NUÑO. Un jaco.[76]

NARV. Dame otro a mí

Y hazme el overo ensillar.

[_Vanse._]

_Salen_ JARIFA _y_ ABINDARRÁEZ; CELINDO, BAJAMED,

ZARO, _músicos_.

JARIFA. Toda la casa se huelga

De mi bien y tu contento

Porque de sólo tu aliento

Saben que mi vida cuelga.

No te escondas de ninguno.

Llegad, besadle los pies.

BAJAM. Quien señor de todo es,

¿Por qué se teme de alguno?

Con nosotros te has criado,

Bencerraje; ¿qué has temido?

¿O acaso estás encogido,

Como recién desposado?

ZARO. Aunque el Alcaide tenemos

Por legítimo señor,

De tu crianza el amor

Y obligación conocemos.

Quien te tuvo por su hermano,

No será dificultoso

Que te tenga por su esposo.

JARIFA. Da, esposo, a todos la mano.

ABIND. Los brazos les daré. Aquí

Podréis estar a placer,

Viendo esta fuente correr.

JARIFA. En otra te di yo un sí,

En otra dueño te hice

Deste bien que hoy se confirma;

Aquí se rompió la firma

Y la deuda satisfice.

Viendo estas rosas y flores,

Estos árboles y fuentes,

Tengo, Abindarráez, presentes

Nuestros pasados amores.

Parece que aquí te veo

Enamorado y turbado,

En mis respetos helado

Y abrasado en tu deseo;

Y salir llenas de amor,

Del alma tierna encendida,

Cada palabra vestida

De diferente color.

¿Es posible que te ven

Mis brazos cerca de sí?

¿Que puedo llegarte a mí

Y regalarte también?

Amor mío, no me olvides,

Que harás la cosa más fiera

Que en hombre humano cupiera,

Si tu ser al suyo mides;

Que no debe de ser hombre:

En quien tantas gracias hay...

ABIND. ¡Ay!

JARIFA. ¿Qué dices, mi bien?

ABIND. ¡Ay!

JARIFA. Bien merece de ángel nombre.

Celindo, Bajamed, Zaro,

¿No he sido yo muy dichosa

En ser de tal hombre esposa?

CELIND. Que es muy noble está muy claro,

Y que fué elección discreta;

Pero él también es dichoso

En ser dueño y ser esposo

De una mujer tan perfeta.

Y puesto que humilde estás,

Acá os juzgamos tan buenos,

Que si él no merece menos,

No hallara en la tierra más.

Sentaos, y canten los dos

Mientras el almuerzo llega.

JARIFA. O esto es verdad, o estoy ciega.

Más, mi bien, merecéis vos.

¿No es esto verdad?

ABIND. ¡Ay, triste!

JARIFA. Canta, amiga.

ZARO. ¿Qué diré?

JARIFA. ¿Qué extremo es ése? ¿Qué fué?

CELIND. Di aquella que ayer dijiste.

JARIFA. Cualquiera podréis decir.

Mandadlos, señor, sentar.

ABIND. Sentaos.

JARIFA. ¡Tanto suspirar!

ABIND. ¡Ay que estoy para morir!

_Canten._

Crióse el Abindarráez

En Cartama con Jarifa,

Mozo ilustre, abencerraje

En méritos y desdichas.

JARIFA. ¡Dichosa el alma mía

Que dió tan dulce fin a su porfía!

_Canten._

Pensaba que eran hermanos,

En este engaño vivían,

Y ansí, dentro de las almas

El fuego encubierto ardía.

JARIFA. ¡Dichosa el alma mía

Que dió tan dulce fin a su porfía!

_Canten._

Pero llegó el desengaño

Con el curso de los días,

Y ansí, el amor halló luego

Las almas apercebidas.

ABIND. ¡Triste del alma mía

Que dió tan triste fin a su porfía!

_Canten._

Quisiéronse tiernamente,

Hasta que, llegado el día

En que pudieron gozarse,

Dieron sus penas envidia.

ABIND. ¡Triste del alma mía

Que dió tan triste fin a su porfía!

JARIFA. No cantéis más. Bien está.

Bien os podéis todos ir.

CELIND. Algo le quiere decir.

JARIFA. Salíos todos allá.

BAJAM. Todo se lo quiere a solas.

ZARO. No toma el ser novia mal.

_Vanse los tres_, ZARO, BAJAMED _y_ CELINDO.

ABIND. Del mar en que voy mortal

Hasta morir llegan olas.

JARIFA. Ingrato, esquivo, cruel,

Y el más villano del suelo,

¿Cuál hombre ha criado el cielo

Que puedan fiarse dél?

¿Piensas que no entiendo más

Que declaran tus suspiros?

Pues bien veo que son tiros

Que al alma asestando estás.

Con ellos y con los ojos

Dices más que con la lengua,

Para que trague mi mengua

Poco a poco tus enojos.

¿Quieres matar con sangría

O dasme el veneno a tragos?

Los hombres dais tales pagos.

¡Ay de la que en hombres fía!

¿Qué suspiras, di, traidor?

O ¿de qué estás triste, injusto,

Después que ofrecí a tu gusto,

Tras la vergüenza, el honor?

¿Qué es lo que en tal coyuntura

Te da pena y soledad?

¿Mi mucha facilidad

O mi poca hermosura?

¿No has hallado ahora en mí

Lo que ausente imaginabas?

O ¿en las penas que pasabas

Fué poco el bien que te di?

Mas los maridos sois ríos

Que, en allegando a la mar

De la noche del gozar,

Perdéis del curso los bríos.

¿Tan fea soy, engañador?

¿Tan poco te he regalado?

Debes de estar enseñado

A otra experiencia mayor.

Si amartelado venías,[77]

¿No era remedio bastante

Una mujer ignorante

Que para mujer querías?

Yo no supe más amores

Que los que a tu boca oí:

Si sabes más, más me di;

Y si mayores, mayores;

Que esa en quien es bien que quepa

Tu alma, y que ansí la nombres,

Aprendidos de otros hombres,

No es mucho que muchos sepa. _Levántese._

Vete, pues, tirano injusto,

Con tu gusto y mi deshonra,

Que es mejor quedar sin honra

Que casada con disgusto.

Y yo me sabré matar.

ABIND. Detente, Jarifa mía,

Que si escucharte podía,

Fué querer tu amor probar.

Escucha, espera.

JARIFA. ¿Qué quieres?

ABIND. Que menos traidor me nombres,

Que jamás los nobles hombres

Se burlan de las mujeres.

Oye, espera, por tu vida;

No me hagas correr tras ti,

Que apenas me tengo en mí

De dolor de cierta herida.

No soy yo ingrato a tus obras,

Pues vengo a ser tu marido;

Ni el suspirar causa ha sido

De la sospecha que cobras.[78]

No fué tu poca hermosura

O mucha facilidad,

Que eres ángel en beldad

Y reina en la compostura.

Ni te imaginó mi amor

Más perfeta en mí pintada;

Que antes, después de gozada,

Me has parecido mayor.

Ni soy río en la corriente

Que en la mar he de parar;

Que es mi amor el mayor mar,

Y ansí es bien que el tuyo aumente.

Ni he venido amartelado,

Que Dios sabe que tú has sido

Quien de aquesta boca ha oído

Amores que te he enseñado.

Alegra el rostro y escucha,

Volviendo a tu gracia el alma,

Que está ya la vida en calma.

JARIFA. Y dime, ¿la herida es mucha?

¿Dónde la tienes? A ver.

¿Quién te hirió? ¿Cómo?

ABIND. Mi esposa,

No es herida peligrosa.

JARIFA. Todo lo quiero saber.

¡Ay de mí, que no era en vano

El quejarte y suspirar

Toda la noche!

ABIND. Has de estar

Atenta.

JARIFA. Di, esposo, hermano.

ABIND. ¿Tu hermano soy todavía?

JARIFA. Fuése la lengua, perdona.

ABIND. El trato antiguo la abona.

Escucha, Jarifa mía:

Llegó a Cartama Celindo

Con tu carta, cuando estaba

El sol inclinado al Sur,

Pardo y triste, y no sin causa.

Leíla, beséla, y dile

Albricias de mi esperanza,

Que se perdió en el ausencia

Después de llena de canas.

Vestíme, hermosa señora,

Colores, plumas y galas;

Que un alegre pensamiento

Con todas tres se declara.

Bajé a nuestra huerta antigua

Y despedíme en voz alta

De los árboles y flores,

De las fuentes y las aguas;

Diles mil abrazos tiernos,

Y ellos también se inclinaban

A darme para ti muchos,

Que aun tienen alma las plantas.

Puse al estribo las mías[79]

Sin el arzón, y a la casa

Le dije volviendo el rostro:

Piedras, Jarifa me aguarda.

No sé si me respondieron;

Pero sentí que sonaban

Por largo trecho las fuentes:

O era envidia, o tu alabanza.

Esta, por todo el camino,

Jornada, aunque breve, larga,

Iban alternando a veces[80]

Entre la lengua y el alma,

Cuando de unos robles verdes,

Entre pálidas retamas,

Oigo relinchos y voces,

Y alzo la lanza y la adarga;

Pero al punto estoy en medio

De cinco lanzas cristianas;

Mas sin soberbia te digo

Que eran pocas otras tantas;

Y quizá porque eran pocas,

Trajo luego mi desgracia

Otras tantas de refresco,

Y una, la mejor de España.

Este fué el Alcaide fuerte,

Si sabes su nombre y fama,[81]

Que es de Alora y Antequera,

Y estaba puesto en celada.

Apartó sus caballeros,

Desafióme a batalla,

Como caballero fuerte,

Cuerpo a cuerpo en la campaña.

Como era fuerza, acetéle,

Y ansí, con la luna clara,

Comenzamos nuestra guerra,

Jugando las fuertes lanzas;

Y pues al fin me venció,

No me alabo; decir basta

Que tenía tres heridas,

En brazo, muslo y espaldas.

No me las dieron huyendo;

Pero quien con diez batalla,

También sospecho que tiene

En las espaldas la cara.

Don Rodrigo de Narváez,

Que así el Alcaide se llama,

Me prendió y llevaba a Alora,

De sus diez hombres en guarda,

Cuando, viendo mi tristeza,

Si le contaba la causa,

Me prometió dar remedio;

Y ansí, fué justo contarla.[82]

Hizo el cristiano conmigo

Esta gentileza estraña

Con sólo mi juramento,

Porque le di la palabra

Que dentro el día tercero

Volvería a Alora sin falta

A ser su preso y cautivo.

Mira si es justo quebrarla,

Y mira, mi bien, si debo

Llorar mi suerte contraria,

Pues le he de llevar el cuerpo

De quien tú tienes el alma.

JARIFA. No es justo que a hombre tan noble

La palabra le rompáis,

Sino que antes la cumpláis

Con satisfación al doble.

Cuando os quisierais quedar,

No os lo consintiera yo;

Que a quien tan bien procedió

No se le puede engañar.

Gran valor mostró el cristiano,

Obligó vuestro valor:

No han hecho hazaña mayor

César ni Alejandro Mano.[83]

De la herida vuestra y mía

Paciencia habré menester,

Pues es forzoso volver

Dentro del tercero día.

Pero perdonadme vos

Si con esto os importuno;

Que si prometistes uno,

Es fuerza que le deis dos.

Yo, que soy vuestra cautiva,

Tengo de ir con su cautivo;

Porque si en vos, mi bien, vivo,

No es justo que sin vos viva.

Tracemos partir a Alora

Antes que mi padre venga.

ABIND. ¿Quién hay, Jarifa, que tenga

Tal esposa y tal señora?

No muestras menos valor

En ir con tu Abindarráez

Que entonces mostró Narváez,

Y aun creo que éste es mayor.

Dame esas manos hermosas

Por la merced que me haces,

Que ansí por mí satisfaces

Obligaciones forzosas.

Conozco tu heroico nombre[84]

Y entendimiento en querer

Enseñarme, aunque mujer,

Lo más que debo a ser hombre.

Pues es forzoso ir a Alora

Y quieres acompañarme,

Hasta allá no he de curarme

Si no lo mandas, señora.

Prevengamos la partida

Para que el día tercero

Cumpla a tan buen caballero

La palabra prometida;

Que yo fío dél que allí

De nuestro remedio trate.

JARIFA. Y cuando no haya rescate

Yo daré el alma por ti.

[_Vanse._]

_Salen_ ARRÁEZ _y_ ALARA _con un cordel y una daga_.

ARR. Vuelve esas manos atrás,

Y confiésame de plano

Si te ha gozado el cristiano.

ALARA. Digo que hablado no más.

ARR. ¿De qué suerte?

ALARA. No me aprietes.

Y el traerme a tu heredad

Si fué para tal crueldad,

Bien cumples lo que prometes.

ARR. Con este engaño he querido

Quitarte la vida aquí.

Todo lo que pasa di,

Pues sabes que lo he sabido.

ALARA. Digo que siempre Narváez

Me ha tratado con desdén,

Aunque me ha querido bien,

Y ésta es la verdad, Arráez.

La razón deste despecho

No ha sido haberme olvidado,

Sino sentirse obligado

A la merced que te ha hecho;

Porque es de tanto valor...

ARR. No le alabes.

ALARA. Bien le alabo;

Que no quiere que a su esclavo

Falte por su causa honor.

ARR. ¿Qué te ha enviado?

ALARA. El papel[85]

Que tú escribiste.

ARR. Y ¿no más?

_Salen en hábito de moros_ NARVÁEZ _y_ NUÑO

_con_ ARDINO.

ARDIN. Dentro en su heredad estás,[86]

Y aun pienso que cerca dél.

NARV. Entre aquellos olivares

Desta huerta hablando están.

NUÑO. Nuestros caballos se oirán;

Bien es que aquí poco pares,

Porque los ate en la cerca.

Si hay yeguas en los establos

Relincharán como diablos

Si les da el viento de cerca.

Vuélvete, señor, a Alora,

Que hay grande peligro aquí.

NARV. Nuño, en mi vida te vi

Con miedo, si no es agora.

NUÑO. Señor, cuando solo vengo,

Jamás temo al enemigo;

Mas cuando vengo contigo

Miedo de perderte tengo.

NARV. Pues calla, que es desvarío;

Y pues el cielo te ha hecho

Sin poner miedo en tu pecho,

No le pongas en el mío.

Cuanto más, que no habrá aquí,

Siendo en el campo heredad,

Tanta gente.

ARDIN. Así es verdad.

NARV. Y algo valdré yo por mí.

Escuchemos lo que pasa.

ARR. No se escusa tu castigo,

O me dirás si Rodrigo

Ha entrado en mi propia casa.

NARV. De mí le pregunta. Escucha.

ALARA. Jamás le he visto en Coín.

NUÑO. El la da tormento, en fin.

Debe de ser de garrucha.

ARDIN. El la debe de matar.

ARR. Y tú, cuando a verme fuiste,

¿Qué hiciste con él, qué hiciste?

ALARA. No más de hablar.

ARR. ¿Sólo hablar?

¿Qué te dijo?

ALARA. Que si hubiera

Sabido que era mujer

Tuya, se dejara arder

Primero que me escribiera.

ARR. Mas, paso, di la verdad,

Perra, que te mataré.

ALARA. ¡Ay, que me matan!

NARV. ¿Podré,

Nuño, sufrir tal crueldad?

NUÑO. Aguarda.

ARR. Y ese villano,

Ese cobarde Rodrigo,

¿Podrá a tan justo castigo

Agora impedir mi mano?

Que si la ponía en ti,

Dijo que a Coín vendría

Y mi casa quemaría,

Y aun dijo que dentro a mí.

Por Alá que habló el villano

Tal, que me obliga a reír

De ver que entrar y salir

Le parezca que es tan llano.

¡Oh Rey, que por esto pasas!

¿Que digan cristianos quieres

Que forzarán las mujeres

Y pondrán fuego a las casas?

¿Quién dió a Narváez cuidados

De los casamientos? Di.

¿Por dicha es nuestro alfaquí,

Que compone los casados?

El habla entre su canalla;

Que aquí no sé si conmigo

Osara el perro enemigo

Cuerpo a cuerpo hacer batalla:

Que no hay una hormiga en él,

Ni en otros diez, para Arráez.

NARV. Aquí tienes a Narváez,

Moro villano y cruel.

Desnuda presto la espada.

ARR. ¡Ay de mí! Vendido soy.--

Señor, a tus pies estoy,

Y te la rindo envainada.

NARV. ¿Por qué tan humilde quieres

Ofender tus altos nombres?[87]

ARR. Porque todos somos hombres

Hablando con las mujeres.

Mal mi palabra cumplí.

Pues has visto lo que pasa,

Ves aquí, señor, mi casa:

Abrásame en ella a mí.

NUÑO. (_Fisgando._) "¿Quién dió a Narváez cuidados

De los casamientos? Di.

¿Por dicha es nuestro alfaquí,

Que compone los casados?

¿Osara el perro enemigo

Cuerpo a cuerpo hacer batalla?"

NARV. ¿Por qué Alara, Ardino, calla,

Y no viene a hablar conmigo?

ALARA. Porque sé que has de dejarme

Otra vez en el poder

Deste moro, y ha de ser

Ocasión para matarme.

NARV. No será; fiad de mí.

Tomemos nuestros caballos,

Que a Alora quiero llevallos.

NUÑO. Bien haces. Vamos de aquí.

ARR. ¡A qué punto, triste moro,

Te han traído injustos celos!

ALARA. ¡Ay, mi Alcaide de los cielos!

NARV. ¡Ay, Alara, que te adoro!

[_Vanse._]

_Salen_ ZORAIDE, CELINDO, BAJAMED _y_ ZARO.

ZORAID. ¿Qué es lo que dices, bárbaro enemigo?

CELIND. Córtame, gran Alcaide, la cabeza,

Si te parece que la culpa es mía.

ZORAID. ¿Adónde está Jarifa?

CELIND. No presumas

Que alguno de tu casa parte ha sido

Para tanta desdicha.

ZORAID. Dime luego

Quién la llevó y adónde está, Celindo,

O pasaréte aquese infame pecho.

CELIND. Señor, cuando a Granada te partiste,

Vino aquí de secreto Abindarráez,

Y se casó con ella.

ZORAID. ¡Ah santo cielo!

Cumplióse lo que yo siempre temía.

¿Que en fin el mal nacido abencerraje

Se casó con Jarifa? Pues di, perro,

¿Quién le dijo que no era hermano suyo?

CELIND. Dicen que ha mucho que ellos lo sabían,

Y que casados de secreto estaban.

ZORAID. ¿Dónde la tiene agora?

BAJAM. El miedo tuyo

Por ventura le esconde de tus ojos.

CELIND. No es miedo, Bajamed, que ha sido fuerza

Ir a Alora los dos, porque era preso

De su alcaide Narváez, y al tercer día

Juró volver si libertad le diese;

Y ella, como mujer, con él ha ido,

Ansí por no esperar tu justo enojo

Como por no dejar a su marido.

ZORAID. Ensíllame un caballo, ponle a punto;

Dame una lanza y una adarga fuerte;

Podrá ser que le alcance en el camino.

CELIND. Bien puede ser.

ZORAID. ¡Ah fiero bencerraje,

Deshonra de mi honor y mi linaje.

[_Vanse._]

_Salen_ NUÑO, ARRÁEZ, ALARA _y_ NARVÁEZ.

NARV. Ya que en Alora estáis, mi dulce Alara,

Pruebe vuestro cruel fiero marido

El gusto de escuchar estos requiebros

Pues no quiso sufrir celos injustos.

ALARA. Ya no es aquese nombre el propio suyo,

Que yo, señor, me he de volver cristiana.

ARR. Ni yo quiero tener el que he tenido;

Que quien tiene mujer que le da celos,

Mejor dirá que tiene sobre el pecho

Un águila que come sus entrañas,

Un monte grave y una eterna pena.

NARV. Si vos cristiana habéis de ser, señora,

Daréle libertad, y a Coín se vuelva.

Y vos podréis quedaros en Alora,

Donde no os faltará lo que perdistes.

ARR. Pues eso quiero; y si sufrir no pude

Mujer hermosa, viviré sin ella,

Y haré cuenta que es muerta; que bien puedo,

Pues si es cristiana, no es la que solía.

NARV. Primero que a Coín vuelvas, Arráez,

Le has de dar la mitad de tu hacienda

Para que viva aquí; si no, no creas

Que deste cautiverio libre escapes.

ARR. Y es poco lo que pides; yo me ofrezco

De darla con que viva, y es partido

A trueco de escapar de sus rigores.

NARV. Pues alto: en esto queden concertados.

_Sale_ PÁEZ.

PÁEZ. Dame, señor, albricias.

NARV. Buenas sean.

PÁEZ. Su palabra ha cumplido Abindarráez.

NARV. No menos esperé de su nobleza,

Que al fin acude a lo que debe en todo.

PÁEZ. Y trae su persona acompañada

De una bella morisca rebozada.

_Salen_ ABINDARRÁEZ _y_ JARIFA, _de camino_.

ABIND. Danos, ilustre Narváez,

Los pies a mí y a mi esposa.

NARV. Bien vengáis, Jarifa hermosa,

Y vos, noble Abindarráez.

ABIND. Bien merezco lauro y palma

De la merced que recibo,

Pues siendo el cuerpo el cautivo,

Te vengo a traer el alma.

JARIFA. Yo, famoso don Rodrigo,

Como a quien de tu valor

Cupo la parte mayor,

Tu nombre alabo y bendigo;

Y así, vengo a ser tu esclava.

NARV. Mi señora seréis vos.

Cuán justamente a los dos

El cielo a amar inclinaba,

Que sois en estremo iguales.

Y estad vos, Jarifa hermosa,

De Abindarráez quejosa,

Que dice de vos mil males.

Que aunque mucho me decía,

Hallo agora más en vos,

Y es grande engaño, por Dios.

JARIFA. ¡Qué estremada cortesía!

Antes, si él os engañó

Con deciros bien de mí,

Vengo a estar corrida aquí.

NARV. El que lo ha de ser soy yo;

Que si tal huésped creyera

Que mi pobre casa honrara,

De otra suerte la ensanchara

Para que mejor cupiera.

Pero si en la voluntad,

Como en la casa, se vive,

Esta el alma os apercibe

Y os da a vos su libertad.

Ya sois, señor bencerraje,

De Jarifa: andad con Dios.

ABIND. Ella y yo somos de vos

Con justo pleito homenaje.

JARIFA. Señor, no me desechéis,

Que quiero yo ser muy vuestra.

NARV. Sujeta el alma se os muestra

Para que vos la mandéis.

Y perdonad si no había

Preguntado cómo estáis.

JARIFA. Con la salud que me dais,

Dando vida a la que es mía.

NARV. ¿Cómo va de las heridas?

ABIND. Un poco las tengo hinchadas.

NARV. Aquí os serán bien curadas

De quien os diera mil vidas.

_Sale_ ZORAIDE _y su gente_.

ZORAID. Digo que tengo de entrar.

NARV. ¿Qué alboroto es ése?

ZORAID. ¡Afuera!

Si en tu casa no estuviera...

NARV. Vuelve la espada a envainar,

Y di quién eres.

ZORAID. Yo soy

El Alcaide de Coín.

NARV. Ya sé tu enojo, y en fin,

De por medio agora estoy.

Deja, famoso Zoraide,

Las armas, que esto ya es hecho.

ZORAID. Por ti las dejo, a despecho

De mi honor, famoso Alcaide.

No pudieran venir ellos

A otro sagrado mayor.

NARV. Si éstos son yerros de amor,

Ya viene el perdón con ellos.

Noble es el abencerraje,

Por tu hijo le has tenido;

Que le perdones te pido,

Pues es de honrado linaje.

ZORAID. ¿Cómo te puedo negar

Cosa que tan justa es?

NARV. Besa, Abindarráez, sus pies.

ABIND. Temblando habré de llegar.

Llegad, Jarifa, también.

ZORAID. Por mis hijos los recibo.

Mas quedaos con el cautivo.

NARV. Es de Jarifa.

ZORAID. ¿De quién?

NARV. A Jarifa se le di.

JARIFA. Yo, señor, le doy a vos.

NARV. Pues yo os entrego a los dos.

ZORAID. Yo a vos tres, dándome a mí;

Y os daré seis mil ducados

Por los tres.

NARV. Esos le doy

A Jarifa.

JARIFA. Vuestra soy.

NARV. Queden al dote obligados.

JARIFA. Dos arcas de ropa blanca

De mi mano os enviaré.

NARV. Esas solas tomaré,

Por ser de mano tan franca.

ZORAID. Su yerro juzgo por dicha.

NARV. Y yo haberos obligado.

Aquí acaba, gran senado,

_El remedio en la desdicha_.

Comedias: El remedio en la desdicha; El mejor alcalde, el rey · 第 24 / 89 题