deciros bien de mí,
Vengo a estar corrida aquí.
NARV. El que lo ha de ser soy yo;
Que si tal huésped creyera
Que mi pobre casa honrara,
De otra suerte la ensanchara
Para que mejor cupiera.
Pero si en la voluntad,
Como en la casa, se vive,
Esta el alma os apercibe
Y os da a vos su libertad.
Ya sois, señor bencerraje,
De Jarifa: andad con Dios.
ABIND. Ella y yo somos de vos
Con justo pleito homenaje.
JARIFA. Señor, no me desechéis,
Que quiero yo ser muy vuestra.
NARV. Sujeta el alma se os muestra
Para que vos la mandéis.
Y perdonad si no había
Preguntado cómo estáis.
JARIFA. Con la salud que me dais,
Dando vida a la que es mía.
NARV. ¿Cómo va de las heridas?
ABIND. Un poco las tengo hinchadas.
NARV. Aquí os serán bien curadas
De quien os diera mil vidas.
_Sale_ ZORAIDE _y su gente_.
ZORAID. Digo que tengo de entrar.
NARV. ¿Qué alboroto es ése?
ZORAID. ¡Afuera!
Si en tu casa no estuviera...
NARV. Vuelve la espada a envainar,
Y di quién eres.
ZORAID. Yo soy
El Alcaide de Coín.
NARV. Ya sé tu enojo, y en fin,
De por medio agora estoy.
Deja, famoso Zoraide,
Las armas, que esto ya es hecho.
ZORAID. Por ti las dejo, a despecho
De mi honor, famoso Alcaide.
No pudieran venir ellos
A otro sagrado mayor.
NARV. Si éstos son yerros de amor,
Ya viene el perdón con ellos.
Noble es el abencerraje,
Por tu hijo le has tenido;
Que le perdones te pido,
Pues es de honrado linaje.
ZORAID. ¿Cómo te puedo negar
Cosa que tan justa es?
NARV. Besa, Abindarráez, sus pies.
ABIND. Temblando habré de llegar.
Llegad, Jarifa, también.
ZORAID. Por mis hijos los recibo.
Mas quedaos con el cautivo.
NARV. Es de Jarifa.
ZORAID. ¿De quién?
NARV. A Jarifa se le di.
JARIFA. Yo, señor, le doy a vos.
NARV. Pues yo os entrego a los dos.
ZORAID. Yo a vos tres, dándome a mí;
Y os daré seis mil ducados
Por los tres.
NARV. Esos le doy
A Jarifa.
JARIFA. Vuestra soy.
NARV. Queden al dote obligados.
JARIFA. Dos arcas de ropa blanca
De mi mano os enviaré.
NARV. Esas solas tomaré,
Por ser de mano tan franca.
ZORAID. Su yerro juzgo por dicha.
NARV. Y yo haberos obligado.
Aquí acaba, gran senado,
_El remedio en la desdicha_.