Disgustada la guarnicion con la ausencia de Velasco i repugnando el
paisanaje ir a morir infructuosamente bajo las órdenes de otro jefe que
el que por su heroismo habia llegado a ecsitar la admiracion de los
mismos contrarios, apénas si dió señales el Morro de estar defendido en
todo aquel dia i el siguiente. Viendo éstos la inaccion de los
españoles, aunque sin conocer la verdadera causa, empezaron a poner en
uso los grandes preparativos que por algunos dias los habian traido
ocupados, para adelantar sus obras sobre el fuerte i apresurar su
rendicion.[108]
[108] Valdes. Historia de la Isla de Cuba.
Comenzaron pues, el 17 el hornillo de una mina en direccion de una
pequeña bateria en el ángulo del caballero de la mar, aunque las gruesas
raices de un inmenso tronco que hallaron al paso les impidieron seguir
adelante aquel dia.[109] El jeneral Prado tuvo noticia de esta mina por
un desertor irlandes, i mandó injenieros a reconocer aquel punto: éstos
opinaron que no era posible hacer una contramina, por ser el terreno de
roca viva i faltar los instrumentos necesarios para aquella operacion, i
solo se remedió el mal con una cortadura que los injenieros consideraron
suficiente para disminuir los efectos de la esplosion.[110] El 18 por la
noche habian logrado adelantar la mina dos terceras partes de la
distancia i situar un campamento a la orilla del bosque hácia el estremo
del baluarte; i el 19 se apoderaron del camino cubierto delante de la
punta del baluarte de la derecha i principiaron otra mina a lo largo de
él hácia el frente derecho, donde formaron otro campamento.
[109] McKellar. D. del sitio de la Habana.
[110] Pezuela. Ensayo histórico.
Los mineros estaban ya el 20 debajo de la cortina del orejon de la mar,
único punto por donde era posible seguir los trabajos de la mina al pié
de la muralla, por ser el foso del frente que mira a la Cabaña de
sesenta pies desde el principio de la contraescarpa i de éstos mas de
cuarenta profundizaban en las rocas. Por fortuna de los mineros habia
una punta saliente al estremo del baluarte, que servia para cerrar el
foso i prevenir cualquier sorpresa por la parte del puerto, i por allí
saltaron con alguna dificultad al pié de la muralla, cosa que no
hubieran podido alcanzar por ninguna otra parte sino valiendose de
escaleras de cuerda, operacion penosa i de mucho peligro. Era aquel pico
tan angosto que no habia posibilidad de defender el paso contra el fuego
del flanco opuesto; pero se resolvieron aun a riesgo de la vida i
lograron salvarlo a costa de la de solos tres o cuatro. Los que
trabajaban por la parte esterior del camino cubierto empezaron aquella
tarde a cavar un pozo con el fin de poder desplomar la contraescarpa i
cubrir el foso en caso necesario, i continuaron minando a lo largo del
glácis, apoderandose de un cañon que tenian los sitiados en el ángulo
saliente: estos mineros i zapadores encontraron grandes dificultades a
causa de las rocas con que tropezaban a cada paso, cuya remocion les
costaba mucho tiempo i trabajo.[111]
[111] McKellar. Diario del sitio de la Habana.
En el castillo se habia animado un poco la guarnicion con la vuelta de
Montes el 19, ya graduado de teniente coronel i encargado del mando de
la compañia de alternacion, la cual se componia de tropas de todos los
cuerpos que guarnecian el fuerte. Los enemigos, que habian logrado
acercarse por el baluarte de Pina, tenian al abrigo de las peñas un
destacamento de sobre cincuenta hombres haciendoles un fuego continuo de
fusil, i contra éste mantenia el castillo aquella compañia escojida en
punto avanzado sobre la estacada. Las bombas i granadas hacian sobre
ella un estrago espantoso: este punto costaba a los sitiados porcion de
vidas, i la guarnicion empezó a clamar por salir al campo donde pudiera
batirse con ventaja. Sabido esto, determinó Prado dar un golpe de mano
con tropas de la ciudad ayudadas de los fuertes, i probar de reducir a
los ingleses a levantar el sitio.[112]
[112] Valdes. Hist. de la I. de Cuba.
Aun sin este motivo era ya evidente que el Morro no podria sostenerse
muchos dias en el estado ruinoso en que se hallaba, si se le abandonaba
a sus medios de defensa solamente, contra el aparato de baterias
concluidas en la Cabaña i el progreso inevitable de las minas inglesas.
Muchas veces habia recomendado Velasco que se le ayudase por el campo
con tropas de la ciudad,[113] haciendo ver al consejo que la defensa del
castillo era imposible si no se destruian las obras con que el enemigo
desmoronaba las murallas i baluartes. Al fin la necesidad movió a Prado
a hacer ya tarde lo que la prudencia de aquel célebre capitan le
aconsejaba desde los principios con esperanzas de mas feliz resultado:
acordose una sorpresa contra la Cabaña para desalojar a los enemigos de
sus campamentos, inutilizarles sus cañones e incendiar todas sus
baterias.
[113] Valdes. Hist. de la I. de Cuba.
Cerca de las cuatro de la mañana del 22 desembarcaron por la bateria de
la Pastora sobre mil quinientos hombres formados en tres divisiones[114]
al mando de Dn. Juan Benito Lujan.[115] La primera se adelantó desde un
banco de arena que estaba detras de la bateria, i fué detenida por una
avanzada de treinta hombres que al mando del capitan Stuart los
entretuvo cerca de una hora sosteniendo un vivo fuego, hasta que
llegaron cien zapadores en su ausilio i despues el tercer batallon de
Americanos del rei, i obligaron a los españoles a retirarse con gran
precipitacion, haciendo en ellos una horrible matanza: algunos pudieron
llegar a los botes para volverse a la Habana, pero muchos se arrojaron
al mar i mas de ciento cincuenta se ahogaron; ademas, el baluarte oeste
de la Punta, las lineas i flancos de la entrada i los buques del puerto
hacian al mismo tiempo un fuego vivísimo sobre aquel punto sin que los
contuviera el ver que sacrificaban a sus mismos compañeros con tal de
destruir a los ingleses vencedores del campo. La segunda division se
apresuró a salir por el ángulo saliente del Morro para atacar sobre el
glácis a los zapadores i al destacamento emboscado que los defendia;
pero fueron rechazados en poco tiempo. La tercera llegó tarde al antiguo
reducto que destruyeron los españoles ántes de abandonar la Cabaña a los
principios de la invasion, i encontrando a los enemigos preparados a
recibirlos se retiró por donde mismo habia venido sin disparar una bala.
La guarnicion de la plaza permaneció en continuo movimiento durante el
ataque i algunos se embarcaron en botes para ayudar a sus compañeros;
pero conocieron que todo esfuerzo era inútil i que solo corrian a su
propia perdicion, i desistieron de acercarse a la Cabaña. La pérdida de
los españoles fué de cuatrocientos hombres entre muertos i ahogados,
ademas de un gran número de heridos: los ingleses tuvieron noventa entre
muertos i heridos.[116]
[114] Entick's History of the Late War.
[115] Valdes. Hist. de la I. de Cuba.
[116] Entick's History of the Late War.
A haber logrado los españoles el objeto que se habian propuesto, no cabe
duda de que los enemigos hubieran levantado el sitio inmediatamente i
reembarcadose en la escuadra para la Martinica o sus colonias del Norte
de América. El daño causado por el primer incendio de las baterias i los
trabajos sufridos en su reciente reedificacion tenian al ejército i
armada aniquilados de fatiga; las enfermedades i escasez de recursos los
diezmaban en los hospitales; nada se sabia de la division que se
esperaba de New York con refuerzos. Si la fortuna se hubiera mostrado
propicia a los españoles en este último arrojo de valor, mui pocos
oficiales se hubieran atrevido a proponer la construccion de nuevas
fortificaciones, i ninguno de ellos alimentado las esperanzas de un
écsito feliz en los grandes sucesos que tuvieron lugar mas adelante para
honor i reputacion de aquel ejército i gloria inmarcesible de las armas
británicas.[117]
[117] McKellar. D. del sitio de la Habana.
Pero los medios de ejecucion estuvieron mui distantes de corresponder a
la idea que inspiró al consejo. La mala estrella que guiaba al jeneral
Prado en este desventurado sitio lo llevó esta vez a cometer errores de
gran magnitud. En lugar de escojer tropas de linea aguerridas,
acostumbradas a la disciplina i evoluciones militares, para que pudieran
con buen écsito llevar a cabo el ataque de unas baterias situadas en
posiciones ventajosas i defendidas por un ejército que acababa de
efectuar la conquista de las Antillas francesas, mandó Prado que
saliesen al campo mil milicianos recien-llegados los mas del
interior[118] i sobre quinientos pardos i morenos de la Habana,[119]
deseosos todos de pelear i mui ajenos de sospecharse que los habian de
enviar a morir miserablemente en pago del noble espíritu que los animaba
de ser útiles a su pais i defenderlo contra la invasion estranjera:
aunque no habia temores de que el enemigo pudiese intentar ningun ataque
sobre la ciudad, la desidia criminal del gobernador llegó hasta no
agregar a aquella fuerza ninguna tropa de la guarnicion; i para colmo de
desaciertos diole en el Sr. Lujan un jefe incapaz de mandarla, pues su
turbacion i falta de disposiciones comprometieron desde sus principios
el resultado de una empresa tan bien meditada.[120] Así que en la
tregua que se acordó para enterrar los cadáveres, celebrando los
soldados ingleses la intrepidez con que los tierradentros habian
avanzado por la cuesta de la Gran bateria, decian que los españoles eran
valientes pero que no tenian jefes que supiesen mandarlos.[121]
[118] Pezuela. Ens. histórico.
[119] Valdes. Hist. de la Isla de Cuba.
[120] Entick's Hist. of the Late War. G. C. Journal of an officer,
de que copia Entick un estracto relativo a esta accion.
[121] Valdes. Hist. de la Isla de Cuba.
No fueron éstos los únicos cubanos que probaron su valor en el campo del
este: distinguiéronse tambien durante el sitio algunos vecinos i
naturales de Guanabacoa. Ademas del alcalde mayor provincial Dn. José
Antonio Gomez, a quien el Sr. Pezuela llama "el valiente partidario" i
dice que fué uno de los jefes de milicias,[122] i del teniente Dn. Diego
Ruiz, que segun Valdes, "perdió la vida en el empeño de atacar una
partida ventajosa a la suya,"[123] merece una mencion especial el
guerrillero Pepe Antonio, cuya memoria conservan aun los habitantes de
aquella villa. Este animoso criollo llegó a adquirir una gran reputacion
en el ejército español i a hacerse temible entre los mismos ingleses.
Como buen conocedor de los intrincados montes i espesos bosques de
Guanabacoa, acosaba por todas partes las avanzadas enemigas i los
piquetes que salian del campamento o bajaban de la escuadra para proveer
al ejército de víveres i municiones, logrando frecuentemente batirlos,
dispersarlos i hacerles gran número de prisioneros. Sus hechos de arrojo
i valor llegaron a hacerlo tan popular que logró con sus propios
esfuerzos reunir una partida de trescientos hombres, compuesta de los
guajiros mas valientes de aquellas campiñas, los cuales armó i equipó
con los despojos cojidos al enemigo. Si en lugar de contener en su
gloriosa carrera a este bravo guerrillero, se le hubieran dispensado la
proteccion i consideraciones a que se habia hecho acreedor,
probablemente hubiera engrosado su ya numerosa partida i causado inmenso
daño a las tropas inglesas; pero el Coronel Caro, que tan mal habia
probado por aquellos montes cuando con fuerzas superiores tuvo el
encargo de embarazar el desembarco del conde de Albemarle, ahora
cometió la grave falta de llamar a Pepe Antonio a Jesus del Monte,
quitarle lo mejor de su jente, tratarlo con una aspereza poco digna de
sus méritos i afearle acciones que todos aplaudian con entusiasmo. Esta
injusta i cruel conducta de Caro hizo tanto efecto en el ánimo de aquel
buen patriota, que viéndose humillado i sin medios de ser útil a su
pais, murió de pesadumbre a los cinco dias de habersele quitado el mando
de una fuerza creada, armada i organizada sin ausilio alguno estraño i
con solo su valor e intrepidez.[124]
[122] Pezuela. Ens. histórico.
[123] Valdes. Hist. de la Isla de Cuba.
[124] Valdes. Hist. de la Isla de Cuba.