_Sale_ ABINDARRÁEZ.
ABIND. Agora que a mi bien no pone obstáculo
La fortuna cruel, y mis pies débiles
Los rayos de mi sol llevan por báculo,
Que el llanto enjugan de mis ojos flébiles,
Haciendo al alma verdadero oráculo,
Mis esperanzas, hasta agora estériles,
Tendrán, ya libres de otra fuerza bélica,
Fin en los brazos de mi esposa angélica.
Venció Narváez mi fortuna trágica
Y dióme libertad como magnánimo;
Que no hay en toda el Asia, Europa y Africa,
Caballero de tanta virtud y ánimo:
Y así, aunque herido, aquella dulce mágica
Que adoro como al sol, mi pusilánimo
Aliento, desmayado y melancólico,
Ha vuelto un Hétor o Alejandro argólico.
En mis desdichas, hasta agora infélices,
Si esto no es sueño, fábula y apólogo,
Remedio hallaron mis intentos félices
Y el corazón, de su ventura astrólogo.
Teneos un poco, luna y claras élices,
Que ya llego a Jarifa, que ya el prólogo
Le digo de mi historia y los capítulos
Con dulces besos y con tiernos títulos.
¡Que fuera Adonis bello o de Liríope[69]
El hijo que murió en el agua, viéndola,
O la lengua de Apolo y de Calíope
Tuviera para hablalla, respondiéndola!
Mas fuera a un alemán y a un negro etíope,
A un dulce ruiseñor y a una oropéndola,
Darles comparaciones verisímiles:
Mas basta ser en el amor tan símiles.
Aquí llega, Jarifa, vuestra víctima;
Abrid, que pasa ya la luna errática.
Seréis de mis heridas dulce píctima,
Sólo en oyendo vuestra dulce plática;
Seréis, señora, mi mujer legítima,
Que así en la orilla fresca y aromática
De aquella fuente fué nuestro propósito,
Y amor de nuestras almas el depósito.
Pena traigo, señora; mas repórtola
Con ver que llego a puerto salutífero.
Mi esperanza se alarga, pero acórtola
Con la grandeza de Narváez belífero.
Ya os casaréis, y ya, cual dulce tórtola
Que mató el lazo o cazador mortífero
Que el alto nido derribó del álamo,
Lleno de sangre dejaréis el tálamo.
_Salen_ JARIFA _y_ CELINDO.
JARIFA. ¿La voz, dices, de mi bien?
CELIND. Digo que le oí llamar.
ABIND. A Jarifa siento hablar
Y a Celindo oigo también.
Tiemblo, la sangre me acude
Al corazón. Buen testigo
Que no puede el enemigo
Hacer que el color me mude.
Desmayo dulce me acaba,
Siento aflojarse las fuerzas.
JARIFA. ¡Esposo!
ABIND. Si no me esfuerzas,
Para espirar casi estaba.
Cobre aliento el alma mía
En tus brazos, dulce esposa.
JARIFA. Ya estaba de ti quejosa,
Y más del temor del día;
Que como la noche fuera
De un siglo, un siglo esperara,
Sin que esperar me cansara,
Si esperara que te viera.
ABIND. ¡Ay, brazos hermosos míos!
¡Ay, puerto de mis tormentos!
Vida de mis pensamientos
Y de mis temores fríos;
Descanso de mi esperanza,
Fin de mis deseos cumplidos,
Centro de aquestos sentidos
Y cielo que el alma alcanza;
Gloria que esperé y temí,
Regalo que imaginé,
Premio de mi pena y fe,
Para quien sólo nací.
Hálleme agora la muerte,
Que esta noche me ha buscado.
JARIFA. ¡Ay, dueño de mi cuidado!
¿Posible es que vengo a verte?
¡Ay, mi bien!, mi dulce esposo,
Mi Abindarráez, mi señor,
Parte sola en quien mi amor
Ha dado al alma reposo;
Luz de mi alma y sentido,
Vida de mi entendimiento,
Consuelo en mi sufrimiento,
De mil celos oprimido;
Rey desta alma y desta casa,
Destos brazos gusto, y vida
Desta tu esclava rendida,
A quien justo amor abrasa,
¿Cómo vienes? ¿Vienes bueno?
ABIND. A tu servicio, y que fuera
Muerto, aquí vida tuviera,
Mi cielo hermoso y sereno.
JARIFA. ¿Cómo has pasado mi ausencia?
ABIND. Como sin ti, mi Jarifa;
Que es donde batalla y rifa
El seso con la paciencia.
No me han faltado recelos,
Miedos y desconfianzas.
JARIFA. ¿Miedos de qué?
ABIND. De mudanzas,
Hijas de olvidos y celos.
Pero volviéndome a ti
Todo quedaba seguro.
Tú, ¿estás buena?
JARIFA. Por ti juro,
Que es mucho jurar por ti,
Y por esos ojos míos
(Juramento que no sale
Sino a fiestas) que no iguale
El tuyo a mis desvaríos,
Porque he pensado que allá
Ya tenías otro gusto;
Que de tu tardanza el susto
Aun aquí durando está.
¿Cómo has tardado?
ABIND. No sé;
Que buena priesa he traido.
JARIFA. ¡Ay, que esposo tan querido,
En hora buena él lo fué!
Llegada es ya la ocasión
Que de aquestos brazos goces.
ABIND. ¿Es posible que conoces
Mi enamorada afición?
Sí conoces, pues la pagas.
JARIFA. Ya en efeto soy tu esposa.
ABIND. Quiere Alá, Jarifa hermosa,
Que así mi amor satisfagas.
CELIND. No estéis agora en razones;
Entra a dormir, bencerraje.
JARIFA. Mira si hay doncella o paje,
Celindo, en esos balcones.
CELIND. Todo está seguro. Ven,
No os amanezca en hablar.
ABIND. ¿Puedo entrar?
JARIFA. Puedes entrar.
ABIND. Voy, mi alma.
JARIFA. Entra, mi bien.
Echa, amigo, esa alcatifa.
ABIND. ¡Cuánto te debo, Narváez!
Por ti goza Abindarráez
De su querida Jarifa.
[_Vanse._]
_Sale_ NARVÁEZ, NUÑO, PÁEZ _y_ ALVARADO.
NARV. Descansen todos, que hoy a mediodía
Concertaremos si salir podremos;
Que este descuido llaman cobardía
Los viles fronterizos que tenemos.
Y aunque la presa desta noche es mía,
Ya sé que su rescate partiremos;
Y cuando me engañara Abindarráez,
Yo hice lo que debo a ser Narváez.
Ponga todo hombre la acerada silla
Entre los mismos palos del pesebre,
Porque en diciendo la trompeta "ensilla",
Hasta el caballo la cadena quiebre.
Esté la lanza donde pueda asilla,
Con que en el campo su valor celebre,
Y el arnés que no falte hebilla o perno,
Que se vista mejor que algodón tierno.
Veamos si con esta pena o miedo
Su desvergüenza se sosiega un poco,
Que en no mostrando lo que valgo y puedo,
Luego el morisco vil me tiene en poco.
Presumirá llegar hasta Toledo,
Según se precia de arrogante y loco,
Cuanto más hasta Alora y Antequera,
Si duerme aquí como en Argel pudiera.
PÁEZ. Un moro pide para hablar licencia.
NARV. ¿Es hombre principal?
PÁEZ. Es un criado
De Alara, según dice.
NARV. ¡Ah, dura ausencia,
Con qué fiero rigor que me has tratado!
¡Oh leyes del honor, cuya inclemencia
Quita el gusto del alma procurado!
Gozar de Alara pude... mas no pude,
Que pierde el bien quien al honor acude.
_Sale_ ARDINO, _moro_.
ARDIN. Con un pequeño presente
Alara salud te envía
Y esta carta.
NARV. Gallardía,
Moro amigo, conveniente
A su extremada hidalguía.
¿Cómo queda?
ARDIN. Algo indispuesta,
Aunque para que compuesta
Viniese esta caja, ayer
Se levantó.
NARV. Quiero leer
Para darte la respuesta. _Lee la carta._
"Ya que no me quieres bien,
No es de pecho principal
Sufrir que me traten mal;
Pues siendo tu amor desdén,
Me han dado castigo igual.
De ti maltratada he sido
Con el desdén recebido;
De mi marido, de celos,
Porque me han dado los cielos
Mal galán y peor marido.
Y pues que por ti me dan,
No admitiendo tu consejo,
Vida que de vivir dejo;
Ya que no como a galán,
Como a mi padre me quejo.
Esas camisas labradas
Te envio, mal acabadas
Por hacellas con secreto;
Que llevan, yo te prometo,
Más lágrimas que puntadas.
La sangre que lleva una,
No la laves, que por ti
Me la sacaron a mí;
Porque no hay hora ninguna
Que no me traten ansí.
Yo no pido que tu olvido
Deje de ser el que ha sido;[70]
Pero, pues por ti me dan,
Sé enemigo o sé galán,
O dame mejor marido."
¿Cómo? ¿Que Abenabo Arráez
Así cumplió el juramento?
Que me haya engañado siento,
Mas por vida de Narváez
Que no se la lleve el viento.[71]
Moro infame, ¿no sabías
Que mi propia vida herías,
Que está en aquel pecho honesto?
NUÑO. Tú tienes la culpa desto,
Por hacer alejandrías.
Deja esas francas divisas;
Que si gozaras de Alara,
El moro no la llevara
Donde te enviara camisas
Con la sangre de su cara.--
¿Que en aquel rostro has sufrido
Hacer un corto rasguño
Con el palo o con el puño?
ARDIN.[72] ¿Qué he de hacer, si es su marido?
NUÑO. Perro, aguarda.
NARV. Escucha, Nuño.
NUÑO. No hay escuchar. ¡Vive Dios,
Que hemos de reñir los dos
Y que le he de dar mil palos!
NARV. Aguárdate.
NUÑO. ¡Qué regalos!
ARDIN. Señor, remediadlo vos
Con poner miedo a mi amo,
Que os tiene miedo y respeto.
NARV. Remediarlo te prometo
Por lo que la quiero y amo,
Y por quien soy, en efeto.
ARDIN. Vos, ¿tenéisla algún amor?
NARV. Grande; pero por su honor
Y hacer a Arráez amistad
Enfreno la voluntad
Y doy la rienda al valor.
ARDIN. Pues, señor, sabed que tiene
Concertado de matalla.
NARV. ¡Matalla! Ni osar miralla.
ARDIN. Creedme que lo previene.
NARV. Y ¿podré yo remedialla?
ARDIN. Podrás, viniendo conmigo
Esta noche de secreto.
NARV. Pues ármate, Nuño amigo,
Que esta noche te prometo
Al moro infame castigo.
¡Camisa, y ensangrentada!
¡Vive Dios que, ésta vestida,[73]
No se mude ni otra pida
Hasta que con esta espada
Quite al perjuro la vida!
NUÑO. Yo, aunque poco las refresco
Por el trato soldadesco,
Esta es bien que le consagre,
Aunque la cueza en vinagre[74]
Como herreruelo tudesco.
Vamos donde está ese galgo.
Pero escucha aparte.
NARV. Di.
NUÑO. ¿Habemos de ir cierto?
NARV. Sí.
NUÑO. Pues disfrázate con algo,
O vamos como yo fuí;
Que aunque eres tan animoso,
Podrá el perro malicioso
Venderte a los de Coín.
NARV. Para mí no hay, Nuño, en fin,
Peligro dificultoso.
Yo he de ir a Coín. Vos, Páez,
Tened a punto la gente
Por si fuere conveniente.
ARDIN. Seguro estás, gran Narváez.
NUÑO. No lo está mucho, pariente.
Y ansí, vuelvo a aconsejarte.
Oye, por tu vida, aparte.
ALVAR. Que mal hace el capitán.
PÁEZ. Tales combates le dan
Ira, gusto, amor y Marte.
NARV. A cuanto venga me obligo.
NUÑO. Pues, señor, seguirte quiero.
NARV. Darte mi ventura espero.
Nuño, César va contigo,[75]
Como él lo dijo al barquero.
Entra, moro, a descansar.
Tú, Nuño, empiézate a armar.
NUÑO. Lo que llevé.
NARV. ¿Cómo ansí?